jueves, 21 de mayo de 2009

El Diccionario Básico SOPENA

Empecé con esto de contar historias cuando aún carecía de uso de razón; a decir verdad... aún no sé si tengo el “uso de la razón” en toda la amplitud de sus posibles facultades, pero al margen de eso... siempre me ha gustado contar historias.

Por el motivo de que dibujar era algo que me entusiasmaba desde niño, y que a pesar de haberlo tomado como opción profesional sigue entusiasmándome, las historias con las que empecé las contaba a través de dibujos; así pues me repartí entre la historieta, el humor gráfico, los dibujos animados y la elaboración de cuentos infantiles, hasta que finalmente creí que también estaría bien. Por qué no? Prescindir del elemento gráfico, limitar mis historias al texto y escribir relatos. A nivel profesional sigo dibujando, pero me puede la necesidad de escribir y simplemente por eso, por necesidad... lo hago.

Por otra parte no soy periodista y estoy eximido de la obligación de informar, de ser objetivo y de contrastar la veracidad de las historias que cuento, no obstante, me gusta basar mis relatos en realidades, en experiencias vividas, o en “posibles” es decir; en cosas que podrían haber sucedido, que estuvieron a punto de suceder o que de algún modo sucedieron de una forma similar a como las cuento. Pese a ello, mi mujer siempre me acusa de que adorno la realidad y de que se me va la pinza en ocasiones, pero ella, no se da cuenta de que diciéndome eso me halaga.

Muchas veces debo recordarle que hay una máxima periodística que dice “No dejes que la realidad te estropee una buena historia” y repito, la máxima es periodística. Imagínense ustedes que clase de “contador de historias” sería alguien que no adornase la realidad. Más que un escritor de relatos parecería el transcriptor de teletipos de una agencia de prensa, o un escritor de libros de historia. Así pues, la obligación de un “junta letras” es la de ser verosímil a la fuerza, pero no necesariamente veraz.

Todo esto viene a cuento de un par de los comentarios escritos en la entrada anterior a esta, y de algún mail recibido en el que se me pregunta sobre “la veracidad” de las definiciones que muestro del diccionario SOPENA en la historia que lleva por título “Ni coños, ni pollas... ni cojones”. Bueno... la realidad sobre desinformación sexual que existía en la España de los 70 la conocen de sobra los de mi generación, por no hablar de generaciones anteriores. En cuanto a lo del diccionario... jamás les mentiría sobre algo tan serio, aunque en un momento dado... Por qué no?

Hay que decir que la presentación del diccionario está escrita por José María Pemán; político, escritor, poeta, etc, caracterizado por unas firmes ideas de derechas que apoyó la dictadura de Miguel Primo de Rivera y el golpe de estado franquista. Entre otras cosas (una bastísima producción literaria), el individuo en cuestión fue el autor de una de las letras no oficiales del himno español, concretamente la que alguna vez yo llegué a cantar en alguna de esas aulas en las que se nos preparaba más bien poco para el amor. Lo recuerdan?




¡Viva España!, alzad los brazos hijos
del pueblo español
que vuelve a resurgir.
Gloria a la Patria
que supo seguir
sobre el azul del mar el caminar del Sol...


A lo largo del texto he ido posteando unas páginas en las que se muestra la infructuosa búsqueda que describo en el relato de las palabras “pene” y “vagina”, así como las definiciones que el maravilloso libro nos da sobre “penetración” y “ovario”.

El eslogan publicitario por aquellos tiempos decía: “Vale la pena tener un Sopena”, aunque algunos pensábamos: “Que pena tener un Sopena”. Va como va...

Espero que sirvan como documento de la época, pero por encima de todo... para echarnos unas risas, que es de eso de lo que se trata.

5 comentarios:

Valentín VN dijo...

El diccionario escolar que yo tenía, que era otro más pequeñito, tenía todas las palabras "prohibidas" y bien subrayadas con boli de tinta que se podía borrar.
Aún me sé la decinición de Cabrón que venía en el diccionario. A parte del macho cabrío era el "hombre que abandonaba a su mujer".

Mujer imperfecta dijo...

¿Quién quiere realidad cuando se puede tener ficción? El buen periodista siempre adorna la realidad. Por eso prefiero el género interpretativo: el artículo, la crónica... siempre es mucho más agradecido.

JuanRa Diablo dijo...

¿Te imaginas que en su día, con aquella edad de entonces, te hubieses puesto muy serio delante del Dr Hernández y con un dedo acusador le hubieras dicho?:

- Ustedes los mayores ocultan algo, pero yo algún día escribiré sobre todo esto, sobre coños, pollas y penetraciones... para que lo lea todo el mundo.

Ahh, imagina la cara que pondría...
Qué razón tienes: realismo y veracidad ante todo, pero sin la salsa de la imaginación... ¡qué soso!

Anónimo dijo...

El autor del blog está un poco salido

Anónimo dijo...

Hombre! !!más bien yo pienso k le despierta el recordarlo la misma excitación k en colegio cuando para nuestro asombro "polla"significaba:hembra deL pollo,por lo que eran los genitales palabras prohibidas de entonces