martes, 6 de octubre de 2009

Papel y plástico. El libro/álbum de recuerdos de Oscar Lombana y de editorial Astiberri (2ª entrega)

Esta mañana me he comprado el libro de Oscar. No le conozco de nada, pero le llamo familiarmente Oscar porque después de recorrer sus recuerdos y comprobar que en gran medida forman parte de los míos, es como si ambos hubiésemos jugado juntos en el patio de colegio, o compartido nuestros juguetes en su habitación o en mi balcón, él desde su casa de Bilbao, y yo desde la mía de Barcelona. Una distancia que los recuerdos minimizan hasta el punto de que te hacen formar parte de algo mágico.

He devorado el libro con pasión –cosa sencilla debido a su elevado contenido visual- y he disfrutado como un enano. Imagino que la diferencia de edad entre ambos; yo algo mayor que Oscar, propiciaría situaciones de esas típicas en las que él se iría llorando hacia su mamá protestando porque yo no le dejaba los juguetes. Algo que no sucedería ahora que sus recuerdos son míos, así que en justa compensación... mis juguetes son suyos.

He rescatado algunas perlas de su libro que me gustaría compartir y que espero que les abran el apetito y corran a su librería más cercana para hacerse con un ejemplar de esta joya:

“Había un gato tuerto lleno de cicatrices cerca de mi casa. Tenía pinta de tener mil años y de haberlo visto todo”.

“Teníamos dos tipos de turrón: el duro y el blando (el de fruta llegó más tarde). Sólo tres salsas: mayonesamusa, ketchup y mostaza (el colmo de la modernez)”.

“Ya no hay muchos niños con postillas en las rodillas porque ahora la zona de columpios tiene el suelo blandito”.

“Para llegar a la jungla de TRAZAN en las pelis de Weissmuller había que subir por un desfiladero vertiginoso y siempre se despeñaba uno de los porteadores, pero nadie le daba mucha importancia. Miraban un poco hacia abajo y ladeaban la cabeza con disgusto como pensando: en ese fardo iba la porcelana”.

“Me gustaba bañarme en la piscina cuando llovía (y nunca entendí porque la gente se marchaba)”.

“Que vuelvan los ordenadores gordos porque encima de las pantallas planas no se pueden poner muñequitos”.

... etc. Cierro esta entrada con una frase que además de buena... es muy buena:

“Y recuerda que todo lo que vemos de las estrellas son sus viejas fotografías”.

11 comentarios:

María José dijo...

Pues me estan entrando unas ganas de leer el libro de Oscar....... a ver si trasteamos este fin de semana por algunos estantes y damos con él !!!! aquí en esta punta llega todo un poco más tarde ¡¡ que dejadéz Dios !!!

saludos

Kenneth Figuerola dijo...

Jejejeje...al final l'has comprat !!

Està de conya, a veure si trobo el nº1.

La chica dijo...

Vi el libro en una librería y me llamó la atención. Volveré a buscarlo.

Ana Márquez dijo...

Cuando yo tenía ocho años estaba enamorada de Tarzán-Weismuller. Por las noches, en la cama, imaginaba mil aventuras, es decir, las recreaba después de haber visto sus películas. En mi imaginación lo ponía en un árbol gigantesco, se caía, se ropmía algo, venía un mono enorme y lo curaba, o venía Jane y le daba un beso, y lo curaba también. En realidad yo quería ser Jane, porque, aunque parezca imposible, a los ocho años yo estaba enamorada de Tarzán-Weismuller. Yo quería viajar a Africa para verle, la canción del Cola Cao me encantaba porque me recordaban a él, yo quería tener una casa hecha de palos y ramas, yo quería que un mono me sirviera la cena, yo quería tener un león, cuidarlo desde pequeño para que se acostumbrara a mí y que de mayor me defendiera de todas esas niñas y niños malo que me tiraban del pelo y se reían de mí cuando me caía al suelo... Yo estaba enamorada de Tarzán... En mis sueños era aún más guapo, aún más fuerte, aún más inocente. En mis sueños no se veían los trapecios torpes entre las lianas, no se notaba tanto que era de goma el cocodrilo gigante contra el que luchaba mi héroe, (aquel cocodrilo titánico que cambiaba de tamaño de un plano a otro en la misma escena de lucha), en mis sueños Tarzán jamás se volvería loco ni senil y sería y es siempre un tributo de los dioses a la naturaleza y a su primera y generosa inocencia.

(Por cierto, que años después me enteré que Maureen O'Sullivan, la actriz q interpretó a Jane, dejó de hacerlo porque estaba hasta las cejas de ese personaje que no le permitía lucir los bellos modelitos que las actrices de la época lucían en las películas no selváticas. Para entonces mi tarzanmanía ya había pasado, pero no pude reprimir un "qué tonta" que me salió de las entrañas, recordando la cantidad de veces que yo deseé ser Jane.

Excelente y poética (y científicamente correcta, claro) esa frase final sobre las estrellas.

A por el libro. Besos

abril en paris dijo...

¡ oh los playmobil !
Tengo una " ligera " idea de por qué
te ha gustado el libro con solo mirar
la portada.
¡ Qué lo disfrutes ! :-))
Bss.

JuanRa Diablo dijo...

Pues sí que me han entrado ganas de comprarlo, sí.

Yo leí Los niños de los Chiripitifláuticos de Ignacio Elguero. ¿Lo conoces?
Es un retrato generacional de los que nacimos en los sesenta a todos los niveles: televisión, cine, música, juguetes, estudios...
Lo pasé muy bien rememorando tantas cosas que viví pero que tenía casi olvidadas.

Quizá este libo que cuentas sea más ameno; las frases al menos son geniales. La de Tarzán me ha hecho mucha gracia.

Un saludo

s e b a s dijo...

Me dejaron el primer número y me gustó. Imagino q este estará igual de bien.

Alfons dijo...

Santodiós. ¡Y nadie se vió arrastrado por la sensualidad de Pipi Calzaslargas! Sus trenzas rojizas negando Newton, bueno, a la ley de la gravedad. Sus medias medio arriba, medio abajo; su montar a horcajadas sobre los lunares de su caballo; el rollo el señor Nilsson, su monito mascota. Pipi, hija del pirata rey de una tribu; más fuerte que cualquier tiarrón; rebelde hasta el límite; imaginativa; alegre, activa; en las antípodas de sus amigos Tomy y Anita. Lástima aquella aciaga tarde de domingo o noche de sábado en que Iñigo la llevó a su programa. Al único. Y apareció una chica mayor, sin trenzas, sin caballo, sin mono (lo del caballo y el mono queda un poco drogota pero me refiero a los animales). En fin, Iñigo me llevó a la dura realidad, pero, creo que a veces sigo pensando en Pipi...

El kioskero del antifaz dijo...

Hola a todos;

Ana, sensacionales tus reflexiones y sensaciones sobre Tarzan y esa historia que nos has contado, y muy gracioso el detalle de la O'Sullivan y esa necesidad de sentirse más cool ;-)

JuanRa, conozco el libro, pero no lo he leído. Imperdonable, pero... es que hay tanto que leer y tengo tan poco tiempo. No obstante, te agradezco que lo hayas acercado de nuevo a mi memoria, esta vez voy a por él y ya no se me escapa.

Gracias a todos y muchos besos.

peibol dijo...

Me has despertado la curiosidad: me informaré...

fer dijo...

Hola señor kioskero. Me acaban de regalar el libro por mi cumpleaños y lo he disfrutado como un enano. Espero que pronto caiga el primero o el tercero de la colección. Y también leí, aunque hace mas tiempo, el de los chiripitifláuticos. Estupendo también. Saludos varios.