miércoles, 26 de mayo de 2010

Dibujo... luego existo

Hace unos días Marc me sugirió hacer una entrada relacionada a mis inicios en los 70’s con lo que a día de hoy es mi profesión como dibujante. La idea me gustó desde que leí su comentario ya que en realidad... hay mucha tela que cortar con respecto a este tema, pero por otra parte debo decir que se trata de una entrada... “complicada” por una razón fundamental y que seguidamente les paso a exponer:

A la mayoría de personas que se desenvuelven en un trabajo que requiere de cierto temperamento “artístico”, cuando se les pregunta por qué hacen lo que hacen o se dedican a lo que se dedican, acostumbran a argumentar que todo viene motivado por “una necesidad”, y en mi caso... creo que así fue, solo que “la necesidad” no fue mía; en realidad fue una necesidad de causa mayor y de bienestar para todo el vecindario del Poble Sec.

Nací en la madrugada de un 7 de agosto y pasé los tres primeros años de mi vida sin pegar ojo durante el día y berreando a todo pulmón por las noches. El día era más llevadero debido a que siempre había alguien haciéndome carantoñas o diciéndome esas cosas ininteligibles que los adultos dicen cuando se dirigen a un bebé. Las noches, en cambio, eran largas y aburridas. Pretendían dejarme solo y a oscuras en mi cuna, largarse a dormir y no volver a dirigirse a mí hasta el día siguiente; algo... que yo no estaba dispuesto a consentir.

Mis padres, en su desesperación, achacaban mi insomnio a mil y una hipótesis que mi pediatra, el Dr. Llatas, desmentía una y otra vez: no eran cólicos, nada tenía que ver ni el frío ni el calor, descartada quedaba cualquier dolencia de tipo físico o cualquier historia de tipo psicológico. Todo parecía indicar (según el Doc) que poseía una “capacidad vital excepcional” y que ése era el único motivo que me mantenía en vigilia constante (puedo jurar... y va en serio, que dormía una media de tres horas por noche y alguna cabezadita aislada durante el día). Mis padres no dieron crédito a ello, pero al mismo diagnóstico llegaron los otros tres pediatras que durante ése periodo fueron consultados. Uno de ellos (el muy cabrón) aprovechó una de las visitas para circuncidarme y convertir mi picha en un modelo cabriolet. Bueno... bien mirado... hasta mola.

Como dato, les diré que por aquellos tiempos (más o menos igual que ahora), cuando una mujer daba a luz a su cachorro humano, acostumbraba a pasar unos cuatro días en la clínica hasta que le daban el alta. En el caso de mi madre el alta se la dieron a los dos días ya que una monja muy enfadada le hizo saber a mamá que desde que había nacido yo... no había quien pegase ojo en el hospital. Con esa mancha en mi expediente... Cómo no me iban a expulsar posteriormente de los colegios? Por Dios!... a los dos días de vida ya fui expulsado por primera vez del primer lugar en el que mi cuerpo se deshizo del líquido amniótico y demás residuos placentarios. Sin duda fue el comienzo de una larga singladura por lugares en los que por siempre jamás he sido individuo non grato.

El caso es que mi padre, una noche de esas en la que las ojeras le llegaban a los pies, y harto ya de que no dejase dormir a nadie, dejó caer sobre la manta con dibujitos de Bambi que había en mi cama, un maravilloso bloc de dibujo y una caja de colores, y para bien o para mal... allí empezó todo. Esa noche no lloré, esa noche mis padres, mi abuela y los vecinos durmieron tranquilos. Yo empecé a dibujar y a día de hoy... aún no he sabido parar.

Lamento si decepciono a alguien con estas declaraciones tan poco sentidas y profundas sobre los orígenes de mi vocación, pero para qué nos vamos a engañar si todo fue una cuestión de puro sentido práctico.

El papel y los lápices me permitían abstraerme, olvidarme de que el resto de la humanidad estaba durmiendo en el hemisferio mientras que yo luchaba por alargar el día y negándome a aceptar lo que para mi era (y sigue siendo) una absoluta pérdida de tiempo: dormir.

Con el tiempo fue necesario habilitar mi espacio ya que dibujar en la cama era algo incómodo, así que mirando los objetos caseros que habían a mi alrededor, me hice con la que fue mi primera mesa de dibujo (tal y como se ve en la imagen que ilustra la entrada). Se trató del típico taburete con escalón plegable que muchas de nuestras madres tenían por casa: El mío era de fórmica gris y yo utilizaba el escalón para colocar en él mis posaderas, y la parte de taburete la utilizaba para depositar mi plumier, mis folios, y desparramar sobre ellos esa cosa que queda tan bien y a la que se suele llamar “mundo interior” y que por aquella época consistía en meter horas y horas en hacer un montón de dibujos mal hechos procedentes de ése mundo interior y en copiar el arte de aquellos que lo hacían realmente bien; recuerdo que lo pasaba en grande copiando personajes de Disney, Mortadelo y Filemón y viñetas completas de los cómics del Guerrero del Antifaz. Creo que a partir de ese momento mi padre se dio cuenta del error tan grande que había cometido al darme un bloc y una caja de colores ya que su hijo nunca llegaría a ser médico por más que el hombre pusiese en ello todo su empeño. Lo que para mi progenitor fue una solución para evitar que diese guerra durante las noches, se convirtió también en lo que puso fin a su sueño de tener un médico en casa. Desde aquí te agradezco, papá, que me dieses ése bloc y ésos lápices; siempre fue mejor eso que darme a los hamsters para que les realizase autopsias.

Al llegar de la escuela, y después de merendar, salía al balcón de casa, me instalaba en mi taburete con escalón plegable y en lugar de hacer los deberes dibujaba y dibujaba. El sol del atardecer me daba la luz necesaria para realizar mis dibujos, pero el vientecito que soplaba de una manera constante siempre fue un incordio, así que prescindiendo del sol me ponía de espaldas a él para evitar que los folios que contenían mis obras de arte saliesen volando y se escampasen por todo el vecindario. Recuerdo que mi padre me decía: “Ponte de cara al sol o te vas a volver miope!”. De cara al sol?!... Lo decía en serio?! Jamás me puse de cara al sol, imagino que a eso le debo ahora mi miopía...

Compaginar durante los 70’s mis estudios con las ganas de seguir dibujando no fue tarea fácil. Las pizarras de clase, los pupitres, los libros de texto, las paredes de los lavabos... todo, absolutamente todo, era material susceptible sobre el cual estampar alguno de mis garabatos, y las represalias por parte de los diversos profesores que tuve a lo largo de mi vida de estudiante no fueron pocas, contundentes en la mayoría de los casos, imaginativas en la minoría, pero... absolutamente inútiles.

Mi padre se negó rotundamente a facilitarme una formación en alguna academia de dibujo; claro... un médico no se podía formar en una escuela de artes y oficios, así que tuve que arreglármelas para proporcionarme una formación autodidacta a base de aprender a conciencia de todos los libros sobre el tema que caían en mis manos y que “en la clandestinidad” me compraba mi madre. El resto fue dedicar horas a poner en práctica todo cuanto aprendía, ya que una cosa debe quedar clara: yo siempre me negué a estudiar, pero nunca a aprender. No sé si esto último se entiende, pero bueno... yo ya sé lo que me digo...

Con trece años y con una carpeta llena de chistes y de ilustraciones ya me creía el rey del mundo, el mejor, y con la capacidad suficiente como para aprovechar el tirón que el humor gráfico tuvo durante la época de transición política tras la muerte del caudillísimo. Me empecé a plantear la posibilidad de abandonar mis estudios, recorrer las diferentes editoriales y ganarme la vida con algo a lo que mi padre no le veía futuro alguno. A lo largo de un breve periplo varios editores rechazaron mi trabajo. Me libré por los pelos de que mi cuerpo fuese despedazado de un bombazo en la editorial de una de esas revistas de humor que desde los kioscos andaba dando palos a tanto reaccionario como andaba suelto por aquellos tiempos, y algún que otro dibujante veterano que tuvo acceso a mi trabajo me bajó los humos haciéndome saber que sí... que tenía un futuro en eso del dibujo, pero que lo dejase para entonces; es decir... para el futuro.

Creo que a mis trece años me empecé a relajar. La cosa no parecía tan fácil después de que varias puertas me dieran de lleno en las narices, así que decidí seguir con mis estudios una temporada más. Lo cierto es que otros factores influyeron también en mi relajamiento. Uno de los más importantes fue descubrir que las chicas empezaban a convertirse en seres de una belleza extraordinaria y que tocaba hacerse el mayor en lugar de andar por ahí haciendo monigotes. Lo terrible de ése descubrimiento fue que mi rendimiento escolar que siempre había sido malo, pasó a ser terriblemente peor. Vaya... que mis pobres estudios se llevaban siempre la peor parte.

Con dieciséis años la cosa ya era insostenible. Mis horas en la escuela eran horas muertas, y eso, para alguien con una “capacidad vital excepcional” empezaba a ser realmente molesto, así que en favor de la ciencia médica decidí que mi futuro no estaba en las aulas ni en terminar de rematar a enfermos. Aún recuerdo la cara de mi padre cuando le dije que me quitaba de en medio y que si lo que quería era tener un médico en casa, que se dedicase a estudiar medicina por correspondencia, pero que yo, definitivamente le ponía ya punto y final a esa historia.


Eso sucedía a finales de los años 70, de modo que mis inicios en la profesión ya fueron cosa de los 80’s y son historias (inconfesables en su mayoría) que además pertenecerían a otro blog que tratase de ésa década. En honor a la verdad debo decir que dejar mis estudios y empezar a trabajar en publicidad y publicar dibujos en algunas revistas, supuso un cambio importante que coincidió con el cambio de década. Por una parte dejé a un lado mi vida como estudiante y a mis compañeros y compañeras de clase. Toda mi ingenuidad se quedó allí también ya que el cambio que supuso pasar de un entorno escolar a uno profesional, de compartir con compañeros de mi edad a pasar largas horas con gente mayor, de suspender exámenes a tener que adquirir responsabilidades, etc, etc... me hicieron dar de bruces con la realidad, y la realidad, aunque preferible que cualquier fantasía intangible, nunca es tan bonita como parece. No fue fácil ganarse el respeto de los demás que me veían como a un crío, y tampoco fue fácil ver como esos señores que dibujan son, somos... personas normales que tenemos que luchar día a día para ganarnos la vida medio bien.

Se terminó de golpe pasar largas horas con amigos y amigas incondicionales con los que compartir primeras experiencias a todo nivel, se acabaron las tardes de espaldas al sol sobre mi taburete con escalón plegable; mis piernas ya no cabían y hubo que hacerse con una vieja mesa de dibujo en condiciones que a regañadientes, pero con aceptación... me compró mi padre. Terminaron las confidencias, la complicidad y las correrías por las calles del Poble Sec... ya no había tiempo para nada de todo eso ya que a partir de mis dieciséis años... mi vida empezó a ir en serio.

Así que cuando me preguntan que por qué hago lo que hago o me dedico a lo que me dedico, mi respuesta es clara: me dedico a dibujar porque me costó, porque no fue nada fácil. Me metí en una batalla de las buenas en la que tuve que demostrar muchas cosas, demasiadas. Afortunadamente mi... “capacidad vital excepcional” me dio las fuerzas suficientes como para no aceptar la retirada a tiempo como una victoria y seguí en ello sin plantearme que algo podía salir mal. Dibujo por la sencilla razón de que me sale de las narices hacerlo y en esta vida no hay nada mejor que hacer lo que a uno le da la gana. Además... no soy yo persona de andar por ahí metiéndome en guerras... y perderlas.

A día de hoy, cuando miro hacia atrás, veo lo mucho que me he divertido con todo esto, he recorrido medio mundo y he conocido a cantidad de gente que a pesar del ambiente competitivo me han dado aliento y me han ayudado.

Mi camino a través de un trabajo creativo me ha permitido desarrollarme en otras disciplinas, y he podido escribir guiones para televisión, relatos, cuentos y hacer de “negro” de otros escritores. Si, si... haciendo honor a los orígenes africanos de mi apellido soy genuinamente negro.

He conseguido hacer algunas películas, algunos libros y un puñado de cuentos. Quizá mi trabajo no tenga ningún sentido ya que nada de eso salva vidas, pero cuanto menos... contribuye en hacer la vida algo más agradable.

Aunque nunca me lo ha dicho a mí, sé que mi padre anda por ahí diciendo lo orgulloso que se siente de su hijo. (Viejo, ya sabes... cuando leas esta entrada no hagas caso de esto... yo no me he enterado de nada).

Durante los treinta años que llevo de profesión aún nadie me ha ofendido considerándome un “artista”. Afortunadamente se me considera un buen profesional que cumple con las fechas de entrega y con la calidad previamente establecida. Esa y no otra cosa es la que yo espero de mi trabajo ya que no soy nada más que un currito del lápiz. Lo demás... son pamplinas.

Y para terminar... si sólo los idiotas pueden decir que son felices... debo ser el mayor idiota que hay sobre la faz de la tierra.

Me gusta echar carreras con el viento

como un auténtico hijo de la naturaleza.

No quiero morir nunca.

Nacido para ser salvaje!

Créditos de las imágenes: Ilustraciones y fotografías, Sergi Càmara.


Lo sé... este temazo ya lo había puesto antes en el blog, pero... No hemos quedado en que hago lo que me da la gana?

6 comentarios:

abril en paris dijo...

Esto de los momentos con el lápìz y las pinturas me suena de algo..! XD
Es vocación Sergi y se nace con ella
¡ Menuda solución la de tu padre ! te puso " el arma en la mano " para combatir el aburrimiento el resto de tu vida y hacer felices a los demás tanto como a ti mismo.
Disfrutalo y sigue haciendo lo que te dé la gana..se te dá muy bien.

(Encantador ese dibujito de Sergi niño)

Un abrazo 'artista'( mal que te pese ):-)

Florenci Salesas dijo...

Yo también iba a insultarte llamándote artista, pero se me han adelantado je, je...

Realmente, me fascina la gran variedad de motivos, casuales o no, que hacen que uno le nazca o le muera una vocación. Tu, desde luego (eso salta a la vista9 eres de los que las vocaciones las ganas de hacer algo acostumbran a nacerte a la contra, cuando te dicen no. No es exactamente el caso (tu padre, pobre hombre, fue quien te ofreció tus primeras armas, en defensa propia, para no volverse loco) pero si un pco el modo en como se ha desarrollado toda tu vida. Sólo bastaba que alguién dijese que algo no se podía hacer, que eso no era normal como para que te preguntases (si era algo que te estimulaba, que si era algo que te importaba un pimiento decías "pues será que no, y a mi qué", con muy buen criterio) "¿Y por qué no? pues yo me lanzo, a ver que pasa, caramba". Algunas cosas habrán salido mejor que otras, eso seguro. Pero el bagaje que te llevas, las experièncias que has vivido, los lugares, países, costumbres, gente, amigos que has hecho por el mundo y que no te olvidarán (y algún que otro enemigo ridículo y triste, que tampoco lo hará je, je) no te los quitará nadie.

En este caso, muchas gracias pero no a tí, sino a tu padre, por esa idea, a pesar de las veces que deberá haber lamentado tenerla. Y hablando en serio, estoy convencido de que, a estas alturas de la película, él estará de acuerdo conmigo de que el "error" valió la pena. Y mucho.

Ana Márquez dijo...

"Nacido para dibujar"... No sabes cómo entiendo todas y cada una de las palabras y pensamientos de esta entrada :-)

Me encanta la bombona de butano del dibujo. Había una en toooooodas las azoteas jaja. Un beso, Sergi, y a seguir dando caña y tinta a la realidad.

JuanRa Diablo dijo...

Felicidades por este autorretrato de tus inicios artísticos. ¡Qué bien lo has dibujado! Debería ser el primer post de este blog!!

Como en otras ocasiones te he dicho me llama mucho la atención, desde que te conozco, lo bien que escribes para lo "golfo" que dices haber sido, académicamente hablando ( y más allá, seguro ;)
Me creo perfectamente eso de que te negaras a estudiar pero no a aprender y creo que algo que has aprendido muy bien es una cosa muy valiosa en la vida y de la que no todos pueden presumir: dedicarte a lo que realmente te gusta.

Me quito el sombrero, Sergi

Un abrazo

PD. Qué bien me he imaginado a aquel niño dibujando feliz en su balcón. Esa parte me ha emocionado.

Marc dijo...

Leído lo que han dicho los amigos y amigas de tu blog, sólo me queda el recurso de decir aquellas palabras contradictorias de muchos de los dibujos de los TBO: SIN PALABRAS.
Me parece oportuno comentaros una información sobre otro dibujante especial (y las dificultades de ejercer como profesional del dibujo). Estos días hay una exposición del gran Coll en Barcelona, con dibujos originales (por la forma de dibujar me imagino que también era de los tuyos). Quizás ya la hayas visto (yo soy de un pueblecito de Girona y no la he visto aún), en todo caso pongo un enlace donde hay más información sobre su entrada en el mundo del dibujo profesional, su salida y finalmente su triste final, que desconocía y que a pesar que han pasado tantos años des de que le copiaba, me ha dolido en el alma. A Coll nunca lo relacioné con nada trágico, cómo debió sufrir el pobre hombre...
El enlace informativo (donde hay otro enlace a un vídeo del comisario):
http://www.vilaweb.cat/noticia/3732179/recordant-josep-coll-home-tbo.html
Moltes gràcies pel post, artista!!!

Anónimo dijo...

JAJAJAJAJAJA Sergi!!!
M’encanta l’irònic que ets, però certament dius veritats com a temples.
He de dir que conec poques persones que facin el que realment els hi agrada. Tu ets una d’aquestes persones i sé que no ha estat gens fàcil arribar on ara estàs.
I és per això que et felicito, penso que ets un gran exemple de constància i el teu pare ho sap, li has demostrat des de ben petit.... de veritat ploraves tan????? Uffffffff!!!!

M’alegro molt de coneixet i ser una amiga més per a tu, penso que deu fer vora .... 25 anys????
La meva amiga Lluïsa no va poder “agafar millor partit” jejejejeje
Un petonàs ben fort i continua així.
Begui