lunes, 21 de noviembre de 2016

Del buzoneo al Emailing

Seguro que hay una imagen que han visto en múltiples películas, o puede que incluso algunos recuerden haberla vivido en directo y según en qué tipo de empresas hayan trabajado. Me refiero a la imagen de “el chico de la correspondencia”; un joven -a quien a día de hoy llamaríamos becario-, que se paseaba por la planta de la empresa arrastrando un carrito cargado de correspondencia de todo tipo, y que iba de despacho en despacho repartiendo cartas, paquetes y todo tipo de sobres.

Los encargados de cada departamento recibían su correspondencia de manos de ese becario, algo despistado y soñador que deseaba ocupar uno de esos despachos y recibir también cartas en lugar de pasarse el día repartiéndolas.

El objetivo de ese muchacho llevando arriba y abajo su carrito, era el de entregar en mano información, notificaciones o comunicados importantes y específicos para todos y cada uno de los ejecutivos que trabajaban en la empresa; información en muchos casos vital para poder tomar sus decisiones; y sí... de vez en cuando alguna postal de Navidad o de las vacaciones de amigos y familiares.

A lo largo de los años 70; concretamente a finales, fue cuando surgió el concepto “Nicho de mercado”, una idea que consiste en segmentar el mercado con la intención de identificar a los individuos o empresas con unas necesidades y características concretas, y tratar de ofrecerles productos o servicios que quizá no tengan del todo cubiertas.

Si lo analizamos correctamente, el papel del chico del carrito, era el de entregar a cada ejecutivo, la correspondencia que los distintos proveedores le remitían y en la que trataban de ofrecerle aquellos servicios que consideraban que serían de su máximo interés; y funcionaba, aunque esas ofertas estuviesen mezcladas con postales, órdenes del día para reuniones futuras, dossieres de estrategias comerciales y un largo e interminable etcétera de más y más sobres, cartas postales y paquetes que se acumulaban sobre la mesa de su despacho.

En el periodo de desarrolismo que supuso la década de los 70, y más aún en la etapa de transición política española, introducir un producto o servicio nuevo era relativamente fácil en un país en el que estaba practicamente todo por hacer. Algo parecido a lo que en el resto de occidente ocurrió en la década de los 50, solo que aquí, y para variar... fuimos con un poco de retraso. Por el contrario, a día de hoy y en pleno proceso de globalización, la labor de autónomos o pequeñas empresas a la hora de ofrecer sus servicios a empresas, se ha convertido en una tarea de auténtico francotirador. Si a día de hoy estos proveedores pretendiesen llegar a sus potenciales clientes a través del chico del carrito, sus elaboradas cartas, folletos o catálogos ofreciendo sus servicios a ejecutivos terminarían en el cubo de la basura tras ser previamente examinados por un asistente que actuaría como filtro evitando así que el ocupado ejecutivo perdiese su tiempo revisando un montón de correspondencia dedicada únicamente a publicidad.

 No obstante, los ejecutivos y las empresas, siguen necesitando de esa publicidad en la que se les ofrecen esos servicios que puedan ayudarles a tomar sus decisiones escogiendo a los proveedores más eficientes y a los servicios que estos les puedan ofrecer. De manera que el chico del carrito pasó a mejor vida, y en su lugar una gran cantidad de bytes de información son los encargados de repartir esa publicidad, llegando a las empresas a través de plataformas digitales que van desde los teléfonos móviles particulares de cada uno de los ejecutivos, hasta banners específicos desarrollados en páginas web, y pasando por sus correos electrónicos. Es lo que se ha dado en llamar Email Marketing y que exige de los proveedores el conocimiento de las estrategias necesarias como para que el receptor, en lugar de detectarlo como una intrusión o información no deseada, lo utilice como información útil que le servirá para conseguir sus objetivos.

(c) Sergi Camara
 
En lo referente al buzoneo, mucho han cambiado las cosas desde aquellos tiempos en los que nuestros buzones aparecían repletos de publicidad, a veces de un modo arbitrario.
En la actualidad, el buzoneo se basa en técnicas como son: el Sistema de Información Geográfica (SIG) o el buzoneo inteligente; formas empleadas para estudiar las diferentes zonas y el comportamiento de los que viven en ellas. Toda la información extraida de cada zona, y a través de diversos medios, es la que se utiliza para impactar sobre el que finalmente será el receptor de la publicidad.
Los folletos, trípricos o catálogos enviados a nuestros buzones por las empresas encargadas de esta labor, vienen enfocados para que los potenciales clientes los reciban del modo más eficaz. De este modo se trata de minimizar ese aspecto invasivo que siempre ha acompañado a la publicidad, y que a día de hoy sigue dándose en los medios televisivos o en las campañas online.

Se acercan épocas navideñas, y los correos electrónicos, así como el resto de plataformas digitales utilizadas a diario por los ejecutivos, van a echar humo de la gran cantidad de ofertas de servicios que van a recibir entremezclada con todo tipo de publicidad. De manera que solo aquellos proveedores que conozcan bien su nicho de mercado y que realicen una estrategia directa y efectiva... podrán considerar que les ha tocado la lotería.

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