miércoles, 3 de agosto de 2016

Comer pescado en los 70?

Corte de un rollo de Maki Sushi
Por regla general, de críos... no nos gustaba el pescado. Habían muchas cosas raras en el mundo: los programas de OVNIS y de cosas sobrenaturales que puso de moda Jimenez del Oso, el Triángulo de las Bermudas, las librerías donde se cambiaban novelas del oeste "de a duro"..., pero si una cosa era rara, pero rara, rara, era encontrar a un crío al que le gustase el pescado. A quién en su sano juicio le apetecía comerse a un bicho lleno de espinas? Ya podían nuestras madres ponerle todo tipo de guarniciónes tales como: patatas, verduras (que tampoco nos gustaban nada...), salsas, etc, etc. por más que mamás y abuelas fuesen experimentadas Chef's, aquella cosa sosa no había quien se la comiera. Claro que como con todo en esta vida, siempre había algún colegial que no le hacía ascos a una cola de merluza a la plancha, y que incluso la prefería a una buena rebanada de pan con Nocilla, pero bueno... tiene que haber gente para todo.


La edad de la Nocilla ya es historia; aunque para qué negarlo... yo creo que todos seguimos untando el dedo en el tarro de la Nocilla de nuestros hijos; aunque claro... eso es un secreto que no le contamos a nadie, y por eso resultan tan inexplicables esos niveles de los análisis que nos muestran el colesterol por las nubes. Como digo, ya son muchas las cosas que son historia, y entre ellas está la de nuestra aversión por el pescado; porque aunque a día de hoy, resulta que también hay gente para todo... quién no disfruta de un buen menú de sushi de vez en cuando?

Que también hay que reconocer que la cosa tiene un buen par de narices, y que no es de extrañar las caras que madres y abuelas ponen a día de hoy, cuando después de haberles dado tanta guerra cuando nos obligaban a comer pescado, y resulta que a día de hoy nos lo comemos por propia voluntat, y encima... crudo!! Es más... ahora son ellas las que ponen cara de asco si alguna vez les hemos pedido que nos acompañen a un restaurante japonés para compartir un buen menú familiar.


Si echamos la vista un poco atrás, descubrimos que el sushi; o la tradición de disfrutar de la cocina japonesa en general, no nos es tan ajena a los de la generación del Baby Boom, ya que el primer restaurante japonés que se abrió en España fue en 1974, concretamente en Canarias, y tiene su lógica, ya que a las islas llegaron muchos coreanos con sus familias para vivir de la pesca, y los coreanos, a parte de sus propias tradiciones culinarias, también incluyen el sushi como base de su gastronomía. De modo que es muy posible que esos coreanos que llegaron a la isla iniciasen a los canarios en el arte de los makis, los uramakis, los temakis, los nigiris y el largo etcétera de especialidades que a día de hoy podemos degustar.

Preparación de un surtido de Uramaki (裏巻き) también conocido como "California Roll"
 A pesar de lo dicho anteriormente, y de ese primer restaurante japonés de 1974 ( el segundo fue en Barcelona, ese mismo año), la costumbre de salir a comer sushi, o de hacérnoslo traer a casa en plan "take away" no se generalízó hasta finales de los 90, momento en el que se puso de moda, pero que al contrario que la mayoría de modas, esta vino para quedarse y no solo para permanecer durante un corto periodo de tiempo con nosotros. Así que afortunadamente, a día de hoy, ya podemos incluir el sushi como parte de nuestra dieta.

De entre todas las posibilidades que la cocina japonesa tiene para presentarnos el sushi, quizá la que ha gozado de más aceptación entre nosotros es la denominada "Nigiri", ya que concentra toda la esencia de la cocina nipón y configura la primera diferencia fundamental con nuestra gastronomía; es decir... en occidente mezclamos los sabores, mientras que en oriente se yuxtaponen.

De forma que el nigiri consiste en una primera base de arroz en forma de "bola", sobre él reposa una fina rodaja de pescado, marisco e incluso tortilla, sobre el que se deposita una mínima porción de wasabi y de jengibre macerado o encurtido en vinagre de arroz. esa preparación permite disfrutar de todos los sabores de una forma que ya empieza a ser costumbre a día de hoy en la cocina de autor, pero que en aquellos tiempos setenteros nos llenaron, por primera vez, el paladar de sensaciones absolutamente exóticas.

Nigirizushi (握り寿司) , quizá se trata de la variedad que más gusta al paladar occidental.
 La de horas que se pasaron cocinando nuestras madres, total para nada. Poco éxito tuvieron en sus intentos de ponernos en el plato un lenguado rebozado o una merluza hervida. Y lo peor... al ver que no tragánamos con eso ni locos, nos contaban aquello de: "come pescado, que lleva fósforo y eso va muy bien para sacar buenas notas!"... Buenas notas?... A quién le importaba eso!? Bueno, sí... ya hemos dicho que había gente para todo...

Diversas variedades de Nigirizushi.
 Fotografías: Sergi Camara i Perez, Tomadas en Only Sushi de Barcelona.
Teléfono: 930 16 80 29

lunes, 6 de junio de 2016

Do you speak English?

Callan School - © Sergi Camara Perez
Para todos aquellos que formamos parte de la generación de los 60 y 70, el inglés, ha sido siempre nuestra gran asignatura pendiente. En clase se nos dejaba escoger entre inglés o francés, en cualquiera de los casos se dedicaban unas pocas horas a la lengua extranjera, para cumplir expediente, y listos. Poco más.

Así es que cuando nos encontrábamos de veraneo con chicas extranjeras en los lugares de playa, lo único que podíamos hacer con ellas era ligar, porque resultaba imposible mantener un mínimo de conversación coherente!

Esa carencia nuestra con el poco dominio de un idioma ha sido algo que hemos ido arrastrando a lo largo de lo que llevamos de vida. Nuestros currículums para acceder a un puesto de trabajo son una buena muestra de ello:

Idiomas: castellano hablado y escrito.
Inglés: nivel normal.


Normal? Qué entendemos por normal? Si nos referimos al nivel que el Jefe Indio Seatlle mantuvo en sus torturosas conversaciones con Franklin Pierce; el por entonces Presidente de los estados Unidos, y en las que apenas balbuceaban ambos, se expresaban por señas y tuvieron que echar mano de intérpretes, pues vale... lo podemos considerar "normal". Pero mucho me temo que mejor les hubiese ido; al gran Jefe Indio, al menos, haber tenido la oportunidad de tomar unas clases de inglés en la escuela Callan School de Barcelona. Sin duda que gracias a esas clases, a día de hoy, las tierras de los indios nativos americanos aún serían suyas y no hubiesen sido terriblemente estafados por los rostros pálidos (que por otra parte... hablaban perfectamente inglés).

Volviendo a los 60's y 70's, el gran problema de los métodos de enseñanza con el que trataban de transmitirnos el conociminto de una lengua extranjera, se basaban en la testarudez por parte del sistema pedagógico de inculcarnos sí o sí, gramática por un tubo. Personalmente no recuerdo haber mantenido ninguna conversación en inglés con ninguno de mis profesores; eso sí... me hacían salir a la pizarra para que apuntase la lista de los verbos irregulares ingleses y demostrase así que me había estudiado el libro. Por otra parte... conversación con los profesores? Si resulta que el que más años me impartió clases de inglés era de Cádiz y bastante trabajo tenía ya en entenderle en castellano!

Sea como sea, a día de hoy el aprendizaje de lenguas extranjeras ha cambiado mucho, y afortunadamente sus métodos se basan en la conversación y con profesores nativos.

jueves, 17 de marzo de 2016

Vuelve lo Hippie

Los hippies de los 60 eran, en su mayoría, jóvenes de familias de clase media o bien acomodadas, y eran hippies porque podían permitirse el lujo de serlo. No pocos de ellos lo eran con la Visa entre los dientes y capaces de mantenerse vendiendo piezas de artesanía hechas a mano en mercadillos o a pie de calle, pero claro... no solo vivían de eso, ya que sus vicios más bien caros, era papá quien en realidad los financiaba mientras esperaba pacientemente a que su hijo, o hija, sentase algún día la cabeza, construyese una familia y se convirtiese en una persona "de bien" con un empleo respetable.

Los tiempos han cambiado, y también los hippies. Si en los 60 el movimiento surgió como protesta a las guerras (concretamente a la de Vietnam) y en contra de un capitalismo salvaje y de un consumismo excesivo y poco sostenible, los hippies de la actualidad lo son porque no queda otra y no hay más huevos.

Ah, pero... decís que no hay hippies ahora? Mirad a vuestro alrededor...

El hippie actual es aquel que llegó tarde al movimiento de los 60 y al consumo de psicotrópicos; a lo sumo consumió porros y anfetaminas en los 80's o se arruinó la vida con sustancias mucho más nocivas. Llegó también tarde al amor libre y a las proclamaciónes de los derechos civiles y la paz mundial. Llegó tarde porque aún no había nacido por aquella época o sencillamente era todavía un niño. Al hippie actual le dieron una educación y unos estudios, le enseñaron que en la vida cualquier esfuerzo tiene su recompensa y que las carreras universitarias, los másters y los títulos servían de algo. A día de hoy, el hippie actual se ha casado ya; quizá incluso lo ha hecho un par o tres de veces, tiene hijos, y si no es un hijo de puta, es de aquellos que le pasa la pensión a su ex esposa/s.


Insisto, mirad a vuestro alrededor y veréis a todos aquellos de vuestro entorno más inmediato (quizá vosotros mismos), que aún y con un puesto de trabajo, a duras penas se mantienen, malviven y sobreviven como pueden. No se trata de hombres o mujeres jóvenes de pelo largo, vestidos con ropa de gasa ibicenca ni con símbolos de la paz colgando de cuello. Se trata de personas en la edad madura que lejos de dedicarse a esa vida contemplativa, han luchado como los que más para conseguir ese sueño que les vendieron y ese objetivo de "llegar a ser algo" en ese futuro que ya es su presente, un presente en el que han ido a menos, y en el que pese a todo... el futuro que aún les queda pinta negro, pero que muy negro.

Esos hippies no van a encabezar manifestaciones porque por no creer, ya ni creen en eso. No van a asistir a ningún hipotético festival en Woodstock porque la música la escuchan a través de su iPhone (mientras puedan pagarlo). Tampoco van a consumir sustancias más allá del vino de mesa o algún que otro gintónic en sus encuentros con amigos.

El hippie actual es la persona preparada que ha pagado religiosamente sus impuestos, que ha sacrificado gran parte de su juventud en esa lucha que le ha llevado a pasar su vida viviendo como un esclavo de sí mismo y del sistema, pero que ahora, en su cerebro ha sentido un "click", se le han roto todos los esquemas y se plantea cambios.

Está aún por definirse cómo será ese hippie actual que está germinando, pero que está por llegar; ahí, a la vuelta de la esquina.

Y ese hippie se levantará contra esta sociedad asfixiante como aún no lo ha hecho nadie. Vaya que si se levantará..

miércoles, 20 de enero de 2016

Instagram. Lo que fue un homenaje a la estética Retro Vintage

Logo Instagram

Hace mucho tiempo que quería escribir esta entrada con el único motivo de rendirle un pequeño homenaje a Instagram; que a su vez, y en sus inicios por allá el año 2010, rendía también homenaje a las fotografías retro vintage y de formato cuadrado que se realizaban con las cámaras Kodak de las décadas de los 60 y 70, y a las cámaras Polaroid de finales de los 80.

Hay que decir que a día de hoy Instagram acepta tambén el formato horizontal y vertical, pero la intención inicial de esta red social fue la de acercar a sus usuarios una plataforma a través de la cual compartir las imágenes de sus mejores momentos con el resto del mundo y, a través del formato cuadrado y de los diversos filtros que permitían "envejecer" las fotografías, darles esa estética de la década setentera.

Modelos Kodak Fiesta Brownie de los años 70 y Polaroid de los años 80
Soy usuario de Instagram, prácticamente desde sus orígenes. Empecé con una cuenta (de la que ni recuerdo nombre de usuario ni password) en la que colgaba algunas de las fotografías que realizaba para la confección de este blog. Más tarde abrí una nueva en la que comparto mis fotografías callejeras (Street Photography) realizadas en mis diferentes estancias por distintas ciudades del mundo.

De modo que si queréis echarles un vistazo y seguirme, no tenéis más que acceder a mi cuenta en Instragram (sergi.camara) o bien a través de la web: https://www.instagram.com/sergi.camara/

Vuestras sugerencias y comentarios serán muy bienvenidos :)

martes, 22 de septiembre de 2015

La vuelta a la ofi

Pues sí; en broma en broma estamos ya a mediados de septiembre y la mayoría de nosotros nos hemos reincorporado ya a nuestros puestos de trabajo. Algunos, pocos, esos que se toman sus vacaciones en este mes, aún están por ahí mandándonos fotografías de sus días de asueto a través de WhatsApp o colgándolas en sus muros de Facebook; que digo yo... eso está muy bien cuando recibes ese material y piensas: "Bueno... en pocos días yo estaré así también", pero cuando lo recibes y sabes que te queda todo un año por delante de interminables jornadas laborales... sinceramente, deseas que esos amigos tuyos lo pasen mal, pero que muy, muy mal.

Así que para nosotros, la vuelta a la ofi es como para los críos la vuelta al cole, solo que en la mayoría de los casos existe una diferencia fundamental que es la siguiente:
A ver... para qué nos vamos a engañar; a ningún niño normal le fascina la idea de regresar a la escuela y dedicarse a estudiar. Lo que sí está claro es que el reencuentro con los compañeros puede ser agradable, pero por encima de todo -insisto-... por encima de todo! a lo que no se resiste ningún crío es a los olores colores y formas del material escolar con el que empezará  su nuevo curso. Esas gomas de borrar con olor a nata, esos lapiceros de madera, los estuches de colores o las mochilas que cargan a sus espaldas con todo el material (que más que para ir al cole... parece que estén cada día de mudanza. Pobres críos!). Bien, sí...también están los libros de texto, pero reconozcámoslo, solo hacen ilusión el primer día, poco más.

Pues bien; es en esas pequeñas cosas donde está la gran diferencia con nuestra vuelta a la oficina. Quizá nos apetezca el reencuentro con los compañeros de trabajo. Probablemente, y como novedad, habrán cambiado la máquina de café, y con la nueva, podamos disfrutar de tomarnos un capuchino como hacen los del departamento de compras con la suya, pero... y el resto?
Antes, en los 60's o en los 70's (cuando nosotros iniciábamos la vuelta al cole), nuestros padres regresaban a la ofi y tenían también el aliciente de ese material nuevo: gomas de borrar, lapiceros, bolígrafos de cuatro colores y los maravillosos clips, que ahora, por no existir... ya no existen ni como asistente del Word para Windows!

Afortunadamente empresas como OFFICE PAPER han sabido encontrarle la gracia a esto tan duro de volver a la oficina y devolvernos parte de esa ilusión; ya que de lo contrario... que es lo que nos encontraríamos ahora después de nuestras vacaciones? Una triste mesa vacía con un ordenador; y para que lo vamos a negar... una mesa de oficina debe ser un lugar caótico, desordenado, lleno de carpetas y demás tipo de material. Algo así como la mochila de un escolar, incluso con restos de bocadillo.

Así pues... Feliz vuelta a la ofi!

miércoles, 4 de febrero de 2015

La espiritualidad sexual del Tantra

En las décadas de los 60 y de los 70 se puso muy de moda... “la espiritualidad” por aquello de que los hippies –aunque mirados de reojo y con mala cara por muchos- traían cosas aparentemente nuevas a nuestra sociedad, o quizá las mismas de siempre, pero envueltas de libertad, paz y amor, con lo que resultaban excitantes para muchos españolitos tradicionales, e incluso para muchos que aparentaban ser recalcitrantemente conservadores.

Por decirlo de algún modo: hasta la sexualidad en aquellas décadas era espiritual.

Todo empezó cuando los británicos decidieron hacerse los amos del planeta, allá por el siglo XVI y se hicieron dueños de más de medio mundo formando el que se dio en llamar el imperio más grande de la historia. Entre muchas de las que por entonces fueron sus posesiones se hallaba la India, lugar que utilizaron para la explotación de té y para el transporte de opio hacia China; bueno, sí... también construyeron algún ferrocarril, nombraron emperatriz de la India a la reina Victoria y se pasearon entre medio de aquellas exóticas criaturas “casi humanas” luciendo sus monóculos y tomando el té de las cinco (allí lo tenían a cascoporro!).

Y así siguieron hasta mediados del siglo XX. Fue después de la Segunda Guerra Mundial cuando la India consiguió su independencia del dominio británico y se libraron de aquellos tipos que vestían pantalón bombacho, camisa de explorador y que sufrían con el calor, el intenso sol y los devastadores monzones. Los ingleses, que jamás dejaron de ser muy ingleses estuviesen donde estuviesen y por el tiempo que fuese, pasaron por alto detalles importantísimos de la cultura, las tradiciones y las costumbres hindúes; vaya... que como que iban a lo que iban, nunca se enteraron absolutamente de nada. La excepción que en este caso confirma la regla, es la del cónsul Richard Francis Burton y que se trataba de un inglés muy poco inglés: libertino, pendenciero, explorador, estudioso de las culturas orientales y de sus diferentes lenguas (se dice de él que hablaba 29 idiomas) y que se fijó en esos detalles, reparó en ellos, le dio por estudiarlos, y allá donde pillaba un tratado, documento o lo que fuese, se ponía a traducirlo. Concretamente, en 1883 realizó la traducción más famosa del Kama Sutra (originalmente escrito por Vatsyayana), y que conjuntamente con sus escritos en los que describía la sexualidad en la India despertó la cólera de la remilgada sociedad británica y ningún aristócrata inglés gustaba de ser visto públicamente con Sir Richard, ya que las malas lenguas dentro de los círculos de aquella Inglaterra victoriana no tardarían en ponerle a caer de un burro.

De modo que los ingleses, y tras su larga colonización del territorio hindú, pasaron por allí sin pena ni gloria y tuvieron que transcurrir 30 largos años para que alguien más, a parte de Richard Francis, reparase en ese curioso libro titulado el Kama Sutra y en el que además de sugerentes imágenes en las que sus protagonistas practicaban el acto sexual de los modos más extravagantes posibles, se hallaban también unos textos que describían esas posturas y narraban detalles importantes sobre una filosofía de vida mezclada con animismo religioso denominado: el Tantra.

Margot Anand, una escritora y traductora francesa, fue quien desempolvó el kama Sutra tras un viaje que realizó a la India a principios de los 70. Se fue hasta la ciudad de Pune en el estado de Maharastra, se alojó en el Ashram Bhagwan Shree Rajnesh y se dedicó a observar, a aprender, y muy posiblemente... a practicar, hasta convertirse en una maestra del Tantra que no tardó en traer a Europa y a popularizarlo a través de algunos de sus libros como: El arte del éxtasis sexual, el arte de la magia sexual o el arte del éxtasis diario. Vamos... que no es que fuese especialmente original con los títulos, pero la mujer tuvo su éxito a la hora de poner de moda aquello que los ingleses tuvieron al alcance de su mano y pasaron por alto.

Lo cierto es que, en su origen, el Kama Sutra no tiene absolutamente nada que ver con lo que en occidente conocemos de él. Podríamos decir que “el concepto original” se pervirtió en favor de su buena comercialización y en detrimento de su contenido; por llamarlo de alguna manera... “espiritual”. En otras palabras, las posturas que aparecen en el libro no fueron creadas con la intención de ofrecer unas relaciones sexuales placenteras a sus practicantes, si no más bien para demostrar a las deidades, que a pesar de estar practicando sexo, la mente estaba en otra parte y el alma pendiente de alcanzar el Nirvana. Qué mejor modo de evitar la tentación que sucumbiendo a ella, pero no experimentando placer alguno? Prueba de ello es que en el sexo tántrico, se trata de restarle toda importancia a la eyaculación, retrasarla lo máximo posible, e incluso evitarla.

En los 70, con el movimiento hippie en pleno apogeo en Europa y en Estados Unidos, con el regreso de autores franceses que habían pasado temporadas en los ashram hindúes practicando meditación y encontrándose a sí mismos, etc, las teorías y escritos amatorios orientales obtuvieron una gran difusión y se utilizaron para disfrutar del sexo de una forma “distinta” y para ser utilizadas como terapia, entre otras cosas, para corregir la eyaculación precoz. “Innovaciones” o variantes de algo que en la India es más que un “manual” y que se trata en realidad de una filosofía de vida, pero que en occidente sirvió para que los que se erigieron como gurús montando escuelas de yoga o consultas sexológicas terapéuticas, hiciesen una buena cantidad de dinero que les llevó de ser hippies, a convertirles, posiblemente... en banqueros.

Lo cierto es que el hecho de encontrarse sexualmente satisfecho contribuye a la estabilidad física y mental, y al margen de que cualquiera de esas prácticas pueden llevarse a término con la pareja, existen también locales como el de La Perla Negra, con señoritas profesionales especializadas en los masajes tántricos en los cuales las relaciones sexuales con penetración se sustituyen por la estimulación de los órganos genitales. Algo similar a otra práctica muy extendida entre los jóvenes adolescentes de los años 60’s y 70’s ante el temor de las chicas en perder su virginidad y que consistía en llegar al orgasmo por el puro magreo. Quién no oyó, o ha oído hablar nunca del petting?

jueves, 8 de enero de 2015

Una de tiros

El último pistolero (1976)
En Semana Santa y en Navidades todo está muy bien, menos las películas de la tele.

No sé por qué, a los que se encargan de la programación de las distintas parrillas televisivas, les imbuye el espíritu festivo, se dejan llevar por una extraña sinrazón y nos llenan la pantalla de películas religiosas, épicas, o lo que aún es peor, de esas comedias melodramáticas norteamericanas en las que toda banda sonora está formada por villancicos, en las que un malo muy malo termina tragándose a alguno de los renos del trineo de Santa Claus y convirtiéndose en un bueno muy bueno que hace de todo por el bienestar de una comunidad a la que siempre, hasta la llegada de estas fechas, había estado haciendo la vida imposible; pero claro... la Navidad lo puede todo e incluso es capaz de hacer que un presidente de gobierno aparezca por la tele contándonos que estamos viviendo el final de la crisis y que este nuevo año será el del despegue definitivo porque este país es uno de los mercados más fuertes del mundo y el motor económico de Europa. Ya se sabe... son fechas de milagros.

El fuera de la ley (1976)
Dónde está el truco?... Ni idea, pero toda la vida ha sido así

 Las películas de tiros que veíamos los sábados por la tarde desde el sofá de nuestras casas en los 60’s y en los 70’s, pasaban a mejor vida durante estas fechas señaladas, y a cambio, nos visitaba James Stewart con “Qué bello es vivir!”. Durante los 80’s el panorama no era más esperanzador y la encargada de convertirnos en diabéticos televisivos con tanto dulce audiovisual era Meg Ryan con sus comedias romántico-navideñas, pero como siempre, todo puede empeorar, y desde finales del siglo pasado hasta la actualidad, y ante la demanda de tanta cadena privada, y la necesidad de programar películas ñoñas, innumerables son los films de serie B que se nos cuelan a toda hora, y lo peor de todo... es que encima te enganchan!

Total, que si uno quiere ver una película de tiros, como Dios manda y en condiciones, se ve obligado a realizar un interminable zaping hasta encontrar a alguno de los clásicos de John Wayne, alguna de las películas del Jason Stathan, o en el peor de los casos, pero a falta de pan buenas son tortas, alguna soporífera peli de Jackie Chan, que bueno... para pasar la tarde echando una siesta, pues tampoco está del todo mal.

El cazador (1978)
Pero tranquilos, la necesidad de adrenalina es vital, así que... para todo hay solución en esta vida.

Recuerdo que por aquella década setentera no había cena de empresa en Navidad que no comenzase con un partido de fútbol disputado entre jefes y encargados de departamento contra empleados, o de solteros contra casados. Sin duda era el reactivo necesario para que la sangre se liberase del colesterol que iba a acumularse en nuestras arterias por tantos y desmesurados encuentros gastronómicos con familiares y amigos.

En la actualidad, esto se ha diversificado, y a los que no nos gusta el fútbol, nos quedamos enganchados como moscas de las películas navideñas de serie B, pero por encima de todo, echamos de menos las pelis de tiros, ha venido a vernos el ángel de la anunciación, la estrella de navidad, los reyes magos con sus pajes y el arcángel san Gabriel con un séquito de ángeles tocando el arpa, y todo para qué? Pues para convertir estos días en los más felices del año dándonos el sustitutivo perfecto a tanto despropósito (va a ser verdad que son fechas para los milagros?).

Me refiero a los campos de paintball de reciente aparición en nuestra geografía y que, en algunos casos, sustituyen al clásico “solteros contra casados” futbolero por una auténtica aventura de las más geniales. Meterle un gol al jefe, o al cuñado, no hay que negar que debe tener su gracia; ahora bien... acertarle con un proyectil en forma de bola en plena sien y ver como el casco protector se le llena de pintura amarilla, verde, azul o colorada, eso es la rehostia!

Apocalypse Now (1979)
 Afortunadamente las fechas navideñas no solo son para reunirse en familia y ponerse las botas con los guisos típicos de estas fechas, o para ver películas ñoñas. Por suerte, muchos españolitos disfrutan de vacaciones, de días libres en los que acudir en familia o amigos a un campo de paintball, y ya que es dificil ver una de tiros por la tele... liarse a tiro limpìo (a ser posible... con el jefe).

viernes, 10 de octubre de 2014

Ahora se les llama escorts, pero mi abuela les llamaba... “mujeres que fuman”

La prostitución siempre ha tenido una doble cara a lo largo de su historia y en cualquier época; es decir... desde siempre, ya que por algo se le llama “la profesión más antigua del mundo”. Por una parte destaca por una de sus caras: la glamurosa y de pedigrí con hermosas mujeres, serviciales, educadas, cultas y con esbeltas figuras, pero por otra, también encontramos su faceta más suburbial y miserable. Y es que de todo ha habido, hay, y habrá.

Hubo un tiempo y un entorno social determinado, en el que la prostitución fue el modo de iniciar a los adolescentes en eso de “la vida”, y no solo en el aspecto sexual. Ni mucho menos! Al parecer, existía (y existe aún, según se mire) cierta tendencia a creer que una vez rota la timidez sexual en manos de una meretriz profesional que supiese bien qué material sensible tenía entre sus manos, el “iniciado” en cuestión, pasaba a convertirse de inmediato en un “hombre” y a afrontar sin el menor temor todos los retos de la vida. Así pues, no era de extrañar que los propios abuelos, e incluso padres de un turbado imberbe, fuesen quienes le iniciasen en una ceremonia, que según el nivel adquisitivo de la familia, podía ser de lo más sofisticada, o en su defecto, de lo más sórdida. Pero en cualquier caso, el joven sacaba su virilidad a pasear y eso se convertía en algo similar a la adquisición de un título universitario con postgrado, doctorado y master, todo en el mismo pack.

En ese sentido podríamos decir que la prostituta cumplía una importante labor social, ya que era la encargada de darle el empujoncito al joven adormilado para hacerle aterrizar en el mundo real. Otra cosa es que realmente todo fuese tan fácil y que bastase un revolcón, previo-pago, para que de golpe, se le quitase a alguien toda la tontería que pudiese llevar encima.

El concepto de “ir de putas” cambió radicalmente en las décadas de los sesenta y de los setenta (en este país, me refiero). La prostitución pasó a ser algo marginal y centrado en aquellos barrios llenos de los llamados por el régimen “vagos y maleantes”. La prueba está en que dudo mucho que a los de nuestra generación, los padres o los abuelos nos llevasen de putas para que una señora en corsé, medias de rejilla y labios de intenso rojo carmín, nos hiciese un favor y nos espabilase. En su lugar había aquello de “la mili”, esa facción seudo-ocioso-militar del ejército español y por la que todo joven (menos los excedentes de cupo) teníamos que pasar  y por la misma razón: “para hacernos hombres”; Oh, no (perdón)... “para servir a la madre patria”. Lo que estaba claro era que o bien te hacía un hombre una puta o lo hacía un militar, y bueno... puestos a escoger... Lo peor de la mili era que se trataba de algo forzoso, y ya aprovechando, tampoco faltó quien se estrenase también yendo de putas. Vamos... que esos volvían a casa convertidos en auténticos “HOMBRES”; así, con mayúsculas, que era el único modo de ser hombre en aquella España de brandy Soberano.

Actualmente el concepto prostitución sigue teniendo sus dos caras; en realidad más de dos. Se trata de un prisma de innumerables lados y en el que podemos encontrar absolutamente de todo. Desde la trata de mujeres y demás formas absolutamente ilegales, hasta la más sofisticada de ellas protagonizada por las llamadas, hoy en día: escorts, y que vienen a ser algo así como las antiguas Geishas del Imperio del sol naciente: educadas, elegantes, cultas y como no... caras.

La diferencia entre una escort y una prostituta al uso, es el hecho de que los servicios de la escort hay que solicitarlos, o bien a través de portales de internet como este de escorts de erosguia, o telefónicamente; de ahí que se las conozca también como “call grils”, y ya bien sea desde su domicilio privado o desde la agencia para la cual preste sus servicios, será a través de este medio por el que se negocien las condiciones hasta cerrar o no el trato; es decir, que solicitar los servicios de una escort viene a ser algo así como pedir una pizza a domicilio, pero por más que nos guste el queso, el tomate, las aceitunas o la mozzarella, seguro que los servicios de la escort son más completos y puede que más gratificantes, y además, no se limitan a la relación estrictamente sexual. De hecho, el término “escort” viene de la palabra anglosajona: acompañante o escolta; es decir que los servicios de estas señoritas se pueden contratar para acudir con ellas a fiestas, viajes de negocios y diversos compromisos sociales que pueden o no terminar con final feliz. De ahí que de algunas de estas señoritas de compañía se solicite que conozca idiomas y que su comportamiento sea discreto a la vez que excelente.

A decir verdad, todas las formas posibles de prostitución han existido desde siempre, ya que aún y cuando no se había inventado el teléfono las chicas de compañía acudían allí donde eran reclamadas por sus clientes a través de sus damas alcahuetas que se encargaban de facilitar los encuentros amorosos.

Siempre recordaré, que en los 70’s, las señoras mayores, las abuelas, y con tal de no nombrar las palabras: prostituta o puta, popularizaron aquello de: “mira, mira... una señora que fuma” ya que se podía contactar con ellas mientras esperaban en las esquinas de las calles o en los portales de las pensiones baratas con un cigarillo entre sus dedos y dando sensuales caladas. Cuando digo "contactar con ellas", me refiero a las putas... no a las abuelas.

Imágenes 1 y 3: Fotografías de la década de los 60's de Joan Colom i Altemir
Imagen 2: Autoría desconocida

miércoles, 8 de octubre de 2014

Del ahorro al derroche, la cuestión era comprarse el coche

A los que fuimos críos en los 70’s, nuestros mayores trataron de educarnos en la cultura del ahorro. Por aquel entonces, el país estaba en una época de cambios que apuntaban... “a mejor”: la muerte del dictador, la transición hacia un nuevo periodo democrático, la creación de una Constitución que daba las mismas posibilidades a todos los españoles, el inicio de una entrada al desarrollismo que haría que a ninguna familia le faltase de nada, etc.

Pintaba todo tan bien y parecía que el futuro iba a ser tan perfecto, que por más que nuestros abuelos o nuestros padres nos insistían en “guardar nuestro dinero” o en “tener nuestros ahorros”, nosotros jamás entendimos que eso fuese necesario o hiciese alguna falta.

De críos, todos tuvimos nuestra hucha. Las empresas jugueteras de aquella década, todas sin excepción, fabricaron centenares de modelos de huchas en diversos formatos, materiales, motivos y colores, todo... con el fin de que el ahorro nos pareciese una actividad atractiva y depositásemos en esos contenedores con rajita, las perrillas que recibíamos por parte de familiares que nos daban “una paguilla” a cambio de nada. Sí, vale... todos teníamos una o más huchas, pero pocos conseguíamos llenarla, y la mayoría de nosotros, tras sacudirla y hacer un cálculo aproximado de cuanto parné podía haber en su interior, nos las ingeniábamos apara abrirla y gastarnos todo el capital en chuches, o en ese Madelman que jamás nos trajeron los reyes.

Para terminar de tirar por tierra nuestras aspiraciones al “arte” del ahorro, y ya un poco más creciditos, e incluso iniciándonos en el mundo laboral, nos dimos cuenta de que ahorrar era absolutamente innecesario. Para qué guardar nuestro dinero? En nuestro entorno inmediato, quien más quien menos, empezaba el mes absolutamente pelado, sin un solo céntimo, pero aún y así vivía su día a día como un auténtico rey. El motivo de tal despreocupación tenía que ver con unas tarjetas de plástico que nacieron a principios del siglo XX, pero que no llegaron a nuestro país hasta la década de los 60’s y que gozaron de extrema popularidad a lo largo de los 80’s hasta principios de este nuevo siglo. Con esas tarjetas de crédito, el ahorro carecía de sentido ya que cuando te gastabas tu nomina, era el banco quien te daba dinero para que siguieses gastando con la única condición de que lo devolvieses al siguiente mes con el cobro de tu nueva nómina; o en su defecto, podías pagar el crédito en cómodos plazos a cambio de un interés elevado que nunca fue un problema para nadie, ya que el dinero, corría a raudales sin parar.

No solo no hemos sido la generación del ahorro desatendiendo a los consejos de nuestros mayores, si no que ahora... se dice de nosotros que hemos gastado por encima de nuestras posibilidades, es decir... que somos (o hemos sido) una generación de derrochadores en potencia que nos hemos gastado dinero que no era nuestro, y los bancos nos ayudaron a ello. El problema es que ahora están rindiendo cuentas con nosotros, cuentas que no habían rendido hasta el inicio de la crisis y de que las cosas empezasen a ir mal.

Evidentemente, no se trata de la mejor forma de hacer que se desarrolle una sociedad ni los individuos que la componen. Debe existir otra forma de hacer banca como la del banco Mediolanummás eficaz, una forma más humana e incluso más personalizada, pero en serio, de verdad. No vale la sonrisa de ese banquero aparentemente amable, que en lugar de advertirnos de los riesgos de una inversión, lo que hace, es que nos “la vende”. Tampoco vale prestarnos dinero cuando no lo necesitamos más que para caprichos y frivolidades. Cuantos de mi generación compraron su casa o su coche sin tener el dinero para ello, o han viajado por todo el mundo gracias al crédito de su tarjeta  al préstamo bancario. Y en cambio, ahora, ese mismo banco se dedica a negarle a las familias la posibilidad de adquirir los bienes más necesarios, o a los empresarios mantenerse para seguir creando puestos de trabajo.

Ya me lo decía mi abuelo: “Ahorra tu dinero, inviértelo, cómprate una jodida casa... o algo. Pero no se lo des a un banquero ya que eso es pedir a gritos que te atraquen”.

martes, 30 de septiembre de 2014

De las playas de Salou, al Saloufest

Parece que ya hemos vuelto a la normalidad: la vuelta al cole, el regreso a los puestos de trabajo (para aquellos afortunados que aún conservamos uno); en definitiva: la cotidianeidad.

Cotidianeidad que en estos momentos deben agradecer especialmente los habitantes de Salou, esa pequeña villa situada en la comarca del tarragonés y que ha sido tristemente noticia a lo largo de todo el verano. Ahora, con la llegada del otoño y con los noticiarios y la prensa repletos de información, ya nadie volverá a hablar de Salou hasta el verano próximo. Y es que ya se sabe que en verano, los medios tienen que hablar de algo.

Salou se denominó Salauris durante la dominación del Imperio Romano y fue uno de los puertos más importantes de la Hispania Citerior. Posteriormente padeció los envites de la invasión Musulmana provocando un notable abandono del población en su territotio. En 1114, la cruzada Pisano-Catalana, contra el Emirato de Mayürga, hizo florecer de nuevo a la pequeña localidad, y más adelante, y debido a sus excepcionales condiciones naturales del puerto de Salou, la ciudad se convirtió en el puerto más importante de la Corona de Aragón hasta bien entrado el siglo XIX. Todo eso es historia, cierto, pero no exenta de acción y aventura como la protagonizada por los piratas sarracenos y sus innumerables saqueos  contra las flotas comerciales catalanas que se acercaban al puerto, y también fue desde Salou, un 6 de septiembre de 1229, cuando el rey Jaume I concentró a su escuadra catalano-aragonesa y partió a la conquista de Mallorca.

Seguro que nada de eso saben los jóvenes turistas británicos que pasan sus veranos en Salou en esas interminables noches de botellón, borrachera, balconing y de felaciones a cambio de chupitos. Pero lo malo... no es que ese desconocimiento lo tengan esos jóvenes que el día de mañana serán unos auténticos “gentelmen” que se tomarán su sándwich de York sentados en un banco del Hide Park londinense en su periodo diario de asueto laboral. Lo malo, insisto, es que esa historia tampoco la conocen los medios; o cuanto menos –y lo que aún es peor-, no nos la cuentan. Ya se sabe... la noticia siempre es que un ciudadano muerda a un perro y no al contrario, pero también fue noticia, en su día y en aquellos años 70’s, que localidades como Salou o Benidorm, eran el lugar de cita vacacional  de muchos españoles de tierra adentro que se hacían amigos de turistas ingleses y que se deleitaban con el espectáculo de contemplar los bikinis de las suecas. Españoles que encontraban en esas playas la mejor de las alternativas para pasar un verano en familia (ahora practicamente es igual, pero en apartamentos, como los de Les Dàlies) y a pesar de que se pudiera producir un puntual desorden (como en cualquier parte del mundo). Lo importante, era entonces y debería ser ahora, disfrutar del sol, del mar, del descanso, de la gastronomía, e incluso y aunque parezca imposible según los medios... de relax y de tranquilidad.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Estudias o diseñas?

A mediados de los 70’s se puso de moda eso de preguntar: “Estudias o diseñas?” en lugar del clásico “Estudias o trabajas?” que se utilizaba para romper el hielo e iniciar una conversación en eso del “chico busca chica” (y viceversa). El motivo del cambio fue claro, ya que se daba por sentado (que durante esas décadas de los 70 y de los 80) cualquier persona joven estaría estudiando algún grado de diseño, o trabajando en algún estudio como diseñador o diseñadora gráfico.

Era la época de la movida madrileña que fue extendiéndose a lo largo de toda la geografía española hasta mediados de los 80’s. Se trataba de esa España de Felipe González y de los tres millones de parados, pero por encima de todo... era la España de la post-dictadura, una España que se moría de ganas por mostrarle al mundo su potencial creativo, su capacidad de innovación estética, y de que para nada se trataba de un país gris o en el que solo lucían las glorias deportivas y la Fiesta Nacional. Con todo, La Movida fue efímera, pero dejó su huella en todos los ámbitos relacionados con la cultura del país. Ejemplos representativos son: Alaska o Tino Casal en el mundo de la música Pop, Pedro Almodóvar en el cine, el fotógrafo Pablo Pérez Minguez, así como otros que mostraron su talento en el campo del diseño, la pintura o la arquitectura como: Ceesepe, Los Costus, Guillermo Pérez Villalta, Patricia Gedea o Juan Ugalde.

Entre otros muchos, a ellos les tocó hacer la revolución cultural. Curioso el detalle de que una auténtica ‘revolución cultural’, sea considerada por los historiadores como un ‘movimiento contracultural’, pero en realidad, así era, ya que se trataba de ir en contra de la cultura establecida durante casi 40 años de férrea y estricta dictadura.

Como bien se dice, casi todo en esta vida es cíclico, y ahora, transcurridos 40 años más en los que nos ha parecido vivir en un país de ensueño, descubrimos que todo ha sido una gran mentira y que tampoco han cambiado tanto las cosas de cómo las dejó el dictador. Los artistas de la movida manifestaron a través de su arte aquellas ganas de cambio y aquella necesidad de expresarse que les había sido negada. Ahora son otros quienes deben tomar el relevo ya que este país está empezando a parecerse demasiado a ese desierto que creíamos haber dejado atrás. Los políticos nos demuestran día a día qué cosas les importan y cuáles son las que les dan absolutamente igual, y está claro que la cultura, el arte, la creatividad en general, no está dentro de sus prioridades, pero... Quién tiene la responsabilidad de cambiarlo?

Seguir las reglas está bien para aquellos que carecen de ideas, tienen temores o simplemente se conforman con cualquier cosa. Pero aquellos que sienten que hay “vida” más allá de todo esto o que se creen con cierta capacidad creativa, saben que las reglas están ahí para eso. Para transgredirlas, modificarlas, romperlas...

Y tú? Estudias o diseñas?

Créditos imágenes: 1) Fotografía correspondiente a la web de la UNIBA (Centro universitario internacional de Barcelona). 2) Imagen procedente de "Frenesí en la gran ciudad (La movida madrileña)", documental producido por TVE

viernes, 6 de junio de 2014

Monarquía... moderna

Alguien debería decirles a los responsables de la Casa Real que modernizar la monarquía, es absolutamente imposible. No me cabe duda de que a todas las instituciones de este país... les hace falta un buen publicista que les diseñe unas estrategias de marketing al más puro estilo Don Draper de la serie de TV Mad Men, inspirada en la década de los 60's... por cierto.

No voy a entrar en el debate que estos días está llenando los medios de comunicación y las redes sociales. Me da igual. Mis preferencias con respecto a este tema no van a ninguna parte porque sigo viviendo en un país en el que, al parecer, las cosas siguen haciéndose "por la gracia de Dios", y así es y así será nos guste o no.

El actual gobierno español crea y aprueba una ley orgánica para que el paso de la corona de la cabeza de un Borbón a otro pueda producirse sin problemas; y todo eso- que no se ha regulado en 36 años de Constitución-, se ha cerrado ahora en un plazo de 24 horas. Mientras, las leyes que afectan a la ciudadanía se duermen en los cajones de los estamentos oficiales y deben pasar por una serie de trámites burocráticos imposibles en muchos casos. Hasta la sagrada Constitución española se modificaría para tal fin si se diese el caso, y eso... que es intocable para según que cosas...

Nuestro presidente de Gobierno babea con eso de que Europa le de palmaditas en la espalda por lo "bien que está realizando su gestión". Bien? Bien para quién? Pero ahí tenemos a Mariano encantado de la vida de presidir el gobierno de un país europeo que contribuye de un modo decisivo a la estabilidad del concepto de Europa. Y claro, me sabrán perdonar..., pero al escuchar según qué declaraciones, ver según qué imágenes y al asistir al presente en el que me encuentro, me entra cierta incertidumbre e incluso cierto miedo después de ver este vídeo en el que el caudillísimo Francisco Franco nos felicitaba la Navidad en diciembre de 1969 y daba paso a la década de los 70's; ya saben... el del "Atado y bien atado".



Clica para acceder al blog profesional de Sergi Camara

lunes, 2 de junio de 2014

Presentaciones: Nuevo blog profesional

Alguna vez ya he comentado que terminados los años 70 y con dieciséis años, fue cuando empecé a trabajar, aunque ya desde mediados de los 70, mi carpeta de  dibujos y textos se paseó por algunas editoriales, e incluso llegué a realizar bastantes colaboraciones en algunos semanarios humorísticos durante la época de la transición política española.

Pues bien, finalmente me he decidido a realizar un blog en el que ir mostrando mis trabajos y hablar un poco de mi experiencia profesional en el mundo de la narrativa, la ilustración y los dibujos animados. “Hazte un blog” me comentaban. “Pero... si ya tengo una web” les respondía. Pero es cierto, una web es menos dinámica que un blog, en la web puedes ir colgando las últimas novedades, los últimos trabajos realizados, pero el tema de blog permite mucha más interacción.

Así pues, os presento mi nuevo blog que es una mezcla de mi vida profesional y personal, y sobretodo, es el resultado de una infancia en los 60’s, una adolescencia en los 70’s y una vida profesional activa desde los 80’s en adelante, y que a pesar del gobierno del país, espero que continúe, sin pausa... hasta el infinito y más allá.

Este blog de los 70's seguirá siendo el espacio en el que compartir recuerdos y nostalgias del pasado, mientras que en mi blog personal, miraremos con optimismo el presente y con esperanzas hacia ese futuro incierto; que aunque lo vemos negro ahora... se arreglará, se arreglará. Solo hace falta que cambien cosas para que todo continúe igual.

Podéis hacerle un clic a la siguiente imagen para acceder al blog y seguirlo regularmente para ir conociendo las últimas novedades.


jueves, 22 de mayo de 2014

El empleo del futuro, o el futuro del empleo

Nuestros padres y abuelos siempre nos contaban que en sus inicios profesionales empezaron trabajando como aprendices en alguna fábrica o taller, y que a partir de ahí, con el tiempo y con la experiencia necesaria acumulada, llegaban poco a poco a ocupar puestos de oficiales de primera, de encargados, de jefes de departamento, etc., y así... hasta su jubilación.

Con edades comprendidas entre los 12 o los 14 años, nuestros mayores iniciaban su vida profesional y en no pocos casos se jubilaban en la misma empresa en la que empezaron; es decir, que pasaban cincuenta años de su vida en el mismo entorno laboral, contemplando las caras de los mismos compañeros de trabajo y realizando a diario la misma labor, fuese la que fuese.

También hay abuelos y padres que por haber tenido la posibilidad de acceder a estudios universitarios, gozaron de vidas laborales distintas, con trabajos cambiantes, entornos distintos, e incluso moviendo su residencia, viajando y formándose y desarrollándose profesionalmente en países extranjeros. Pero eso, salvo contadas excepciones, quedaba reservado para “los otros”, para los que disponían de posibilidades económicas. La mayoría de abuelos y de padres a los que me refiero se habían trasladado del pueblo a la ciudad con pocos recursos y con una escasa, e incluso nula, formación académica, de modo que muchos de los puestos que ocupaban eran, o bien como consecuencia de una tradición familiar, o porque por casualidad o a través de alguna persona conocida se encontraban de repente con un empleo que iba a convertirse en el quehacer del resto de su vida y del que en la mayoría de los casos, nos hablaron con cierta satisfacción.


Nuestro caso fue ligeramente distinto. Los que pertenecemos a las décadas de los 60’s o de los 70’s pudimos gozar de mejores condiciones y posibilidades, y gracias al esfuerzo de nuestros mayores que nos proporcionaron unos estudios, pudimos alcanzar una formación que nos preparaba para un futuro y que en el mejor de los casos, nos permitió, incluso, escoger qué queríamos ser cuando fuésemos mayores, formarnos en ese sentido y tratar de hacernos un hueco en la que era nuestra especialidad y para la cual nos habíamos estado preparando; o eso, o acceder a empleos inesperados, alejados de nuestras metas profesionales, pero privilegiados en aquellos años 80 –la década de los 3.000.000 de parados- por haber conseguido un empleo.

En cualquier caso, nuestros quebraderos de cabeza en aquella, nuestra juventud, no iban más allá de que en base a nuestra formación teníamos algunas posibilidades en según que mercados, sectores profesionales, empleos o puestos de trabajo más o menos especializados. Pero la fórmula era clara: disponer de una carrera universitaria abría un mundo al desarrollo a nivel personal y profesional. Decantarse por una formación profesional era sinónimo de desenvolverse en un oficio y un modo de ganarse la vida con dignidad, y en el caso de no haber hecho el más mínimo esfuerzo y no haber aprovechado las posibilidades de estudios que nuestros mayores nos habían puesto en bandeja, siempre había la opción de encontrar algún empleo, con mayor o menor fortuna, o engrosar esa lista de parados que llevaba de cabeza al gobierno de turno, ya que 3.000.000 de parados, en aquella España, eran muchos.

En la actualidad, esa cantidad de parados de los 80’s son una caricatura comparándolos con los 6.000.000 de personas sin empleo a día de hoy, y que según en qué franja de edad se encuentren, ya no van a tener la posibilidad de volver a trabajar jamás. Sin olvidar que a esa cantidad de parados se le pueden sumar los más de 700.000 jóvenes, con formación o sin ella, que se han visto obligados a buscarse la vida en países extranjeros, ya que de lo contrario, los números del paro alcanzarían casi los 7.000.000, y la mayoría de ellos jóvenes sin la posibilidad de labrarse un futuro ni a corto ni a medio plazo.


Evidentemente una de las causas de este despropósito es la crisis a la que nos han arrastrado nuestros gobiernos obligándonos a pagar a nosotros, a los ciudadanos, los destrozos ocasionados por su mala gestión; al margen, claro está, de lo poco que han hecho por la ciudadanía en comparación a lo mucho que han hecho en favor de sus formaciones políticas y de sí mismos otorgándose cargos en instituciones públicas o privadas, puestos de dirección en consejos de administración, pensiones vitalicias multimillonarias, etc, etc., de sobras sabemos como va la cosa a estas alturas.

Pero a mi juicio hay otra causa no menos importante, y que en ocasiones, y ante tanta desfachatez política nos pasa desapercibida. Se trata del período histórico en el que nos encontramos, y que sería el mismo con crisis o sin ella, aunque sin lugar a dudas, en unas condiciones sociales y económicas saludables tanto a nivel estatal como personal, este período histórico sería más soportable gracias a la inversión en investigación y desarrollo o al acceso a cursos de formación y reciclaje profesional como los que ofrece la web de EAE Business School, la cantidad de desocupados no sería tan escandalosa.

Me refiero a un período histórico como el actual y al que podríamos considerar como una “nueva Revolución Industrial”. Nuestros abuelos, padres, e incluso nosotros, en aquellos años de nuestra juventud, podíamos saber qué queríamos ser de mayores, o en su defecto, los puestos de trabajo que podíamos ocupar estaban más o menos claros; eran los que habían y para acceder a ellos era necesaria: o la formación adecuada, o la experiencia acumulada a lo largo del tiempo. La relativamente lenta evolución tecnológica durante algunas décadas quizá dejaba fuera del juego profesional a los operarios menos cualificados, pero por otra parte era favorable para aquellos que podían dejar en manos de las máquinas tareas monótonas y podían dedicar más tiempo a la innovación y a la implementación de mejoras en el desarrollo de los sectores y mercados existentes.


La devastadora crisis ha venido de la mano de esa nueva revolución que lo ha puesto todo patas arriba. Ya no basta con formarse, la formación pertinente obtenida en una carrera universitaria o en un grado de formación es solo una pequeña parte de lo necesario para abrirse paso en la sociedad actual. Los cambios en cualquier entorno de negocio se han acelerado vertiginosamente y cualquier profesional que pretenda, ya no solo ocupar un puesto, sino permanecer en él, evolucionar y prosperar a nivel personal y profesional, debe realizar un esfuerzo extra y añadiéndole a la que haya sido su formación inicial un constante reciclaje que le proporcione las herramientas necesarias para gestionar con éxito esos veloces y constantes cambios. Las profesiones de ayer poco o nada tienen que ver con las del mañana. A lo sumo se basan en una fusión entre lo que hasta ahora era el mundo real y lo que a día de hoy se conoce como el mundo virtual. Así pues, ninguno de nuestros abuelos se planteó jamás que de mayor podía llegar a ser un especialista en: marketing, networking, e-Commerce, trafficker, community manager, digital identity planner, personal brand manager, terabyter o lifelogger... por poner algunos ejemplos de la nueva terminología que cada vez suena más en nuestros oídos, que se está convirtiendo en las que serán las profesiones del futuro y para las cuales la formación, aunque importante, no es nada más que una base, pero lo que se recompensa al final, es el reciclaje y la reinvención constante.

Difícilmente cualquiera que hoy inicie su vida laboral en un puesto concreto o en una empresa determinada, terminará jubilándose ahí, donde empezó todo. Lo más probable es que a los pocos años de iniciado su periplo laboral su currículum sea extenso y se haya desarrollado a lo largo de numerosas empresas y en distintos cargos y ocupaciones, y ojalá que así sea, ya que eso demostrará esa capacidad de reciclaje y de reinvención por parte del profesional en cuestión. Cualquier caza talentos que eche un vistazo a un currículum con las citadas características verá con buenos ojos al aspirante para el puesto vacante.


La era de “la especialización” ya es historia. Hoy en día es necesario mantenerse alerta para formar parte de mercados que cada día son más competitivos y potenciar y desarrollar las capacidades profesionales en cursos de formación adicionales, ya que incluso directivos o empresarios deben estar constantemente poniéndose al día para alcanzar la velocidad a la que nos arrastra esta “nueva Revolución Industrial” y estos trabajos del futuro que han venido para quedarse.

Al margen de lo dicho hasta ahora, y ya a título personal, mañana acudo a la fiesta de graduación de mi hijo mayor que ha terminado su formación en el bachillerato y que pronto iniciará su etapa universitaria. Imagino que como un padre o una madre más, allí estaré yo, encantado de presenciar la ceremonia y relativamente orgulloso de mi hijo por sus calificaciones obtenidas (que no es que se haya esforzado mucho, el muy canalla), pero esperanzado. Esperanzado porque lejos de ser un estudiante brillante, mi adolescente hormonado y cercano a su graduación, es un tipo creativo, y eso es un plus. Él no sabe, en realidad ninguno sabemos qué profesiones, oficios o trabajos serán los del futuro inmediato. Desconocemos que tipo de técnicos u operarios podrán tener una larga vida profesional antes de que la tecnología o un nuevo modelo de negocio arrase con su puesto de trabajo, pero... una mente creativa será necesaria en cualquier lugar, eso siempre.

Créditos imágenes: (1) Ivan Shuterland frente a su invento: el Sketchpad. Imágenes (2, 3, 4 y 5) Publicidad de cursos CEAC aparecidos en prensa y revistas de los años 60 y 70.

viernes, 25 de abril de 2014

El hombre milagro

Jordi Collado; un viejo amigo de la infancia y vecino de mi barrio, el Poble Sec, y con quien comparto almuerzo de vez en cuando, es, sin lugar a dudas, “el hombre milagro”.

Como ejemplo significativo baste decir que –teniendo en cuenta cómo está el patio-, a día de hoy sigue conservando su empleo en una inmobiliaria cercana a mi estudio. Pese a la burbuja, pese a la crisis, y pese a que la venta y alquiler de pisos y locales ha caído en picado, ahí está Jordi en la mesa de su despacho contemplando como el resto de mesas en las que se hallaban sus compañeros están ahora vacías debido a los numerosos despidos de los que “milagrosamente”, él se ha librado, aunque siempre sale de sus labios la desesperanzadora frase de: “por el momento, por el momento...”.

Dada la proximidad de nuestros respectivos lugares de trabajo no son pocas las ocasiones en las que Jordi y yo nos cruzamos por la calle, así que cuando ambos vamos bien de tiempo compartimos un café con pastas, charlamos de nuestras cosas y recordamos viejos tiempos. Precisamente, el pasado martes día 22, y antes de la festividad de Sant Jordi, su santo -santo que por otra parte parece llevarlo pegado a su espalda como fiel ángel de la guarda-, Jordi y yo nos sentamos en la terraza de un bar y mientras saboreábamos unos Donuts y el humo salía de nuestras tazas de café, recordamos diversos episodios de esa época en la que fuimos niños y de nuestras correrías por el barrio, y nuevamente constaté que “el hombre milagro” estaba allí, sentado frente a mí limpiándose el azúcar glaseado de su Donut con una servilleta de papel.

Jordi era un niño de 10 años que estudiaba en la Academia Montserrat, en el número 6 de la calle Teodor Bonaplata. Aparentemente aquel 21 de mayo de 1974 era un día normal; por la mañana su profesora de matemáticas le felicitaba por su 10 en un examen (milagro donde los haya, ya que para mí, un diez en matemáticas en mi infancia hubiese sido como poseer un billete de 500 Euros en la actualidad). En el patio jugó al fútbol antes de dirigirse al comedor de la escuela y aunque no lo recuerda bien seguro que marcó algún gol. Las clases de la tarde se siguieron una tras otra hasta que fue acercándose la hora de guardar los rotuladores Carioca y la goma Milán (con olor a nata) en el plumier, descolgar las chaquetas de los percheros y largarse del aula para regresar a casa.

Quedaban escasos minutos para que el portal de la escuela Montserrat se abarrotase de madres en busca de sus hijos; según recuerda Jordi, eran más de 200 personas las que podían congregarse allí entre madres, abuelas y alumnos del centro.

La cotidianeidad de cada día se rompió de repente por un tremendo estruendo que sacudió la clase. Los alumnos se miraron entre ellos y de inmediato clavaron sus ojos en el profesor al que hallaron agarrado a su mesa como si le fuese la vida en ello. Su rostro se mostraba pálido y automáticamente se dirigió a sus alumnos preguntándoles si estaban bien, a lo que ellos, desconcertados, respondieron tímidamente con un “sí”.

El profe les pidió que permaneciesen en sus sitios mientras que él salió a averiguar qué había pasado. Al abrir la puerta de la clase un fuerte olor a gas penetró en el aula. Los alumnos, no haciendo el menor caso al profesor, se levantaron de sus pupitres y se agolparon en la puerta en un incesante intento de esquivar cabezas para poder ver qué había en el exterior.

El suelo y la escalera de acceso al piso inferior donde se hallaba la portería de la escuela habían desaparecido, en su lugar todo eran escombros bajo los cuales, Jordi, recuerda perfectamente los gemidos de una madre y de su hijo que fueron sepultados, pero que afortunadamente pudieron ser rescatados ilesos. Apenas cinco o diez minutos más tarde, la explosión de gas que se produjo aquel 21 de mayo de 1974 hubiese sido una terrible tragedia que se hubiese llevado por delante las vidas de aquellas 200 personas de las que Jordi me hablaba. Prueba de ello fue que el almacén de tubos de goma que se hallaba al lado de la escuela, sufrió también terribles daños en sus paredes y las mesas de sus despachos volaron por los aires hasta el otro extremo de la calle que se llenó de gran cantidad de cristales rotos.

Terminándose su café e insistiendo en invitarme al desayuno, recordándome que la última vez pagué yo, Jordi me contaba como él y el resto de sus compañeros salieron del aula bajando por un tablón de madera que unos operarios colocaron para sustituir a la desaparecida escalera.

Recordamos también aquellas tardes en las que él venía a jugar a mi casa, o iba yo a la suya. En ambos casos pasábamos el rato en el balcón junto a las bombonas de butano. Todos los balcones que rodeaban los patios interiores de nuestras casas mostraban sus bombonas de butano, imprescindibles para el gas de las cocinas o para mantener encendidas las estufas en invierno, pero que visto a día de hoy... era como jugar en un campo de minas, ya que por aquellos tiempos, a nivel doméstico, no existía ningún tipo de control analizador de gases, e incluso, en nuestra más ingenua candidez, alguna tarde la pasamos parapetados tras las bombonas de butano del balcón en el que jugábamos y disparando con las carabinas de aire comprimido a las bombonas de los balcones vecinos. Nos encantaba escuchar el “Clinck” que producía el impacto del perdigón sobre el envase metálico de aquellas bombas. Afortunadamente a eso jugaba con Jordi y estaba claro que nada podía pasarnos, que por algo él es “el hombre milagro”. De haber jugado a dispararles a las bombonas con otro crío, a día de hoy, ambos, seríamos micropartículas flotando en el aire.

Jordi y yo salimos de la cafetería, y antes de despedirnos para ocuparnos de nuestros asuntos, hice con él una última reflexión:

—Jordi... Alguna vez te ha tocado la lotería? —le pregunté.
—No, nunca he comprado —me respondió.
—Tampoco yo —le dije—, pero ya que te tengo aquí...

Hice que Jordi me acompañase a un puesto de lotería cercano y compré un número para el sorteo de mañana sábado. Se lo restregué por la espalda, hice que lo tocase y entre risas nos despedimos hasta una próxima vez.

En caso de que no volváis a saber más de mí es que Jordi realmente es “el hombre milagro”, y que gracias a él, pasaré el resto de mis días en una playa paradisíaca y rodeado de mujeres desnudas.

viernes, 28 de marzo de 2014

“Ahí viene!”

Mark Twain, en su novela “Roughing It”, narra el viaje que realizó desde Misuri a Nevada  en busca de fortuna y en plena época de la fiebre del oro, y cuenta también como a lo largo de su ruta en diligencia, y al grito de “Ahí viene!” lanzado por el conductor, los viajeros asomaban sus cabezas por las ventanas del carromato para observar al veloz jinete de la compañía de correos Pony Express que pasaba ante ellos al galope tendido, les saludaba con la mano y desparecía a toda velocidad por el horizonte del desierto. Mientras, los viajeros, le animaban con aplausos, gritos de ánimo y boquiabiertos al ver a la asombrosa velocidad a la que se desplazaba. Contaba Mark Twain, que: “de no ser por las huellas del caballo impresas en la arena después de que la visión hubiera desaparecido como un relámpago, podríamos haber dudado si habíamos visto de verdad a un hombre a caballo, ya que todo era tan repentino que más bien parecía un destello irreal de la imaginación”.

Obviamente, entre mis lecturas de infancia en los años 70 y las películas del Oeste de los sábados por la tarde en la tele, de mayor... yo quería ser un jinete de la Pony Express.

Por entonces yo era demasiado pequeño, así que me limitaba a jugar con mi fuerte y mi diligencia de la Wells Fargo de la casa Comansi, y siempre, entre mis indios y vaqueros de plástico, había uno que era el encargado de repartir mensajes, paquetes y correos y que se trataba –ni más ni menos- que del veloz jinete de la Pony Express.

También es cierto que cuando ya tuve una edad; pero interesado siempre por todo cuanto aconteció en el Far West, leí un cartel en una vieja revista norteamericana de la época (aproximadamente del 1860) en el que se solicitaba a jóvenes que quisiesen trabajar en la compañía y en el cual se exigían los siguientes requisitos: “Jóvenes enjutos y fuertes, menores de 19 años, jinetes expertos y dispuestos a jugarse la vida todos los días. Preferentemente huérfanos”, y todo eso por 25 Dólares a la semana. Glubs! La Pony Express ya no existía porque desapareció en 1960 después de 100 años de servicio, pero aún y así... creo que no hubiese echado la solicitud.

Además, para que nos vamos a engañar, cuando por Navidad venía el cartero a casa a entregar su tarjeta postal y a pedir el aguinaldo, toda la épica de esos hombres duros, robustos y que cruzando a caballo desiertos y praderas forjaron la leyenda del fuerte individualismo norteamericano... se esfumaba en el acto. Aquel señor de uniforme azul, con gorra y cartera cruzada llena de cartas y al que mi yaya Lola despachaba dándole un par de duros, no tenía el menor aspecto de jugarse la vida todos los días enfrentándose a forajidos, salteadores de caminos ni a indios hostiles. Como mucho, los carteros que iban en bicicleta, tenían que acelerar un poco los pedales ante la ocasional persecución de algún perro que anduviese suelto por el barrio, pero poca cosa más.

Actualmente dicen que internet y las tecnologías lo pueden todo, pero curiosamente, cuando nos vemos en la necesidad de mandar un paquete, no nos queda otra que reclamar los servicios de alguna compañía de mensajería. Personalmente, mi trabajo, que consiste en escribir textos o realizar ilustraciones para editoriales, puedo mandarlo por correo electrónico o a través de Wetransfer, un servicio magnífico que por arte de magia y en ese mismo “destello irreal de la imaginación” con el que Mark Twain describía la velocidad a la que se desplazaban los jinetes de la Pony Express, mi trabajo pasa de mi mesa de trabajo a la de mi cliente, ya sea que se encuentre a escasas manzanas de distancia o en los Estados Unidos. Asombroso!

Pero a pesar de todo esto –y hasta que no sea posible escanear un paquete y literalmente, teletransportarlo-, deberemos recurrir a una empresa de mensajeros para que nuestros envíos lleguen a su punto de destino.

Eso sí... tanto si se trata de envíos nacionales, como de envíos internacionales, siempre existe alguna página web que nos permite, incluso, realizar una comparativa de las diferentes empresas de paquetería para que nuestros envíos puedan salirnos a mejor precio.

Así que, vale! Internet y las tecnologías lo pueden todo, pero hasta la fecha, siguen siendo necesarios, de algún modo... los chicos de la Pony Express.