martes, 5 de mayo de 2009

El consultorio de Elena Francis


Mi yaya Lola iba a buscarme cada tarde a la escuela. De camino a casa decidíamos que hacer con la merienda; en algunas ocasiones –siempre dependiendo del trabajo que ella tuviese- me compraba algún Tigretón, Bony o Bucanero en el horno del barrio, pero la mayoría de las veces me preparaba algo en casa. Yo merendaba viendo los dibujos animados de la tele, y luego iba a hacer mis deberes mientras ella no paraba arriba y abajo con las tareas de casa. Era una mujer que se ocupaba de casi todo e incluso les preparaba la cena a mis padres que regresaban del trabajo bien entradas las nueve de la noche. Así que desde las seis de la tarde que me iba a buscar, hasta las nueve de la noche, mi yaya Lola era sólo para mí, bueno... para mí no en el sentido más amplio del término ya que para quien mi yaya Lola en realidad, era todo oídos, era para Elena Francis.

—Yaya... me has puesto poco Cola Cao. A mi me gusta con mucho Cola Cao —Le decía yo.

—Qué? — Esta era siempre su invariable respuesta.

—Yaya... Dónde están mis indios y vaqueros de COMANSI?

—Qué?

—Yaya... Me ayudas a hacer las restas?

—Qué?

Se lo tenía que repetir todo dos veces. Nunca jamás atendió a ninguna de mis peticiones a la primera. Era igualita que los teenagers que uno se encuentra parados justo delante de la puerta de salida del metro, anonadados con sus walk-man y escuchando las músicas de su Mp3 a todo volumen; que digo yo... Para qué se pondrán los auriculares sí resulta que se les escucha la música por todo el vagón? Deben tener el cerebro hecho Pepsi-Cola de tanto sonido electrónico estallando entre medio de sus orejas.



—Te vas a bajar en la siguiente parada? —Hay que preguntarles porque como ya he dicho, irremediablemente siempre están en medio de la puerta.

—Qué?

Pues mi abuela igual.

A mi me molestaba sobremanera que todo cuanto yo dijese, solicitase o preguntase fuese contestado con un “qué”, mientras que a la Elena Francis la estaba escuchando mientras entraba y salía de las habitaciones, con el receptor de radio en la otra punta del piso, y nunca, jamás... le hizo repetir nada y lo escuchó a la perfección todo a la primera.




Estimada Elena Francis;

Me dirijo a usted debido a que me encuentro en una situación absolutamente desesperada.

Hace diez años que estoy casada con mi marido, un buen hombre, trabajador, responsable y un buen padre para mis hijos, pero que últimamente pasa poco tiempo en casa, apenas me dirige la palabra, no me hace el menor caso y le encuentro irritable cuando llega por las noches cansado y sin ganas de cenar. Nunca me ha pegado, pero hará un par de semanas tuvimos una fuerte discusión y llegó a levantarme la mano. Le noto agresivo y parece como si me estuviese culpando a mi de algún problema que tal vez tenga en su trabajo.

El caso es que llevo un tiempo planteándome la separación, o al menos, una separación temporal que sirva para que ambos nos demos cuenta de que nos echamos de menos o de si realmente, lo mejor que podemos hacer sea romper nuestra relación y vivir separados.

No sé qué hacer y es por este motivo que busco su consejo.

Atentamente:

Una desesperada.

__________________________________________

Mi querida amiga;

Es normal que con el paso del tiempo, en un matrimonio, el hombre descuide ciertos aspectos de su vida afectiva y de pareja. Sus compromisos laborales y sociales son de extrema importancia; eso no significa que su familia lo sea menos, pero su mujer, sus hijos, son un bien seguro para él, mientras que los peldaños que debe subir día a día en su escala social son más inciertos, y como bien comprenderás, reclaman mayor atención.

Quizá la responsable de estar desatendida seas tu misma, ya que tampoco es menos cierto que con los años y una vez casadas, muchas mujeres abandonan su aspecto y dejan de manejar esas pizcas de seducción necesarias para llamar la atención de sus maridos. A menudo, las mujeres realizadas con los hijos y con sus labores del hogar, olvidan que para los hombres esa tarea de sentirse plenos, felices y realizados es mucho más difícil.

Olvida esa idea de la separación ya que no te haría ningún bien, y por encima de todo piensa en tus hijos, en lo traumático que sería para ellos y para las personas de vuestro entorno que están acostumbrados a veros como una pareja feliz.

Mi consejo pues, es que te arregles un poco el pelo, que te pongas un vestido bonito y que sorprendas a tu marido con una deliciosa cena. Que él vea que te has pasado dedicándole toda la jornada en cuerpo y alma, y sin duda alguna cambiará su humor.

Tampoco olvides que una flor no hace primavera, y que no bastará hacer eso en una sola ocasión y esperar sorprendentes resultados. De modo que al igual que él lucha cada día por sacar adelante a sus hijos y a ti, tú debes hacer lo mismo para hacerle un hombre feliz en lugar de decepcionarle dándole la noticia de una posible separación o ruptura.

Espero que poco a poco puedas ir solucionando este problema, y ya sabes que me tienes a tu entera disposición.

Hasta siempre:

Elena Francis.



Y ni un solo “Qué”. Mi abuela era capaz de salir al balcón a tender la ropa y al entrar despacharse a gusto con la Elena Francis.

—Pero será bestia esta tía? Pues no va y le aconseja que siga al lado de ese tipejo? A saber porque le ve poco el pelo por casa y encima llega cansado. Será posible? Tipejo!

Vaya, que ni el ruido de los coches de la calle, ni el estar fuera del balcón le había hecho perder un solo hilo de la retransmisión radiofónica, en cambio... si yo me dejaba ir con eso de: “Yaya... Cuándo vendrán los papas?”

—Qué?

Vale que se lo preguntaba cada día y mis padres llegaban siempre más o menos a la misma hora, pero... Tanto costaba responderle como era debido a un nieto? A su único nieto?

Elena Francis siempre aconsejaba que sus oyentes adoptasen actitudes de sumisión, nunca de rebeldía; si una oyente se dirigía a ella porque era la que se aburría de su marido, la que no le soportaba más y la que prefería no acercarse a él, Elena Francis le decía que debía pasar menos tiempo sola pensando en tonterias, que se comprase un televisor o que leyese revistas de moda o de cómo eran por dentro las casas de los famosos, cualquier cosa con tal de que la frustrada esposa no pensase y en una de estas, se diese cuenta de cuan absurda era su malograda vida.



Mi yaya, en alguno de esos viajes entre el comedor y la cocina, se detenía delante del aparato de radio, lo miraba como si la mismísima Elena Francis estuviese sentada en una de las sillas de casa, colocaba sus brazos en jarras y lanzaba una serie de improperios que si la locutora los hubiese llegado a oir alguna vez, se le hubiesen enrojecido sus mejillas todoterreno adaptables a cualquier régimen político o etapa de transición. Una mejillas impertérritas y capaces de soportarlo todo, menos... cuanto mi abuela hubiese sido capaz de lanzar por su boca de haberla tenido delante. Actoseguido, la yaya Lola, como si hubiese cumplido alguna misión válida para alguna causa, secaba sus manos en su delantal y proseguía su camino hacia alguna parte de la casa.

—Yaya... Por qué escuchas tanto a esta señora y siempre le dices todas esas cosas? —Le pregunté en una ocasión.

—Qué? —Respondió.

—… Que por qué escuchas a esta señora?

—Oh... bueno. Es que a veces da muy buenos consejos para cosas de cocina y demás.

Era cierto. En realidad el consultorio de Elena Francis nació con la intención de promocionar un instituto de belleza situado en Barcelona. El programa de radio se creó unicamente como un factor promocional, pero fue tanto su éxito que terminó derivando en un batiburrillo en el que cabía de todo: consejos de belleza, recetas de cocina, y consultorio sentimental. Este último aspecto fue, el que a la larga, más importancia tuvo en el programa. Para nada servían ya los curas, ni los loqueros, ni nadie que tratase de meterse en las psiques de las mujeres de la época. Elena Francis era una salva causas como ninguna aunque en realidad nunca daba respuesta a nada.

Estimada Elena Francis;

Mi marido se emborracha y no hace caso de sus hijos ni de mi...

___________________________________________

Mi querdida amiga;

Trata de que tu marido no se emborrache y haz lo posible para que te haga caso a ti y a tus hijos...

Y se quedaba tan ancha. Ni tan siquiera era necesario hacer rezar a nadie tres Padres Nuestros y cinco Ave Marías, ya que toda mujer que escribía a su consultorio era siempre víctima de todo y nunca culpable de nada. Y así desde el año 1947 hasta el 1984.



Lo bueno del caso era que pese a que el 90% de las llamadas eran de mujeres desesperadas en busca de apoyo emocional y de consejo sentimental, mi yaya Lola... la escuchaba por los consejos de cocina. Algo así como esos programas de telebasura que nadie ve, pero de los que todo el mundo habla.

—Ah!, si... vi un trozo por casualidad haciendo zapping —Dicen todos.

—Pero vaya... nada... no vi ni cinco minutos —Se apresuran en añadir.

No obstante, en esos cinco minutos saben todo de todo y hasta se han formado una opinión.

Una tarde, Elena Francis estaba dando uno de sus consejos para que el pollo quedase bien doradito al sacarlo del horno, y para que no perdiese su jugo hasta la hora de servirlo a la mesa, sobretodo las pechugas que son la parte más seca. Fueron múltiples las sugerencias que dio la buena mujer para que toda ama de casa quedase como una reina ante sus invitados.

Mi yaya Lola salió de la cocina e inquisitiva se acercó al aparato.

—Entérate bien de una vez vieja bruja —le dijo —. Sin necesidad de tanta tonteria, a mi... me queda más bueno!

Creditos de las imágenes: Imagen nº 1. Aparato de radio de mi colección particular. Construido por un hermano de mi padre y que constituyó su regalo de día de bodas. El aparato es de 1963 y con él... escuché muchas tardes a Elena Francis en compañia de mi abuela.

Recortes de prensa correspondientes a las imágenes 2, 3, y 4. Extraidos de ediciones de La Vanguardia entre los años 1964 y 1971.

Imagen nº 5. Fotografía de Maruja Fernández. Una de las voces que representó el papel radiofónico de Elena Francis y que fue la más popular.

Imagen nº 6 (Inferior). Procedencia desconocida. Imagen bajada de internet.


Se trató del consultorio radiofónico más longevo de la historia de la radio en España, emitiéndose ininterrumpidamente desde 1947 hasta 1984.
Elena Francis es el nombre imaginario creado por el industrial catalán José Fradera Butsems en homenaje a su esposa, Francesca Bes Calvet.
El nombre de Elena Francis nació para promocionar el instituto de belleza Francis, que en sus inicios, estaba situado en la calle Pelayo de Barcelona.
A lo largo de su trayectoria, la supuesta Elena Francis tuvo diferentes voces. La primera de ellas fue la locutora María Garriga, sustituida posterirmente por Rosario Caballé, pero la más recordada es la de Maruja Fernández, que con su personal voz encarnó durante más tiempo a ese personaje. El 31 de enero de 1984, tras haber caído sus índices de audiencia, Elena Francis desaparece definiticamente de las ondas de forma imprevista y provocando cierto alboroto entre sus oyentes más fieles.
Fue el fin de una época en la radio española.
Fuente: fonotecaderadio.com

11 comentarios:

Núria dijo...

Yo no soy tan mayor y recuerdo que mi madre lo escuchaba aunque nunca reparé en el contenido...Todavía recuerdo a la perfección la sintonía del programa al igual que recuerdo la del programa de la TV "Con las manos en la masa"...yo no me aburria con mis dos hermanos pero recuerdo cómo mi madre cosia o hacía jerseys de lana mientras escuchaba la radio y nos vigilaba en el salón...Me ha llamado la atención la radio antigua que manos tenía tu tio...y que suerte la tuya que la conserves...Saludets Sergi me ha gustado mucho la manera de contarlo...para variar...

Cotoky dijo...

yo también recuerdo la sintonía je je.
Menudos consejos: que nos arreglemos el pelo, decepcionar al marido ... sin duda era otra época.

Loli dijo...

Qué salada era tu abuela la Yaya. Eso del ¿qué? me suena muchísimo, yo lo digo a menudo, porque suelo tener la cabeza en las nubes. Yo no recuerdo el programa en cuestión, aunque en casa se escuchaba mucho la radio, siempre me ha gustado buscar sintonías, creo que la radio hace mucha compañía. Sí recuerdo la novela Simplemente María, o algo así. Mi programa de radio favorito fue uno de los 90´s, el de María Quirós en cadena dial, por las noches, su voz me ayudaba a descansar mejor. Para mí, la radio tiene una magia especial.

Besos. Loli

Itzi dijo...

Me encanta tu blog . No lo conocia y ha sido una sorpresa tremena ¡¡Pero si hay de tooooo en tu kioskoo!!!! He devorado el relato, ...Caramba con la Señora Francis ¡¡Vaya ...mmmmgñ....¡¡BICHO!
Y que lista tu abuela ¡¡Si señor!! ella si que sabía!!
Yo también digo ¿que? cuando me hablan en casa, porque me concentro mucho MUCHO mucho(generalmente en tontás)y me sumerjo en ese lugar de mi mente donde solo hay diferentes Señoras Francis que me distraen..¡¡ se está muy bien dentro de ese rinconcito!!!Ya pueden llegar unos extraterrestres a invadir la casa, que yo ni me entero, jeje.
Saludos

coonchi dijo...

yo no recuerdo en la radio a elena francis,o yo era pequeña o no teniamos radio.....
saludin conchi

María José dijo...

kioskero, gracias por la intentona!! es una fabrica, de alicante, pero por lo visto las muñecas que usaban eran b.b. segun me ha dicho otra blogera!! gracias de todas formas!! en cuanto a tu entrada, " jomio" hoy no tengo moral pa leerla , tu me perdonas, pero ¿ q'tapasao en los deos?? que pechá de escribiiiiii!!!!! la elena francis, si que me recuerdo haber escuchado algo, algunas veces tengo yo complejo de ella con una amiga que me trae por la calle la amargura, bueno ahora la que se enrrolla soy yoooooo!!!

saludos

carlota. dijo...

Lo recuerdo perfectamente , escuchábamos una radionovela "Milagros" y otra ...mmmm asiii , "Lucecita" y luego a Elena Francis , yo recuerdo estar jugando con mis muñecas y mis cartas de hacer familias y las de peter pan , pero siempre el sonido de esa voz...eran los años 70's

Un besote

Tòssia dijo...

Qué moderna tu yaya!!! Con espíritu crítico :-) Que seguro que muchas otras mujeres seguían esos "buenos consejos" sin rechistar. Ains!
Arréglate el pelo, ponte un vestido bonito y hazle una buena cena al gañán de tu marido.... los pelos como escarpias se me han puesto.
Aunque, oye... tampoco se ha avanzado mucho. Los consultorios de revistas para adolescentes van un poco del mismo palo:
Ponte extensiones, hazte un piercing, sigue nuestros consejos de alcoba y nuuuuuuuunca te metas entre tu chico y sus amigotes. Seguro que así el gallo de la disco no querrá romper contigo. Igualico, igualico ;-)

Felicidades por la entrada. La escena de la abuela contestando a todo con un "Qué?" es entrañable.

JuanRa Diablo dijo...

Kioskero, matrícula de honor por este reportaje!
(no me vayas a decir "Qué?" que lo has oído bien)
Recuerdo perfectamente esa sintonía y más vagamente la bonita voz de la locutora (desconocía que hubiera habido más de una)
Todos esos datos que das parece ser que en la época no eran conocidos por todos; tengo entendido que la mayoría de oyentes creían que existía realmente la tal Elena Francis y que era la que escuchaban por las ondas. También tengo entendido que los guiones a leer por la locutora eran redactados por un hombre, eso explicaría la poca visión femenina ( y feminista) que había en esas respuestas.
Claro, también eran otros tiempos...

Entrañable el recuerdo que reflejas de la yaya Lola.

Un abrazo!

abril en paris dijo...

Qué buen post..¿Qué...? Ja ja

Esa sintonia y mi abuela también están ligadas en mi recuerdos...y los seriales, y El gran Musical..
la radio sigue siendo mi " compañera ", permite " viajar " con la imaginación mucho más que la tv.

Qué fiasco la tal Elena Francis y qué chungos sus consejos, aunque parece ser que éxito tenia entre las mujeres de la época..
¡ Cuánto hemos cambiado ! ( Afortunadamente )
Claro que cuando oyes las terribles noticias sobre la violencia de género te planteas si eso es asi realmente...

Salud2.

Chabel dijo...

Yo no recuerdo la sintonía ni por asomo, ni su nombre me suena ...y seguro que era super conocida...recuerdo a Encarnaaaa, la de la empanadilla y la de la rádio.

Que bonito el post recordando a tú yaya... Un abrazö