miércoles, 20 de enero de 2010

El fantasma del Poble Sec

En la Edad Media, lo que actualmente es la Plaza de España de Barcelona, era un monte denominado "El Turó dels Inforcats", y en él se pudrían al sol los cadáveres de los ajusticiados como muestra de escarnio y de advertencia a los viajeros que cabalgaban a través del camino de La Creu Coberta, principal acceso a la ciudad desde casi toda España. Los condenados a la pena capital permanecían ahorcados hasta que las aves de presa daban buena cuenta de los restos mortales de los que tan sólo quedaba un espantoso hedor a descomposición.

Nadie lo diría teniendo en cuenta que ahora, en ese fantasmagórico lugar, se halla la Fira de Barcelona y el Palacio de los Congresos al que millares de visitantes de todo el mundo vienen constantemente con motivo de los diversos eventos que se celebran en la ciudad, pero lo cierto, es que en la memoria de los viajeros se construyeron gran cantidad de leyendas con respecto a ese monte que un buen día desapareció para dar lugar a la calle Creu Coberta, la Avenida Mistral y la que hoy en día es la entrada principal a la Plaza de España: la Avenida María Cristina.

Cabe destacar que desde ahí, el Poble Sec, mi barrio, se extiende a lo largo de la Avenida del Paralelo hasta el puerto de Barcelona, y no es de extrañar que con antecedentes tales, las historias de fantasmas se hayan prodigado durante muchos años dejando leyendas tan populares como espeluznantes.

Corría el año 1971, apenas tendría yo unos siete años, cuando los vecinos de la calle Salvà nos las vimos cara a cara con una de esas ánimas en pena.

Todo empezó una noche de verano en la que la señora Eulogia regresaba a su casa después de cerrar su colmado. A la altura del número 85 de la calle Salvà se encontraba un edificio en construcción en el que por algún motivo especulativo, las obras llevaban bastante tiempo detenidas. Los vecinos de la calle teníamos las ventanas de los balcones abiertas para soportar el asfixiante calor y a pesar de los ruidos de los televisores y de los receptores de radio, a pocos nos pasó desapercibido un grito desgarrador que rompió la noche.

Asustados y curiosos, los vecinos se asomaron a sus balcones para ver de dónde procedía aquel grito. Las mujeres subían las persianas y se dejaban ver con sus batas de guatiné y sus rulos puestos, los hombres con sus camisetas estilo imperio y fumando tabaco negro. Todos, absolutamente todos los que se encontraban cerca del lugar, se preocuparon por saber qué era lo que estaba sucediendo.

—Qué pasa señora Eulogia? Está usted bien? —gritaba un vecino desde su balcón.

La señora Eulogia no respondía, estaba de pie en mitad de la calle, agarrotada de terror y mirando fijamente, sin parpadear, la fachada del edificio en construcción del número 85 de la calle Salvà.

—Alguien sabe qué ha pasado? —gritaba una vecina a otra que se hallaba en un balcón de enfrente.

—Ni idea. Estábamos viendo el parte cuando hemos oído el grito.

Rapidamente la calle empezó a llenarse de los vecinos que hacía un momento estaban en los balcones. Todos se preocupaban por el estado de la señora Eulogia que seguía en estado de shock. Alguien bajó una botellita de agua del Carmen y le dieron a tomar unos sorbos, otros le daban aire con abanicos y pañuelos, a la vez que la sentaban en una silla en mitad de la calle.

La señora Eulogia empezó a recuperarse poco a poco, levantó su mano derecha señalando un punto concreto del esqueleto de aquel edificio y en un apocado murmuro... susurró:

-Fan... tas... ma..., un fan... tas... ma.

Todos los allí presentes dirigieron su mirada hacia el lugar señalado por la señora Eulogia, el silencio era absoluto.

El "Poca cosa", un vecino bajito, pero con muy mala leche, se acercó al edificio no perdiéndole de vista mientras que con su dedo índice se rascaba la barbilla. Al rato, y en medio del silencio, se giró hacia el resto y les dijo:

-Si ahí hay un fantasma... habrá que encontrarlo.

Y dicho y hecho; el resto de hombres regresaron a sus casas en busca de linternas de petaca y de cualquier cosa que les pudiese proporcionar algo de luz. Las mujeres permanecieron al lado de la señora Eulogia, y como no... poco tardamos los críos en salir de nuestras casas, llenar la calle del barrio y en sumarnos a tan apasionante aventura.

Pronto empezamos a acceder al interior de la obra. Por aquellos tiempos no habían accidentes, así que ni pensar en eso de ponernos cascos de protección para entrar a un edificio en construcción. Grandes y pequeños sabíamos que ante cualquier paso en falso la mercromina y las tiritas lo solucionaban todo. Fuimos metiéndonos por lugares imposibles, subiendo y bajando altísimas escaleras sin barandilla, deslizándonos por cuerdas, etc. Los mayores con el afán indiscutible de encontrar al fantasma o algún indicio que diese alguna pista de qué era lo que sucedía allí. A nosotros los críos, nos daba igual el fantasma, nos bastaba con estar jugando en la calle a esas horas de la noche y respirar el aroma del riesgo que implicaba aquel lugar lleno de desafíos y múltiples peligros.

Aquella noche la búsqueda del espectro fue infructuosa. Nadie dio con él, aunque algunos aseguraron haber visto alguna sombra, o haber tenido una sensación muy extraña al acceder a la obra. No faltaron las teorías referentes a “de quién” podría ser el alma que deambulaba por el edificio, y ahí salieron a relucir los últimos casos de muertes que habían tenido lugar en el barrio. Mi yaya Lola recordó que la señora María, una anciana que vivía en el último piso del número 90 de la calle, haría escasamente seis meses que había tomado su balancín, lo había acercado al borde de la azotea y desde ahí se desplomó al vacío para poner fin a sus días de soledad y olvidada por todos sus hijos. La señora Paquita se atrevió a comentar algo bastante tabú entre el vecindario, y que tenía que ver con la carnicería situada unas calles más abajo y en la que sus dos últimos dueños fueron hallados muertos en extrañas circunstancias en un periodo de tiempo relativamente corto. El "Paquito", un solterón de toda la vida, recordó que hacía poco habían encontrado muerto al señor Quimet "el cojo", bueno... en realidad encontraron su cuerpo decapitado, y hasta la fecha, aún nadie, ni la policía, había dado con su cabeza.

Esa noche nadie puso en duda la existencia de ese posible fantasma. A excepción de la señora Eulogia nadie vio ni oyó nada durante el largo rato que los vecinos permanecimos en la calle, pero curiosamente, nadie cuestionó la situación y para todos los allí presentes, la existencia del fantasma, se trataba de un hecho probado.

Al día siguiente, de vacaciones y con el verano por delante, los niños acompañamos a nuestras madres y abuelas a hacer la compra; El colmado, la tiendecita de ultramarinos, la tintorería, la bodega... en todas partes se hablaba de lo mismo. El fantasma había cobrado tal protagonismo que era tema de conversación constante, y no sólo eso... en las tiendas del barrio a las que entraba de compras con mi yaya Lola, se estaba fraguando un nuevo encuentro nocturno de todos los vecinos con el fin de tratar de verlo y dar debida fe de su indudable existencia.

Y así fue; una noche más en busca del fantasma, sólo que esa noche ya nadie se adentró en el esqueleto del edificio del número 85 de la calle Salvà. Esa noche los vecinos y vecinas se congregaron en la calle frente a la obra y con sus cigarrillos, sus cervezas, las camisetas estilo imperio, las batas de guatiné y los rulos, charlaron hasta la saciedad sobre temas relacionados con ánimas en pena, errantes y venidas del más allá. Numerosas historias de fantasmas se contaron esa noche y en las noches sucesivas de ese verano del 71. Imagino que en un tiempo en el que ir de vacaciones era un lujo al alcance de unos pocos, la excusa del fantasma nos sirvió a todos para salir de nuestras casas, tomar un poco el fresco y hacer vida en la calle. Cualquier cosa era mejor que mantener la espalda pegada al escai del sofá frente al televisor en blanco y negro, en el que no hay que olvidar que en aquella época, no eran pocos los programas que nos alertaban de la existencia de OVNIS, fantasmas y triángulos marinos y misteriosos en los que desaparecían numeroso barcos y aviones. El Dr. Jimenez del Oso empezaba a ser popular en las teles de todos los hogares con programas de misterios y enigmas; poco después dirigió sus famosísimos programas tales como: "Todo es posible en domingo" y "Más allá"; es decir,,, que nuestras mentes, y las de nuestros mayores, estaban predispuestas a dar crédito a todo y cuanto fuese susceptible de ser, o parecer... un fantasma.

Para nosotros, los niños, esas noches fueron como de fiesta mayor. Los mayores no tenían prisa ya que no había que madrugar para ir ni a la escuela ni al trabajo, así que nos daban las doce y la una de la madrugada en plena calle, y mientras que ellos -cada vez con menos entusiasmo- seguían en el empeño de ver al fantasma de la calle Salvà, nosotros lo pasábamos en grande jugando a las canicas, o al pilla-pilla.

El escepticismo fue dando lugar a comentarios y a historias cada vez menos sugerentes que las que en noches anteriores se contaban sobre fantasmas. La teoría de que el "supuesto" se tratase de un vagabundo o de un preso fugado de la prisión Modelo fue tomando forma entre los más descreídos, y así, poco a poco se fue desvaneciendo el mito y con él... las divertidas noches de callejeo consentido y compartido con nuestros mayores. Cada vez nos retirábamos antes hacia nuestros pequeños pisos del barrio, hasta que una noche en la que empezó a refrescar un poco, ya nadie salió a ver si el fantasma aparecía o no.

Poco tiempo después, el señor "Paquito", el solterón de toda la vida... desapareció y nunca más se volvió a saber de él en el barrio. La policía entró en su casa y todo estaba allí, intacto, y lo peor de todo... no apareció nadie a quien echarle la culpa.

Créditos de las imágenes: Ilustraciones de “El Kioskero del Antifaz”.

Aprovecho la entrada para dejar una reseña del libro titulado: "Fantasmes de Barcelona", de la escritora y periodista Sylvia Lagarda-Mata. Una lectura muy amena e instructiva sobre todos los hechos sobrenaturales acontecidos a lo largo de la historia en BCN. Debo decir que en su libro no habla de mi fantasma... del "fantasma del Poble Sec", pero se lo perdono a la autora por lo exquisito de su obra.

Les dejo también la cabecera del programa de gran éxito televisivo en la segunda mitad de la década setentera; se trata del programa “Más allá” del Dr. Fernando Jiménez del Oso.

6 comentarios:

Ana Márquez dijo...

Aggglglg!! Una de miedo!!! :-) Me ha gustado. Besos, Kioskero!

JuanRa Diablo dijo...

Jo, esto ha sido como esas películas en las que cada cual le pone el final más sugerente. A mí, que me encanta el misterio no me cabe la menor duda: hubo fantasma y lo seguirá habiendo por el Poble Sec, pero seguro que ya no existe la obra por la que le gustaba pasear.

Un saludo

PD. Qué cantidad de detalles los de esa viñeta!
PD2. ¿Es sólo a mí o no aparece en pantalla el video de JIménez del Oso?

Vicent dijo...

Muy bueno el post.
Yo me quedo con el recuerdo de las largas noches de verano, con la vida en la calle, como tu bien dices los mayores hablando y los crios haciendo mil perrerias sin que nadie nos dijera ni mú...

Ahora tengo una hija de 13 años y me asomo al balcón para verla mientras tira la basura al contenedor que no estará mas allá de 25 metros del portal.

Otra cosa, si la señora Eulogia grita hoy en mitad de la calle no baja a ver que le ocurre ni su hijo...

NÚRIA dijo...

...pues somos casi vecinos, vivo en Sants-Montjuïc...curioso eso de la Edad Media, pero nací y me crié En L´Hospitalet de Llobregat y también decían k había un fantasma en el Palacete de Can Buxeres...y fíjate tú, entramos para casarnos y no dimos con él ;)

Lo k me daba más miedo era en el pueblo de mi madre dónde veraneaba por k en una casa abandonada se había suicidado un vecino con una escopeta y decían k vivía allí su fantasma...y no veas...cuando volvía a las tantas de madrugada de marcha pasaba corriendo ;)...Saludets...

Perros dijo...

Menuda historia eso demuestra qe la gente es muy persestible a esas cosas y mas de esa epoca

Anónimo dijo...

Yo también he vivido en el Poble Sec muchos años. Pero sin duda no he tenido el placer de conocer la narración,de tan fantasmagórico personaje. Relato muy inquietante. Sin duda apasionante !Nunca te acostarás sin aprender algo nuevo.
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Te felicito por el Blog y recuerda

!Qué usted lo pase bien....
con la pluma y el papel!!