
Imagino que muchos recordarán la serie de pequeños, pero densos libritos, que lanzó Editorial Bruguera a finales de los 60’s. El título genérico era: “Colección Mini-Infancia” y en ella se dieron cita numerosos personajes de las series de dibujos animados de la tele, así como de demás cuentos clásicos, dispuestos a alegrarnos el día y a poner sus aventuras en nuestras manos de un modo original, pero sencillo a la vez.
Sencillo porque se trataba de pequeños libros, que aunque albergaban más de 250 páginas, abultaban poco y cabían en un formato reducido de apenas 7x5 centímetros; vamos, a la medida de la palma de la mano. Original porque además del contenido típico y que era lógico esperar de un libro infantil: texto e ilustraciones, contenía también una divertida animación del personaje que los pequeños lectores podíamos ver pasando rápidamente las páginas y fijando nuestra atención en la parte superior derecha del libro.
Curioso que a día de hoy, los editores anden locos buscando productos multimedia, interactivos, digitales, etc, etc... cuando resulta, que ya por aquellos años 60’s, la tecnología “digital” nos estaba ofreciendo un producto “multimedia”. “Digital” porque para pasar las páginas del libro a gran velocidad y poder ver la animación, era necesario asir fuertemente el lomo del librito con la mano izquierda y contemplar como las páginas iban deslizándose ante nuestros ojos, utilizando para ello la tecnología que nos proporcionaba la yema del dedo gordo de nuestra mano derecha. “Multimedia” porque en ese pequeño libro de dimensiones reducidas, tenía cabida información escrita, gráfica y animada; algo que parece imposible realizar a día de hoy, a menos que un editor aguerrido no lleve a cabo una gran inversión para que la obra de sus autores pueda ser compatible con el formato impreso así como con el IPad, IPhone, IPod Touch y demás cachivaches tecnológicos que, en realidad, para lo único que han servido, es para que creadores y productores de contenidos se hayan olvidado de esa máxima fundamental en el mundo de los creativos que dice que: “menos es más”.Una mente lúcida, y para nada sometida a las frenéticas presiones de un mercado cambiante y en constante evolución, pudo pensar (hace poco más de 40 años) en la idea de añadir dibujitos animados en los cuentos, pero... Cómo? Era una época en la que no existían los CD Room, ni Internet, ni tan siquiera el video. Lo único que había por entonces eran las cintas de casete y los discos de vinilo, pero estos únicamente grababan y reproducían sonido. Imagino que a algún iluminado que tenga su mente apostando día a día por la tecnología, esa precariedad de entonces le hubiese hecho desistir del intento de ofrecer un producto en forma de libro, pero que fuese un poco más allá del libro propiamente dicho. No obstante, quizá debido a esa precariedad de la época, a nuestro personaje de mente lúcida se le ocurrió, que la única forma de incluir contenido “vivo” y en movimiento, en un libro, era haciéndolo en las propias páginas del libro, y así, adquiriendo las correspondientes licencias de edición a los respectivos dueños de los personajes que aparecieron en la colección, creó unos libritos con unos textos estupendamente bien redactados, con unas ilustraciones muy bien ejecutadas y con esa pequeña novedad que consistía en una animación puramente accesoria, pero que le daba al libro un valiosísimo contenido adicional en el que podíamos ver a algunos de los personajes de los cuentos en movimiento, vivos ante nuestros ojos gracias a una mínima habilidad en nuestras manos a la hora de pasar las páginas de aquel “Ipad” de papel impreso.
No sé si la colección Mini-Infancia de Bruguera hubiese gozado del éxito que tuvo sin ese pequeño contenido adicional de las animaciones, pero lo que está claro es que a día de hoy, cuando recuerdo esa colección entre amigos que compartimos generación y que los tuvimos de pequeños, todos decimos eso de: “Si! Es verdad! Los libritos que tenían dibujos animados!”. Imagino que ese pequeño “Gadget” tuvo su impacto, y de ahí que persistan esos libros en nuestra memoria y que nos traigan tantos recuerdos.Bruguera lanzó el primer título en marzo de 1968. El primer personaje en incorporarse a una larga lista de “famosos” fue el popular Bugs Bunny, con un libro titulado “Las travesuras de Bugs Bunny” y que perteneció a la serie nº1 de la colección. Cada serie contenía cuatro títulos distintos, y la colección, a lo largo de sus años de vida (1968 – 1973 en su primera edición), nos ofreció 48 series con un total de 192 libritos que se podían comprar de forma individual al precio de 7,50 pesetas unidad, o a 30 pesetas la serie.
Otros personajes que “se movieron” y nos contaron sus aventuras a través de los libritos de Mini-Infancia, al margen de los personajes de las historietas de Editorial Bruguera, fueron: Tom y Jerry, Piolin y Silvestre, el Pájaro Loco, Speedy Gonzalez, el Gallo Claudio, el Coyote y el Correcaminos, Porky, etc, etc. En definitiva, la gran mayoría de personajes de series de animación de Hanna Barbera, Disney, Warner y demás fábricas de sueños que nos mantenían pegados ante las pantallas de nuestros televisores y sin encontrar nunca la hora de ponernos a hacer las tareas escolares.Cabe decir que previo a este exitoso producto, Bruguera realizo una edición anterior (sobre 1966). En esa ocasión la idea y los títulos eran los mismos, solo que el formato era algo mayor y quizá por eso tuvo una menor aceptación. El título genérico para esa primera tentativa fue “Tele Infancia”.
Así que ya saben; cuando lean su próximo libro ilustrado a través de su soporte digital pertinente, y alucinen con la maravilla tecnológica que supone eso de poder estar leyendo un libro y contemplar alguna de sus ilustraciones en movimiento, no olviden que ya en los 60’s, esa virguería fue posible y a unos 4’5 céntimos de Euro la unidad.
Créditos imágenes: 1) Portada del libro número 1 de la colección Mini-Infancia, titulado "Las Travesuras de Bugs Bunny" (1968). Colección particular. 2, 3, 4)Libros de mi colección particular. 5) Fragmento de la animación del libro titulado "Los Problemas de Pedro" (1970) correspondiente al número 87 de la colección.






































