jueves, 25 de junio de 2009

Underwood Nº 5 y El Nuevo Periodismo

Esta entrada es un refrito que publiqué ya hará casi un par de años y en el que trataba de rendir homenaje a un fenómeno periodístico acontecido durante la década de los sesenta llamado “El nuevo periodismo”, pero en realidad, pongo esta entrada en este blog por un doble motivo: el primero es porque tiene que ver con la época a la que este blog está dedicado, y en segundo lugar aprovecho para presentarles a la vieja Underwood que forma parte de mi colección partidular desde finales del pasado año. Tuve la gran suerte de comprársela a un anticuario por un precio muy bajo, tan bajo, que a la que conseguí colocarme la máquina bajo el brazo y pagar lo acordado, salí corriendo de la tienda por miedo a que el vendedor se pudiese arrepentir del precio al que me la había dejado.

Las máquinas de escribir Underwood nacieron un poco... por casualidad y debido a una disputa entre Thomas Underwood y la empresa Remington. Al parecer, Underwood era un fabricante de cintas para máquinas de escribir y papel carbón con una empresa dedicada a ello en 1895. Al finalizar su contrato con Remington Company como suministrador habitual de dichos materiales, propuso renovarlo, pero recibió una negativa a cambio ya que a partir de ese momento, Remington pretendía fabricar dichos suministros por sí misma. Ante la nueva situación, Underwood compró los derechos de fabricación de una máquina desarrollada por el alemán Frank X. Wagner y logró con ella un inesperado éxito.

El propio Mark Twain acostumbraba a utilizar el modelo Sholes & Gidden 1874 de Remington, pero poco después probó las ventajas que la nueva Underwood ofrecía y decidió quedarse con ella. La empresa Remington no tardó en ponerse en contacto con él para convencerle de que publicitase su producto, a lo que Mark Twain respondió “He dejado de usar su máquina y ahora... sólo me dan ganas de blasfemar sobre ella”.

La Underwood nº 5 que pertenece a mi colección es la máquina de escribir de mayor éxito de la historia. Empezó a fabricarse en Nueva York a finales del siglo XIX y se llegaron a producir más de dos millones hasta que dejó de fabricarse en la década de 1930... y yo tengo una ;-) A saber... quién escribió con ella...

Ahí les dejo mi modestísima aportación a la difusión de “El Nuevo Periodismo”:




En la década de los 60, en Estados Unidos, tuvo lugar un fenómeno que revolucionó el mundo periodístico de la época, a la vez que asustó e hizo sacar las uñas a más de un afamado literato norteamericano. Los historiadores coinciden en apuntar que el desencadenante de dicho fenómeno, denominado “el nuevo periodismo”, fue la publicación del libro “A sangre fría” de Truman Capote, se trataba de una investigación periodística narrada a modo de novela y que llegó a constituirse como la primera en el género de no-ficción.

De algún modo supuso un cambio en la realización del trabajo periodístico llevado a cabo hasta entonces en los rotativos principales de los USA. Los periodistas, cronistas y reporteros de la época encontraron un nuevo modo de llegar al público, que hasta la fecha, recibía las noticias como si se tratasen de poco más que de puras transcripciones de los teletipos. Con el nuevo periodismo, el reportero se convertía definitivamente en escritor, y sin perder de vista la objetividad le transmitía al lector una “verdadera esencia literaria” con cada una de sus crónicas.

Ni que decir tiene que la comunidad literaria norteamericana tardó en aceptar el fenómeno, ya que hasta entonces, las verdaderas plumas eran aquellas que escribían novelas y que tenían derecho de acceso a los premios literarios. Para ellos, para los ilustrados literatos, los periodistas no eran más que meros “informadores” de la actualidad social o política, pero ajenos a los laureles y al reconocimiento del que debía gozar un “escritor”. Un periodista era simplemente un joven que accedía a la facultad de periodismo con la intención de ganarse la vida informando y con el deseo/ilusión de que, quizá un día ..., se alejaría por un tiempo a una casa en las montañas, cerca de un lago y escribiría “su novela”, tecleando inspiradamente su Underwood, envuelto en el humo del tabaco y dulcemente embriagado por un suave bourbon. Pero claro... eso era sólo un sueño, la realidad era que el periodista informaba en los diarios y era el “escritor” quien invariablemente se ocupaba de las novelas.



Afortunadamente, y gracias al talento de tipos como: Truman Capote, Tom Wolf, Hunter S. Thomson, Rex Reed, Norman Mailer o Nicolas Tomalin, entre muchos otros, a los “escritores” no les quedó más remedio que admitir que no estaban solos, tuvieron que claudicar ante el buen hacer de esos chupatintas hasta entonces calificados de escritores menores, e incluso hacer un hueco en sus estanterías para tener a mano sus obras.

La prensa de la segunda mitad del siglo pasado, y con ella, el cambio que supuso el nuevo periodismo, lanzó el talento de algunos de esos periodistas al nivel que, sin duda, les pertenecía por derecho.

7 comentarios:

María José dijo...

.....interesante.... La máquina preciosa!! y si encima te ha costado poco, mejor que mejor!!

Saludos

peibol dijo...

Yo aún escribo a máquina, gracias a que buscando en el baúl de los recuerdos, di con una en perfectas condiciones que había sido de mi tío.

Creo que tienen un encanto especial, y aunque no se me ocurriría escribir una novela en ella, sí que la utilizo para cosas puntuales que quiero que queden bien, con un aire de antigüedad.

La mía (ya me he apropiado de ella) es "moderna"; como de los 60-70, pero no descarto hacerme con una antigua en un futuro, tanto para hacer uso de ella, como para que sirva de elemento decorativo.

Un saludo

molinos dijo...

¿Qué fue de esos periodistas? El Nuevo periodista llegó, vió y venció y después dejó paso a lo que hay ahora que es directamente lamentable exceptuando algunas honrosas excepciones.

Gracias por tu amable comentario en mi blog. Yo también pasaré por aqui.

abril en paris dijo...

Yo empezé a escribir con una olivetti
pero enseguida pasé a la underwood
eléctrica,,pero ésta que nos presentas es una joya..

Nos quitamos el sombrero ante esos
tipos de los que haces referencia..y ante su documentación Sr. Cámara.

Bss.

cristal00k dijo...

Esa maravilla de Underwood, fue tecnología punta en su día. Muchos de esos periodistas que citas escribieron algunos de sus mejores artículos en una de ellas.
Una maravilla verla por aquí.
El "genero" periodístico´de esa época marcó un antes y un después en la consideración que de él se tenía. Pero con plumas como la de Capote o la de Mailer no es de extrañar.´Nunca está de más recordarlo. Bien por tí que los has traido hasta aquí..
Saludos Kioskero.

Mujer imperfecta dijo...

Yo tengo enfrente la Adler amarilla de mi padre, con la que escribía sus artículos en plena transición. El gran valor del periodismo sigue siendo, ayer y ahora, la palabra.

JuanRa Diablo dijo...

Qué belleza la de estas máquinas. ¿No opinas que tienen un aire futurista muy antiguo? Jejeje, qué incongruencia, me refiero a que tienen el aire de los robots que podría haber descrito Julio Verne para un hipotético año 3000.
Como elemento decorativo, al igual que los aparatos de radio antiguos, es único.

Un saludo, Kioskero