sábado, 5 de febrero de 2011

Menudos humos!

Lamento haber tardado tanto en recuperar mi blog, pero... he estado durante todo este tiempo buscando un lugar en el que poder fumarme tranquilamente un cigarro y no ser multado o encarcelado por ello.

Por fin, y después de esquivar colegios, parques públicos, hospitales y demás lugares en los que no se puede fumar a una distancia de 50 metros a la redonda, he llegado a la conclusión de que únicamente puedo fumar en mi estudio. Vale... me consta que es mi lugar de trabajo y que según la ley, resulta que también está prohibido hacerlo, pero he decidido que si alguien viene a prohibirme fumar en mi lugar de trabajo... le apagaré la colilla en el ojo. Faltaría más!

En los 70’s se podía fumar en todas partes. En los hospitales por ejemplo, no era nada raro que los familiares entrasen en la habitación de una parturienta con su pimpollo recién nacido en brazos, y que entre “cuchu-cuchu”, “ajó-ajó” y cosas de esas que los mayores hacen cuando están delante de un niño, fumasen sus cigarros como si tal cosa. El abuelo y un par de tíos del bebé podían estar allí tranquilamente fumando y no pasaba nada. El médico podía entrar en la habitación para ver qué tal había pasado la noche la nueva mamá y no decía ni pío al ver a tres o cuatro personas echando humo por las narices; lógico, ya que generalmente el médico entraba también fumando mientras pasaba visita por las diversas habitaciones del hospital.

Antes de ayer leía en prensa que en una ciudad como Madrid, el 90% de la contaminación atmosférica era motivada por el humo de los automóviles. Imagino que el 10% restante será por causa de la actividad industrial que toda ciudad tiene en su área periférica. Así pues? Dónde está el gran peligro que suponemos los fumadores? Por qué nadie prohíbe los coches? También leí... hace un par de semanas, que el mayor gasto público sanitario se lo llevaban, con creces, los trastornos ocasionados por culpa del alcohol. Por qué nadie prohíbe beber en los bares? Y ya no digamos si a un tipo beodo lo montamos en un coche; unimos el mayor elemento contaminante con el mayor gasto público sanitario y tenemos a un loco sobre ruedas, un arma de destrucción masiva a juzgar por las noticias que casi a diario tenemos en prensa relacionadas con tipos que atropellan a diestro y siniestro, duplicando, triplicando o quintuplicando las tasas permitidas de alcohol, en cambio... no pasa nada, o casi nada, o cuanto menos nada a proporción en el caso de que a mi, que ni bebo ni conduzco, me descubran fumándome un cigarro en la puerta de un colegio.

El caso es que nos piden que dejemos de fumar, pero parece mentira que a estas alturas, nadie sepa que las personas que tenemos personalidad viciosa (bendita sea la personalidad viciosa!), siempre que dejamos un vicio nos aferramos a otro, y sinceramente... ya no tengo edad para sacarme el carné de conducir ni para darme a la bebida, así que a pesar de que en este recién estrenado año 2011 me prohíban fumar los mismos progresistas que en los 60’s y en los 70’s gritaban eso del “prohibido prohibir” en el mayo francés del 68 con sus porros de maría en la boca, yo voy a seguir fumando. Lamento si vuestros cabellos o vuestras ropas huelen a humo si pasáis una tarde conmigo, pero creerme, siempre será mejor eso a la posibilidad de que os deje tetraplégicos o muertos en el acto conduciendo el coche que no tengo y con mi cerebro flotando en el alcohol que no bebo.

En fin, que mientras que la venta de tabaco sea legal en bares, discotecas, kioskos, etc, y el Estado progresista/intervensionista recaude con él sus bien apreciados impuestos, consideraré que lo de la “prohibición” no es más que otra de las muchas muestras de doble moral a las que nos tienen acostumbrados, así que seguiré fumando, o mejor aún... solicitaré un subsidio; soy fumador, soy un enfermo, de modo que necesito dejar de trabajar y ponerme a cobrar, o que me traten como a los que se chutan y les pagamos entre todos (con parné de los impuestos) “Narcosalas” para que vayan a hincarse jaco, tomar un refresco, un bocadillo, practicar su vicio con supervisión médica profesional y en un entorno limpio y puro. Que a los fumadores nos habiliten lugares (pagados con vuestros impuestos, claro) en los que podamos fumar tranquilos y con un poster de Leire Pajín en el que podamos apagar las colillas.

Y si aún y así, fumar me convierte en un delincuente, pues que me encierren, al menos entre rejas... te dejan fumar.

3 comentarios:

Carmen dijo...

Me he reido mucho con tu post y me has hecho pensar que es una suerte la tuya que puedes fumar en tu estudio (lugar de trabajo), qué me dices de los que tenemos que salir a toda pastilla de la oficina, esperar al ascensor, bajar siete pisos, "hacerte de un hueco en la acera", echarte el pitillo a ochenta por hora, en una mano el café, uno de esos de vasito de plástico en la otra el piti, enroscada a la bufanda y al abrigo para no morir congelada en el intento y amén que no llueva, porque sino no quedan manos para el paraguas, cuando dejas de echar humo corre al ascensor, sube los siete pisos, quitate todo y vuelve al ordenador, eso si el bar del edificio y que ademas esta en la misma planta, ...limpio, limpio de humos y ...de clientes. Oye de lo malo malo, estoy haciendo de amistades de pitillo callejero...

CArmen

Marc dijo...

Entre tu historieta y la de Carmen me he pasado un buen rato. La tuya me recuerda las historietas del gamberrín Ibáñez (el de los Mortadelos) y la de Carmen, la del soñador Jaques Tati. Yo también estoy a favor de los vicios -los libertinos- y contra esas tropas de nuevos puritanismos redencionistas, que en realidad són nuevas formas de autoritarismo. Lo que jode más es el tono paternalista y castrador (señorita Rottenmeyer) que nos larga nuestra envejecida progresía. Persiste el mismo tono paternalista, la misma actidud represora, sólo cambian A por B, pero sin tocar ni C, ni D ni Z. Y que conste que dejé de fumar hace unos diez años simplemente porqué no supe fumar. Fumaba compulsivamente. El tabaco a través de mi ansiedad me tenía esclavizado y me dije que basta.
Salud y buenos vicios (aunque delante de tanto necon y cierta progresía dan ganas de gritar : ¡viva la mala vida!).

JuanRa Diablo dijo...

Muy buen artículo, sí señor!!
Yo remarco esa doble moral a la que aludes y particularmente me da rabia que lo que ayer era normal hoy casi se exorcice. Los extremismos siempre serán odiosos.

Además creo que la ley no es justa porque no ha querido contemplar matices. ¿Por qué narices no se puede fumar en aquellos restaurantes que tienen su zona de fumadores bien delimitada y con buena extracción de humos? ¿Por qué hay tanta gente que se alegra de que en estos lugares tampoco se pueda fumar si a ellos nunca les molestó ese humo?

Particularmente me han fastidiado el gran placer que me suponía fumarme un puro después de una cena, que siempre fue un componente importante en esas veladas de sobremesa. Puedo comprender que hayan valorado el evitar humos para los no fumadores, pero ¿por qué aquí tampoco? ¿Por el camarero? Ya, claro, como se subía a la lámpara y le echábamos todo el humo a él...

y como tú dices, ese mismo camarero sale a la calle a respirar otros humos mortales y nadie dice nada. Hipocresía pura.

En fin, bajemos los humos, que este tema me cabrea.

Un abrazo (y no tardes tanto en volver) ;)