viernes, 11 de diciembre de 2009

La Noche Buena del tamborilero

El mismo año que el hombre llegó a la luna, pero unos meses más tarde -en Navidad- descubrí otro de esos fenómenos a los que no puedes dar crédito de su existencia, a menos... que no hagas un acto de fe: Raphael.

Un personaje histriónico, dotado de una gran voz, pero de una afectación expresiva que llega a despistar de su interpretación vocal para centrar la atención del espectador en una sorprendente exhibición de ademanes y muecas extremas que han ido en aumento paralelamente con la edad del personaje. Pese a ello, Raphael fue un clásico en las Noche Buenas de nuestra infancia

El tipo, al parecer hacía ya algún año que nos felicitaba las fiestas con la canción del tamborilero y que a partir de que yo le descubrí, siguió utilizándola para lo mismo, año tras año. Bien parecía que Raphael estuviese padeciendo paperas de un modo permanente, ya que tenía unos mofletes considerables que le hicieron merecedor del sobrenombre de “El sopla caldos”, que así era como le llamaba mi yaya Lola. Yo no sabía qué eran las paperas hasta que en clase, algún compañero me dijo que las paperas eran una enfermedad que si la tenías de niño no pasaba nada, pero que si la padecías al hacerte mayor te destrozaba los huevos y ya no podías tener hijos (Qué tendría que ver esa parte de nuestra anatomía con los hijos? Era un misterio para mí, la verdad). Ni que decir tiene que cada vez que veía a Raphael por la tele, me agarraba mis partes con ambas manos y aguantaba la respiración temeroso de que el sopla caldos me contagiase esas malditas paperas.

El caso es que la otra noche, en casa y sentado placidamente en el sofá después de cenar, mi mujer y yo vimos a Raphael anunciando un producto de ADSL de una compañía telefónica y haciéndonos partícipes de una de esas múltiples y cansinas ofertas con las que últimamente nos bombardean sin cesar. El escenario del spot era un salón con un árbol de Navidad y una familia, y como no... en este regreso a los 70 que desde hace algún tiempo estamos viviendo y del cual participa este blog, la música de fondo era "la canción del tamborilero"; la misma que nos anunciaba la llegada de la Navidad en esos tiempos de coderas de escai en el suéter y de pantalón corto incluso en medio del más crudo invierno.

Visto lo cual... no se me ocurre nada más adecuado para felicitar las Pascuas a cuantos den con esta entrada que la de ofrecer este video y desearles a todos un feliz... 1970 (?) ;-)

6 comentarios:

MT dijo...

Desde el extremo sur de la peninsula, también te deseo un feliz 1970... digo un 2010.

saludos de Manolo

Loli dijo...

Feliz Navidad, Sergi, precisamente hoy estuve escuchando el tamborilero con Raphael, que es mi versión favorita, en el Spitify (genial este programa). Besos. loli

Alfon. La vida desde el lago............................................................................................ dijo...

Desde el medio centro peninsular me sumo a las felicitaciones para que el próximo 1970 esté lleno de salud y alegría. Por cierto, que no sé yo por qué, pero el Rapa, a pesar de todo, es un tipo que siempre me ha caído simpático.

JuanRa Diablo dijo...

¿Paperas dices? Pero si se metía los mofletes para adentro como si se los fuera a tragar... :D

Bon Nadal, Sergi y un 2010 muy muy setentero!!

Ana Márquez dijo...

Pues mira, ahí estaba muy comedido, jajaja. Ahora sí que está histriónico y requetecargante. A mi madre le gusta, oyes, y es que hay gente pa tó.

Atención a las orejas de los niños del coro. Hace tiempo que pienso que hemos dado un salto evolutivo en este país. Los niños de antes tendían a ser feos, morenos, delgaduchos y orejidumbos. Ahora es raro el niño que nace feo o moreno, o con las orejas de soplillo. ¿Sus habéis dado cuen? Y eso que aquella de los setenta, ya era la generación del Cola Cao, ya no pasaron hambre como los padres.

Felices fiestas, Sergi, y mejor año 2010, a ver cómo si éste se presenta con menos mala uva. Un besazo grande para ti y los tuyos.

Ana Márquez dijo...

" a ver si éste se presenta con menos mala uva" he querido decir, o me como las palabras y las pongo de más. Qué mala es la vejez...