sábado, 29 de mayo de 2010

I Love You Baby

En el mundo del cine, el ir y venir de los personajes a través de diversas situaciones, ya sean planeadas o fortuitas, caprichosas o fundadas, transcurren siempre con música de fondo. Es a lo que las productoras le llaman “La banda sonora del Film”, más conocida internacionalmente como el “Soundtrack”.

Yo soy de la opinión de que todos y cada uno de nosotros tenemos nuestro propio Soundtrack de lo que va siendo la película de nuestra vida; de los momentos vividos y de todo tipo de situaciones: amores, desamores, encuentros, desencuentros, engaños, perdones, éxitos, fracasos... Con el paso de los años y a medida que vamos escuchando viejas canciones los recuerdos se agolpan en nuestra mente, y esas melodías nos transportan a momentos vividos como si poseyesen el poder de una llave que abriese determinadas puertas en el tiempo.

Como en toda buena película, existe lo que se llama la música incidental, que es la que sirve de apoyo a las diferentes acciones y situaciones que se suceden a lo largo de la historia, pero la más importante de ellas es la música principal, que es la que acompaña a los créditos de la película, así como al trailer promocional y que termina convirtiéndose en el Hit de éxito, en el caso de que la película sea de éxito... claro está.

Pues no sé si a ustedes les sucede o no, no sé si conocen o ignoran cual de todas las músicas que les han acompañado por diversos momentos es, de entre todas, la música principal. No me refiero a esa música que bailaron en la tanda de “lentas” en las fiestas del pueblo o en la discoteca de barrio abrazando a la persona que les proporcionó el primer amor, tampoco me refiero a la que sonó aquella vez en la que compartieron en pareja... o en trío (que a veces ya pasa) el primer baño de espuma. Tampoco a esa que escucharon de manera tortuosa, una y otra vez, mientras se hundían en su propia auto conmiseración tras ése primer desengaño amoroso, no... Me refiero a una música más genérica que probablemente no puedan relacionar con ningún recuerdo en concreto, pero que se trata de una melodía que, por lo que sea, siempre ha estado allí. Que ha sonado a la vez que otras que han marcado momentos, o que ha sonado en esos momentos en los que uno hace balance y contemplación de cómo van transcurriendo las cosas.

En mi caso ésa melodía existe, y se trata de la ultra-mega-versionadísima “Can’t Take My Eyes off of You” escrita por Bob Crewe y Bob Gaudio en 1967 y que con un rotundo éxito internacional interpretó Frankie Valli con el grupo The Four Seasons. No tengo el dato exacto, pero no me extrañaría que se tratase del tema musical que más Covers haya tenido a lo largo de la historia, que ha conseguido mayores números uno en diferentes listas de éxitos internacionales, y que ha sido interpretada por artistas como: Frank Sinatra, Matt Monro, Andy Williams, Gloria Gaynor, Shirley Bassey, The Temptations, The Killers, Diana Ross & the Supremes, Barry Manilow, Pet Shop Boys, Lauryn Hill, etc, etc. También ha formado parte de algunas bandas sonoras de películas que se han convertido en clásicos; quizá la que más recuerdo ahora es “El Cazador” (1978), dirigida por Michael Cimino y magistralmente interpretada por: Robert de Niro, Christopher Walken, John Cazale y Meryl Streep.

Creo que sin duda... sería esta la música principal de mi banda sonora, aunque otras melodías incidentales hayan sido las encargadas de marcar los momentos más importantes, pero “Can’t Take My Eyes off of You” ha sido, y no me importa que lo siga siendo, el Soundtrack principal que inevitablemente... me sigue a todas partes.

60's - Frankie Valli



70's - Diana Ross & The Supremes & The Temptations



80's - Boys Town Gang



90's - Lauryn Hill



Y esta versión en una comedia romántica adolescente de las últimas que se dejaron caer por las pantallas a principios de esta década



Y... que siga sonando ;-)

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dibujo... luego existo

Hace unos días Marc me sugirió hacer una entrada relacionada a mis inicios en los 70’s con lo que a día de hoy es mi profesión como dibujante. La idea me gustó desde que leí su comentario ya que en realidad... hay mucha tela que cortar con respecto a este tema, pero por otra parte debo decir que se trata de una entrada... “complicada” por una razón fundamental y que seguidamente les paso a exponer:

A la mayoría de personas que se desenvuelven en un trabajo que requiere de cierto temperamento “artístico”, cuando se les pregunta por qué hacen lo que hacen o se dedican a lo que se dedican, acostumbran a argumentar que todo viene motivado por “una necesidad”, y en mi caso... creo que así fue, solo que “la necesidad” no fue mía; en realidad fue una necesidad de causa mayor y de bienestar para todo el vecindario del Poble Sec.

Nací en la madrugada de un 7 de agosto y pasé los tres primeros años de mi vida sin pegar ojo durante el día y berreando a todo pulmón por las noches. El día era más llevadero debido a que siempre había alguien haciéndome carantoñas o diciéndome esas cosas ininteligibles que los adultos dicen cuando se dirigen a un bebé. Las noches, en cambio, eran largas y aburridas. Pretendían dejarme solo y a oscuras en mi cuna, largarse a dormir y no volver a dirigirse a mí hasta el día siguiente; algo... que yo no estaba dispuesto a consentir.

Mis padres, en su desesperación, achacaban mi insomnio a mil y una hipótesis que mi pediatra, el Dr. Llatas, desmentía una y otra vez: no eran cólicos, nada tenía que ver ni el frío ni el calor, descartada quedaba cualquier dolencia de tipo físico o cualquier historia de tipo psicológico. Todo parecía indicar (según el Doc) que poseía una “capacidad vital excepcional” y que ése era el único motivo que me mantenía en vigilia constante (puedo jurar... y va en serio, que dormía una media de tres horas por noche y alguna cabezadita aislada durante el día). Mis padres no dieron crédito a ello, pero al mismo diagnóstico llegaron los otros tres pediatras que durante ése periodo fueron consultados. Uno de ellos (el muy cabrón) aprovechó una de las visitas para circuncidarme y convertir mi picha en un modelo cabriolet. Bueno... bien mirado... hasta mola.

Como dato, les diré que por aquellos tiempos (más o menos igual que ahora), cuando una mujer daba a luz a su cachorro humano, acostumbraba a pasar unos cuatro días en la clínica hasta que le daban el alta. En el caso de mi madre el alta se la dieron a los dos días ya que una monja muy enfadada le hizo saber a mamá que desde que había nacido yo... no había quien pegase ojo en el hospital. Con esa mancha en mi expediente... Cómo no me iban a expulsar posteriormente de los colegios? Por Dios!... a los dos días de vida ya fui expulsado por primera vez del primer lugar en el que mi cuerpo se deshizo del líquido amniótico y demás residuos placentarios. Sin duda fue el comienzo de una larga singladura por lugares en los que por siempre jamás he sido individuo non grato.

El caso es que mi padre, una noche de esas en la que las ojeras le llegaban a los pies, y harto ya de que no dejase dormir a nadie, dejó caer sobre la manta con dibujitos de Bambi que había en mi cama, un maravilloso bloc de dibujo y una caja de colores, y para bien o para mal... allí empezó todo. Esa noche no lloré, esa noche mis padres, mi abuela y los vecinos durmieron tranquilos. Yo empecé a dibujar y a día de hoy... aún no he sabido parar.

Lamento si decepciono a alguien con estas declaraciones tan poco sentidas y profundas sobre los orígenes de mi vocación, pero para qué nos vamos a engañar si todo fue una cuestión de puro sentido práctico.

El papel y los lápices me permitían abstraerme, olvidarme de que el resto de la humanidad estaba durmiendo en el hemisferio mientras que yo luchaba por alargar el día y negándome a aceptar lo que para mi era (y sigue siendo) una absoluta pérdida de tiempo: dormir.

Con el tiempo fue necesario habilitar mi espacio ya que dibujar en la cama era algo incómodo, así que mirando los objetos caseros que habían a mi alrededor, me hice con la que fue mi primera mesa de dibujo (tal y como se ve en la imagen que ilustra la entrada). Se trató del típico taburete con escalón plegable que muchas de nuestras madres tenían por casa: El mío era de fórmica gris y yo utilizaba el escalón para colocar en él mis posaderas, y la parte de taburete la utilizaba para depositar mi plumier, mis folios, y desparramar sobre ellos esa cosa que queda tan bien y a la que se suele llamar “mundo interior” y que por aquella época consistía en meter horas y horas en hacer un montón de dibujos mal hechos procedentes de ése mundo interior y en copiar el arte de aquellos que lo hacían realmente bien; recuerdo que lo pasaba en grande copiando personajes de Disney, Mortadelo y Filemón y viñetas completas de los cómics del Guerrero del Antifaz. Creo que a partir de ese momento mi padre se dio cuenta del error tan grande que había cometido al darme un bloc y una caja de colores ya que su hijo nunca llegaría a ser médico por más que el hombre pusiese en ello todo su empeño. Lo que para mi progenitor fue una solución para evitar que diese guerra durante las noches, se convirtió también en lo que puso fin a su sueño de tener un médico en casa. Desde aquí te agradezco, papá, que me dieses ése bloc y ésos lápices; siempre fue mejor eso que darme a los hamsters para que les realizase autopsias.

Al llegar de la escuela, y después de merendar, salía al balcón de casa, me instalaba en mi taburete con escalón plegable y en lugar de hacer los deberes dibujaba y dibujaba. El sol del atardecer me daba la luz necesaria para realizar mis dibujos, pero el vientecito que soplaba de una manera constante siempre fue un incordio, así que prescindiendo del sol me ponía de espaldas a él para evitar que los folios que contenían mis obras de arte saliesen volando y se escampasen por todo el vecindario. Recuerdo que mi padre me decía: “Ponte de cara al sol o te vas a volver miope!”. De cara al sol?!... Lo decía en serio?! Jamás me puse de cara al sol, imagino que a eso le debo ahora mi miopía...

Compaginar durante los 70’s mis estudios con las ganas de seguir dibujando no fue tarea fácil. Las pizarras de clase, los pupitres, los libros de texto, las paredes de los lavabos... todo, absolutamente todo, era material susceptible sobre el cual estampar alguno de mis garabatos, y las represalias por parte de los diversos profesores que tuve a lo largo de mi vida de estudiante no fueron pocas, contundentes en la mayoría de los casos, imaginativas en la minoría, pero... absolutamente inútiles.

Mi padre se negó rotundamente a facilitarme una formación en alguna academia de dibujo; claro... un médico no se podía formar en una escuela de artes y oficios, así que tuve que arreglármelas para proporcionarme una formación autodidacta a base de aprender a conciencia de todos los libros sobre el tema que caían en mis manos y que “en la clandestinidad” me compraba mi madre. El resto fue dedicar horas a poner en práctica todo cuanto aprendía, ya que una cosa debe quedar clara: yo siempre me negué a estudiar, pero nunca a aprender. No sé si esto último se entiende, pero bueno... yo ya sé lo que me digo...

Con trece años y con una carpeta llena de chistes y de ilustraciones ya me creía el rey del mundo, el mejor, y con la capacidad suficiente como para aprovechar el tirón que el humor gráfico tuvo durante la época de transición política tras la muerte del caudillísimo. Me empecé a plantear la posibilidad de abandonar mis estudios, recorrer las diferentes editoriales y ganarme la vida con algo a lo que mi padre no le veía futuro alguno. A lo largo de un breve periplo varios editores rechazaron mi trabajo. Me libré por los pelos de que mi cuerpo fuese despedazado de un bombazo en la editorial de una de esas revistas de humor que desde los kioscos andaba dando palos a tanto reaccionario como andaba suelto por aquellos tiempos, y algún que otro dibujante veterano que tuvo acceso a mi trabajo me bajó los humos haciéndome saber que sí... que tenía un futuro en eso del dibujo, pero que lo dejase para entonces; es decir... para el futuro.

Creo que a mis trece años me empecé a relajar. La cosa no parecía tan fácil después de que varias puertas me dieran de lleno en las narices, así que decidí seguir con mis estudios una temporada más. Lo cierto es que otros factores influyeron también en mi relajamiento. Uno de los más importantes fue descubrir que las chicas empezaban a convertirse en seres de una belleza extraordinaria y que tocaba hacerse el mayor en lugar de andar por ahí haciendo monigotes. Lo terrible de ése descubrimiento fue que mi rendimiento escolar que siempre había sido malo, pasó a ser terriblemente peor. Vaya... que mis pobres estudios se llevaban siempre la peor parte.

Con dieciséis años la cosa ya era insostenible. Mis horas en la escuela eran horas muertas, y eso, para alguien con una “capacidad vital excepcional” empezaba a ser realmente molesto, así que en favor de la ciencia médica decidí que mi futuro no estaba en las aulas ni en terminar de rematar a enfermos. Aún recuerdo la cara de mi padre cuando le dije que me quitaba de en medio y que si lo que quería era tener un médico en casa, que se dedicase a estudiar medicina por correspondencia, pero que yo, definitivamente le ponía ya punto y final a esa historia.


Eso sucedía a finales de los años 70, de modo que mis inicios en la profesión ya fueron cosa de los 80’s y son historias (inconfesables en su mayoría) que además pertenecerían a otro blog que tratase de ésa década. En honor a la verdad debo decir que dejar mis estudios y empezar a trabajar en publicidad y publicar dibujos en algunas revistas, supuso un cambio importante que coincidió con el cambio de década. Por una parte dejé a un lado mi vida como estudiante y a mis compañeros y compañeras de clase. Toda mi ingenuidad se quedó allí también ya que el cambio que supuso pasar de un entorno escolar a uno profesional, de compartir con compañeros de mi edad a pasar largas horas con gente mayor, de suspender exámenes a tener que adquirir responsabilidades, etc, etc... me hicieron dar de bruces con la realidad, y la realidad, aunque preferible que cualquier fantasía intangible, nunca es tan bonita como parece. No fue fácil ganarse el respeto de los demás que me veían como a un crío, y tampoco fue fácil ver como esos señores que dibujan son, somos... personas normales que tenemos que luchar día a día para ganarnos la vida medio bien.

Se terminó de golpe pasar largas horas con amigos y amigas incondicionales con los que compartir primeras experiencias a todo nivel, se acabaron las tardes de espaldas al sol sobre mi taburete con escalón plegable; mis piernas ya no cabían y hubo que hacerse con una vieja mesa de dibujo en condiciones que a regañadientes, pero con aceptación... me compró mi padre. Terminaron las confidencias, la complicidad y las correrías por las calles del Poble Sec... ya no había tiempo para nada de todo eso ya que a partir de mis dieciséis años... mi vida empezó a ir en serio.

Así que cuando me preguntan que por qué hago lo que hago o me dedico a lo que me dedico, mi respuesta es clara: me dedico a dibujar porque me costó, porque no fue nada fácil. Me metí en una batalla de las buenas en la que tuve que demostrar muchas cosas, demasiadas. Afortunadamente mi... “capacidad vital excepcional” me dio las fuerzas suficientes como para no aceptar la retirada a tiempo como una victoria y seguí en ello sin plantearme que algo podía salir mal. Dibujo por la sencilla razón de que me sale de las narices hacerlo y en esta vida no hay nada mejor que hacer lo que a uno le da la gana. Además... no soy yo persona de andar por ahí metiéndome en guerras... y perderlas.

A día de hoy, cuando miro hacia atrás, veo lo mucho que me he divertido con todo esto, he recorrido medio mundo y he conocido a cantidad de gente que a pesar del ambiente competitivo me han dado aliento y me han ayudado.

Mi camino a través de un trabajo creativo me ha permitido desarrollarme en otras disciplinas, y he podido escribir guiones para televisión, relatos, cuentos y hacer de “negro” de otros escritores. Si, si... haciendo honor a los orígenes africanos de mi apellido soy genuinamente negro.

He conseguido hacer algunas películas, algunos libros y un puñado de cuentos. Quizá mi trabajo no tenga ningún sentido ya que nada de eso salva vidas, pero cuanto menos... contribuye en hacer la vida algo más agradable.

Aunque nunca me lo ha dicho a mí, sé que mi padre anda por ahí diciendo lo orgulloso que se siente de su hijo. (Viejo, ya sabes... cuando leas esta entrada no hagas caso de esto... yo no me he enterado de nada).

Durante los treinta años que llevo de profesión aún nadie me ha ofendido considerándome un “artista”. Afortunadamente se me considera un buen profesional que cumple con las fechas de entrega y con la calidad previamente establecida. Esa y no otra cosa es la que yo espero de mi trabajo ya que no soy nada más que un currito del lápiz. Lo demás... son pamplinas.

Y para terminar... si sólo los idiotas pueden decir que son felices... debo ser el mayor idiota que hay sobre la faz de la tierra.

Me gusta echar carreras con el viento

como un auténtico hijo de la naturaleza.

No quiero morir nunca.

Nacido para ser salvaje!

Créditos de las imágenes: Ilustraciones y fotografías, Sergi Càmara.


Lo sé... este temazo ya lo había puesto antes en el blog, pero... No hemos quedado en que hago lo que me da la gana?

martes, 25 de mayo de 2010

Without You

La vida suele ser ajena a sus propios pasos, a su propia huella. Se limita a ir hacia adelante y a avanzar a pesar de todo cuanto vaya dejando por el camino. Ella, la vida... continuará incluso en ese momento en el que nosotros debamos desmontar de su grupa y andar solos por ese trayecto del que nadie ha regresado aún para contarnos qué tal le ha ido.

Decía en mi entrada anterior que la vida es caprichosa, así que si ella lo es... nada malo hay en que lo seamos también nosotros, es más... estamos obligados a serlo aunque simplemente sea por eso de que total... estamos tan solo de paso.

No nos quedemos con esa sensación de “no poder vivir” si alguien no está. No nos quedemos sin nada por hacer o sin nadie a quien querer, ya que eso... es lo más parecido a morir un poco cada día.

I can't live if living is without you”, o más fácil aún... “Without you”, fue un tema que el grupo británico Badfinger incluyó en su álbum “No Dice” editado en 1970, pero que no se convertiría en un éxito internacional hasta una nueva versión interpretada por Harry Nilsson en 1971.



viernes, 21 de mayo de 2010

Reencuentros y desencuentros

En lo que llevo de año me han sucedido una serie de cosas -casi místicas- relacionadas con el mismo tema, algunas las he buscado y provocado yo, otras han venido por añadidura, por casualidad o causalidad, en eso ya no entro.

Por ejemplo; me llenó de alegría reencontrarme con Maria después de 30 años sin saber el uno del otro. Alegría es poco, y tampoco creo que el término felicidad sea capaz de contener en sí mismo todo lo que para mi supuso quedar con ella en Plaza de España, verla de nuevo, saber de su vida después de haber compartido pupitre en la escuela; en definitiva... recuperar esas miradas, esos gestos, sentirla a mi lado pasando un día juntos y con la esperanza de pasar muchos más en el futuro.

Maria fue alguien a quien dejé entrar en mi corazón adolescente, y mi deseo es que ella se encuentre a gusto en él y no sienta nunca la necesidad de marcharse. Yo me siento a gusto en el suyo en el que creo tener un rinconcito para mi.

Idéntica sensación experimenté cuando retomé contacto con Alfonso y Ramón; un par de adorables madrileños con los que estuve en “la guerra”. A los tres nos vistieron de soldados, nos convirtieron en auténticas máquinas de matar, nos dieron un arma y nos encomendaron peligrosas misiones entre las que recuerdo algunas especialmente sublimes: la tarde en la que Ramón y Alfonso me llevaron a merendar a “La Mallorquina” en Plaza del Sol. Ellos ya se conocían el tema, no les era nada nuevo, pero los deliciosos pasteles de aquel lugar nos sumergieron a los tres en un mundo lleno de fascinantes sensaciones. Recuerdo también las fiestas de San Isidro en las que Yolanda (la novia de Alfonso) y yo, íbamos robando tortillas de patatas de los bares y comiéndonoslas por los rincones de Madrid. O aquélla noche en la que en casa de Alfonso estuvimos escuchando el disco de “La Mandrágora”, charlando y tomando copas. Esos recuerdos son los que quedan por encima de todo lo demás. Los recuerdos, y el deseo de reencontrarnos en cuanto Alfonso termine con las dichosas obras de su casa. Ni se imagina Alfonso las ganas que tengo de meterme con él por rojo, seguro que las mismas que él tiene de meterse conmigo por querer asesinar a todos los ciclistas de Barcelona. Pero siempre con el respeto y la profunda admiración que personalmente siento por tantas y tantas cosas en las que anda seriamente comprometido.

Ramón era y es un tipo grande y corpulento al que tengo ganas de rodear con un abrazo y de tomarme con él un ribeiro para compensar aquella ocasión en la que me llevaron (Alfonso y él) a un restaurante gallego. Ramón me hablaba de las excelencias de los caldos que regarían el codillo que yo me había pedido, pero finalmente... me decanté por una Coca-Cola. Me consta que aún se están riendo de ello... cabrones.

Alberto ha sido otro reciente reencuentro después de compartir juntos la media década que vivimos de los 60’s y las décadas completas de los 70’s y de los 80’s. 25 años de amistad en los que compartimos infancia, adolescencia y juventud, y que quedaron aletargados en un rincón el día que él se fue a Ciudad Real para convertirse en un periodista comprometido (Joder!... Todos los periodistas que conozco están comprometidos. Dónde queda la objetividad?... No me toméis a mal este comentario periodistas... que os veo venir). En cualquier caso a Alberto le quise como a un hermano y mañana sábado tendré la ocasión de poder abrazarle.

Mañana sábado... No sé qué tal será un día como el de mañana en el que muchas emociones van a recorrerme por dentro.

Mañana sábado me reencontraré también con Laura a la que hace más de 30 años que no he vuelto a ver. Laura, la prima de mi hermano/amigo Alberto y la primera chica que una tarde de domingo me preguntó si quería ser su novio... y le dije que si.

Desafortunadamente no podré abrazar a Laura. Ella no podrá verme, ni tan siquiera sabrá que yo estaré allí al lado de sus primos Alberto y Alex, de sus tíos Miquel y Juani y de sus padres Josep Maria y Ada entre otros muchos familiares y amigos que también irán a verla para despedir a una joven Laura a la que una mierda de enfermedad se lo ha arrebatado todo, así... de golpe.

Ni te imaginas Laura lo que lamento no haber sido lo suficiente mayor para quererte más cuando tuve ocasión de hacerlo.

Maria, Alfonso, Ramón, Alberto... la vida es caprichosa y quien sabe si su juego no será el de volver a separar nuestros caminos. En cualquier caso, ahora que os tengo dejarme deciros que habéis sido y sois tremendamente importantes para mi. Dejarme deciros... que os quiero.

En la fotografía que encabeza esta entrada: Laura, Alberto, Sergi y Miquel Àngel, a quien también la vida le dejó hace ahora dos años. Espero que tu hermana Laura te haga la compañía que los que nos quedamos aquí ya no podemos hacerte.

Y nos llamábamos los inseparables.

... Puta vida.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Gusanos de seda (IV) -Parte médico habitual-

(En el capítulo anterior: Le andaba yo comentando a Lucifer que no entendía muy bien eso de que los humanos nos relacionásemos con animales e interactuásemos con ellos como si se tratasen de personas; mientras tanto, Lucifer... pasando de mí tres pueblos.

No sé si es porque tiene el suficiente sentido común como para pasar de mí, o si simplemente se trata de todo lo que puede dar de sí el intelecto de un gusano. El caso... es que finalmente me habló... y en inglés!!)

A continuación, y para aquellos que a través del Facebook, correo electrónico y comentarios en el blog, habéis demostrado vuestra preocupación por el estado de salud de Benjamín, ahí va el último parte médico:

“Enfermedad de Parkinson. Cardiopatía isquémica con infarto agudo de miocardio anterosepial y de cara diafragmática. Ulceras intestinales agudas reincidentes con hemorragias masivas reiteradas. Peritonitis bacteriana. Fracaso renal agudo. Tromboflebitis ileo-femoral izquierda. Bronconeumonía bilateral aspiratoria. Choque endotóxico. Parada cardiaca.

Firma, El equipo médico habitual”.

Oops!... perdón (no sé en qué estaría yo pensando...). Efectivamente se trata del último parte médico, pero no precisamente del bueno de Benjamín, si no el del caudillísimo Francisco Franco que fue emitido el día 20 de noviembre de 1975 a las 5:30 horas de la madrugada y tras el que nos aguardó una semana de vacaciones del cole (Bieeennnn...). Lo malo fue que por televisión sólo nos retransmitieron documentales de la vida del dictador, desfiles militares y música clásica, así que había que golfear por la calle... no quedaba otra.

A todo esto... que Benjamín está en la gloria. –y con eso no me estoy refiriendo a que esté “en la gloria” y lo que ello implica de hallarse a la diestra de Dios Padre; es decir... fiambre, tieso, “pasmao”, ni nada de eso-. Benjamín está estupendamente bien y tal y como podéis contemplar en la foto, se ha hecho muy amigo de Lucifer (el gusano anglosajón).

Podéis ver también que no miento cuando comento que su aspecto es realmente patético en cuanto a tamaño se refiere, ya que por el resto... come normalmente y se lo pasa bien escondiéndose entre las hojas de morera y demás flora que le rodea.

(Continuará...)

lunes, 17 de mayo de 2010

Gusanos de seda (III) -Are you talking to me?-

(En el capítulo anterior: Benjamín está algo enfermo y encima no se deja cuidar; rechaza el entrenamiento físico y come muy poco, de modo que su aspecto es el de un gusano enclenque y desvalido. El resto de “Los siete magníficos” consumen hojas de morera y cagan insignificantes pelotitas negras. Por el momento... esa es toda su actividad).

Jamás he entendido muy bien a esas personas que afirman con rotundidad que los animales son mejores que algunos seres humanos; a fin de cuentas, ser mejor o peor, implica actuar con una intención previa de hacer “el bien” o de hacer “el mal”, y no fue otro que el ser humano quien desde sus más remotos orígenes inventó ambos conceptos con el fin de controlar al resto de la humanidad y por ende... de adquirir cierto control sobre sí mismo.


Partiendo de esa base podríamos decir que el ser humano es el único animal que antes de actuar se plantea la posibilidad de hacer “el bien” o la de hacer “el mal”; de acuerdo que opta por la segunda opción muchas veces, pero sorprendentemente en la mayoría de ocasiones, las cosas... se hacen de buena voluntad, de buena fe, o con vistas a mejorar el bienestar de una mayoría.


Los animales (irracionales), por el contrario, jamás se plantean dicha disyuntiva y en consecuencia, actúan única y exclusivamente por instinto de conservación o por pura supervivencia.


Ya fue Sócrates quien dijo en su día algo parecido a que: “La inteligencia es una capacidad única y exclusiva del ser humano”. Personalmente siempre he estado de acuerdo con ésa afirmación y jamás he creído en eso de que a todo aquello que un animal pueda hacer –por sorprendente que nos parezca- se le pueda llamar inteligencia o que implique que tenga sentimientos, ya que en realidad no deja de ser sencillamente instinto. Lo que sucede en nuestra mente cuando contemplamos el comportamiento de nuestras mascotas y extraemos como conclusión que dicho animal es inteligente, es que de un modo inconsciente generamos un paralelismo entre comportamientos racionales (propios del ser humano) y comportamientos irracionales (propios de cualquier otro animal), y establecemos relaciones tomando elementos de comparación de diferentes órdenes abstractos creando una especie de taxonomía de clasificación; es decir... lo que hacemos no es más que proyectar lo que en base a nuestras experiencias como humanos queremos ver en nuestras mascotas. Se trata pues de una simple creación simbólica que dibujamos en nuestra mente, una pequeña distorsión en nuestra percepción cognitiva que nos hace creer que nuestra mascota nos entiende cuando le hablamos, comprende lo que le decimos, nos quiere, e incluso... que es mejor que mucha gente a la que conocemos.


No olvidemos que algunas personas establecen este paralelismo incluso con objetos. No deja de ser significativo que a lo que llamamos “amuletos” les otorguemos el poder de darnos suerte o de proporcionarnos compañía. Cómo no vamos a hacer lo mismo con seres agradables, peluditos, de suave tacto, que se mueven, respiran y que ronean entre nuestras piernas mientras leemos el periódico sentados en el sofá?


Así pues; cualquier atisbo de inteligencia o de sentimiento que percibamos en nuestras mascotas, no deja de ser nada más que el deseo de que el pobre animal nos proporcione una compañía o un afecto que probablemente... no llegamos a conseguir de los de nuestra misma especie.


De lo contrario... sí realmente creyésemos que un animal nos proporciona afecto o que posee inteligencia, comernos un filete de ternera... sería algo similar al canibalismo.


Todo esto y muchas cosas similares le estaba yo contando a Lucifer; el gusano de seda al que le he puesto este nombre a petición expresa de JuanRa Diablo. El caso es que mientras le hablaba, él me miraba atentamente hasta que en un arranque de desesperación lógico, y a consecuencia de la paliza mental que le estaba pegando, va el tío, y en el más puro estilo Robert de Niro en “Taxi Driver” me dice:


Are you talking to me?

Joder!... y encima en inglés! Vaya con el gusano de las narices.


Total... que definitivamente paso demasiadas horas solo.


En cualquier caso, sigo pensando que el mejor animal de compañía para el ser humano es el propio ser humano, y como ya he dicho alguna vez por este blog, en mi caso... preferentemente hembra.


Nota: Parece ser que el bueno de Benjamín... está mejorando.


(Continuará...)

viernes, 14 de mayo de 2010

Las Grecas

Carmela y Tina formaron en 1973 uno de los grupos más “frikimente” exitosos de los 70’s. Su estilo era el conocido como “Flamenco Rock” al que podríamos añarirle también un cierto aire de killo lolailo; es decir: “Flamenco Rock Killo Lolailo”, pero que al parecer, la cosa quedó en un pretendido intento comercial de llamarle “Gipsy Rock”.

El tema está en que ambas hermanas de etnia gitana crearon ése nuevo estilo que en un principio fue apadrinado, ni más ni menos (ojo al dato), por el propio Camarón de la Isla. Flipa neng!.

Uno de sus indiscutibles temas estrella fue el que llevaba por título “Te estoy amando locamente” y del que pueden... disfrutar (¿) al final de esta entrada. Allá cada cual con lo que sus oídos y su buen gusto esté dispuesto a consumir. A mí, para mi sublimación personal, se me dan más otros estilos, pero no hay que negar que Las Grecas, para bien o para mal... son setenteras hasta la médula y bien merecen un espacio en este kiosko, así que... consuman, consuman, que mientras que Teddy Bautista y su banda de gánsters no aparezcan por aquí y me chapen el blog... esto es gratis.

Los recuerdos que tengo yo de este par de dos se remontan a mediados de los 70’s, época de máximo apogeo del dúo. Por una parte recuerdo algún paseo por el barrio chino barcelonés en el que pude ver a un grupito de chonis bailando flamenco en plena calle y dando palmas mientras que del transistor salían las melodías de Las Grecas. Por otra parte, me viene a la mente también alguna mañana de playa en la que desde alguna toalla lejana un come-discos ofendía a mis oídos con la canción de éxito del dúo y me impedía disfrutar del sonido del mar. Imagino que desde entonces viene mi afición a ir por la playa en las noches de luna llena, pero es que de ése modo, me ahorro tener que pelear por un espacio cercano a la orilla, los pelotazos de los chulos de pantano que juegan a palas, o al perrito de las narices que te salta por encima de la toalla y te pringa de arena. Vale... no me pongo moreno... Y?

El pre-final de Las Grecas tiene su guasa; en principio el grupo se separó en 1979, pero sobre el 83 protagonizaron un hecho digno de estrellas del más genuino Rock&Roll. A Tina le diagnosticaron una enfermedad mental, y mientras charlaba tranquilamente con su hermana en la cocina de casa le entró un momento de crisis.

—Tronca... que yo me pillo el buga y me najo pa la kely —le dijo.

—Ah si?... Pues yo pa la piltra a planchar la flapa —respondió Carmela.

Al parecer, a Tina, eso de que su hermana planchase la flapa le pareció una frivolidad en comparación a sus magníficos planes de ligar el buga, así que agarró del cajón de los cubiertos un cuchillo de cocina y se lo clavó en el hombro.

Los maderos la trincaron por banda y le dijeron: “Que te najas pa la kely? Y una mierda!... Tu te vienes con nosotros pa Yeserías a pasar una temporada en el trullo”. Y allí la tuvieron a pan y agua una buena temporada hasta que la ingresaron en varios centros psiquiátricos de los cuales se escapó en no pocas ocasiones.

La primogénita de Tina, con el tiempo, formó nuevo dúo con su tía Carmela. Sacaron al mercado discográfico algunos intentos de éxito, pero con una nula repercusión incluso reeditando los anteriores Hits del dúo inicial.

Así pues, y con el debido respeto, escuchemos a Las Grecas... o echemos a correr.

Pese a todo, agradezco enormemente a Pepo que me sugiriese escribir algo en el blog sobre este dúo. Imagino que Pepo no fue un fan de las sisters, pero tal y como él me apuntó en el mail que me mandó... setenteras son, y marcaron época.

Nice Weekend... troncos.

jueves, 13 de mayo de 2010

El Telesketch

Su inventor fue un francés llamado Arthur Granjean y le puso el nombre de “L’Ecran Magique” (“La pantalla mágica”). Hacia el 1950 presentó un primer prototipo en la Exposición Internacional del Juguete de Nurenberg en Alemania, donde vendió los derechos del cachivache a unos ejecutas de la Ohio Art Company que se encargaron de su fabricación y posterior comercialización bajo el nuevo nombre de “Etch-A-Sketch”.

El juguete no tardó en aparecer en España de la mano; dicen unos que de la “Casa Borrás”, mientras que otros afirman que de la empresa “Juguetes Racionales” (quien tenga datos fiables al respecto, que por favor... los aporte). Fuese como fuese nos hallábamos ya en la década de los sesenta cuando los niños españoles pudimos ver las primeras pantallas del artilugio al que aquí conocimos con el nombre de “Telesketch”. Imagino que si se hubiese tratado de un juguete más... uno de tantos, a los que nacimos a mediados de dicha década nos habría pasado desapercibido, ni lo recordaríamos, o como mucho tendríamos el vago recuerdo de ver algún Telesketch hecho polvo procedente de algún hermano o primo mayor.

Pero no... desde que el aparato apareció en nuestras vidas hasta el día de hoy, la “Casa Borrás” (esta vez si... el dato es seguro) lo ha seguido fabricando de un modo casi ininterrumpido durante las décadas de los 70’s, los 80’s, los 90’s... hasta el momento presente en el que se pueden encontrar aún, desde el modelo “original” hasta los más variados aspectos que incorporan color e incluso efectos sonoros. Es propio decir que monsieur Granjean tuvo una visión de futuro el día que en su sótano fabricó una rudimentaria televisión de aspecto plano, en un vivo color encarnado y con un par de botones que accionaban un lápiz fantasma capaz de crear dibujos... algo robóticos, pero que al realizarlos, a más de uno se le descordinó el cerebro con la cosa esa de... tener que hacer dibujos en base a líneas horizontales y verticales accionando, de modo giratorio, unos botones que con no poca dificultad permitían la realización de líneas diagonales alternando los movimientos de ambas manos. Bueno... quien era capaz de hacer círculos... ése ya era la repanocha!!

Yo tuve mi Telesketch a principios de los 70’s y debo reconocer que en su día... no me fascinó el invento. Recuerdo haber jugado con él, pero sin llegar a extasiarme de un modo especial. Francamente... donde estuviesen los indios y vaqueros de Comansi, o los Madelman... que se quitase lo demás, pero no dejaba de tener su aquel sacar el Telesketch de su caja cuando venían primos y primas a casa y tratar de averiguar quien de todos era capaz de volverse loco antes ante la incapacidad de crear un círculo.

Lo que reconozco que es verdaderamente interesante, es realizarle una autopsia a un viejo Telesketch y averiguar su funcionamiento: resulta que la pantalla, por su interior, está recubierta de un polvo de aluminio. El pequeño lápiz (punta de lápiz en realidad) es accionado por los mandos que a su vez ponen en marcha un complicadísimo sistema de poleas que permiten que dicha punta se desplace por toda la pantalla de modo horizontal y vertical, y que “rascando” el polvo de aluminio cree la sensación de un trazo negro. El borrado del dibujo no dejaba de ser curioso tampoco, bastaba con voltear la pantalla y dar unas sacudidas para que desapareciese en un plis... la obra de toda una tarde de trabajo (que mandagüevos... para que nos vamos a andar con bobadas... ya son ganas!!).

También debo decir que aún y que no se trató nunca de mi juguete favorito... no es a mi Telesketch al que le he realizado la autopsia. A ver que cara pone mi sobrinilla cuando encuentre que su pantallita mágica... ha sido vilmente destripada.

Eh!... y ni hablar de darle yo el mío!

Créditos de las imágenes: Fotografías del Telesketch del Kioskero del Antifaz.

martes, 11 de mayo de 2010

Gusanos de seda (II) –La recuperación de Benjamín-

(En el capítulo anterior: Una pequeña colonia formada por siete gusanos de seda ha venido a vivir a mi estudio. Genéricamente les llamo “Los Siete Magníficos”, y únicamente uno de ellos tiene nombre propio, se trata de Benjamín, el más pequeño de todos y que se encuentra visiblemente enfermo...)


Esta mañana en cuanto he llegado a mi estudio, he saludado afectuosamente a mis gusanos de seda y les he cambiado las chuchurrías hojas de morera que les dejé anoche por tiernas hojas frescas que he traído desde casa.

—Buenos días chicos... Cómo habéis pasado la noche?

—..., ..., ... ,...

—Y tu Benjamín?... Todo bien?

—..., Cof! Cof!..., ...

El bueno de Benjamín sigue algo pachucho y lo peor es que no sé que hacer por él ya que mis conocimientos de veterinaria son nulos, y dudo yo que ni con conocimientos acerca de la materia, se pueda hacer mucho por un simple insecto.

He pensado que lo mejor para su pronta recuperación sería lo siguiente: 20 minutos de Jogging, una tabla de ejercicios variados de gimnasia sueca, y unas series alternadas de mancuernas, pero... Benjamín no ha estado mucho por la labor.

Dejaremos pues que la naturaleza siga su curso y mañana buscaremos un hogar adecuado para “Los Siete Magníficos”. Espero... que sigan siendo siete...

(Continuará...)

lunes, 10 de mayo de 2010

Gusanos de seda (Remembering)

En los 70’s la gran mayoría de niños y niñas tuvimos gusanos de seda como animales de compañía, ya que; ocupaban menos espacio que un perro, necesitaban muchos menos cuidados, y no resultaba especialmente necesario sacarlos a pasear. Claro que también había quien tenía perros, pero eso ya era más un lujo que otra cosa para los que vivíamos en barrios humildes tales como el Dry Village en los que no estaba el horno para bollos.

Los gusanos de seda siempre fueron bienvenidos por aquellos niños que les pedíamos una mascota a nuestros padres. Quizá si que nos esperábamos algo más que gusanos, pero cuando nuestras madres nos explicaban todo el ciclo biológico del que íbamos a ser testigos con el paso de los días... no dábamos crédito y nos quedábamos extasiados y boquiabiertos contemplando a esos pequeños gusanos que, después de hacer un poco el capullo, se iban a terminar convirtiendo en mariposas.

También es verdad que los animalitos en sí... no daban mucho juego; no se les podía lanzar una pelota y esperar a que fuesen a por ella, impensable la idea de bañarse con ellos a la orilla del mar, o la de compartir nuestro rincón en el sofá y ver juntos los dibujos animados. Nada... los gusanos de seda no servían absolutamente para nada de eso. Su única actividad era la de comer y comer hojas de morera y pasar de nosotros como quien oye llover. Por más que nuestras cabezas se asomasen una y otra vez a la caja de zapatos que les servía de hogar ellos mantenían siempre esa actitud de no alterarse por nada.

Cuando uno se hace mayor llega un momento en el que ni piensa en los gusanos de seda; es más... incluso sí nos lo planteamos alguna vez, somos capaces de llegar a la conclusión de que quizá se extinguieron como les pasó a los dinosaurios, pero no... tarde o temprano llega ése día en el que los pequeños de la casa nos recuerdan que los gusanos de seda aún existen y que ellos quieren tener su propia familia de larvas lepidópteras del mismo modo que las tuvimos nosotros 40 años atrás.

Y así es que ahora, en mi casa, han entrado los gusanos de seda para compartir espacio con los jerbos y con un grupúsculo de homínidos que conviviremos en el mismo hábitat y en el que cada uno de nosotros lucharemos por nuestra propia supervivencia.

Reconozco que como a todo buen nostálgico setentero, en cuanto oí hablar de la posibilidad de que una colonia de gusanos de seda entrase en casa, no pude por menos que aceptar e incluso pedirme una pequeña colonia para mí y llevarla conmigo a mi estudio. Quieran que no mi trabajo pide largas horas de soledad, así que, a veces, la compañía es bienvenida, y si se trata de seres silenciosos y autosuficientes... mejor que mejor.

Mi colonia está compuesta por siete ejemplares a los que de modo genérico denominaré “Los siete magníficos”. Individualmente no les pondré nombre ya que eso me haría dudar de mi salud mental, que bueno... afortunadamente no estoy lo suficientemente cuerdo como para tomarme la vida en serio, pero... ponerles nombres a los gusanos sería el primer paso para una buena estancia en el frenopático.

No obstante... (y es que quizá en el frenopático ya hay una habitación esperándome) no he podido resistirme a la tentación de concederle a Benjamín, un interés más allá que el que les concederé al resto de gusanos. Y es que Benjamín es con diferencia el más pequeño de los siete. Se trata de un gusanito que me ha despertado una especial ternura debido a que, además de pequeñajo, está algo falto de salud. No parece que mantenga una actividad como la que mantienen el resto de los suyos, además está un poco dejado de la mano de Dios, y es que la verdad... estos gusanos van cada uno a la suya y no parecen demasiado dispuestos a tenderle una mano (quizá porque carecen de ellas), así que no cabe esperar ningún acto solidario del resto hacia el pequeño Benjamín. Velaré personalmente por su seguridad y por su bienestar, y prometo hacer de Benjamín... un gusano de provecho.

Seguiré informándoles del progreso de Benjamín y del resto de los gusanos que forman mi pequeña colonia “Los siete magníficos”. Les ilustraré algunas entradas en este blog con algunas fotografías y breves textos en los que puedan, al igual que yo, rememorar ésa época en la que los gusanos de seda formaban parte de nuestras vidas. Unas vidas en las que arrastrándonos por nuestra niñez conseguimos llegar a ser unos auténticos capullos en nuestra adolescencia, para finalmente, de adultos, convertirnos en preciosas mariposas... unas más que otros; claro está.

Como homenaje a mis gusanos, al western y a la música de los 60's y de los 70's, les dejo con el tema principal de la banda sonora de la película “Los Siete Magníficos” compuesta por Elmer Bernstein para ése fabuloso western que se estrenó en 1960.

Existen caballos para gusanos de seda?...

jueves, 6 de mayo de 2010

El diablo bajó a Georgia

Mi abuelo siempre me dijo: “Hay que tener amigos hasta en el infierno, ya que, cuanto menos, te llevarán al lugar del averno en el que se esté más fresquito”.

Una eternidad condenado a las profundas tinieblas es el precio a pagar a cambio de vender el alma al diablo, pero claro... si allí uno ya tiene amigos...

Aún recuerdo la noche en la que Satán apareció ante mí con el fin de contar con mi alma para sus fines perversos. Me hallaba en un cruce de caminos en el estado de Georgia; concretamente entre New Bethel Church Road y Long Bridge. Se trataba de uno de esos excitantes viajes de trabajo a los Estados Unidos y todo funcionaba de maravilla hasta que la ranchera que nos iba a llevar desde South Carolina hasta Tennessee se estropeó, y allí me quedé montando guardia mientras que mis dos compañeros de viaje la emprendieron a pie en busca de ayuda en un tiempo en el que aún no se habían inventado los GPS y en el que no teníamos más remedio que fiarnos de un pequeño mapa local que nos indicaba que a menos de 2 kilómetros en dirección sur por la Long Bridge se hallaba una pequeña granja. Mientras esperaba el regreso de mis colegas salí a fumar un cigarrillo sentado placidamente en el capó de aquella ranchera de alquiler. En el horizonte simplemente se divisaban postes del tendido telefónico al contraluz de una estupenda luna llena. La temperatura era agradable en plena primavera, no refrescaba en absoluto y podía percibir el aroma de los jazmines que a la luz del día teñían de amarillo los verdes campos.

Yo había leído viejas leyendas referentes al delta del Mississippi; leyendas en las que se narraban historias relativas a apariciones del diablo que andaba por allí en busca de las almas de viejos cantantes de Blues a cambio de convertirles en auténticos genios de la guitarra. Cuentan... que Charlie Patton, e incluso el mismísimo Robert Johnson fueron algunos de los “bluesmen” que pactaron con el rey del averno a cambio de su incomparable talento. Descansen en paz sus almas... allí donde quiera que estén.

A pesar de esas ridículas leyendas que en ese momento recordé, ni nos hallábamos especialmente cerca del delta, ni mi intención era la de convertirme en cantante, pero... al igual que yo, al parecer el diablo andaba también un poco despistado; concretamente un par de estados más al este del lugar en el que sus apariciones parecían ser habituales y allí me encontró tirado en aquella cuneta.

Y allí estaba él. Debo decir que no me intimidó en absoluto la presencia de aquel extraño ya que su aspecto era más bien afable, aunque ciertamente había algo pernicioso en su mirada. No obstante, lejos de ser un tipo de color rojo, con cuernos y larga cola terminada en punta de lanza, parecía más bien un vendedor de seguros, cansado, y con el nudo de su corbata ligeramente desabrochado.

—Hace una buena noche. No es cierto? —me preguntó.

—No está mal, pero tampoco tengo demasiada referencia de cómo son por aquí las noches —le respondí.

—Ya claro... no eres de por aquí.


Reconozco que siempre me ha tocado las pelotas eso de que enseguida sepan “que no soy de por aquí”, aunque para que negarlo... mi inglés siempre ha sido terrible y delata a la legua mis orígenes hispanos.

—Y a ti? Qué se te ha perdido en este lugar del mundo? —le tuteé... él empezó, así que nos dimos enseguida confianza.

—Vengo a por tu alma. Perdona si voy al grano y no te introduzco en eso de que soy el diablo y demás, pero es que hoy he tenido un día agotador.

Vamos, que lo único que me faltaba tirado en mitad de una carretera polvorienta... era la presencia de un loco.

—Da igual si no me crees —añadió—. Plantéatelo de la siguiente manera: si soy el diablo y me vendes tu alma, conseguirás lo que quieras. En caso de que no sea más que un chalado que se te aparece en mitad de la noche, tu no ganarás nada, pero tampoco yo conseguiré tu alma. Prueba, y a ver qué pasa.

—Vamos a ver... para invocar tu presencia. No es necesario hacer toda una serie de ritos y de liturgias mágicas? —pregunté.

—Así es en la mayoría de los casos, a excepción de aquellos en los que las almas no tienen aún un destino eterno bien definido y soy yo quien, en persona, voy en su busca. Y ése es tu caso —me aclaró.

—Debo tomarme eso como un halago?

—Puedes tomarlo como quieras. Tu camino en la vida está en ése límite entre el bien y el mal. En un... “cruce de caminos”. Te cuesta conseguir todo eso por lo que luchas, y yo... puedo ponértelo más fácil.

—Pse!... No sé. La verdad es que ya me gusta esto de que me cueste conseguir las cosas. Les da más emoción. No crees?

—Bien... pues hagámoslo de otro modo, te seguirán costando, pero tendrás la garantía de terminar consiguiéndolas.

—Eso no me convence... — le aclaré—. Es como saber el final de una peli... le quita suspense.

—Vamos por partes — el tipo trató de poner orden—. Riquezas. Te interesan las riquezas? Poder colmar todas tus necesidades y que te sobre el dinero a espuertas?

—Sinceramente no —le dije—. No persigo eso. Me basta con tener para viajes y tabaco, y de momento... me llega.

—Fama?


—Buufff... que va, que va! La fama generalmente es demasiado efímera, y en el caso de que sea para siempre te roba intimidad. Prefiero un éxito moderado a una fama descontrolada.

—Pues bien... éxito... todo el que quieras –insistió.

—De veras que no. Ya tengo el que quiero. El necesario para que no me falte mi trabajo y para que se me conceda, de vez en cuando, la posibilidad de hacer un poco lo que me de la gana. Para qué quiero más?

—De acuerdo, de acuerdo, pero... Y mujeres? Qué me dices acerca de eso?

—Verás... ahí hubiésemos podido llegar a hacer negocios tu y yo, pero a estas alturas ya he gozado de una buena época loca, y ahora ando en algo que parece bastante serio. No sé si será la mujer de mi vida, pero se trata de una morenaza altísima que me vuelve loco.

—Maldita sea!... No será la que fue secretaria en esa asquerosa productora en la que trabajabas. Verdad? —preguntó en un estado visiblemente alterado.

—Efectivamente... fue... secretaria —respondí.

Un escalofrío recorrió toda mi espalda hasta helarme el cogote mientras que curiosamente unas gotitas de sudor recorrían mi frente. Aquel tipo que hasta ese momento no se trataba más que de un chalado... empezó a ponerme realmente nervioso al demostrarme que conocía pequeños detalles importantes acerca de mi.

—Joder! —exclamó—. Sabía yo que tenía que haber tomado cuenta de esa tipa antes. Ahora ya es tarde!

Acto seguido le soltó una patada a una pequeña piedra que salió despedida a lo lejos, que se perdió en la oscuridad y que gracias a que se pudo escuchar su impacto contra el suelo... supe que no la mandó al más allá.

Nervioso, y con las manos en los bolsillos de sus pantalones se alejó de mi cabeceando así... como desconcertado. Se detuvo, se giró mirándome con esos ojos en los que desde el primer momento ya advertí algo pernicioso. Su ceño estaba fruncido, sus comisuras en un rictus de desesperación que dejaban entrever sus dientes apretados. Se acercó de nuevo hacia la ranchera a paso acelerado a la vez que sacaba una de sus manos del bolsillo y me daba unas palmadas en la frente.

—Piensa, piensa maldito hijo de puta! —me gritaba clavando su mirada en la mía—. Algo... o alguien habrá que merezca la pena a cambio de tu alma. Total no te pido nada más joder! Una mierda de eternidad a cambio de algunos años de tu vida en la absoluta plenitud. A qué coño esperas?

—Bueno... en realidad... hay... —dudé, titubeé...

Con sus manos agarró mis hombros y me zarandeó como si me felicitase por acabar de ganar alguna especie de premio o algo parecido.


—Lo ves?... Lo ves? No era tan difícil. Es lo que quieres? Se trata de eso. Verdad? —me decía mientras seguía con sus zarandeos. De no tener ya la certeza de que se trataba de Satanás en persona... de buena gana le hubiese dado una hostia. Con lo que me jode que me zarandeen!

Como pude recuperé la cómoda postura sobre el capó de la ranchera a la vez que estreché su mano. El tipo se alejó nuevamente enfundándola en su bolsillo, pero esta vez, su paso era triunfante y vigoroso.

—Espera! —le grité—. Cómo sabré yo cuándo...

Sin detenerse me miró de medio lado —Cuándo será el momento en el que lo consigas?— una sonrisa llenaba su cara.

—... Si, exactamente... eso...

—Lo sabrás hijo... cuando llegue el momento... lo sabrás.

Rió a carcajadas y prosiguió su camino mirando de frente hacia el oscuro horizonte. De nuevo sacó una de sus manos del bolsillo para despedirse de mi dándome la espalda y desapareció ante mis ojos.

Nunca más he vuelto a ver al maligno; parece ser que ya tendremos toda una eternidad para conocernos mejor.

Y ustedes?... Qué esperaban de esta historia? No hubiesen hecho lo mismo? Vamos, vamos, piensen! No hay nada... o nadie que merezca la pena a cambio de sus almas? Total el final no es para nada trágico: él se salió con la suya... y yo con la mía.

Además, el infierno no puede ser tan malo. Han pensado lo aburrido que debe ser... el cielo?

En 1979, The Charlie Daniels Band le dió al mundo el tema titulado “The Devil Went Down to Georgia” demostrando que Satán no era la primera vez que se dejaba ver por aquel cruce de caminos y que lo mío con él no fue por casualidad o despiste. La diferencia está en que Johnny, el protagonista de la canción, no sucumbió a las tentaciones del rey del mal y posiblemente ahora... lo esté lamentando.

Les dejo ahí esta estupenda muestra setentera de Country Ranchero bien conocida por todos los amantes del género, y que para aquellos que no lo sean... ya va siendo hora de que la escuchen, al menos una vez. Así que sucumban ante la tentación.

Obviamente, y como no podía ser menos, esta entrada está dedicada a JuanRa Diablo. Un Satanás que tiene de malo... lo que yo de bueno ;-)

Mi alma ya está condenada hermano, así que no sé a qué viene ahora ése olor a azufre (carcajadas).


martes, 4 de mayo de 2010

De la charranca al cielo

Las adoquinadas calles del Poble Sec estaban repletas de extraños grafismos realizados en tiza que los niños éramos incapaces de entender. Ignoro por qué razón, pero casi siempre se trató de un juego de niñas. Ellas salían de clase con un pedazo de tiza en algún bolsillo de sus uniformes de colegio de monjas, e inmediatamente, rodilla en tierra, trazaban con gran habilidad unas casillas con números. Acto seguido, la que estaba de “mano” lanzaba sobre el gráfico de yeso una piedra plana y se dedicaba a dar saltitos sobre las casillas evitando pisar las líneas y tratando de alcanzar la última de ellas a la que denominaban “cielo”.

Nosotros, los niños, nunca mostramos ningún interés por ese juego, pero difícilmente perdíamos detalle de cómo sus coletas revoloteaban al ritmo de sus saltos o de cómo sus uniformes nos mostraban sus muslos de un modo intermitente. Jamás entendimos cómo podía gustarles un juego tan simple en el que no había violencia alguna, en el que por no perder... no perdían ni canicas y en el que no se jugaban nada. Lo hacían por el puro placer de pasar un buen rato.

Ellas ocupaban el pequeño espacio en torno a su juego de la charranca trazada con tiza sobre esos adoquines de las calles, mientras que nosotros, correteábamos de acá para allá jugando a policías y ladrones o a indios y vaqueros; nos perseguíamos y nos lanzábamos unos sobre otros llenándonos los codos y las rodillas de arañazos que posteriormente se convertían en postillas que disfrutábamos arrancándonos una y otra vez hasta que nuestras madres, finalmente hartas de ver como nos chorreaba la sangre siempre de la misma herida, terminaban diciéndonos eso de que “si no te dejas la postilla en paz, al final se te hará ahí un mal feo”. Lo del “mal feo” sonaba terrible, pero jamás nos intimidó lo suficiente como para reprimir ese deseo de arrancarnos poco a poco la dichosa postilla.

Sin duda que los juegos “para niños” y los juegos “para niñas” eran bien distintos, y si en los nuestros estaba presente el contacto físico, la competitividad, la necesidad de ganar o de perder algo, y esas heridas que se convertían en trofeos comúnmente llamados cicatrices. En los de ellas, ya bien fuese la charranca, las gomas o la comba... siempre estaban incluidos esos saltitos con coletas al viento, muslos al aire, y furtivas, pero a la vez tímidas miradas.

Puede que sea verdad eso de que con el paso del tiempo cada vez se tocan más los extremos. Probablemente hombres y mujeres estamos acercando posturas y alineándonos en una conexión favorable. Pero lo que no deja de ser cierto es que nosotros seguimos a empujones para terminar remostándonos las narices contra el suelo, mientras que ellas... siguen con sus saltitos tratando de alcanzar el cielo.

Hay algo acerca de esta vida que las mujeres saben, pero que nosotros... desconocemos.