lunes, 10 de mayo de 2010

Gusanos de seda (Remembering)

En los 70’s la gran mayoría de niños y niñas tuvimos gusanos de seda como animales de compañía, ya que; ocupaban menos espacio que un perro, necesitaban muchos menos cuidados, y no resultaba especialmente necesario sacarlos a pasear. Claro que también había quien tenía perros, pero eso ya era más un lujo que otra cosa para los que vivíamos en barrios humildes tales como el Dry Village en los que no estaba el horno para bollos.

Los gusanos de seda siempre fueron bienvenidos por aquellos niños que les pedíamos una mascota a nuestros padres. Quizá si que nos esperábamos algo más que gusanos, pero cuando nuestras madres nos explicaban todo el ciclo biológico del que íbamos a ser testigos con el paso de los días... no dábamos crédito y nos quedábamos extasiados y boquiabiertos contemplando a esos pequeños gusanos que, después de hacer un poco el capullo, se iban a terminar convirtiendo en mariposas.

También es verdad que los animalitos en sí... no daban mucho juego; no se les podía lanzar una pelota y esperar a que fuesen a por ella, impensable la idea de bañarse con ellos a la orilla del mar, o la de compartir nuestro rincón en el sofá y ver juntos los dibujos animados. Nada... los gusanos de seda no servían absolutamente para nada de eso. Su única actividad era la de comer y comer hojas de morera y pasar de nosotros como quien oye llover. Por más que nuestras cabezas se asomasen una y otra vez a la caja de zapatos que les servía de hogar ellos mantenían siempre esa actitud de no alterarse por nada.

Cuando uno se hace mayor llega un momento en el que ni piensa en los gusanos de seda; es más... incluso sí nos lo planteamos alguna vez, somos capaces de llegar a la conclusión de que quizá se extinguieron como les pasó a los dinosaurios, pero no... tarde o temprano llega ése día en el que los pequeños de la casa nos recuerdan que los gusanos de seda aún existen y que ellos quieren tener su propia familia de larvas lepidópteras del mismo modo que las tuvimos nosotros 40 años atrás.

Y así es que ahora, en mi casa, han entrado los gusanos de seda para compartir espacio con los jerbos y con un grupúsculo de homínidos que conviviremos en el mismo hábitat y en el que cada uno de nosotros lucharemos por nuestra propia supervivencia.

Reconozco que como a todo buen nostálgico setentero, en cuanto oí hablar de la posibilidad de que una colonia de gusanos de seda entrase en casa, no pude por menos que aceptar e incluso pedirme una pequeña colonia para mí y llevarla conmigo a mi estudio. Quieran que no mi trabajo pide largas horas de soledad, así que, a veces, la compañía es bienvenida, y si se trata de seres silenciosos y autosuficientes... mejor que mejor.

Mi colonia está compuesta por siete ejemplares a los que de modo genérico denominaré “Los siete magníficos”. Individualmente no les pondré nombre ya que eso me haría dudar de mi salud mental, que bueno... afortunadamente no estoy lo suficientemente cuerdo como para tomarme la vida en serio, pero... ponerles nombres a los gusanos sería el primer paso para una buena estancia en el frenopático.

No obstante... (y es que quizá en el frenopático ya hay una habitación esperándome) no he podido resistirme a la tentación de concederle a Benjamín, un interés más allá que el que les concederé al resto de gusanos. Y es que Benjamín es con diferencia el más pequeño de los siete. Se trata de un gusanito que me ha despertado una especial ternura debido a que, además de pequeñajo, está algo falto de salud. No parece que mantenga una actividad como la que mantienen el resto de los suyos, además está un poco dejado de la mano de Dios, y es que la verdad... estos gusanos van cada uno a la suya y no parecen demasiado dispuestos a tenderle una mano (quizá porque carecen de ellas), así que no cabe esperar ningún acto solidario del resto hacia el pequeño Benjamín. Velaré personalmente por su seguridad y por su bienestar, y prometo hacer de Benjamín... un gusano de provecho.

Seguiré informándoles del progreso de Benjamín y del resto de los gusanos que forman mi pequeña colonia “Los siete magníficos”. Les ilustraré algunas entradas en este blog con algunas fotografías y breves textos en los que puedan, al igual que yo, rememorar ésa época en la que los gusanos de seda formaban parte de nuestras vidas. Unas vidas en las que arrastrándonos por nuestra niñez conseguimos llegar a ser unos auténticos capullos en nuestra adolescencia, para finalmente, de adultos, convertirnos en preciosas mariposas... unas más que otros; claro está.

Como homenaje a mis gusanos, al western y a la música de los 60's y de los 70's, les dejo con el tema principal de la banda sonora de la película “Los Siete Magníficos” compuesta por Elmer Bernstein para ése fabuloso western que se estrenó en 1960.

Existen caballos para gusanos de seda?...

7 comentarios:

abril en paris dijo...

¡ Gusano gusanito ! ¿ dónde estás que no te he visto ?- No sé por qué he recordado éstas estrofas de un cuento. ¡ Ah si ! Es por tu historia.
Nunca imaginé que aun se adoptaban gusanos..! Y con nombre y todo..
Esperamos tus partes sobre el estado de Benjamin.
La banda sonora es de las buenas.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Que hartón de reir, por favor...
Muy bueno el post. He revivido mis propios gusanos y los de mi ya capullita adolescente jajajaj
Seguiré con ansia la evolución de los tuyos, especialmente la de Benjamín.
Saludos!
Sílvia

Iconos dijo...

Es un recuerdo muy divertido de un chico de ciudad. Una que es de pueblo-pueblo y del norte-norte, no guarda en su memoria una experiencia así. En mi tierra, los gusanos de seda no podrían resistir el frío. Allí somos más de osos.. pero ¿cómo criar un osezno en una caja?. Los chicos de ciudad siempre fuisteis más espabilados... Un beso.

JuanRa Diablo dijo...

Recuerdo que había uno en clase que además de muchos gusanos de seda tenía unos discos que traían las letras de las canciones. Como yo entonces sólo tenía radiocassette estaba muy interesado en poder copiarme esas letras y se las pedí, pero él a cambio quería hojas de morera.
Ni por la zona del colegio ni por mi casa había tales árboles y me costó mucho hacer ese trueque.
Ya ves, me lo has recordado hoy.

Oye, pues si tú le pones a uno Benjamín deja que yo apode a otro como Lucifer. Sí, justo ese, el de la derecha, el más gordo. :)

El kioskero del antifaz dijo...

JuanRa... eso está hecho. A partir de ahora ése gusano se llamará Lucifer, y además, por su comportamiento en estos últimos días... se ha ganado una entrada que le prepararé en breve ;-)

Florenci Salesas dijo...

¡Muy buena la historia! Me he reído a gusto jajaja... ¿quién no tuvo unos gusanitos de estos? Aunque creo que muy pocos le dimos la dimensió épica, de western que le has dado tu.

Saludos a Benjamín.

Virginia dijo...

Yo, como en mi casa no me dejaban tener gusanos de seda, encontré uno en algún sitio, que debía ser de una fruta o algo así. Le construí una casita en una caja de plástico azul y, oh! terrible error, decidí darle de comer un poco de azúcar mojada en agua. El pobre gusanillo se quedó pegado en el exquisito manjar y yo queriendo despegarle tiré de él y lo partí en dos. Este terrible acontecimiento marcó mi infancia y me sentí el ser más cruel del mundo. Y ya no quise volver a tener más gusanos en mi poder. jajajajaja, qué pena me da todavía cuando me acuerdo de mi disgustazo!! Lo que lloré!!.

Gracias por tu blog, me encanta!!