viernes, 30 de octubre de 2009

Es cosa de hombres


Terminaron las vacaciones y tocaba incorporarse a un nuevo curso escolar, así que allí estábamos todos estrenando aula para el que iba a ser nuestro último año de permanencia en aquella escuela y pasar a lo que entonces se llamaba el BUP. Los pupitres revelaban el paso de anteriores alumnos que con las agujas del compás habían dejado sus nombres grabados y reseguidos con la tinta de los bolis Bic. También habían escritas algunas divertidas obscenidades y algún que otro apunte o fórmula matemática que tenía todas las pintas de ser alguna chuleta en vistas a un examen.


Aún no eran las nueve en punto de la mañana, la Señorita Isabel no había llegado todavía y algunos compañeros iban entrando y ocupando los sitios vacíos tratando de ponerse al lado de los que eran sus más afines. Cristina hizo su aparición en clase y pasó a acaparar la atención de cuantos allí estábamos. Durante ese verano entre séptimo de EGB y octavo, después de casi tres meses sin verla, había dado un cambio total. Siempre destacó por su naturalidad, desparpajo y saber estar, pero en esas vacaciones la naturaleza se había esmerado con ella moldeándola a conciencia. Las peculiaridades de la nueva aula ocuparon un segundo plano ante esa Cristina que en Julio se despidió de nosotros siendo una niña y que aparecía, ahora, convertida en una espléndida mujer. Cris, que así era como la llamábamos, era un pedazo de chica de quitarse el sombrero, y al parecer, eso no había afectado en absoluto a su simpatía y a esa manera que tenía tan particular de mostrarse amable con todo el mundo.


Sus amigas y compañeras que habían compartido con ella desde primero de EGB fueron las primeras en saludarla, en lanzarse a sus brazos y en mostrarse encantadísimas de volver a verla. Incluso alguna lágrima se derramó por parte de algunas que se sintieron súper emocionadas por el feliz reencuentro. Los tíos no llorábamos por eso. Nos alegraba reencontrarnos también, y nos dábamos collejas, empujones o lo que fuese necesario, pero... Llorar? Menuda mariconéz.


Con el paso de los días y del normal devenir del nuevo curso, las mismas amigas que se deshicieron en halagos ante lo hermosa que estaba Cristina, no tardaron en empezar a comentar por los rincones que al parecer, ese verano, la Cris... se lo había montado con más de uno en el pueblo de su madre. La Asun -su amiga del alma- llegó a decir que hasta había perdido la virginidad y que lo sabía de buena tinta ya que la propia Cris se lo había contado. Alguno preguntó que qué era eso de la virginidad, y como era de esperar en un cole de barrio, la respuesta no pudo ser más clara:


—Pues que se la han follado. Capullo!

El único pecado que cometió Cristina durante ese verano, lo que realmente sus amigas no le pudieron perdonar jamás, fue que les había tomado la delantera, y que mientras que ellas continuaban luciendo unas piernas escuálidas, unas formas rectas y unos pechos planos, Cristina mareaba con sus curvas incluso al “profe” de geografía del que todas, sin excepción, estaban loquitamente enamoradas.

Tal fue la propaganda a la que toda la clase fue sometida durante ese primer trimestre sobre los excesos que, al parecer, la Cris había cometido en el pueblo, que la falacia fue cobrando un incuestionable aspecto de realidad. La Cris se levantaba para tirar algo a la papelera y a la Asun le faltaba tiempo para llamar la atención de todos cuantos estaban sentados en los pupitres cercanos.

—Mirarla, mirarla como mueve el culo. Hay necesidad de exhibirse tanto? Ha vuelto hecha una puta!

Tanto se repitió que “la Cris va salida, la Cris va salida, la Cris va salida” que le cayó el apodo de “Crisálida”. No hay que decir que el primer golpe que recibió fue cuando se enteró de a cuento de qué se le había puesto ese mote. Recuerdo que rompió a llorar no entendiendo el motivo de semejante escarnio al que hasta ese día, ella había estado completamente ajena. Por fortuna, allí estaba Asun para consolarla y para decirle que no se preocupase y que quienes le decían eso lo hacían simplemente por envidia.

Tres pupitres por detrás se encontraba el Ortega. El pobre ya había sido un aspirante a gusano en quinto de EGB, en sexto se consolidó como tal. En séptimo fue un gusano profesional y en octavo le hubiesen podido llegar a dar un master. Su aspecto de macarra barato lo decía todo de él, y por lo que se ve, junto a sus secuaces había planeado calzarse a la Cris a lo largo de ese último curso en la escuela.


—A esta me la tiro yo por mis cojones.

—No hay huevos tío. Demasiado mujer para ti.

—Seeh, ya, pero... Qué no veis que es una guarra? A esta le entro bien y me la follo fijo.


Cristina, que ya era plenamente consciente de todo y cuanto se decía de ella, fue dejando poco a poco de ser esa chica tan extrovertida, se le agrió algo el carácter y empezó a desconfiar de todos en general. Alguna vez, no obstante, había conseguido hacerla reír con alguna de mis payasadas, y la clase, el patio, o la estancia en la que nos hallásemos, por amplia que fuese, se iluminaba con su amplia sonrisa y el brillo de sus ojos, pero... Asun seguía siendo su confesora, su paño de lágrimas y su hombro amigo sobre el que llorar; luego, le faltaba tiempo para largarles a los demás su maliciosa versión de todo cuanto su amiga le había confiado.


A los oídos de Ortega llegó el rumor de que si la Cris estaba triste, era porque se moría por sus huesos, pero que como él era el más chulo de la clase, lo más probable sería que no quisiese saber absolutamente nada de ella. Desde el día en que Ortega ante sus amigos sentenció cuales eran sus intenciones con respecto a Cris, que ya había dado algunos pasos tanteando el terreno, pero después de conocer esa noticia no le quedó la menor duda de que la chica andaba por él, pero que aún y a pesar de ser un zorrón no se atrevía a lanzarse de lleno.


—Claro —pensaría Ortega—. A lo mejor es que me ve demasiado hombre para ella.


Ortega se dispuso a cumplir con su objetivo convencido de su éxito y no dudando ni por un solo instante de sus posibilidades.


Una tarde, en el patio de la escuela, andábamos cada uno a la nuestra y en los grupitos habituales de siempre; el Vallcanera, el Boliche y yo nos encontrábamos sentados en nuestra esquina comiendo nuestro bocadillo y charlando de nuestras cosas. El resto de chicos jugaban a la pelota y las chicas aunque simpáticas en general, estaban deseando terminar octavo, pasar al instituto y tener la posibilidad de conocer a chicos mayores, nosotros empezábamos a ser poca cosa.


Al poco rato unas voces llamaron la atención de todos. Alguien estaba discutiendo cerca de la puerta de los lavabos y la cosa parecía ir en serio.


—Suéltame idiota! —Cris le gritaba a Ortega que la tenía cogida de uno de sus brazos.

—Pero que coño te pasa tía?

—Que me sueltes te digo! —insistía.


Sin soltarle el brazo Ortega levantó su puño por encima de su cabeza y lo descargó con todas sus fuerzas sobre el rostro de Cristina desarbolándola completamente y tirándola al suelo. Seguidamente se giro y se dirigió a los suyos, tieso y triunfante como si se hubiese tragado el palo de una escoba.


—Será puta la asquerosa esta? No te jode la tía? —iba diciendo con una media sonrisa en su cara mientras se acercaba a un puñado de espectadores satisfechos.


Ortega no consiguió su trofeo, pero aquella acción viril le hizo revalidar ante sus amigos el título de macho alfa.


—Haz algo tío —me dijo el boliche en voz baja y sin dejar de mirar como Cristina lloraba arrodillada en el patio.


Me levanté y me acerqué a ella. No sabía esa vez cómo podría arrancarle una sonrisa. El Ortega me daba absolutamente igual; ni me planteé encararme con él en ningún momento. Cristina estaba ahí y ninguna de sus amigas se acercaba ni a ver qué tal estaba.


—Y tú? Qué quieres tú? —me preguntó clavándome sus ojos llorosos—. Déjame en paz. Quieres?


El timbre anunció el final del patio y de regreso a clase algunas compañeras miraban a Cristina como pensando “Tía... no puedes andar calentando a un tío para luego nada”.


El paso del tiempo determinó que Cristina "crisálida" terminase convirtiéndose definitivamente en mariposa y tomando el control de una vida; su vida. Ortega, el gusano... no pasaría nunca de capullo y terminó ocupando durante una buena temporada una celda de la prisión Modelo de Barcelona por un largo sinfín de asuntos sucios. Pero en aquel momento y ante una compañera llorando en el suelo del patio de la escuela, nada pude hacer. Estaba de más mi actuación o la actuación de cualquiera en una España en la que aporrear a una mujer... tenía premio.



11 comentarios:

JuanRa Diablo dijo...

Me ha parecido estar viendo las escenas de alguna película sobre la época. No se te daría nada mal hacer guiones cinematográficos, ¿eh?

Ya ves, Kioskero, en unos años cómo han cambiado las cosas y lo desfasado que queda ver hoy anuncios como los de Soberano.
Pero después de varias décadas poco hemos avanzado en algunos aspectos: hoy no estará bien visto pegar a una mujer, pero sigue habiendo una lacra con el maltrato y el abuso de poder sobre ellas. Me pregunto qué coño pasa para que seamos tan prehistóricos en este punto.

Estel dijo...

Yo no pienso que se haya avanzado nada Juanra. Queda desfasado ese anuncio tal como dices, pero sigue sucediendo lo mismo.
Hoy mismo han dejado en la calle a un violador reincidente que acosó a varias mujeres y sus acosos solo le han costado 200 euros de multa.
Debajo de las apariencias políticas de que se está haciendo algo, no pasa nada en realidad.

Buen relato Sergi :)

abril en paris dijo...

Lo del patio de colegio siempre ha sido más o menos asi..lo verdaderamente triste es
que " algunos" se han quedado alli y no para bien. Bueno digamos que han cambiado un patio por otro ( el de la cárcel )
Se necesitarán otros cuántos lustros
más o volvemos a las cavernas..;-(
Un abrazo.

El kioskero del antifaz dijo...

JuanRa y Estel: Creo que en realidad estáis hablando de lo mismo. JuanRa también está comentando que no se ha avanzado demasiado salvo en el aspecto de que hoy en día... queda mal visto.

Tienes razón Estel en lo de que con ese violador se ha cometido una de esas gilipolleces perpetradas por algunos jueces, pero pese a todo, cuanto menos, hoy en día se intentan poner podedidas, pocas e ineficaces, pero... se hace camino al andar.

Abril: No creo que volvamos a las cavernas (no aún), pero si que es cierto que para algunos temas las cosas parecen ir muy lentas.

Besos ;-)

María José dijo...

Real como la vida misma, si señor!! en esos momentos la mayoría de las niñas no sabíamos que hacer para disimular nuestros cambios, nosotras eramos las más asombradas y a veces , muchas veces, deseas que la tierra te trague. Dificil edad.

Saludos

Iconos dijo...

Buenos días a todos! Todos tenemos en nuestro recuerdo una historia semejante a la que El Kioskero ha relatado con tanta sensibilidad. Las cosas, quiero creer, están cambiando. El problema es que esta transformación es demasiado lenta. Y se sigue produciendo esa situación de barrenar la reputación de una mujer porque ... ¿se tomó un café con su jefe?. Damos crédito a un montón rumores que no debieran ni interesarnos y generalmente son en contra de las mujeres. Aún usamos un lenguaje machista, en el que un vividor es un juerguista y una vividora es, ni más ni menos, que una puta. Lo peor de tu historia, Kioskero, es que hoy en día se sigue repitiendo. Mientras que no cambiemos nuestra mentalidad y la de nuestros hijos, por muchas leyes que se aprueben, seguirán produciéndose injusticias como las que cuentas. Un saludo.

Ana Márquez dijo...

Magnífico como siempre niño, chapó (ya sé que no se escribe así, pero me encanta castizar el vocabulario :-))

En cuanto al Soberano... ¿Sabes? En los setenta mi padre tenía un amigo muy simpático que se llamaba Soberano de apellido. Después del trabajo (mi padre y él trabajaban en el taller de mecánica de mi abuelo),ellos y los demás compañeros se iba a tomar una cerveza a un bar que había al lado de dicho taller. Yo tenía pillada la hora, y siempre me iba al bar porque sabía que alguien, mi padre o sus compis, me iban a comprar una bolsita de cacahuetes o pipas o patatas fritas Matutano, o cualquier otra cosa, mientras ellos se tomaban su cerveza. En el bar, como en todos los bares, había una tele que daba anuncios en blanco y negro. Y siempre recuerdo que cuando salía el de Soberano, el amigo simpático de mi padre siempre me decía: "Anita, fíjate si soy famoso, que salgo en la tele". Lo más divertido, es que Anita, que por entonces tenía seis, siete, ocho años, se lo creía.

Anita también quería tener el pelo largo y rubio y un caballo blanco con el que pasear por una playa desierta, como la chica de Terry... Pero a Anita, la mitad de los sueños se le quedaron en la cuneta.

Besitos!

El kioskero del antifaz dijo...

María José. La naturaleza es así de caprichosa, pero por otra parte... os deja así de guapas ;-

Iconos. Las cosas cambian, pero en algunos casos sólo lo hacen en superficie. La realidad es que no se condena a un maltratador con una especial contundencia. Yo creo que por parte de muchos sectores aún sigue estando bien visto.

Ana: Divertida la anécdota.

Tremendo que la vida te arrebate tanto en tan poco tiempo, pero... seguro que aún quedan más de esa buena mitad de sueños por los que luchar ;-)

Ana Márquez dijo...

Por supuesto, Sergi, los sueños de publicar libros y hacer exposiciones sí se me cumplieron :-) Lo q pasa es que estoy de bajón y últimamente sólo veo la parte oscura. Oyes, a ver cuándo nos pones el video aquel del brandy Terry, el de la chica rubia y el caballo blanco. Besitosssss

Antonio Saz dijo...

magnífico tío.... gran blog

MP3 Music dijo...

Menudo genio que stas hecho este blog me tiene flipando