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martes, 20 de septiembre de 2011

Los Chiripitiflauticos

Buenos días, su señoría.

Mantantirulirulan.

Así era como el personaje de Valentina saludaba a todos cuantos encontraba en el programa estrella de las tardes infantiles: Los Chiripitiflauticos (1966-1973).

Hubieron otros antes; se me ocurre, por ejemplo, el de Herta Frankel y su perrita Marilin, en los programas: “Fiesta del lunes” (1963-1964), o “Día de fiesta” (1966). Personalmente no los recuerdo; sí a Herta y a sus marionetas ya que posteriormente apareció también en el programa “La Cometa Blanca”, pero no a los programas anteriores debido a que era muy pequeño, y aún no tenía tele en casa.

Así que para mí, el primer gran programa infantil que se coló en el salón de mi casa a través de mi televisor, fue el de Los Chiripitiflauticos, y con él, todos los personajes que lo integraban, con sus aventuras y sus canciones.

En un principio Los Chiripitiflauticos no era más que un espacio dentro del programa Antena Infantil y cuya presentadora fue la inolvidable María Luisa Seco, pero la repercusión que los personajes tuvieron entre los niños, fue tan grande que no tardaron en tener su espacio propio. De modo que Valentina (Maria del Carmen Goñi), Locomotoro (Paquito Cano), El Capitan Tan (Félix Casas), El Tío Aquiles (Miguel Armario) y Los Hermanos Malasombra (Luis González Páramo, Carlos Meneghini), pasaron, en 1970, a convertirse en los protagonistas absolutos de la programación infantil de las tardes, y que mientras permanecíamos sentados en la alfombra de casa y con nuestro pan con chocolate, nos acompañaron durante cuatro años más, llenando - sobretodo para los que nacimos en 1964- toda nuestra etapa infantil.

Era una España en la que aún no habían televisores en las casas de muchas familias. Es necesario recordar que una tele costaba unas 25.000 pesetas (unos 300 Euros) y que el salario mínimo era de 120 pesetas (vamos... que no llegaba ni a un Euro). De manera que para ver aquellos primeros episodios de Los Chiripitiflauticos que empezaron a emitirse en 1966, había que ser un poco niño de papá, o tener un tío que fabricase aparatos de radio, transistores y televisores; y esa suerte fue la que tuve yo, e imagino que esa primera tele que entró en mi casa en ese año1966, le saldría a mi padre por un precio más bien simbólico.

Los Chiripitiflauticos eran unos personajes que viajaban en el tiempo y el espacio, que tan pronto se encontraban en el Oeste como en países exóticos desde donde nos hacían vivir sus apasionantes aventuras, nos cantaban canciones que llegamos a aprendernos de memoria, y nos transmitían optimismo y esperanza a la vez que, todo el programa en general, estimulaba nuestra imaginación. Que me da a mí que si a día de hoy repitiesen los guiones, tramas y canciones de Los Chiripitiflauticos, no solo sería un programa de una vigencia absoluta, sino que tampoco me extrañaría nada que los nuevos protagonistas, repitiesen la enorme popularidad de la que gozaron por aquel entonces los actores y actrices que interpretaron a los originales. Que conste que no estoy dando ideas, que por otra parte, cada vez que me hacen algún “Remake” de alguno de mis mitos infantiles... me lo suelen destrozar. Así que mejor lo dejamos como está aunque nuestro hijos se pierdan un gran programa infantil. Ahí estamos los padres para recuperar, en la medida de lo posible, retazos de nuestra memoria (con la inestimable colaboración de Internet y Youtube... claro está).

Por otra parte, creo que sería difícil recuperar el material de Los Chiripitiflauticos, ya que corre la leyenda urbana de que una antigua directora de Televisión Española, se encargó de destruir todas las copias de los archivos. El motivo de tal arrebato de enajenación mental es una absoluta incógnita, así como también lo es el saber si el rumor es verdadero o falso, pero lo cierto es que no es fácil encontrar material del que fue el programa estrella de los niños setenteros.

Otra mala noticia fue la de aquella tarde en la que, como todas las demás tardes, tomábamos al asalto la alfombra del salón con nuestro chusco de pan y las cuatro tabletas de chocolate “La Campana de Elgorriaga”. Cruzábamos nuestras piernas para encontrar la mejor pose hasta que, absortos ante la pantalla de la tele, se nos pasaba por alto la posibilidad de que se nos pudiesen quedar dormidas, y para cuando queríamos reaccionar, ya era demasiado tarde. Esa sensación de que miles de agujas se clavasen en nuestros muslos y pantorrillas, es algo que, personalmente, siempre he asociado también con Los Chiripitiflauticos. El caso es que esa tarde... Locomotoro, uno de los personajes preferidos por todos, ya no estaba entre el elenco estelar. En su lugar estaban: un payaso llamado Poquito, el dueño de un circo llamado Don Mandolio, así como Filetto Capónico (un tipo vestido de romano) acompañado de un león de peluche al que llamaba Leocadio Augustus Tremebundus, y para llenar el espacio que dejó Locomotoro, y por si semejante grupo de nuevos personajes, no fuese ya suficiente, se unía a todos ellos un niño negro al que llamaban Barullo.

La muerte de Chanquete de Verano Azul fue, años más tarde, una auténtica caricatura si la comparamos con la tragedia que supuso la desaparición de Locomotoro. Vale que yo, era quizá más del Capitán Tan, pero aún y así, Locomotoro era imprescindible, y no fuimos pocos los que tardamos en acostumbrarnos a los nuevos personajes y a que empezasen a caernos medio bien.

Días más tarde, y ante el revuelo que se formó ante la inminente desaparición de Locomotoro, se filtró la noticia (presuntamente desde Televisión Española), de que Paquito Cano, el actor que daba vida a nuestro héroe al que se “le movían los mofletes” cuando reía, había muerto en accidente de tráfico a bordo de su SEAT 850. La conmoción fue brutal. Los niños que veíamos ese primer programa infantil y que sentíamos (literalmente) la presencia de esos personajes formando parte del salón de nuestras casas como unos integrantes más de nuestras familias, lloramos la muerte de Locomotoro como si se hubiese tratado de la de un tío o algo así. Bien hubiesen hecho los de televisión española engañándonos. Contándonos; por ejemplo, que Locomotoro había sido enviado a un viaje por el espacio sideral y que las recién estrenadas antenas de nuestros primitivos televisores no captaban la señal. Que tardarían unos meses en establecer contacto con él, pero que para cuando lo hiciesen, nuestro personaje nos contaría sus aventuras con los marcianos. Qué sé yo! Una mentira piadosa en lugar de esa cruda y aparente realidad.

El caso es que con el tiempo, descubrimos que efectivamente, Televisión Española nos había engañado, pero que lejos de lo que hubiese sido una mentira piadosa, nos contaron una bola cruel y espeluznante. Al parecer el actor no era muy amante de la fama y de la popularidad extrema, así que decidió abandonar el programa para dedicarse al negocio inmobiliario. Hoy en día, cuando un actor de serie de televisión se cansa de su personaje, o le hacen una oferta para un trabajo que considera mejor, rescinde su contrato con la productora de turno y los guionistas se ponen manos a la obra para “eliminar” a ese personaje de un modo más o menos épico, pero sin necesidad de contarle al espectador que el actor “fulano de tal” ha muerto. Y menos a unos televidentes críos!!! La televisión de Franco, después de todo, era eso... de Franco, y al igual que en la vida real, todo lo solucionaban cargándose a alguien.

Afortunadamente, a Locomotoro se le vio posteriormente en programas como: “Hablando se entiende la gente” (1991), “Qué pasó con...” (1994), o en “Cine de barrio” (1999). Eran la prueba evidente de que Locomotoro seguía vivo y entre nosotros, pero... el daño irreversible a los niños de toda una generación... ya estaba hecho. Así hemos salido de descreídos.

Otra historia, pero esta vez de verdad de la buena, es la del personaje de Valentina. La actriz Maria del Carmen Goñi trabajaba en la radio como actriz de reparto. En aquellos tiempos las novelas eran radiadas y madres y abuelas, mientras hacían ganchillo, planchaban pantalones o lavaban platos, pasaban las tardes pegadas al aparato escuchando los folletines radiofónicos. Pues bien, Valentina era una de esas actrices de la radio a la que un día descubrió Oscar Benegas, creador, guionista y director de Los Chiripitiflauticos. Le propuso a la actriz trabajar en un programa de televisión, y ella, tan resuelta como el personaje que encarnaba en el programa, no se lo pensó dos veces y allá que te vas. De camino a su primera grabación y en dirección a los Estudios del Paseo de la Habana, pasó por delante de un tenderete de mercadillo en la Casa de Campo en el que vendían gafas de sol. Imagino que algo de ansiedad se apoderó de ella y pensó que plantarse delante de una cámara no era lo mismo que hacerlo delante de un micrófono. Decidió comprar una de esas gafas, quitarle los cristales oscuros, pintar unos rombos rojos con esmalte de uñas en la enorme montura blanca, y ya de paso, pedirle permiso al director, Oscar Benegas, para interpretar a su personaje con esas gafas puestas, y así, sentirse más protegida. El director aceptó, y por casualidad y sin querer la cosa, Maria del Carmen Goñi, dotó a su personaje de la muestra más representativa de su personalidad, esas enormes gafas que le daban el aire necesario al personaje que interpretaba: una joven resuelta, pero algo repelente, lo que vendría a ser un equivalente a Lisa Simpson de “Los Simpson”, pero en setentero. Que por cierto... “de tal palo, tal astilla”, como dato les dejo que la actriz que dobla a Lisa Simpson en su versión española, es la hija de Maria del Carmen Goñi. Coincidencia de carácter de personajes y casualidades de la vida.

El resto de los personajes de la serie han seguido con sus vidas y con bastante éxito personal la mayoría de ellos, aunque no de una forma pública, pero por ejemplo: El Capitán Tan, tras la finalización del programa, trabajó como director del departamento de duplicación de un estudio de doblaje propiedad de Maria del Carmen Goñi y de su marido. Permanecieron trabajando juntos allí hasta que se jubilaron, y hoy en día siguen manteniendo contacto. El Tío Aquiles siguió en su carrera de actor interpretando a numerosos secundarios hasta el año 1975 en el que falleció su esposa, la también actriz Rosa Sabatini. El payaso Poquito (Nicolás Romero) es productor ejecutivo y guionista de numerosas series de televisión. Luis González Páramo, uno de los Hermanos Malasombra, se ha dedicado de lleno a la interpretación y dirección de doblaje, y en la actualidad, es un auténtico y activo participante de internet y de las redes sociales.

Así, entre mentiras y verdades, entre tragedias y alegrías, Los Chiripitiflauticos iban llenando nuestras tardes de merienda, nuestras vidas, y aportándonos momentos, que aunque lejanos y borrosos en nuestra memoria, son verdaderamente inolvidables e incluso me atrevería a decir que inigualables.

En el año 1974, en plena grabación de una de las aventuras de Los Chiripitiflauticos, alguien de la dirección de Televisión Española comunicó a los actores y al resto del equipo, que ese era el último programa. Que se cerraba el telón, y que en pleno éxito, en la cumbre de la cumbre del mundo mundial, Los Chiripitiflauticos tenían que desaparecer para dar paso a Los Payasos de la Tele.

Vale... también me gustaron Gabi, Fofó, Miliki y Milikito, pero que quieren que les diga, aunque yo aún seguía siendo un niño, después de lo que supusieron para mí Los Chiripitiflauticos... no estaba yo para circos.

Debo confesarles que la elaboración de esta entrada ha sido una de las que más me ha movido por dentro. Buscando la documentación necesaria para su creación he descubierto tantas cosas, que ha sido imposible evitar ataques de nostalgia y de cierta visión borrosa provocada por enrojecimiento de ojos. Dirán que son mariconadas mías, no les digo que no. Todos los recuerdos evocan emociones, ya bien sean visuales, aromáticos, táctiles, gustativos... y en esta búsqueda de material para Los Chiripitiflauticos, me he topado con todos ellos, pero lo que por encima de todo me ha supuesto un reencuentro brutal con mi infancia, han sido los recuerdos auditivos tras encontrar viejas canciones interpretadas por algunos de los personajes y que seguidamente les enlazo. Ya de paso. Les ruego que si disponen de alguna canción más (llegaron a grabar muchísimas), las enlacen en los comentarios y podamos reconstruir más aún, nuestro recuerdo.






viernes, 29 de octubre de 2010

El Hombre y la Tierra

Los programas de Félix Rodríguez de la Fuente fueron obra de referencia para el resto de documentales de la naturaleza que se crearon posteriormente en España y en el extranjero, e inauguró una nueva fórmula documental. Félix fue, sin duda, un pionero en este género de programas que a día de hoy, y con tanta oferta televisiva, parecen pasar desapercibidos por la audiencia, aunque eso si... los documentales de animales y de la naturaleza en general son ese tipo de programas que todo el mundo dice que ve, pero que en realidad... nadie mira.

Entendamos que en la década de los setenta, la televisión no se trataba única y exclusivamente de un divertimento, sino que además, cumplía una función pedagógica y formativa debido a que era un modo eficaz de introducir información en los hogares de todos los españoles; amén de contarnos constantemente las excelencias del régimen y de tratar de manipular nuestras mentes para que no cayésemos en actos de sublevación o rebeldía ante lo que era una estricta dictadura. Actualmente cualquier persona con un mínimo de sentido crítico, capaz de acercarse a buena documentación, puede acceder a cualquier tipo de conocimiento a través de gran cantidad de medios, así pues, la televisión, ha pasado a convertirse en una “válvula de escape”, en ese aparato “antiestrés” que encendemos cuando llegamos a casa después de una jornada de trabajo y en la que la vida, las idas y venidas de una mujer del barrio de San Blas y madre de la hija de un torero, se convierte en el opio del pueblo; puesto que para documentarnos, o volvernos más sabios, ya tenemos internet y las enciclopedias online.

También hay que decir que no estaría de más que las televisiones tratasen de transmitir algún tipo de información amena a través de algún sistema más o menos entretenido; sin ir más lejos... el otro día, en un reality en horario Prime Time, pude ver como a una joven de unos 25 años -a la que la cultura le pasó un día de largo- se le entregaba una fotografía de la catedral de Notre Dame y ella exclamaba: “Esto... esto es la Torre Infiel!”. Seguro que de “la princesa del pueblo” antes mencionada que insiste en que su hija se coma el pollo... se sabe toda su vida, “obra”... y milagros. De modo que estaría bien pedirles a los “personajes” que aparecen constantemente por los programas actuales, que transmitiesen algo más que lo fácil que resulta hacerse famos@ por el mero hecho de echar un polvo.

En la línea de ese tipo de programas que de un modo divertido intentan hacernos tomar interés por temas serios, está el programa que desde el pasado domingo 3 de octubre puedo disfrutar en compañía de mis hijos. Me refiero al programa de CuatroFrank de la jungla”. Me río con ese tipo que gasta una considerable mala leche con los dos técnicos que le acompañan en sus aventuras selváticas y que “aparentemente” se la juega en cada programa manipulando cocodrilos o venenosas serpientes como si se tratasen de inofensivas criaturas.

Frank Cuesta fue una joven promesa del tenis español que tras un accidente de moto pasó a convertirse en entrenador y en descubridor de talentos como: Pete Sampras o Andre Agassi. La academia de tenis profesional, de la cual formaba parte, le mandó a Tailandia, se enamoró del país y además de seguir entrenando a futuros aspirantes a tenistas, se apasionó por los animales y se dedicó a su estudio y observación.

Se pueden contar por decenas la cantidad de programas documentales en los que un presentador, más o menos carismático, nos hace de guía a los telespectadores a través de sus incursiones por territorios angostos poblados de fauna curiosa, cuando no... peligrosa, pero Frank Cuesta rompe un poco con el estereotipo de aventurero que se nos ha presentado hasta ahora vestido de explorador safari, seudo-Indiana Jhones o similar. El loco de Frank se nos presenta con ropa cómoda, como de estar por casa, con gorra de tenis, calzando unos Crocs de color naranja y con una mochila de Barrio Sésamo en la cual guarda algunos antídotos para el veneno de las serpientes, una linterna y poca cosa más.

Como digo, me río y me divierto, y me encanta contemplar como mis hijos se ríen y se divierten, pero en esta incombustible fórmula televisiva que combina la fragilidad del hombre en constante jaque con la impredecible naturaleza, nosotros, los de mi generación... ya tuvimos a nuestro aventurero particular durante los 70’s. Nuestro Frank de entonces fue Félix Rodríguez de la Fuente y aunque no parecía estar tan loco, ni ser tan divertido, nadie puede negar el valor documental que sus programas tuvieron en aquella época en la que por primera vez supimos de la existencia de animales como el lirón careto, el águila perdicera, o el... abejaruco, entre muchos otros.

El hombre y la tierra fue una serie que debutó en RTVE en 1974 y que se mantuvo en antena hasta el año 1980. Constó de tres partes y de una cuarta inconclusa debido al mortal accidente de avioneta, que el 14 de marzo de 1980 sesgó la vida de Félix, la del piloto, la de un cámara de Televisión española y la de su ayudante. Todos ellos se encontraban sobrevolando el círculo polar ártico para filmar la carrera de trineos tirados por perros esquimales más importante del mundo. Dicen... que en el momento de iniciar el vuelo, Félix decidió cambiar de avioneta ya que la que usaba la mayor parte del equipo técnico había sufrido una pequeña pérdida de aceite. Instantes antes de subir a la nueva avioneta que le costaría la vida, Félix contempló el maravilloso paisaje que le rodeaba y exclamó: “Que lugar más hermoso para morir”.

Sé que es viernes y que debería insertar un tema musical en la entrada, pero lamentablemente... no se me ocurre otro que el infumable “Amigo Félix” que en homenaje a su desaparición nos interpretaron hasta el hartazgo el dúo Enrique y Ana. Como les quiero bien y no quiero que sufran más torturas que las justas y necesarias, me abstengo de adjuntarles el tema, así que en su lugar, les dejo con la cabecera que daba paso a los fabulosos documentales de “El hombre y la tierra”.

Feliz weekend.

miércoles, 20 de enero de 2010

El fantasma del Poble Sec

En la Edad Media, lo que actualmente es la Plaza de España de Barcelona, era un monte denominado "El Turó dels Inforcats", y en él se pudrían al sol los cadáveres de los ajusticiados como muestra de escarnio y de advertencia a los viajeros que cabalgaban a través del camino de La Creu Coberta, principal acceso a la ciudad desde casi toda España. Los condenados a la pena capital permanecían ahorcados hasta que las aves de presa daban buena cuenta de los restos mortales de los que tan sólo quedaba un espantoso hedor a descomposición.

Nadie lo diría teniendo en cuenta que ahora, en ese fantasmagórico lugar, se halla la Fira de Barcelona y el Palacio de los Congresos al que millares de visitantes de todo el mundo vienen constantemente con motivo de los diversos eventos que se celebran en la ciudad, pero lo cierto, es que en la memoria de los viajeros se construyeron gran cantidad de leyendas con respecto a ese monte que un buen día desapareció para dar lugar a la calle Creu Coberta, la Avenida Mistral y la que hoy en día es la entrada principal a la Plaza de España: la Avenida María Cristina.

Cabe destacar que desde ahí, el Poble Sec, mi barrio, se extiende a lo largo de la Avenida del Paralelo hasta el puerto de Barcelona, y no es de extrañar que con antecedentes tales, las historias de fantasmas se hayan prodigado durante muchos años dejando leyendas tan populares como espeluznantes.

Corría el año 1971, apenas tendría yo unos siete años, cuando los vecinos de la calle Salvà nos las vimos cara a cara con una de esas ánimas en pena.

Todo empezó una noche de verano en la que la señora Eulogia regresaba a su casa después de cerrar su colmado. A la altura del número 85 de la calle Salvà se encontraba un edificio en construcción en el que por algún motivo especulativo, las obras llevaban bastante tiempo detenidas. Los vecinos de la calle teníamos las ventanas de los balcones abiertas para soportar el asfixiante calor y a pesar de los ruidos de los televisores y de los receptores de radio, a pocos nos pasó desapercibido un grito desgarrador que rompió la noche.

Asustados y curiosos, los vecinos se asomaron a sus balcones para ver de dónde procedía aquel grito. Las mujeres subían las persianas y se dejaban ver con sus batas de guatiné y sus rulos puestos, los hombres con sus camisetas estilo imperio y fumando tabaco negro. Todos, absolutamente todos los que se encontraban cerca del lugar, se preocuparon por saber qué era lo que estaba sucediendo.

—Qué pasa señora Eulogia? Está usted bien? —gritaba un vecino desde su balcón.

La señora Eulogia no respondía, estaba de pie en mitad de la calle, agarrotada de terror y mirando fijamente, sin parpadear, la fachada del edificio en construcción del número 85 de la calle Salvà.

—Alguien sabe qué ha pasado? —gritaba una vecina a otra que se hallaba en un balcón de enfrente.

—Ni idea. Estábamos viendo el parte cuando hemos oído el grito.

Rapidamente la calle empezó a llenarse de los vecinos que hacía un momento estaban en los balcones. Todos se preocupaban por el estado de la señora Eulogia que seguía en estado de shock. Alguien bajó una botellita de agua del Carmen y le dieron a tomar unos sorbos, otros le daban aire con abanicos y pañuelos, a la vez que la sentaban en una silla en mitad de la calle.

La señora Eulogia empezó a recuperarse poco a poco, levantó su mano derecha señalando un punto concreto del esqueleto de aquel edificio y en un apocado murmuro... susurró:

-Fan... tas... ma..., un fan... tas... ma.

Todos los allí presentes dirigieron su mirada hacia el lugar señalado por la señora Eulogia, el silencio era absoluto.

El "Poca cosa", un vecino bajito, pero con muy mala leche, se acercó al edificio no perdiéndole de vista mientras que con su dedo índice se rascaba la barbilla. Al rato, y en medio del silencio, se giró hacia el resto y les dijo:

-Si ahí hay un fantasma... habrá que encontrarlo.

Y dicho y hecho; el resto de hombres regresaron a sus casas en busca de linternas de petaca y de cualquier cosa que les pudiese proporcionar algo de luz. Las mujeres permanecieron al lado de la señora Eulogia, y como no... poco tardamos los críos en salir de nuestras casas, llenar la calle del barrio y en sumarnos a tan apasionante aventura.

Pronto empezamos a acceder al interior de la obra. Por aquellos tiempos no habían accidentes, así que ni pensar en eso de ponernos cascos de protección para entrar a un edificio en construcción. Grandes y pequeños sabíamos que ante cualquier paso en falso la mercromina y las tiritas lo solucionaban todo. Fuimos metiéndonos por lugares imposibles, subiendo y bajando altísimas escaleras sin barandilla, deslizándonos por cuerdas, etc. Los mayores con el afán indiscutible de encontrar al fantasma o algún indicio que diese alguna pista de qué era lo que sucedía allí. A nosotros los críos, nos daba igual el fantasma, nos bastaba con estar jugando en la calle a esas horas de la noche y respirar el aroma del riesgo que implicaba aquel lugar lleno de desafíos y múltiples peligros.

Aquella noche la búsqueda del espectro fue infructuosa. Nadie dio con él, aunque algunos aseguraron haber visto alguna sombra, o haber tenido una sensación muy extraña al acceder a la obra. No faltaron las teorías referentes a “de quién” podría ser el alma que deambulaba por el edificio, y ahí salieron a relucir los últimos casos de muertes que habían tenido lugar en el barrio. Mi yaya Lola recordó que la señora María, una anciana que vivía en el último piso del número 90 de la calle, haría escasamente seis meses que había tomado su balancín, lo había acercado al borde de la azotea y desde ahí se desplomó al vacío para poner fin a sus días de soledad y olvidada por todos sus hijos. La señora Paquita se atrevió a comentar algo bastante tabú entre el vecindario, y que tenía que ver con la carnicería situada unas calles más abajo y en la que sus dos últimos dueños fueron hallados muertos en extrañas circunstancias en un periodo de tiempo relativamente corto. El "Paquito", un solterón de toda la vida, recordó que hacía poco habían encontrado muerto al señor Quimet "el cojo", bueno... en realidad encontraron su cuerpo decapitado, y hasta la fecha, aún nadie, ni la policía, había dado con su cabeza.

Esa noche nadie puso en duda la existencia de ese posible fantasma. A excepción de la señora Eulogia nadie vio ni oyó nada durante el largo rato que los vecinos permanecimos en la calle, pero curiosamente, nadie cuestionó la situación y para todos los allí presentes, la existencia del fantasma, se trataba de un hecho probado.

Al día siguiente, de vacaciones y con el verano por delante, los niños acompañamos a nuestras madres y abuelas a hacer la compra; El colmado, la tiendecita de ultramarinos, la tintorería, la bodega... en todas partes se hablaba de lo mismo. El fantasma había cobrado tal protagonismo que era tema de conversación constante, y no sólo eso... en las tiendas del barrio a las que entraba de compras con mi yaya Lola, se estaba fraguando un nuevo encuentro nocturno de todos los vecinos con el fin de tratar de verlo y dar debida fe de su indudable existencia.

Y así fue; una noche más en busca del fantasma, sólo que esa noche ya nadie se adentró en el esqueleto del edificio del número 85 de la calle Salvà. Esa noche los vecinos y vecinas se congregaron en la calle frente a la obra y con sus cigarrillos, sus cervezas, las camisetas estilo imperio, las batas de guatiné y los rulos, charlaron hasta la saciedad sobre temas relacionados con ánimas en pena, errantes y venidas del más allá. Numerosas historias de fantasmas se contaron esa noche y en las noches sucesivas de ese verano del 71. Imagino que en un tiempo en el que ir de vacaciones era un lujo al alcance de unos pocos, la excusa del fantasma nos sirvió a todos para salir de nuestras casas, tomar un poco el fresco y hacer vida en la calle. Cualquier cosa era mejor que mantener la espalda pegada al escai del sofá frente al televisor en blanco y negro, en el que no hay que olvidar que en aquella época, no eran pocos los programas que nos alertaban de la existencia de OVNIS, fantasmas y triángulos marinos y misteriosos en los que desaparecían numeroso barcos y aviones. El Dr. Jimenez del Oso empezaba a ser popular en las teles de todos los hogares con programas de misterios y enigmas; poco después dirigió sus famosísimos programas tales como: "Todo es posible en domingo" y "Más allá"; es decir,,, que nuestras mentes, y las de nuestros mayores, estaban predispuestas a dar crédito a todo y cuanto fuese susceptible de ser, o parecer... un fantasma.

Para nosotros, los niños, esas noches fueron como de fiesta mayor. Los mayores no tenían prisa ya que no había que madrugar para ir ni a la escuela ni al trabajo, así que nos daban las doce y la una de la madrugada en plena calle, y mientras que ellos -cada vez con menos entusiasmo- seguían en el empeño de ver al fantasma de la calle Salvà, nosotros lo pasábamos en grande jugando a las canicas, o al pilla-pilla.

El escepticismo fue dando lugar a comentarios y a historias cada vez menos sugerentes que las que en noches anteriores se contaban sobre fantasmas. La teoría de que el "supuesto" se tratase de un vagabundo o de un preso fugado de la prisión Modelo fue tomando forma entre los más descreídos, y así, poco a poco se fue desvaneciendo el mito y con él... las divertidas noches de callejeo consentido y compartido con nuestros mayores. Cada vez nos retirábamos antes hacia nuestros pequeños pisos del barrio, hasta que una noche en la que empezó a refrescar un poco, ya nadie salió a ver si el fantasma aparecía o no.

Poco tiempo después, el señor "Paquito", el solterón de toda la vida... desapareció y nunca más se volvió a saber de él en el barrio. La policía entró en su casa y todo estaba allí, intacto, y lo peor de todo... no apareció nadie a quien echarle la culpa.

Créditos de las imágenes: Ilustraciones de “El Kioskero del Antifaz”.

Aprovecho la entrada para dejar una reseña del libro titulado: "Fantasmes de Barcelona", de la escritora y periodista Sylvia Lagarda-Mata. Una lectura muy amena e instructiva sobre todos los hechos sobrenaturales acontecidos a lo largo de la historia en BCN. Debo decir que en su libro no habla de mi fantasma... del "fantasma del Poble Sec", pero se lo perdono a la autora por lo exquisito de su obra.

Les dejo también la cabecera del programa de gran éxito televisivo en la segunda mitad de la década setentera; se trata del programa “Más allá” del Dr. Fernando Jiménez del Oso.

sábado, 14 de marzo de 2009

¿Se hacían en color los dibujos animados cuando nuestros televisores eran en blanco y negro?


No sé si alguien se habrá formulado en alguna ocasión esta pregunta. Tampoco sé si a alguien puede interesar la respuesta, pero en mi caso, y teniendo en cuenta que me dedico a esto de hacer dibujos animados desde hace algo más de 25 años, descubrir todo eso fue algo que me sorprendió cuando empecé a recorrer algunos estudios de animación con mis dibujos y en busca de mi primer empleo como aprendiz.


Antes que nada sería necesario dejar caer un par de datos importantes:

La llegada del color al mundo de los dibujos animados en el cine, se produjo en 1932, y la primera película que se rodó con el nuevo sistema del Technicolor fue un cortometraje de la casa Disney titulado Árboles y flores (Flowers and trees). Curiosamente su incorporación al cine de imagen real se produjo pocos años más tarde, en 1935 se rodó “La feria de las vanidades” de Rouben Mamoulian, pero el esplendor de la nueva técnica llegó al gran público en el 1939 con “Lo que el viento se llevó”. No obstante, el color en el cine no se impuso hasta que no fue posible equiparar los gastos de la nueva técnica con los del tradicional (hasta entonces) blanco y negro.



Con respecto a la televisión se llevaba investigando con el color desde el año 1928, pero los primeros resultados medianamente óptimos y comercializables a nivel industrial no empezaron a producirse hasta 1950. En España, pudimos gozar del invento a partir de 1972 y el primer programa que se emitió a color en Radio Televisión Española fue el “Un, Dos, Tres, Responda otra vez”, creado por Narciso Ibañez Serrador y presentado por Kiko Ledgar. Pero...

… Si bien es cierto que independientemente de que la tele fuese en blanco y negro o color; los actores, presentadores, azafatas, concursantes, cantantes, etc, no iban paseándose por las calles o los platós de televisión en blanco y negro... Qué sucedía con los personajes de dibujos animados?

La animación exigía, y exige aún hoy en día, un proceso lento y laborioso. Para conseguir recrear en pantalla “la ilusión del movimiento” durante un sólo segundo de proyección, se requieren una media de 12 dibujos, variando dicha cantidad en función de si la animación es más limitada, o si es más fluida y pudiendo llegar en éste último caso a los 24 dibujos por segundo; es decir, a un dibujo por cada fotograma teniendo en cuenta que la velocidad normal de proyección es de 24 fotogramas por segundo.


Antiguamente los animadores trabajábamos en un soporte especial compuesto de un disco giratorio instalado en una mesa que nos permitía dibujar comodamente, y con una instalación de luz por debajo para conseguir la transparencia necesaria para crear una pose del dibujo en relación con la anterior.

Los dibujos del animador eran pasados a tinta sobre acetatos o láminas de celuloide transparente. Seguidamente eran coloreados por todo un equipo de asistentes con el fin de filmarlos y que la transparencia de los acetatos, en los cuales se hallaban los personajes, permitiesen ver claramente los distintos fondos y decorados que eran utilizados en la toma de cada plano.




El proceso de filmado se realizaba con una cámara de 35 milímetros suspendida sobre un stand denominado “truca” y que permitía, además de tomar los fotogramas necesarios de cada dibujo, realizar los distintos movimientos de cámara.

Puestos ya en antecedentes, y volviendo a la parte del color realizado por los asistentes sobre los mencionados acetatos, os muestro una selección de unos que pertenecen a mi colección particular de material de dibujos animados.


Los acetatos en cuestión corresponden a un anuncio de televisión que fue realizado para la empresa de helados CAMY y más concretamente para un helado del que pudimos disfrutar en nuestra infancia: el “CAMY PACHÁ” que ofrecía como novedad, la idea de que se trataba de dos helados unidos entre sí, pero que era posible compartir con los amigos ya que disponía de dos palos. Lo recuerda alguien?

Pues bien, el anuncio del Camy Pachá fue rodado a principios de los setenta en un estudio de animación de Barcelona, y como se puede comprobar... los asistentes que se ocuparon de darle "color" a los celuloides, lo hicieron tal y como iba a ser percibido por el ojo del espectador; es decir, en blanco y negro.


Para qué invertir en color cuando el medio en el que se iba a emitir el anuncio no disponía de este sistema? Ya bastante costosa era la producción de un spot como para gastar más tiempo y más dinero en algo que nadie iba a poder apreciar.

Hay que aclarar que esto sucedía en publicidad para televisión, mientras que en cine el color se venía utilizando desde mucho antes. Concretamente en España, y a pesar de que el cine de animación español no cuenta con una gran historia, ya se utilizó el color en el que fue el primer largometraje de dibujos animados español “Garbancito de la Mancha” de 1945, dirigido por Artur Moreno y producido en los estudios barceloneses de Balet y Blay.


Para terminar dejo un pequeño gif animado con los acetatos previamente mostrados y pertenecientes al spot del popular Camy pachá de los años 70.


Camy Pacha

Teniendo en cuenta que el anuncio era en blanco y negro y que logicamente no se puede intuir cuales eran los sabores del helado... Alguien los recuerda? :-D


ANIMATED CARTOONS HISTORY
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viernes, 13 de marzo de 2009

Un globo, dos globos, tres globos


Fue el programa infantil que quizá dedicó más tiempo a los niños y no tan niños de la casa, ya que a lo largo de algo más de una hora, y de lunes a viernes, destinaba su programación a tres franjas de edad diferentes. Un globo, era para los más pequeños e incluía los primeros “Barrio Sésamo” que se emitieron en España. Dos globos, estaba dedicado a los que ya eran algo más creciditos, y los tres globos incluía programación para los preadolescentes.

El programa se empezó a emitir en 1974 y permaneció en antena hasta el 1979, conducido por la añorada y prematuramente desaparecida María Luisa Seco y acompañada por Manolo Portillo. La letra de la canción estaba escrita por la poetisa infantil por excelencia, Gloria Fuertes.

Innumerables recuerdos me vienen a la memoria; recuerdos de llegar corriendo del cole y sentarme frente al televisor para ver el programa, recuerdos de pan con chocolate, de vaso de leche con Nesquik, y sobretodo... de televisión en blanco y negro, pero con la esperanza puesta en un futuro con algo más de color.

He podido encontrar varios Blogs que de un modo u otro hacen mención del programa y lo recuerdan. Me alegra encontrar tanta nostalgia por internet y me alegra ver que el recuerdo que dejó en todos los que lo vimos es grato.

Como buen nostálgico y poseedor para siempre jamás de una infancia feliz (éso ya no me lo quita nadie), no podía dejar de dedicarle una entrada a este querido programa.



sábado, 28 de febrero de 2009

La Casa del Reloj

El primer programa infantil que recuerdo fue el de “Los Chiripitifláuticos”que se emitió entre 1966 y 1970. No obstante, en 1971 apareció “La casa del reloj” a partir del cual, la salida del cole y el pan con chocolate, nunca volvieron a ser lo mismo para mi. Sin duda “La casa del reloj” fue especial durante un periodo comprendido entre mis 6 y 9 años de edad ya que en 1974 desapareció de la programación de Televisión Española.

Los guionistas fueron Encarnación Martinez y Lolo Rico (autor posteriormente del mítico “La bola de cristal”), Miguel de la Hoz como realizador y Manuel García a cargo de la música.

Cuando en la intro de presentación la voz en off decía: “Entramos en la casa del reloj”, recuerdo con asombrosa nitidez cómo yo entraba de manera literal y a partir de ese momento me dejaba seducir absolutamente por los trabajos manuales que hacían los presentadores, los juegos, el modo en cómo nos enseñaban a usar el calendario a través de uno muy curioso compuesto por un bastidor en el que se hallaban tres rectángulos adornados con los divertidos dibujos de unos gusanos; al girar cada uno de los rectángulos, alguno de los presentadores del programa nos enseñaba los días de la semana y el número de día y mes del año.

El programa, como no, contaba con tres muñecos como máximos protagonistas (en aquellos tiempos, eso de que en un programa infantil hubiesen marionetas o muñecos... era novedoso!), los personajes eran: Marta, una muñeca de trapo con coletas, Poppy, una especie de calabaza, y Manzanillo, un burrito de trapo. Los tres, junto con los presentadores, cantaron canciones inolvidables que seguro aún resuenan en algún recóndito lugar de nuestra memoria:

“Redondo es, redondo es, redondo, re, redondo, redondo es...” Con canciones de este estilo nos enseñaban de un modo ameno las diversas figuras geométricas simples.

“Marta Poppy, Manzanillo, Marta, Poppy, Manzanillo, están cambiando las letras y las ponen del revés, porque no saben que hacer...” Y esta otra servía para que ordenásemos letras y formásemos sencillas palabras.

Y que no decir de los presentadores que posteriormente al programa continuaron sus carreras en el mundo de la televisión y en terrenos bien diversos, por ejemplo: Miguel Vila se dedicó a los programas deportivos en radio y televisión. Pedro Meyer pasó a ser años más tarde, el presentador del telediario; también fue asesor en el Ministerio de Defensa, volviendo de nuevo a la televisión, a la radio y siendo en el 2004, director de programas de Radio Nacional de España. Paula Gardoqui continuó presentando programas infantiles después de la casa del reloj, al igual que Manolo Portillo que se incorporó al programa “Un globo, dos globos, tres globos” junto con María Luisa Seco. Mercedes Ibáñez se especializó en la realización y a desempeñar un importante papel detrás de las cámaras. Y finalmente Pepa Palau que tras su aparición en el programa fundó una compañía de teatro dedicada a las representaciones para el público infantil.

La casa del reloj fue sin duda, un programa infantil que marcó las pautas para muchos de los que siguieron después, e incluso de los que se siguen haciendo hoy en día.

martes, 24 de febrero de 2009

Vamos a la cama

Quizá uno de los dibujos animados más entrañables, más queridos y recordados fue (y para algunos de nosotros sigue siendo) el del mensaje que Radio Televisión Española nos mandaba cada noche a las 20:00 horas, para que los más pequeños nos fuésemos a la cama de la mano de Cleo, la mayor de “La família Telerín”, seguida del resto de sus hermanos: Teté, Maripí, pelusín, Colitas y Cuquín.

La pequeña obra de arte animada fue creada en 1964 por los hermanos José Luís y Santiago Moro en sus estudios de Madrid y nos dio las buenas noches durante los 60 y los 70.
Posteriormente la familia Telerín tuvo una aparición estelar en el largometraje animado “El mago de los sueños”, un film realizado en los estudios Macián de Barcelona y dirigido por Francisco Macián en 1966. Como ya he mencionado en un post anterior, éste largometraje, formado por una serie de historias breves inspiradas en cuentos clásicos de Hans Christian Andersen, gozó de gran éxito internacional, pero sobretodo por parte del público hispanoamericano.