miércoles, 8 de octubre de 2014

Del ahorro al derroche, la cuestión era comprarse el coche

A los que fuimos críos en los 70’s, nuestros mayores trataron de educarnos en la cultura del ahorro. Por aquel entonces, el país estaba en una época de cambios que apuntaban... “a mejor”: la muerte del dictador, la transición hacia un nuevo periodo democrático, la creación de una Constitución que daba las mismas posibilidades a todos los españoles, el inicio de una entrada al desarrollismo que haría que a ninguna familia le faltase de nada, etc.

Pintaba todo tan bien y parecía que el futuro iba a ser tan perfecto, que por más que nuestros abuelos o nuestros padres nos insistían en “guardar nuestro dinero” o en “tener nuestros ahorros”, nosotros jamás entendimos que eso fuese necesario o hiciese alguna falta.

De críos, todos tuvimos nuestra hucha. Las empresas jugueteras de aquella década, todas sin excepción, fabricaron centenares de modelos de huchas en diversos formatos, materiales, motivos y colores, todo... con el fin de que el ahorro nos pareciese una actividad atractiva y depositásemos en esos contenedores con rajita, las perrillas que recibíamos por parte de familiares que nos daban “una paguilla” a cambio de nada. Sí, vale... todos teníamos una o más huchas, pero pocos conseguíamos llenarla, y la mayoría de nosotros, tras sacudirla y hacer un cálculo aproximado de cuanto parné podía haber en su interior, nos las ingeniábamos apara abrirla y gastarnos todo el capital en chuches, o en ese Madelman que jamás nos trajeron los reyes.

Para terminar de tirar por tierra nuestras aspiraciones al “arte” del ahorro, y ya un poco más creciditos, e incluso iniciándonos en el mundo laboral, nos dimos cuenta de que ahorrar era absolutamente innecesario. Para qué guardar nuestro dinero? En nuestro entorno inmediato, quien más quien menos, empezaba el mes absolutamente pelado, sin un solo céntimo, pero aún y así vivía su día a día como un auténtico rey. El motivo de tal despreocupación tenía que ver con unas tarjetas de plástico que nacieron a principios del siglo XX, pero que no llegaron a nuestro país hasta la década de los 60’s y que gozaron de extrema popularidad a lo largo de los 80’s hasta principios de este nuevo siglo. Con esas tarjetas de crédito, el ahorro carecía de sentido ya que cuando te gastabas tu nomina, era el banco quien te daba dinero para que siguieses gastando con la única condición de que lo devolvieses al siguiente mes con el cobro de tu nueva nómina; o en su defecto, podías pagar el crédito en cómodos plazos a cambio de un interés elevado que nunca fue un problema para nadie, ya que el dinero, corría a raudales sin parar.

No solo no hemos sido la generación del ahorro desatendiendo a los consejos de nuestros mayores, si no que ahora... se dice de nosotros que hemos gastado por encima de nuestras posibilidades, es decir... que somos (o hemos sido) una generación de derrochadores en potencia que nos hemos gastado dinero que no era nuestro, y los bancos nos ayudaron a ello. El problema es que ahora están rindiendo cuentas con nosotros, cuentas que no habían rendido hasta el inicio de la crisis y de que las cosas empezasen a ir mal.

Evidentemente, no se trata de la mejor forma de hacer que se desarrolle una sociedad ni los individuos que la componen. Debe existir otra forma de hacer banca como la del banco Mediolanummás eficaz, una forma más humana e incluso más personalizada, pero en serio, de verdad. No vale la sonrisa de ese banquero aparentemente amable, que en lugar de advertirnos de los riesgos de una inversión, lo que hace, es que nos “la vende”. Tampoco vale prestarnos dinero cuando no lo necesitamos más que para caprichos y frivolidades. Cuantos de mi generación compraron su casa o su coche sin tener el dinero para ello, o han viajado por todo el mundo gracias al crédito de su tarjeta  al préstamo bancario. Y en cambio, ahora, ese mismo banco se dedica a negarle a las familias la posibilidad de adquirir los bienes más necesarios, o a los empresarios mantenerse para seguir creando puestos de trabajo.

Ya me lo decía mi abuelo: “Ahorra tu dinero, inviértelo, cómprate una jodida casa... o algo. Pero no se lo des a un banquero ya que eso es pedir a gritos que te atraquen”.

2 comentarios:

salyperla dijo...

Tienes muchas razón. Como soy de juguetes y muñecas que te voy a decir de esas dos huchas tan maravillosas que nos has puesto y que yo poseo como verdaderos tesoros. Besitos y ahora toca usar de nuevo las huchas, aunque con lo que ganamos, no nos sobra ni un céntimo a final de mes, me temo que van a estar de momento de adorno.

Anónimo dijo...

Extraordinario post. Algunos filósofos explican los cambios de mentalidad y consumo que inició la economia capitalista con la tarjeta.de crédito, junto a esa fe que citas en un futuro mejor, la cual ven como el principio que sustenta todo el nuevo mundo económico actual, la liquidez corrosiva del poder financiero. Y estúpida fe en el futuro, si uno no entiende que forma parte de una col·lcetividad explotada que tiene que actuar políticamente para mejorar sus condiciones. Políticamente en el mejor sentido, de la palabra en el sentido que indicaba Joan Fuster, que la poltica que no hagas tú la haran contra tú.

Saludos y ánimos, Kioskero del antifaz, que hacía muchos meses que no escribía en tu blog.

#9Nvolemvotar
Marc