lunes, 23 de noviembre de 2009

El poder de convertir un sueño en realidad

De pequeños lo teníamos muy claro; reposábamos nuestro trasero sobre el suelo de sintasol de la habitación, escampábamos los moldes y utensilios varios de nuestro juego de plastelina y le dábamos forma a todo cuanto nos pasaba por la imaginación. Cualquier ser o cachivache fantástico que se colase durante un instante por nuestra mente terminaba “existiendo” entre nuestras manos y ante nuestros ojos de un modo casi mágico. Teníamos ese poder, esa capacidad todopoderosa de moldear a nuestro antojo cualquier sueño hasta llegar a convertirlo en una realidad palpable. Poseíamos la fuerza necesaria para sumergirnos en nuestro mundo interior hasta conseguir que éste terminase compartiendo espacio con nosotros en el suelo de sintasol y eso, nos parecía de lo más normal.

Luego, de mayores, la vida nos lleva de acá para allá, nos pone en situaciones complejas, absurdas, terribles, comprometidas... nos obliga a tomar decisiones difíciles e incluso, en ocasiones duras. La magia desaparece, la realidad se convierte en una masa informe de color gris similar a la pelota de plastelina en la que terminaban convertidos nuestros sueños cuando después de jugar un rato con ellos, los deshacíamos emborronando sus vivos y llamativos colores, pero nos daba igual, se trataba simplemente de un juego.

Es posible que hoy, una vez creciditos, le demos excesiva importancia a la bola gris. Es incluso probable que hayamos perdido esa capacidad todopoderosa de moldear nuestros sueños hasta convertirlos en realidades palpables. Quizá lo que sucede es que aprendimos muy poco de aquel niño que nos enseñó a utilizar nuestra imaginación, o puede que tan sólo... lo hayamos olvidado.

Desatender los consejos de viejos es de inconscientes, pero olvidar lo que nos pudo enseñar un niño... es imperdonable.

Créditos de las imágenes: .-1) Plastelina escolar. Colección particular. -2) Sueños palpables creados por niños del Esplai Natzaret.

10 comentarios:

MONICA dijo...

Me gusta esa caja de plastilina :) muchas gracias por este post para modelar. besitos y buena semana

La chica dijo...

Yo también creo en la enorme fuerza de proyectar y visualizar, para más tarde modelar nuestros sueños.

abril en paris dijo...

¿ Pero de qué material están hechos
los sueños..? Posiblemente de plastilina...y si no es asi deberia
serlo. ¿ Hay cosa más gustosa que
apretar y modelar a nuestro antojo ?
¡ Qué entrada tan llena de color !
No importa que está nublado Kioskero!
Un abrazo.

JuanRa Diablo dijo...

Ah, jugar con plasti... Y ese olor característico en las manos y ese ribete de color que solía quedarnos entre las uñas, y aquellas figuras en las que habías puesto tanto empeño y conseguido tanto realismo que te costaba mucho destrozar y la conservabas tanto tiempo que se volvían duras.

Me quedo con el recuerdo y con esas dos líneas magníficas con las que concluyes.

Un saludo!

Mandarina dijo...

me ha encantado tu exposición del tema, me gusta mucho la idea de crear y no solo de destruir o verlo todo negro

hay que ponerse las gafas de colores para ver mejor lo que nos rodea y no las empañadas...

gracias!!

Iconos dijo...

Era muy pequeñita la primera vez que aquellas lindas barras de colores se convirtieron en una enorme bola grisácea. No entendí en ese momento qué pasó, por qué la mezcla de colores producía una cosa tan fea. Esto no es grave, fue un juego de niños. Lo grave es que ahora, siendo mucho más mayor, permito muchas veces que los sueños de colores se transformen en una bola sucia. Kioskero: me has removido algo que estaba muy al fondo. Un abrazo.

Florenci Salesas dijo...

Oh ¡que entrada tan lírica! (es coña, sí, pero no tanto, eh).

Parece mentira lo que pueden llegar a evocar unas cuantas barritas de plastilina. Estoy totalmente de acuerdo contigo ¿hay álguien que haya sido antes niño --o sea, un poco ser humano-- y no lo esté?

Lo que ya has dicho otras veces sobre lo de hacerse mayor y tratar de no olvidar el niño que fuímos es también muy cierto, aunque a veces duele un poco. Lo ideal sería convertir ese sentimiento de pérdida en algo positivo, aunque no siempre es tan fácil. La plastilina, como tantas cosas --sobretodo buenas, pero también alguna malas, ojo-- de las que hablas nos recuerdan algo que según cómo siempre vivirá en nosotros, pero según cómo se fue, ya no volverá más. La sensación de pérdida es inevitable. Luego, cuando tienes hijos, vuelves a sentir como la plastilina (entre otras cosas, algunas nuevas, ya que los tiempos cambian, claro) regresa a tu vida y, de algún modo, revives tu infancia. Más tarde tus hijos se hacen mayores y la plastilina, los cuentos que le leías, sus juguetes más inocentes se van al armario --cuando no al hijo pequeño de la vecina, o a la basura si están hechos polvo-- para no volver ya más. Es como una segunda pérdida. Perder la niñez de nuevo, si nos ponemos depresivos, és como una especie de doble putada ¡No quiero ni pensar el remate que me harán mis nietos al crecer cuando ya sea un vejestorio!

Bueno, amigos y amigas (en honor a nuestros maravillosos amigos de IC), deseo que cada uno lleve todo eso lo mejor posible y lo positivice sin necesidad de acudir al prozac. Como mucho, acudid a un colacao y de paso os vitaminais y vitaminizais.

Saludos Sergi.

María José dijo...

¡¡ Hoy te ha dao la vena filosófica!! lo de la bola gris... es verdad oye, siempre terminaba igual!!! que coraje me daba!!!

saludos

Ana Márquez dijo...

A mí me encantaba la de color azul, esa procuraba no mezclarla nunca con las demás, no soportaba que se convirtiera en gris, un color que detestaba.

Guapa la entrada :-) Besitos

Alfon. La vida desde el lago............................................................................................ dijo...

Yo siempre llevo una bola de plaste roja en el bolsillo por si acaso. Es un poco guarrería, sobre todo cuando se enreda con el kleenex usado, pero...
Tienes un final a medio camino entre Osho y Kung Fu, mi loado kioskero.