lunes, 21 de noviembre de 2011

Hacia la Democracia... para honrar a los muertos.

Tenía escrito esto para publicarlo el sábado durante la jornada de reflexión, pero da la casualidad, de que aunque no crea en la jornada de reflexión; la respeto.

Un 15 de junio de 1977 los ciudadanos españoles acudieron felices a las urnas a ejercer su recién reestablecido derecho al voto. Derecho que algunos de ellos; los más viejos de entre todos, no pudieron ejercer durante 41 años desde lo tiempos de aquella Segunda República finiquitada con una cruenta guerra y con la implantación de una larga dictadura franquista que acabó con ella; con la república, con el derecho al voto, y con todos y cuantos derechos pudo. Así que a lo largo de aquella jornada de “la fiesta de la democracia”, los felices y contentos españolitos; viejos que recobraban su derecho al voto y jóvenes que lo ejercían por primera vez, se embarcaron en esa maravillosa y recobrada aventura de votar en unas Elecciones Generales Legislativas para escoger el que sería su propio gobierno.

En esa ocasión decidieron que su opción sería moderada y el partido de la UCD, liderado por Adolfo Suárez, se hizo con la presidencia del gobierno con un notable resultado que no llegó a la mayoría absoluta a falta de un escaño. Como segunda fuerza política se alzó el PSOE a cargo de Felipe González, y ya más alejados en cuanto a número de diputados, pero consolidándose como tercera y cuarta fuerzas políticas, quedaron el PCE de Santiago Carrillo y la formación AP de Manuel Fraga Iribarne, que aún y habiendo sido ministro de información y turismo durante la dictadura franquista, tuvo allí su sitio y la posibilidad de formar, poco más tarde, al actual PP. Cabe destacar que del resultado de esas elecciones de 1977 y con las Cortes resultantes en esos comicios, se redactó la Constitución que se aprobaría posteriormente en el año 1978.

Ya en esas primeras elecciones los españoles acudieron a votar sin conocer las reglas del juego y sin que nadie se las explicase, pero daba igual, lo importante era ejercer un derecho que habían tenido prohibido y que costó las vidas de muchos que murieron en una guerra, más las vidas de otros muchos que murieron asesinados durante las posteriores persecuciones que se llevaron a cabo con el fin de acallar cualquier voz disidente, y en las que el disparo por la espalda, el abandono de cadáveres en las cunetas o el entierro masivo de cuerpos en fosas comunes, se convirtió en algo frecuente.

Por la memoria de esos muertos, por la honra de miles de héroes anónimos votaron aquellos españoles del 1977, sin saber muy bien cómo funcionaba eso de introducir una papeleta electoral en un sobre y depositarlo en una urna, pero lo hicieron porque tenían unas enormes ganas y una irrefrenable ilusión por cambiar las cosas.

En esta última campaña electoral y en las elecciones que se celebraron ayer con el resultado de un PP vencedor por mayoría absoluta, los abstencionistas hemos tenido que oírnos decir más de una vez, que debemos votar aunque sólo sea por honrar la memoria de esos muertos. Imagino que eso de volver a poner a los muertos encima de la mesa y mostrarlos ante los abstencionistas para magullar nuestras conciencias, se debe a que la fecha escogida para la celebración de la jornada electoral; el 20 N, ya era como una especie de declaración de intenciones. El problema es que algunos abstencionistas lo somos con plena conciencia y convicción, y precisamente, en memoria y reconocimiento de esos muertos -entre otras cosas- es por lo que no votamos.

Nuestros muertos, no dieron sus vidas para conseguir lo que tenemos, no murieron para conseguir sólo el voto, sino la voz y el voto, y en esta democracia nuestra en la que se nos da el voto, se nos está negando la voz. En realidad se trata de una estafa, de una pared tras la que se esconde un importante déficit democrático, y en el que a día de hoy, muchos de esos españoles que siguen votando con la honesta intención de honrar y respetar también a esos muertos, siguen desconociendo las reglas del juego. Un juego en el que los propios responsables políticos hacen más bien poco, o nada, para que esas reglas sean bien conocidas por todos; al contrario, lo que les interesa es que las desconozcamos.

Nuestros abuelos, nuestros muertos, creo que no votarían a día de hoy si pudieran hacerlo. No aceptarían un sistema cuya ley electoral está diseñada para favorecer a las mayorías y que elimina a los partidos minoritarios que son los que pueden cuestionar el sistema. Una ley electoral que aumenta de una manera considerable las posibilidades de bipartidismos. Basta con echarle una ojeada a su artículo 163 para ver cómo funciona la asignación de escaños según el sistema D’Hondt y a lo que hace referencia a las diferentes circunscripciones y a las pocas opciones de conseguir participación por parte de partidos minoritarios.

Un sistema basado única y exclusivamente en “las elecciones”, que constituyen la única vía de participación ciudadana, pero que, en realidad, nos impiden participar como ciudadanos en todo a lo que se refiere a cuestiones de gobierno. Elegimos al poder legislativo a través de las elecciones, pero se trata de un poder que se ve severamente afectado por la actual ley electoral a favor de partidos mayoritarios. El resto de poderes, el ejecutivo y judicial son nombrados por el poder legislativo, pero ahí ya no tenemos capacidad alguna para efectuar cambios ni en la Constitución, ni en las leyes orgánicas, ya que nuestros votos no pueden utilizarse para ello, y en caso de hacerlo resulta que no es vinculante, y no existe por parte del gobierno obligación alguna ni de someter a referéndum nuestras propuestas, ni de aprobarlas, ni tan siquiera de discutirlas en el gobierno. Por no hablar de la jefatura de Estado que resulta ser hereditaria.

Nuestros abuelos no lucharon y murieron por una “dictablanda” en la que la connivencia entre gestores políticos nos tiene absolutamente sometidos. Nuestros abuelos lucharon y murieron para conseguir una Soberanía Popular en la que fuésemos ciudadanos con derecho a voto, pero por encima de todo... para que tuviésemos voz.

Y somos adultos, y responsables, así que tampoco se trata de volvernos libertarios ni de abrazar doctrinas anarquistas. De lo que se trata es de que no queremos que nos representen, de que queremos participar porque conocemos las reglas del juego y no estamos dispuestos a jugar ni una sola partida más con las cartas marcadas.

Mi abuelo, no votaría.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

muchos de los que se abstienen no lo hacen por conviccion, lo hacen por ganduleria y por incivismo.

Anónimo dijo...

Hace tiempo que sigo este blog, y me siento totalmente identificado con lo que expone en el. Se puede decir mas alto pero no mas claro. Votar es un derecho, no un deber, y yo he ejercido el derecho de no acudir a votar, "con los votos marcados", y mientras esta situacion se mantenga, me declaro abstencionista por derecho. Por favor sigue con el blog, en el veo reflejada mi infancia y mi juventud, con esos pequeños detalles, juguetes y juegos, que nos ayudaban a pasar los dias y los años, que nos tocaron vivir. Te doy gracias por ello. Fernando. Madrid.

JuanRa Diablo dijo...

Que la actual democracia tiene sus déficits es más que evidente, pero ya se encargan los políticos de ponerle un halo de magnificencia y perfección para que cualquier reproche a la misma suene a atentado a la Constitución.

En mi opinión, un ciudadano, un voto.

Y lo que bien dices: que se escuche realmente al pueblo.

Marc dijo...

Dices bien. Pero con decir no basta. Con abstenerese tampoco. Nuestros abuelos lucharon. El mío estuvo preso tres años en Guadalajara. Catalan, estuvo destinado en Cifuentes.
La Constitución española es la única constitución europea que se ha pactado con el fascismo. En ella tampoco se reconoce el derecho a la autodeterminación de Catalunya. Hay que seguir luchando, votando o no. Por nuestros abuelos y por nuestros hijos. Porqué queremos ser más libres y un poco más dignos.
Un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

Uno quiere creer que si la República no hubiera sido derribada a sangre y fuego,muchas cosas serían diferentes de como son ahora. Una de esas cosas que me gustaría que fueran diferentes es, evidentemente, la cantidad de cultura poítica que debería haber en el interior de las cabezas de todos los españoles, y que no hay porque a un dictador le resultaba más fácil mandar si no había. Lo cual,dicho sea de paso, deja en mal lugar a los "padres de la constitución" que, una vez arreglado todo en apariencia,han seguido sin dar a la gente dicha cultura,para seguir beneficiándose de su inexistencia.
Estoy contigo y con todo aquel que defienda que para votar, primero tendría que presentarse alguien que me representase, lo cual no ocurre.
Y mientras España sea de todos los españoles,estoy férreamente en contra de quien cree que un pedazo de España es solo suyo y de los que piensan como él,y como no se hace únicamente lo que él quiere,se quiere ir, pero llevándose con él ese pedazo de España, olvidando "casualmente" que no es solo suyo. A eso,evidentemente, no tiene derecho.¡Solo faltaba! El eufemismo de "autodeterminación" no escondería la verdadera naturaleza del hecho.