viernes, 25 de febrero de 2011

Te llamarás Toby!

En 6º de EGB la señorita Isabel –imagino que por buena pieza-, me obligó a sentarme en el penúltimo pupitre de la clase. El último estaba reservado para los habladores y los que se portaban generalmente mal, pero el penúltimo... ése era para los que iban más allá, y hasta donde puedo recordar jamás compartí ese pupitre con nadie y pasé una buena temporada completamente solo en él.

El pupitre que nos atañe tenía su particular motivo por el cual estaba destinado a los peores especimenes de aquella clase. Era un pupitre que carecía de banco; imagino que algún día se desatornilló de los tablones de madera en los que debía haber estado siempre, se utilizó como leña para alguna hoguera de San Juan, y en su defecto se colocó un palo ligeramente más grueso que el de una escoba, pero sin mantenerlo sujeto ni mediante algún tornillo, cuerda o cualquier otro instrumento que le diese una estabilidad. El resultado era que a la que movía el culo del... banco/palo que me servía de asiento, este se deslizaba haciéndome caer al suelo y estampando mi espalda contra el frontal del último pupitre... el de los habladores.

Como consecuencia de un largo tiempo de permanencia en ese pupitre y de innumerables caídas y costalazos contra el último pupitre, mi espalda parecía la de un esclavo negro azotado a latigazos por intentar huir de la plantación algodonera de algún negrero sudista.

A pesar de mis intentos por ocultar en mi casa lo sucedido en la escuela, un día, mi madre, me sorprendió con el torso desnudo y se percató de todo el percal. No me quedó otro remedio que contarle la verdad, así que a la mañana siguiente mamá me acompañó a la escuela dispuesta a hablar con la señorita Isabel y exigirle que me cambiase de sitio. No era de recibo que un crío con 11 años, por más mala pieza que fuera, se viese sometido a semejante calvario.

La conversación entre mi defensora madre y la masa esclavista señorita Isabel fue de lo más educada. La profe, y a la vez directora del centro, se disculpó ante mi progenitora y le aseguró que a partir de esa misma mañana mi culo pasaría a reposar sobre un tablón de pupitre convencional y como Dios manda. Satisfecha, mi madre se despidió de mi y me dejó en manos de uno de los seres más viles y despreciables que ha parido madre.

Tiempo le faltó a la señorita Isabel para pedirme que le acompañase a la clase de los más pequeños. “La de los más pequeños? Pero si yo voy a 6º”, pensé.

La señorita Isabel le pidió a “la teacher” que interrumpiese por unos instantes la clase de inglés ya que tenía que anunciar algo importante. Seguidamente me pidió que me quitase la camiseta, me diese la vuelta y que les mostrase la espalda a “los enanos”. A continuación lanzó un speech que recuerdo textualmente ya que tuve que oírlo clase por clase, desde 1º de EGB, hasta 8º y teniendo en cuenta que por cada curso había dos clases, A y B. En total escuché el breve discurso unas 16 veces. Ahí es nada.

—Quiero que prestéis atención a la espalda de este alumno. Su madre ha venido hecha una furia diciéndome que estos azotes se los hemos dado aquí en el centro, cuando en realidad, es en su casa donde le muelen a palizas. Que quede constancia de que aquí nadie ha tocado al alumno, de manera que no pretendan hacernos responsables a nosotros de los problemas que tenga esta familia. Nada más y gracias. Pueden continuar con su clase.

En los breves trayectos entre aula y aula yo trataba de ponerme la camiseta y de preguntarle a la señorita Isabel qué diablos estaba haciendo, pero ella, mordiéndose su labio inferior y con sus manos llenas de anillos y de pulseras, aprovechaba que no habían testigos para soltarme algunas hostias.

—Que no te pongas la camiseta y que te calles! —gritaba, mientras que algún salivazo que salía de entre sus dientes impactaba en mi cara.

En 1977 la cadena de televisión ABC produjo y emitió la serie de televisión RAICES (ROOTS), un éxito de la década en Norteamérica, pero también en Radio Televisión Española. La serie estaba basada en una novela de Alex Haley y recibió gran cantidad de nominaciones a los Emmy Awards consiguiendo alzarse con 9 de ellos, además de un Globo de oro y un Peabody Award.

Los que tuvimos el gusto de ser telespectadores en aquella época quedamos cautivados por la serie y nos marcó una escena en la que el joven guerrero Mandinka, capturado por unos negreros en su África natal y trasladado en un navío hacia Annapolis, Maryland, es obligado a latigazos a renunciar a su verdadero nombre, Kunta Kinte, para aceptar ser llamado Toby, el que sería desde ese instante su nombre como esclavo.

A esas alturas las cicatrices de mi espalda ocasionadas por mi pupitre del banco/palo, estaban de sobra cicatrizadas, pero viendo esa escena del pobre Kunta Kinte recibiendo latigazos, me acordé de la señorita Isabel... Vaya que si me acordé.

Les dejo con la intro de la espectacular serie televisiva, que sin duda, muchos recordarán.

Los facebookeros, sírvanse pinchando aquí para verla desde Youtube



Les dejo también con el tema musical que acompañaba a los títulos de crédito finales. Se trata de la canción de Gospel espiritual titulada “Nobody Knows the trouble I’have seen”. Ignoro cuál de las muchas versiones del tema era concretamente el que sonaba en la serie, pero en cualquier caso, el de la gran Mahalia Jackson les va a encantar.

jueves, 10 de febrero de 2011

FRANCO, ese mileurista

Cuando el documento que figura al final de esta entrada cayó hace tiempo en mis manos, ya lo puse en duda, y a pesar de que me constaba que otros lo publicarían antes que yo, preferí dejarlo en cuarentena hasta tener, cuanto menos, la certeza de su veracidad, y por ahí, en mi escritorio, quedó olvidado.

Sinceramente, eso de que Francisco Franco fuese un mileurista me olía un poco a chamusquina pese a que cobrar 1000 euros (166.000 pesetas) en 1975... era una pasta gansa.

Piensen ustedes que cualquiera de los coches de moda por esos tiempos (No necesariamente de gama alta) costaba alrededor de las 150.000 pelas; es decir, que el caudillísimo se hubiese podido comprar tranquilamente uno al mes y aún le sobraba para algunas chuches de las que vendían en los kioskos piperos, mientras que el resto de españolitos pagaban -con no poca dificultad- una innumerable cantidad de letras para poder gozar de su pequeño utilitario.

Así que no se hagan ilusiones, a pesar de que el documento es suculento y aparentemente “histórico” para todos aquellos coleccionistas, hay voces por internet que afirman que es absolutamente falso y que forma parte de una campaña de limpieza de imagen de la figura del caudillo llevada a cabo por la Fundación Francisco Franco... o eso dicen.

Como comprenderán ustedes, a estas alturas no voy a dedicar un solo minuto en contrastar si el citado documento es falso o verdadero, me la trae al pairo.

Lo que es espeluznante es la inmensa fortuna que reunió el dictador a base de los “regalos” que por obligación tenían que ofrecerle los sometidos españoles de la época. Baste como ejemplo el controvertido Pazo de Meirás que le fue ofrecido como presente a “Paquito” con donaciones que oscilaban entre los 25 céntimos hasta las 400 pesetas, mientras que los que carecían de liquidez resultaban –como siempre- los peor parados ya que debían participar en la colecta con joyas pertenecientes a recuerdos familiares. Eso sin mencionar las expropiaciones realizadas para ampliar las tierras colindantes al Pazo en cuestión. Muchos de los habitantes de los aledaños, a medida que los muros que cercaban el Pazo iban avanzando, descubrieron que ya no tenían casa y sin recibir absolutamente nada a cambio.

Personalmente no conozco a ningún mileurista, que con su sueldo, se permita el lujo de tener un palacio como segunda residencia. En el caso de Paquito el palacio era una más de las muchas propiedades de edificios históricos que por suscripción popular o no, fueron a para a su saca.

Y que decir de los paseos que “la collares”, oficialmente conocida como Doña Carmen Polo de Franco, se daba por las joyerías de Madrid y regresaba a su casa, al Palacio del Pardo (que tampoco era un piso de protección oficial, que digamos), cargadita de joyas por las cuales, sus legítimos vendedores, jamás percibieron el valor de su importe.

Vaya, que así es mileurista cualquiera!

Así que falsa o no, ahí les dejo como curiosidad, la supuesta última nómina de Franco.

(Ultima hora (Editado): El diario ABC acaba de hacerse eco hoy mismo de la misma noticia, solo que ellos la dan por buena. Será que priorizan lo de vender periódicos a la cosa esa de contrastar las noticias).

sábado, 5 de febrero de 2011

Menudos humos!

Lamento haber tardado tanto en recuperar mi blog, pero... he estado durante todo este tiempo buscando un lugar en el que poder fumarme tranquilamente un cigarro y no ser multado o encarcelado por ello.

Por fin, y después de esquivar colegios, parques públicos, hospitales y demás lugares en los que no se puede fumar a una distancia de 50 metros a la redonda, he llegado a la conclusión de que únicamente puedo fumar en mi estudio. Vale... me consta que es mi lugar de trabajo y que según la ley, resulta que también está prohibido hacerlo, pero he decidido que si alguien viene a prohibirme fumar en mi lugar de trabajo... le apagaré la colilla en el ojo. Faltaría más!

En los 70’s se podía fumar en todas partes. En los hospitales por ejemplo, no era nada raro que los familiares entrasen en la habitación de una parturienta con su pimpollo recién nacido en brazos, y que entre “cuchu-cuchu”, “ajó-ajó” y cosas de esas que los mayores hacen cuando están delante de un niño, fumasen sus cigarros como si tal cosa. El abuelo y un par de tíos del bebé podían estar allí tranquilamente fumando y no pasaba nada. El médico podía entrar en la habitación para ver qué tal había pasado la noche la nueva mamá y no decía ni pío al ver a tres o cuatro personas echando humo por las narices; lógico, ya que generalmente el médico entraba también fumando mientras pasaba visita por las diversas habitaciones del hospital.

Antes de ayer leía en prensa que en una ciudad como Madrid, el 90% de la contaminación atmosférica era motivada por el humo de los automóviles. Imagino que el 10% restante será por causa de la actividad industrial que toda ciudad tiene en su área periférica. Así pues? Dónde está el gran peligro que suponemos los fumadores? Por qué nadie prohíbe los coches? También leí... hace un par de semanas, que el mayor gasto público sanitario se lo llevaban, con creces, los trastornos ocasionados por culpa del alcohol. Por qué nadie prohíbe beber en los bares? Y ya no digamos si a un tipo beodo lo montamos en un coche; unimos el mayor elemento contaminante con el mayor gasto público sanitario y tenemos a un loco sobre ruedas, un arma de destrucción masiva a juzgar por las noticias que casi a diario tenemos en prensa relacionadas con tipos que atropellan a diestro y siniestro, duplicando, triplicando o quintuplicando las tasas permitidas de alcohol, en cambio... no pasa nada, o casi nada, o cuanto menos nada a proporción en el caso de que a mi, que ni bebo ni conduzco, me descubran fumándome un cigarro en la puerta de un colegio.

El caso es que nos piden que dejemos de fumar, pero parece mentira que a estas alturas, nadie sepa que las personas que tenemos personalidad viciosa (bendita sea la personalidad viciosa!), siempre que dejamos un vicio nos aferramos a otro, y sinceramente... ya no tengo edad para sacarme el carné de conducir ni para darme a la bebida, así que a pesar de que en este recién estrenado año 2011 me prohíban fumar los mismos progresistas que en los 60’s y en los 70’s gritaban eso del “prohibido prohibir” en el mayo francés del 68 con sus porros de maría en la boca, yo voy a seguir fumando. Lamento si vuestros cabellos o vuestras ropas huelen a humo si pasáis una tarde conmigo, pero creerme, siempre será mejor eso a la posibilidad de que os deje tetraplégicos o muertos en el acto conduciendo el coche que no tengo y con mi cerebro flotando en el alcohol que no bebo.

En fin, que mientras que la venta de tabaco sea legal en bares, discotecas, kioskos, etc, y el Estado progresista/intervensionista recaude con él sus bien apreciados impuestos, consideraré que lo de la “prohibición” no es más que otra de las muchas muestras de doble moral a las que nos tienen acostumbrados, así que seguiré fumando, o mejor aún... solicitaré un subsidio; soy fumador, soy un enfermo, de modo que necesito dejar de trabajar y ponerme a cobrar, o que me traten como a los que se chutan y les pagamos entre todos (con parné de los impuestos) “Narcosalas” para que vayan a hincarse jaco, tomar un refresco, un bocadillo, practicar su vicio con supervisión médica profesional y en un entorno limpio y puro. Que a los fumadores nos habiliten lugares (pagados con vuestros impuestos, claro) en los que podamos fumar tranquilos y con un poster de Leire Pajín en el que podamos apagar las colillas.

Y si aún y así, fumar me convierte en un delincuente, pues que me encierren, al menos entre rejas... te dejan fumar.