viernes, 10 de junio de 2011

Harriet, la tortuga kioskera de los 70's

Os presento a Harriet. No sé si sabéis que Charles Darwin se hizo con un ejemplar de tortuga en uno de esos viajes en barco que realizó para estudiar a distintas especies animales y para finalmente, llegar a la conclusión, después de estudiarlos a todos, e incluso de descubrir a algunos de nuevos, que nosotros, los humanos... veníamos del mono.

Algo de razón tenía el bueno de Charles por más que los creacionistas insistan en contarnos que fuimos creados por un ser divino y superior. Superior? Anda que alguien superior hubiese perdido su tiempo en crearnos a nosotros pudiendo emplearlo en cosas más interesantes.

Volviendo a Harriet. El Sr. Darwin tuvo, por allá el año 1830, a una pequeña tortuga recién nacida a la que le puso ese nombre. Quizá era de esperar que un tipo como Darwin le pusiese uno de esos nombres que él solía poner del estilo de: “Quelonia Sauropsida” y tal, pues bien, ese nombre también se lo puso, y si no fue Darwin fue algún otro chiflado al que le molaba ponerles esos nombres a los animales para que al final... todo el mundo termine llamándoles “tortuga”, que es así como más familiar y más de estar por casa. El caso es que la tal Harriet murió en el año 2006; es decir... que la muy jodida vivió 175 años!!! Manda cojones el bicho!

Evidentemente el ejemplar que os muestro en la foto no se trata de Harriet. Me gusta coleccionar juguetes pleistocénicos, pero de ahí a tener cadáveres en mis estanterías... hay un abismo.

Se trata ni más ni menos que de una de las tortugas de plástico kioskeras que se hallaban en los kioskos setenteros, y que por más que me lo neguéis, no voy a creer que no tuvieseis nunca una. Qué niño o niña de la época no jugó con una de esas tortugas? Quién no alucinó con la tecnología punta que se hallaba en sus entrañas, y que tras tirar de un cordelito provocaba que la tortuguita corriese por el pasillo de casa como loca en busca de una hojita fresca de lechuga? Vale, la tortuguita era fea, pero era imposible; yo diría que inevitable... terminar comprando una. O no?

De las tortugas -aunque os pueda parecer que no- se aprende mucho. Basta con observarlas con cierto cariño y una buena dosis de curiosidad. Se aprende, por ejemplo, a que funcionando despacio por la vida se pueden llegar a conseguir todos los objetivos y sin necesidad alguna de pisar a nadie (no olvidéis que hubo una tortuga que incluso llegó a ganarle una carrera a una liebre). Se aprende también que eso de tomarse la vida con calma es uno de los ingredientes fundamentales para lograr una más que aceptable longevidad; Harriet, a pesar de que vivió algo estresada en compañía de Charles, es un buen ejemplo de ello. Y por último, pero no por ello menos importante, se aprende a que de nada sirve vivir deprisa, morir joven y convertirse en un bello cadáver. Mira lo feas que son las tortugas (porque no hay que negarlo... son feas, feas), pero no por ser feas y tener cara de tortuga (nunca mejor dicho), dejan de poseer su encanto. Es más, cuando uno nace feo es muy probable que con el paso del tiempo, hasta mejore.

Así que ya sabéis. Si de algo sirve lo que yo os pueda decir para que lo reflexionéis a lo largo de este fin de semana, tened en cuenta lo siguiente: Ir despacito es lo mejor, ya que tarde o temprano se llega a todas partes, y que además... eso de correr es de cobardes. Tomaros la vida con calma ya que de lo contrario... es tontería. Y en el caso de que seáis feos, o feas (lo siento, pero no va por mí), tened presente que con ese aspecto difícilmente iréis a peor.

Aunque con menos asiduidad de lo normal (amic Francesc ;-) sigo poniendo entradas en este blog. Os aseguro que para la próxima no voy a tardar 175 años; aunque eso si, cuando yo llegue a esa edad, estaré fresco como una rosa, o lo que es lo mismo, como una: “Centifolium Pholyantha”... como diría el amigo Darwin, Charles Darwin.

Créditos imagen: Tortuguita kioskera de plástico de los años 70's. Colección particular.


Nota del autor: La tortuguita de la foto puede que tenga unos 40 años, y ya veis... está hecha una chavala! ;-)

9 comentarios:

María José dijo...

¡¡a ver si este funciona!!! ya te lo escrito que me encanta, pero no sale el comentario dichoso...

María José dijo...

hombreeeeee!!! este si!!! pues que me encanta la tortuga, he tenido varias de pequeña, como todos los niños de mi edad, y me encantaba hacerla andar una ymil veces hasta dejarla turuleta!!!

saludos

abril en paris dijo...

No la tortuguita no es que sea "guapa" pero es graciosa y nos trae recuerdos..Y lo que más me ha gustado es tu filosofia, sí eso de ir despacio para conseguir objetivos sin pisar a nadie..la vida con calma.
¡Sí señor usted si que sabe kioskero!

Un gusto pasar de nuevo por aqui y comprobar que usted no cambia, solo mejora ;-)

Ana Márquez dijo...

Dos o tres hubo por mi casa, o veinte o treinta, no sé, un criadero de tortugas, y anillas solitarias y huérfanas de su tortuga también. Montones. Qué tiempos...

Gracias, Sergi, me alegra verte de vuelta. Besazos.

Tòssia dijo...

tengui, tengui... sólo que las mías no eran kioskeras, eran mercadilleras. Mejor la tortuga de plástico que los pollos que se pusieron de moda comprar en el mercadillo semanal y que luego se despeñaban por el patio de luces. Ai! Traumas de haber vivido tantos años en un primero.

Y totalmente de acuerdo con lo de ir despacito...
un saludo kioskero

Marc dijo...

Tenía una de verdad en el jardín. Su aspecto me fascinaba, pero su comportamiento era de lo más aburrido, no por lento sinó por inexpresivo (quizás otra estrategia de supervivencia para que se olviden de ella).
Me fascinaba su aspecto medio mineral medio animal, medio prehistórico medio marciano. En tu blog tampoco podemos olvidar el diseño setentero avant la lettre (nada en comparación con el infinito) de su caparazón, de papel pintado pop. Y hablando de diseño, entonces su armadura me parecía poco eficaz y me angustiaba pensar que algun pajarraco voraz pudiera comerse con facilidad su cabeza, las patas y la cola. De mayor me quedé horrorizado al saber que este animal era cocinado por nuestra especie utilizando su propio caparazón como olla... ¿Serà que tendrán razón los creacionistas del "diseño inteligente"? Todo un ejemplo de diseño multifuncional y teleológico: protección-olla-sustento-decoración... Pero entonces ¿porqué se extinguieron (antes de nuestra especie) y siguen extinguiéndose tantas especies? ¿Qué explicación inteligente tiene tanta provatura y despilfarro de especies? De momento parece que la inteligencia universal -especie de dios creacionista- no acaba de dar con ningún diseño suficientemente inteligente (si exceptuamos nuestra aportación a la inteligencia universal con nuestros diseños de edificios, máquinas y bombas inteligentes).
(Te hemos ehado de menos estas semanas).

vicky waiting dijo...

yo la tuveeeeee

Anónimo dijo...

Gran filosofia tortuguera !

Francesc

JuanRa Diablo dijo...

Una vez más veo el juguete de turno y exclamo: ¡Me acuerdo! ¡Yo también tuve uno! Pero hasta ese momento lo tenía olvidado, ya ves.

Por eso me gusta tanto tu blog, por refrescar la setenteces!! :)

Un abrazo

PD Yo creo que los monos pensarán "Venga, Darwin, no nos mezcles con esa chusma" :D