lunes, 9 de marzo de 2009

La tía Paquita y el Geyper factory



La tía Paquita era la típica que se presentaba en casa una vez al mes a visitar a mí abuela porque era su prima hermana. Aprovechaba para quedarse a comer, o en el caso de llegar más tarde, hacía la sobremesa de café con pastas y alargaba hasta casi, casi la hora de la cena.

En casa, yo escuchaba como mi abuela le decía a mi madre.

— Oh vaya! Viene la Tía Paquita.

— Qué dices? — Preguntaba mi madre como en un intento de que al oír de nuevo, la frase que acababa de pronunciar la abuela fuese otra bien distinta.

— Que viene la tía Paquita.

No, mamá no había escuchado mal. Efectivamente venía la tía Paquita y eso, era algo que ya nadie podía remediar.

Estaba claro que en casa, no hacía mucha gracia que viniese la tía. La pobre siempre hablaba de sus enfermedades y achaques, de lo sola que se encontraba, de que sus hijos parecían darle de lado después de todo lo que ella había hecho por ellos, y de lo que echaba de menos a su marido en ésos tres años que hacía que había enviudado.

La tía Paquita era querida, pero... de lejos. Estaba bien verla en bodas, bautizos y comuniones, pero tenerla en casa una vez al mes... la pobre venía siempre el día más inoportuno, y por encima de todo... hablaba, hablaba y hablaba.

No obstante, para mí, era una gran alegría saber que venía la tía Paquita. Llegaba por la tarde del cole deseando que aún no se hubiese ido, o si venía en sábado estaba todo el rato pendiente de que sonase el timbre de la puerta con su característico Ding-Doooooonnngggg... Notaba como los nervios se apoderaban de mí y no hacía más que salir de mi habitación y dirigirme a la cocina.

— Mama... Cuándo llegará la tía Paquita?

— No creo que tarde. Has terminado los deberes?

— Si. Claro que he terminado (mentira gorda. Lo más probable era que no los hubiese empezado, pero es que... el día que venía la tía Paquita... era día de fiesta grande).

No tranquilo con la respuesta de mi madre, ya que eso de: “no creo que tarde” era un concepto del paso del tiempo algo abstracto. Me dirigía a la habitación de mi abuela.

— Yaya... Cuándo vendrá la tía Paquita?

— No creo que tarde. Has terminado los deberes?

— Joooo! Yo quiero que llegue ya la tíaaaa.



Madres y abuelas se confabulaban en contra nuestra para no definirse en sus respuestas, pero sí para hacernos muy conscientes de nuestras obligaciones. Deberes! Quién podía pensar en deberes con la tía Paquita a punto de llegar?

De pronto: Ding-DOOoooonnnng...

— LA TÍA PAQUITAAAAA!!!!!

Por más que corría, el pasillo de casa se hacía eterno hasta llegar a la puerta del recibidor. Mi abuela ya estaba allí con ella dándole un par de besos en las mejillas y haciéndola pasar al salón.

En realidad la tía Paquita tendría unos sesentaypocos, pero yo la veía muy mayor. Siempre vestía un abrigo largo de color gris, bolso y zapatos negros, y el cabello teñido de un color a juego con el abrigo y absolutamente cubierto de laca. Un cabello acartonado que me gustaba zarandear de vez en cuando para comprobar que efectivamente era imposible menear o despeinar... aquello. La tía me soltaba algún manotazo y apartaba de inmediato la cabeza, parecía como si eso de despeinarla iba a quitarle algo de su integridad personal, pero en el fondo y a pesar de mis impertinentes magreos sobre su cabeza, la tía se alegraba de verme, y yo, estaba encantado de verla a ella.




La tía se acercaba a mi mirándome a través de los cristales de sus gafas bifocales. El olor de su colonia me envolvía por completo, una colonia fuerte, “de vieja” como decía mi madre. Un olor a colonia que permanecía en casa mucho rato después de que la tía se hubiese ido.

La tía Paquita me daba un par de besos con sus labios pintados, dejaba en mis mejillas parte de ése olor a su colonia y parte de esa capa de carmín rosado, pero además, detrás de su espalda siempre llevaba escondida una de sus manos en la cual había algo para mí y que me daba a la vez que me miraba fijamente. Yo casi ni alcanzaba a ver ése puente de oro que ocupaba parte de su dentadura, ya que mi mirada se concentraba automáticamente en la caja, cajita, sobre, bolsa o bolsita que sostenía en su mano y que movía a medida que me lo aproximaba al entrecejo hasta el punto de hacerme bizquear.

— Toma... Qué te ha traído hoy la tía?

Creo que jamás llegue a responderle ésa pregunta a la pobre tía. Ése paquete del que me hacía entrega tiraba de mí con una fuerza sobrenatural y me llevaba de camino a mi habitación a la velocidad del rayo. Una vez allí, encerrado en la intimidad de mi cuarto y con el paquete perfectamente envuelto y entre mis manos, la tía Paquita pasaba a la historia hasta la siguiente visita del próximo mes.



Quizá el juguete que recuerdo con más satisfacción de todos cuantos me regaló la tía, fue el Geyper-Factory. A mí no me han gustado nunca los coches, ni el fútbol. Cualquier regalo relacionado con alguna de ambas cosas era rápidamente abandonado, dejado de lado y al instante, olvidado. No obstante, después de la primera mueca de desaprobación que le hice al Geyper-Factory, le siguió otra de “a ver que tal?”; algo así como levantar las cejas mirándome al juguete con suficiencia, pero con un ligero interés en ver si de eso se podía sacar algo. Qué quedaba sino? Hacer los deberes?... Antes me pasaría horas con los cochecitos del Geyper-Factory, eso estaba claro.

El caso fue que le encontré la gracia a ése juguete, a ver cómo se construían los coches por piezas a medida que avanzaban por una cinta transportadora. Al finalizar la fabricación de cada uno de ellos sonaba un “Diiiinnnngggg” y el cochecito se deslizaba por una rampa para dejar paso al siguiente vehículo terminado. A decir verdad no es que el juguete ofreciese mucha interacción. La única posibilidad era la de cambiar colores y escoger entre un montón de distintas combinaciones, pero... sucedía con el Geyper-Factory algo similar a contemplar el fuego de la chimenea, era verdaderamente hipnótico y alucinante.

A saber qué fue de mi Geyper-Factory. Seguro que fue regalado a algún vecino o tirado a la basura, pero el mes pasado, trasteando por internet, me reencontré con él (con uno igual a él), me enamoré de nuevo y lo compré. Es el que podéis ver en las fotografías de esta entrada. Creo que no fue por aquella época un juguete de esos que tuvimos todos y con el que podemos compartir miles de recuerdos, pero me apetece mostrarlo y sí alguien más lo tuvo, le gustó como me gustó a mí y lo recuerda con ésa nostalgia y cariño que el Geyper-Factory se merece, pues que nos lo cuente.

7 comentarios:

MT dijo...

El Geyper factory era cojonudo, no tenias nada y al rato tenias montados un montón de coches... Maravilloso....

Saludos de Manolo.

Akela-J.P. dijo...

Ja,ja,ja… Que entrañable historia, siempre había una tía, un padrino o una abuela portadora de presentes en la niñez. Y como cambia la perspectiva del mismo juguete con el paso del tiempo… Si de niño era pasable, de mayor puede llegar a ser fantástico y me refiero al mismo juguete.

Felicidades por esta adquisición, parece fantástico e hipnotizante ver la cadena de montaje y la salida del coche…

Núria dijo...

Geyper era una buena marca, de juguetes duraderos, no como los de ahora...en mi caso, me alegraba la visita de mis padrinos, sobretodo cuando el día de la Mona me traían la mona y un regalo...recuerdo que la última mona vino un poco antes de hacer yo la comunión, en el 1985, y una Nancy piernas flexibles...la única que he podido recuperar de mi infancia...¡Qué nostalgia! no? Saludets.

Loli dijo...

Qué historia más entrañable, cómo me ha gustado, y cómo me he reído con lo del cambio de actitud, primero pasota, luego: ¿a ver qué hago con esto?. Qué ilusión hace recuperar nuestros juguetes, nuestros recuerdos.

Besos. Loli

El kioskero del antifaz dijo...

Akela...

Veo que hemos conseguido superar "la barrera del sonido" ;-)

Gracias por tus comentarios.

Gracias a todos por vuestros comentarios.

Besos, abrazos, arrumacos... y más ;-)

Jose Manuel dijo...

El Geyper Factory, es de todos los juguetes que tuve en mi infancia del que tengo un mejor recuerdo.

Solo con ver las fotos de tu blog se han despertado recuerdos que tenía ya olvidados.

Gracias por este momento.

P.D. (Precisamente ayer le estuve hablando a mi hijo de este juguete).

porforrillo dijo...

Ahí lo teneis funcionando

http://www.youtube.com/watch?v=n6o6AMG8mDQ&sns=em