martes, 14 de abril de 2009

El juego de la Oca de juguetes Marigó

Una noche mi mujer y yo fuimos a cenar a casa de un matrimonio, que además de buenos amigos nuestros, eran compañeros de trabajo. Lo cierto es que prácticamente vivíamos todos juntos ya que pasábamos alrededor de doce horas diarias en el trabajo. Hacer dibujos animados nunca fue fácil, ganarse la vida con ello era complicado, y hubiese sido imposible permanecer juntos codo con codo durante casi veinte años de no llevarnos francamente muy bien.

Meritxell, era la esposa de mi compañero y a la vez compañera mía... escasamente a dos mesas de distancia veía como se dejaba las pestañas bajo el flexo de la mesa de dibujo y garabateaba con aquel talento genético heredado de su padre que también había sido dibujante y que recientemente se encontraba jubilado un poco por la fuerza, haciendo trabajos esporádicos y cobrando una justita pensión. Al padre de Meritxell le pilló una mala época en la que era necesario reciclarse, dejar de lado las técnicas clásicas y lanzarse de lleno al mundo de los ordenadores debido a que los dibujantes jóvenes subían con fuerza, dedicaban menos horas a la elaboración de un proyecto y encima ajustaban los precios ya que erróneamente, creían que el ordenador les hacía parte del trabajo. Ésa vorágine tecnológica sorprendió al padre de Metitxell un poco a traspiés, con cerca de sesenta años, con demasiadas horas entre sus acrílicos, sus témperas y sus pinceles y algo cansado de hacer ricos a unos cuantos fabricantes y editores a través de trabajos por los cuales nunca percibió derechos de autor. Cierto es que se ganó bien la vida, pero a pesar de tantísimas horas, de tanta dedicación y de tanto talento demostrado en todo tipo de trabajos, tomó la decisión de que ya estaba algo mayor para reciclarse, para empezar de nuevo, y total, para conseguir... Qué?

Hay guerras a las que uno se enfrenta por poder, por dinero, o por gloria. El padre de Meritxell nunca luchó por el poder. Para qué lo hubiese querido? Tampoco luchó por el dinero, más que por el justo y necesario para poder seguir con su trabajo, con lo que le gustaba hacer y para que no le faltase de nada a los suyos. Yo creo que luchaba un poco por la gloria que otorga el hecho de que después de nosotros y de nuestra corta permanencia sobre el planeta tierra, quedase algo de él para que las generaciones venideras guardasen un poquito de su paso por el mundo y le recordasen por ello. De algún modo, cualquiera que se desenvuelve en una tarea artística o que pueda tener alguna repercusión mediática, aunque sea mínima, lo que busca, a fin de cuentas, es su propia inmortalidad.

Aquella cena que compartimos los cuatro, no era más que una de las muchas cenas que habíamos compartido, en su casa, en la nuestra o en algún fin de semana o viaje que habíamos realizado juntos. Una cena en la que ya estábamos acostumbrados a olores, a sabores, a conversaciones y a momentos de auténtica hilaridad debido a que cuando cuatro dibujantes se encuentran y comparten largas horas, los temperamentos creativos se hacen los dueños de los diferentes momentos y se puede llegar a la catarsis más absoluta en la que las risas terminan envolviendo cada instante y convirtiéndolo en algo realmente único.

Tras haber terminado con las bromas, con las anécdotas, con la comida, los vinos y licores, decidimos hacer algo “diferente” para variar. Curiosamente, y después de tantos años, lo que jamás habíamos hecho había sido jugar a nada juntos; nunca habíamos echado un parchís por parejas, ni jugado a la oca, ni a las cartas... ignoro por qué razón , pero esa noche nos dimos cuenta de ello y decidimos comprobar que tal se nos daba eso de echar una partidita a algo.

Meritxell se levantó de la mesa, se dirigió a la habitación y depositó frente a nosotros un tablero de “el juego de la oca”, el típico tablero de la oca setentero con el que hemos jugado absolutamente todos los de la cosecha de mediados de los sesenta. Ese que por debajo llevaba un parchís y que por mil razones distintas pocos han tenido la fortuna de conservar. Meritxell lo conservaba en un estado perfecto, inmaculado e impoluto.

Mi mujer y yo, como si fuésemos dos niños que habían encontrado una llave que abría una puerta en el tiempo exclamamos a la vez:

—OH!... La oca... La misma que tenía de pequeñ@!... La de toda la vida!

La recorrimos impacientes con nuestro ojos deslizando nuestra mirada por todas y cada una de sus casillas y recordando las sensaciones que nos provocaban en nuestra infancia.

—Mira, mira... la muerte. Esa calavera me había dado siempre un miedo bestial!

—Y el jardín de la casilla 63? Sabéis que es el parque de la Ciutadella de Barcelona?

Meritxell nos miraba con una expresión algo extrañada.

—Pero tía! Sabes que tienes un tesoro? —Le dije como tratando de que se diese cuenta del motivo de nuestro momento de euforia.

—No sé... es que para mí es muy como de casa —Respondió ella, y casi con la misma naturalidad dijo .—Lo dibujó mi padre.

Casi veinte años de amistad, de compartir más de doce horas diarias de compañía y de trabajo, fines de semana y viajes juntos... y mi mujer y yo acabábamos de enterarnos que uno de los juguetes con los que ambos crecimos y delante del que pasamos largas horas y tardes de domingo enteras, lo había hecho, sin ir más lejos, Pere Massana, el padre de Meritxell. Para mí, eso fue algo así como encontrarme a un grado de separación de un Rey Mago. No sabía si lanzarme a los brazos de Meritxell y romper a llorar por el repentino momento de nostalgia que me había dado, o si agarrarla del cuello y zarandearla hasta la estrangulación por no haberme dicho antes, en veinte años, que su padre era el autor de los dibujos de “el juego de la Oca”... el de toda la vida!

Meritxell nos contó, además, que su padre fue el dibujante de numerosos blisters y cajas de juguetes que se realizaron durante las décadas de los sesenta y de los setenta, y que sin duda, serán motivo de una nueva entrada en este blog. Concretamente "el juego de la oca" sigue siendo reproducido por la casa que hace más de cuarenta años se lo encargó, juguetes Marigó y en diferentes fomatos: tablero de mesa, oca magnética, etc.

Actualmente el señor Pere Massana es un hombre humilde que disfruta de leer su periódico cada día, eso si, con algo de dificultad ya que arrastra desde hace un tiempo problemas de visión. No obstante, ello no le impide seguir gozando de la compañía de su esposa, de sus hijos y de la de sus nietos. Yo no sé si él lo sabe, probablemente no ya que hay cosas en esta vida que el propio implicado es el último en saberlas, pero... el señor Pere Massana es uno de esos inmortales; lo es para mi mujer y para mí, lo es para sus nietos y para mis hijos que disfrutan del juego desde el día que conseguí hacerme con uno de ellos en todocoleccion, y espero y deseo, que a partir de esta entrada, lo sea también para todos aquellos que la lean, que recuerden lo bien que lo pasaron con el juego de la oca de los setenta y que a partir de ahora sabrán que su autor, fue Pere Massana, un dibujante inmortal.

Las fotografías de esta entrada pertenecen a "el juego de la Oca" dibujado por Pere Massana para juguetes Marigó. Han sido realizadas por mí del tablero de mi colección particular.

16 comentarios:

Loli dijo...

Qué conjunto de coincidencias y qué afortunado por mil cosas: por trabajar en lo que te gusta, por poder compartir tus experiencias con tu mujer, por tener amigos en el trabajo con los que te llevas tan bien, por tener ese juego tan bonito y bien conservado...me imagino la escena y se me ponen los pelos de punta. Estupendas fotos, dan ganas de ponerse a jugar ya.
Mi juego de la oca tenía también su cara al reverso para el parchís, tenía el dado en el centro y se accionaba mediante una palanquita, al final del juego tenías los dedos destrozados, jaja.

Besitos. Loli

JuanRa Diablo dijo...

¡Qué bueeeno! ¡Menudo descubrimiento!
"A un grado de separación de un Rey Mago", jajaja
Cómo no, ese parchis está grabado en las retinas de los niños de entonces. Lo veo en las fotos y lo reconozco en su totalidad.
Me pregunto si el señor Massana sería también el dibujante de la cara de aquel niño tan sonriente que había en la caja de los Juguetes Reunidos Geyper, inolvidable también.

Atractivo e interesante mundo el de vuestro trabajo. ¡Que no decaiga jamás!
Un abrazo Kioskero

Valentín VN dijo...

Magnífica anécdota.
A mi me regalaron este tablero y el de ajedrez un cumpleños. Mis padres tenían esas cosas. Y te aseguro que lo disfruté muchísimo.

MT dijo...

Estupendo relato/anécdota.

¡¡Las casualidades de la vida!!

Pocas cosas hay tan clasicas como ese tablero.

Un saludo de Manolo

Núria dijo...

No me extraña k Meritxell lo guarde como un tesoro y lo conserve tan bien...Me ha encantado leer esta entrada...le diré a mi madre si aún conserva nuestro antiguo juego de la oca...recuerdo k sí tuve uno magnético pequeño de viaje...Saludets.

Cotoky dijo...

menuda casualidad, todavía lo tenemos en casa de mis padres.

María José dijo...

Pues has conseguido que a partir de ahora Pere Massana sea inmortal para algunos más.
¡No sabias que te dedicaras a hacer dibujos!!!tiene que ser duro estar inspirado diariamente, porque cuando es un hobbi es otra cosa... enhorabuena por tu arte, y espero que algún día nos enseñes algún trabajo.

saludos

María José dijo...

¡¡¡Buenoo!!! creo que ya he saciado un poco mi curiosidad!!! he visto como te contestaban diciendo tu nombre y el chiste firmado por tí, el de las canicas, jajaaa, que chuloooooo!!!!!!

saludos

Akela-J.P. dijo...

Vaya un efusivo aplauso y una gratitud sincera a Pere Massana., muchas Gracias!

Con esta revelación Sergi, ha sido una de las entradas que más tiempo he tenido la boca abierta… Bonita experiencia debió ser la tuya al ver el tablero y enterarte in-situ de los labios de su hija… tu compañera.

Emocionante!

Deseoso estoy por ver los Blister de las ilustraciones jugueteras de Pere Massana, sin duda por siempre y para siempre.

El kioskero del antifaz dijo...

Hola cuadrilla ;-)

Gracias por los coments.

Pere Massana no fue el autor de la cara del niño de Geyper del que además hubieron un par de versiones (que yo recuerde) una bastante antígua (sobre los años 40) y la posterior de los 60 que probablemente sea la que recordamos todos. Pero sí fue el autor de los blisters de los que os he hablado y que actualmente estoy rebuscando de aquí y de allá para una próxima entrada, que seguro devolverá a vuestras memorias juguetes con los que disfrutásteis.

Abrazos ;-)

futublock dijo...

Diossss, gracias, buscaca ese tablero como loco, ¿tienes una imagen mas amplia?


gracias gracias gracias

P.S.E. dijo...

desde aqui enviar un saludo a Pere Massana gran creador de personajes,dibujante y mejor amigo por siempre massana.

Sergio Romero dijo...

Aunque la entrada es antigua no quería dejar de darte las gracias. Todavía conservo ese tablero (aunque el mío es de mediados de los 80), precisamente porque sus dibujos eran los que más me gustaban de los dos o tres juegos de la oca que tuve...
Saber quién lo dibujó con nombre y apellidos es algo que pensé que nunca ocurriría.
Enhorabuena por el blog.

P.S.E. dijo...

Solo escribir juguetes Pse (Plasticas Santa Elena) en google y descubrireis las ilustraciones jugueteras de la obra de Pere Massana.

Xuan dijo...

Gracias a esta entrada ya puedo poner nombre al autor de los dibujos del juego de la oca que tanto miré de niño. Todavía lo conservo.

Anónimo dijo...

¡¡Tengo el honor de conservar ese tesoro!!
Vaya una de recuerdo de mi infancia. Lo guardo con mucho cariño, como si fuera de oro y en muy buen estado. Lo único que tiene es que -como el tiempo no perdona- el color blanco amarillea un poco, pero no me importa
¿Seria posible encontrarme con el Sr. Pere Massana para que me lo firme?