viernes, 1 de octubre de 2010

El ventilador, Triana, y el lago

Recuerdo los sudores de aquel caluroso verano de 1976 recién cumplidos los 12 años. Mi yaya Lola bajó a la tienda de electrodomésticos de la esquina a comprar uno de esos ventiladores que ningún año resistía a la llegada del verano siguiente. Confiábamos en que como mínimo pudiese darnos un ligero alivio durante esa época estival; para la próxima , y si el parné lo permitía, ya compraríamos otro, de lo contrario... a pasar calor, total, ya estábamos acostumbrados. Además... tampoco se estaba mal tomando el fresco en el balcón o saliendo a dar una vuelta por la calle.

A la que el ventilador llegaba a casa yo dejaba de hacer vida en mi habitación; lugar en el que habitualmente me recluía y me empleaba a fondo en la lectura de tebeos y en llenar hojas de papel con dibujos. Directamente me iba allí donde el ventilador se encontrase; bien fuese la cocina, el comedor... e incluso si mi yaya Lola se encerraba en su cuarto a coser, allí estaba yo, pegado al ventilador y contemplando como zurcía medias y calcetines utilizando un huevo de madera.

En aquel verano del 76, alguien, no recuerdo quien, me regaló el álbum de Triana titulado “El Patio” y que la banda había sacado justo durante el año anterior.

No sé si fue la frescura de lo que sin duda era una nueva forma de hacer música, o si fue el tema de “El lago” incluido en ese primer álbum, pero a partir de Triana el verano del 76... dejó de parecerme tan caluroso, empecé a respirar y a sentir incluso un escalofrío en el cogote.

Luego, ya más tarde, llegó el frío. Estábamos ya en los 80’s y a pesar de estar en medio de una auténtica revolución hormonal que zarandeaba mi cuerpo, un nuevo escalofrío se me instaló en el cogote cuando me enteré de la muerte de Jesús de la Rosa, el alma de Triana, vocalista y autor de la mayoría de las canciones del grupo. Un trágico accidente de carretera se lo arrebató absolutamente todo.

Creo que esa mezcla de flamenco y Rock progresivo nació y lamentablemente murió con él.

Lamento la jodida publicidad que Goear pone al inicio de las canciones. He intentado hackear el tema, pero... no han habido güevos.


sábado, 25 de septiembre de 2010

Desde el 78... otra Huelga General

Desde el año 1978 el gobierno español reconoce el derecho a la huelga, y así lo recoge el texto del artículo 28.2 de la Constitución española; esa constitución que se hizo para salir del paso y para iniciar una etapa de transición, pero a la que no hay quien le haga modificación alguna o le añada enmiendas.

Así pues, desde el 78, nos encontramos en un Estado de Derecho que, entre otros derechos fundamentales, recoge el de todo trabajador a sindicarse y a declararse en huelga con la limitación de respetar unos servicios mínimos y esenciales para la comunidad.

De modo que la que se prepara para el próximo día 29, en la esperada por unos y temida por otros Huelga General, se trata, sin duda, de un derecho natural recogido por la citada Constitución española y de la cual ya se echó mano en diversas ocasiones con anterioridad, como por ejemplo la del 1985 contra la reforma de las pensiones; aunque la más sonada fue la del año 1988 en contra de una importante reforma en el mercado laboral que impulsó el gobierno de Felipe González, amén de otras huelgas generales convocadas durante el 1992, 1994, 2002 y 2003 en contra de la reforma del subsidio de desempleo, contra la reforma laboral o en contra de la participación de España en la guerra de Irak.

No considero al actual gobierno español culpable de la situación de crisis económica que está zarandeando al mundo entero, pero sí considero que las decisiones tomadas por los responsables políticos no han sido, quizá, las más adecuadas para hacer frente a un problema que aún está lejos de tener una solución, y que en cuanto a lo que a trabajo y empleo se refiere, anuncia mayores desastres para el próximo año.

En esta línea secundo, en esencia, el sentir de los trabajadores en su necesidad de declararse en huelga para exigirle a un gobierno que se hace llamar “socialista y obrero”, que preserve unas garantías laborales y salariales plenas, absolutamente justas y que deberían prevalecer por encima de las épocas de “vacas flacas”. Los recortes, en caso de que sean necesarios, no deberían afectar jamás a personas que dependen de que alguien les de un empleo, y que... vamos a decir que en la mayoría de los casos... se esfuerzan por la buena productividad de las empresas en las que trabajan.

Ahora bien, entiendo que ese derecho que tienen los trabajadores debe ser un derecho con la naturaleza que debería tener todo derecho; es decir... un derecho recíproco, multilateral y que respete las decisiones que pueda tomar cada individuo de un modo legítimo para hacer frente a sus diferentes situaciones ante la vida; o bien para no secundar la huelga y mantenerse en su puesto de trabajo por la razón que sea y sin coacciones por parte de piquetes sindicales, o para participar... activamente (¿) de la huelga sin ser coaccionado o amenazado con sanciones o despidos por parte de ningún empresario.

A estas alturas, pocas cosas hay que me den especialmente miedo, pero me disgustan las coacciones vengan de donde vengan.

En mi caso particular –y permítanme que me exprese en términos personales-, no temo que ningún empresario me coaccione o amenace, ya que como muchos profesionales autónomos, me rijo por el libre albedrío y actúo en función de lo que considero más oportuno en todo momento para el buen funcionamiento de mi actividad laboral. Tampoco les temo a los piquetes... “informativos” ni a su contundente y no pocas veces violenta manera de “informar”, ya que difícilmente subirán a mi ático para obligarme a dejar mi puesto de trabajo y unirme a “la lucha obrera”.

No obstante, me disgusta pensar que el propietario de la pequeña tienda de ultramarinos de la esquina, se vea obligado a cerrar su comercio el día de la huelga por culpa de un grupo de piquetes, que por más que los sindicatos se empeñen en negar la evidencia, no se limitan a su tarea informativa, sino que actúan de modo expeditivo ante la negativa del comerciante que bastante tiene con hacerle frente a las grandes superficies, a los comercios de chinos que proliferan como setas, a los impuestos que paga por mantener su chiringuito, y a los proveedores que cada vez dejan menor margen de beneficio comercial. El pequeño propietario de una tienda, el taxista, o cualquier profesional autónomo necesita tener su negocio abierto ya que no habrá sindicato ni asociación alguna que cubra las pérdidas de ese día, ni los desperfectos que puedan ocasionar en su local comercial esos piquetes armados con bates de béisbol, pese a la presunta intención de informar.

Los profesionales autónomos, freelances, o trabajadores por cuenta propia siempre hemos supuesto un pequeño lío para las asociaciones sindicales que no saben aún si considerarnos pequeños empresarios o trabajadores, y como consecuencia de ello... no saben si deben representarnos de algún modo o echar a correr ante nuestro grito de guerra a lo Braveheart de: “Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán la libertad!!”. Algunos sindicatos ven como muchos de estos profesionales se alían con la patronal clásica, otros construyen sus propias organizaciones representativas, y otros, que no nos sentimos representados más que por nosotros mismos, seguimos a nuestra bola para mayor ira de los mencionados sindicatos que no logran convencernos de que el Estatuto de los Autónomos firmado en el 2006, e impulsado por la UPTA (Unión de profesionales trabajadores autónomos) es la solución para nosotros, una solución encabezada por la UGT que aún no se ha enterado de que los intereses de un empleado, poco o nada tienen que ver con los de un profesional.

Así que del mismo modo que entiendo y respeto la Huelga General como medida (equivocada o no) para defender los derechos de los trabajadores, me gustaría pedirle a los piquetes informativos y a los sindicatos, que respeten y entiendan que un empleado que quiera pensar por sí mismo, un profesional o pequeño empresario no tiene porque secundar sus huelgas, o que en cualquier caso, tiene derecho a ejercer lo que libremente le demande su conciencia.

Espero y deseo que la Huelga General de este, cada vez más próximo 29-S, sea en beneficio de una mayoría. Aún y así, yo estaré en mi ático trabajando, y que sepan los piquetes que también tengo un bate de béisbol... para informarles de lo que no entiendan ;-)

viernes, 17 de septiembre de 2010

Cabalgando bajo la lluvia

Esta mañana, mientras acompañaba a mi hija al colegio, la lluvia que ha caído durante toda la noche seguía en su empeño de no estar dispuesta a cesar.

Ambos íbamos protegidos bajo nuestros paraguas. Yo pensando en mis cosas, en fechas de entregas de trabajo y en cómo me las compondría para llegar a tiempo con todos los encargos. Ella andaba canturreando bajo su paraguas. Observada desde mi punto de vista parecía un champiñón tarareando no sé qué melodía.

—Qué cantas cielo? —le he preguntado.
—... No lo sé papá. Me la estoy inventando.

Hemos seguido nuestro camino y atravesado el parque que cada día cruzamos en dirección a la escuela. La tierra olía a mojado, la hierba, llena de gotas de lluvia, emitía diminutos destellos de brillo según por donde le daban los tímidos rayos de sol. Hemos pisado charcos y me he unido a ella en eso de entonar una melodía inventada.

—No la cantas bien —me decía—. No es así.
—Qué no es así?...
—Aisss papá... no te la sabes.

Me he despedido de ella con un beso a la puerta del colegio, pero hubiese preferido mil veces más montarla a la grupa de un caballo, llevármela a galopar bajo la lluvia y cabalgar sobre la tierra mojada al ritmo de algún viejo tema de Waylon jennings sintiendo su pequeño cuerpo pegado a mi espalda, y ambos, juntos y sin ninguna prisa por nada, entonar a dúo su canción. la suya... la inventada.

Waylon Jennings tenía que tomar un avión en una fría noche de febrero de 1959 junto con otros músicos, pero se indispuso y cedió su puesto en el vuelo a J. P. Richarson. Waylon se marcharía en autobús para tomar un descanso y recuperar su salud. El avión en el que finalmente viajaron Jessi Colter, Buddy Holly , Ritchie Valens, y J.P. Richardson se estrelló a las afueras de Mason City, Iowa, causando la muerte de todos sus ocupantes.

Waylon jamás pudo olvidar ese incidente, ni dejó de sentirse culpable por haberle cedido su puesto a un colega, ya que cuando se despidieron entre bromas, Ritchie valens le comentó “ojalá se estropee ese maldito autobús”. La respuesta de Waylon fue “Ah si?... Pues ojalá se estrelle vuestro jodido avión”.

Cuento mejor les hubiese ido yendo a caballo.

Waylon Jennings interpretó por primera vez el tema “I’m a Ramblin’ Man” en 1974. A disfrutarlo toca... que estamos a viernes.


martes, 14 de septiembre de 2010

De Felipe V al Tribunal Constitucional. La Diada del 11 de Septiembre

El pasado día 11 de este mes tuvo lugar la Diada, fiesta que gran parte de Catalunya celebra con fervor, mientras que en gran parte de España se toma con cierto recelo y cierta sorna por eso de celebrar lo que haríamos bien en llamar... una clamorosa derrota.

De las victorias se recogen los laureles, cierta popularidad, y unos nada despreciables beneficios que generalmente acostumbran a ser materiales. La derrota en cambio, no es plato de buen gusto, deja un sabor amargo, y no parece ser nada deseable. No obstante, los que de un modo u otro hemos combatido alguna vez, sabemos que las victorias y las derrotas se suceden las unas a las otras de forma natural; no se puede ganar siempre, y de igual manera es imposible resultar constantemente derrotado. De modo que nos tomamos las victorias como una justa recompensa a nuestros esfuerzos, pero no les damos mayor importancia. Las derrotas, por el contrario, son las que ponen los límites a nuestras capacidades y las que suponen un reto que hay que superar, pero por encima de todo, las que nos hacen tomar conciencia de nuestro derecho a existir.

Catalunya conmemora con la Diada la caída de su soberanía a manos del rey borbónico Felipe V, que tras un largo asedio entró con sus tropas en Barcelona el 11 de septiembre de 1714. En su contienda Felipe V recibió el apoyo de los reinos de Castilla, Navarra y las provincias vascongadas, venciendo a la Corona de Aragón y aboliendo sus fueros con los Decretos de Nueva Planta en Aragón, Valencia, Mallorca y Catalunya. Dichos decretos se crearon con el fin de castigar a todos aquellos que se alinearon en su contra y suponían la abolición de sus antiguos fueros. Las medidas fueron especialmente duras en Catalunya por tratarse del lugar donde mayor resistencia se produjo, y como consecuencia se suprimieron las Constituciones catalanas de 1535, se abolieron la Generalitat, las Corts y el Cosell de Cent y se impuso el castellano en las escuelas e instituciones públicas siguiendo el modelo centralista de la monarquía francesa, a la vez que se instauraba el catastro y demás impuestos a través de los cuales la monarquía conseguía ejercer todo el control económico.

Felipe V, conocido en su Francia natal como Philippe de Bourbon, duque de Anjou, era un joven depresivo, con el ánimo decaído, y con una lucidez que habitualmente perdía encontrándose sumido en largos periodos de demencia y melancolía , y a quien al parecer, ni tocándole las pelotas a la Corona de Aragón, ni sometiendo a los catalanes a una severa castellanización, le volvió jamás la alegría. La victoria no le otorgó un equilibrio emocional, y sus episodios de melancolía le siguieron acompañando y debilitando a lo largo de toda su vida.

Personalmente esta última Diada del pasado sábado me recordó especialmente a la que se celebró en 1977 y que se trató de la segunda celebrada tras la muerte del general Francisco Franco, y que según fuentes de la época contó con la participación de cerca de un millón de personas reivindicando el autogobierno para Catalunya. En esa Diada, el por entonces presidente del gobierno español Adolfo Suarez, legitimó a Josep Tarradellas como presidente del gobierno catalán, cargo por el cual fue elegido en 1954 mientras se hallaba aún en el exilio.

Sí digo que esta última Diada del 11 de septiembre del presente año, me recordó a la de 1977, fue precisamente por ese marcado carácter reivindicativo suscitado por la triste actualidad que ha consistido en el recorte constitucional de la autonomía de Catalunya y en la negación constante del Estado español a la mayoritaria voluntad del pueblo catalán en restablecer unos derechos y una soberanía que ostentó durante cerca de ocho siglos hasta su caída en la Guerra de Sucesión, y en aquel 11 de septiembre de 1714, fecha que se seguirá conmemorando en Catalunya, ya que de lo que en realidad se trata, es de recordar a los caídos y de celebrar la lucha posterior que movió y mueve al pueblo catalán a seguir reivindicando la legitimidad propia pese a la pérdida de libertades que significó una derrota, que por encima de todo... hizo tomar conciencia del derecho a existir.

martes, 7 de septiembre de 2010

La Pizarra (In Memoriam)

En algunas partes de la geografía española hoy ha sido el día de “la vuelta al cole”. Otras comunidades empezaron antes; mejor... esos niños de mayores serán más listos, aunque teniendo en cuenta cómo está el sistema educativo... no sé yo, la verdad.

Recuerdo mis vueltas al cole. Ese primer día en el que llegábamos a clase con los uniformes impolutos, las carteras colgando, y en su interior los plumieres repletos de lápices de colores de la marca Festival con las puntas recién afiladas como para vaciarle un ojo a alguien.

Todo olía a nuevo. Sin duda que generaciones anteriores habían asistido a esas mismas aulas, pero la luz de la mañana que entraba por los ventanales, los pupitres vacíos, los libros recién forrados, y todo cuanto podíamos encontrar en el interior de aquellas cuatro paredes, parecía que estaba aún por estrenar.

Casi siempre había un mensaje de bienvenida escrito en la pizarra “Bienvenidos alumnos del 5º curso de E.G.B 1974 – 1975”. En el caso de que el mensaje hubiese sido escrito por el director del centro o el profe de mates aparecía en tiza blanca y letra mayúscula; si por el contrario, el mensaje estaba escrito con tizas de colores, filigranas en todas y cada una de las letras y alguna cenefa o marco churrigueresco que envolviese el texto, sin duda era obra de la profesora de ciencias, que como nadie, era capaz de dibujarnos una célula en la pizarra y describirnos todas sus partes a través de flechitas.

La pizarra era un mundo, se trataba de una ventana que nos llevaba directos al conocimiento. Una ventana de color verde oscuro en el que acompañadas de un, a veces molesto ñic, ñic, ñic, ocasionado por el roce la tiza con el encerado, aparecían una infinidad de números, de letras, y las maravillosas ilustraciones a todo color de la seño de ciencias. A través de la pizarra conoceríamos un montón de cosas que iríamos aprendiendo, y otras, como las fórmulas matemáticas, que algunos no llegaríamos a entender jamás.

La pizarra simbolizaba también el único refugio a nuestra libertad de expresión. No hay que olvidar que una pizarra como Dios manda, debía estar siempre encabezada por un retrato en blanco y negro del Generalísimo Francisco Franco, pero aún y así, nosotros le hacíamos un corte de mangas al caudillo y dábamos rienda suelta a nuestras reivindicaciones repletas de todo el escarnio del que éramos capaces y con eslóganes del estilo de: “El profe de mates es un hueso”, “La seño de inglés está buena”, “El Mateo es marica”, o el archipopular “Tonto quien lo lea”. Las paredes y puertas de los lavabos eran una extensión de la pizarra y un lugar donde también se escribían todo tipo de tendenciosas oraciones, pero... no era lo mismo, las paredes de los lavabos eran ciudad sin ley, pero había que tener un par de huevos para escribir algo en la pizarra y alzar la mano en medio de la clase cuando el profesor de mates, con los ojos ofuscados por un monumental cabreo, preguntaba: “Quién ha escrito eso?!”.

No había pizarra que, en alguna ocasión, no luciese un magnífico retrato compuesto a base de un seis y un cuatro. Tampoco faltaba la caricatura de algún profe o la de alguno de aquellos compañeros de clase a los que machacábamos día tras día; eso que a día de hoy se denomina “Bullying”, pero que en aquellos tiempos se trataba de pura selección natural. Memorables eran aquellas pollas erectas que dibujábamos a lo largo de toda la pizarra. Jamás vi a una compañera de clase dibujando una vagina, pero la idea que teníamos nosotros del tamaño de las vergas era constantemente plasmada entre clase y clase y en sus más dispares formas: con venas, sin venas, con pelitos, sin ellos, con gotitas salpicando del glande, sin gotitas... y el retrato del dictador allí, impasible, contemplando todo aquello y sin poder mandar a fusilar a ninguno de aquellos pequeños rebeldes que desafiábamos su autoridad.

Aquellas pizarras sólo se convertían en nuestras enemigas el día que el profesor de turno nombraba a un encargado para que apuntase en ella a los compañeros que se portaban mal durante su ausencia, y además, en el caso de que fuesen reincidentes en su mala actitud, se les ponía una cruz al lado del nombre; a tantas cruces, tantos golpes de palmeta, ese era el castigo para los infractores de lo que debía ser un silencio sepulcral. Incomparable, eso sí, al castigo que luego recibiría el encargado, el chivato, el comepingas que se prestaba a semejante acto de traición en contra de los suyos.

Y qué decir de los complementos de una pizarra, de las tizas y de los borradores. Admirable era la puntería que algún profesor demostraba cuando lanzaba, desde su sitio, alguno de esos proyectiles que impactaba de lleno en la cabeza de algún insurgente. Las tizas vale... hacían su daño y sin duda significaban un toque de atención a todo aquel que osaba charlar o andar distraído contemplando las musarañas, pero el borrador... El borrador era un arma de destrucción masiva ya que no sólo te impactaba y te dolía cuando te daba con su parte de madera, si no que además, esparcía su polvillo blanco ensuciándote la cara, el pelo, el jersey, e incluso en el peor de los casos afectaba a los compañeros de tu entorno más cercano convirtiéndoles en auténticas víctimas colaterales.

Desgraciadamente los días de nuestras viejas pizarras han pasado a mejor vida. Hoy, muchos niños se han reincorporado a sus centros escolares y se han encontrado con que el viejo encerado de madera verde ha sido sustituido por una pizarra digital. Posiblemente la bienvenida a las aulas no la han visto escrita en tiza de colores con esos dibujos y adornos magníficos de la seño de ciencias, y es incluso probable que hayan sido recibidos con algún audiovisual, que desde sus nuevas pizarras, les haya sorprendido con música, animaciones, y más efectos especiales que la trilogía Matrix. Seguro que les ha gustado, no digo que no, pero... Cómo escribirán en ella sus reivindicaciones? Con el lápiz óptico? Se pueden dibujar grandes pollas con ese cachivache? Y el ñic, ñic, ñic que nos producía dentera?... Y el profe?... Les tirará el lápiz óptico desde su mesa haciendo puntería en sus cabezas? Me temo que la vieja escuela, tal y como la conocimos los de nuestra generación ya es historia. Indudablemente el nuevo sistema terminará siendo mejor y más cómodo, pero... valga esta entrada a modo de “In Memoriam” a las escuelas de nuestra infancia, y como no... a las pizarras.

Les dejo con el cortometraje del año 2008 titulado “El encargado”. Basado en una idea original de Nacho Vigalondo, dirigido por Sergio Barrejón y producido por Arsénico Producciones. A mi juicio se trata de una formidable historia tratada con una gran sensibilidad. Una historia de las buenas, de las que se cuentan con cuatro elementos perfectamente puestos en su sitio. Así que espero que la disfruten y coincidan conmigo de lo merecedora que es del premio Goya que ganó. (desde el face o suscripción al blog pueden clicar este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=Y7qwcELSJXw)

viernes, 3 de septiembre de 2010

El toro

El diseñador gráfico Manolo Prieto expresó en más de una ocasión su decepción por el hecho de que después de muchos años de labor artística, y desarrollándose en numerosos ámbitos y estilos, fuese finalmente conocido como el autor del toro de las carreteras.

Fue en 1956 cuando el Grupo Osborne encargó a la agencia publicitaria Azor el diseño de un símbolo que sirviera para anunciar el brandy Veterano en vallas publicitarias, y que inicialmente consistió en una silueta de 4 metros de altura, con los cuernos pintados en blanco, y un rótulo con letras rojas que anunciaba la bebida.

El año 1962 supuso para el toro de Osborne la consagración a nivel nacional, ya que una nueva normativa acerca de los carteles publicitarios en carretera, permitió la instalación de vallas de hasta 14 metros de altura, de manera que la silueta del toro luciría en todo su esplendor recortando el horizonte sobre numerosos cerros de toda la geografía española.

Así fue como le conocimos los niños de los 70's. Así fue como desde los asientos traseros de los turismos que conducían nuestros padres, veíamos las hechuras del toro bravo que se exhibía desafiante, soberbio y convencido de que se trataba de un auténtico emblema nacional... y así era.

Los entendidos en eso de la crianza de reses bravas afirman que el toro español de ley, está concebido única y exclusivamente para ser lidiado en plazas. Quizá por eso, y después de esos victoriosos años 60's, 70's y gran parte de los 80's en los que el toro estaba allí, luciendo su aguerrida figura, empezó a sufrir alguna que otra estocada por parte de grupos nacionalistas en Catalunya y Galicia, y en acciones en contra de la simbología española. En dichas acciones numerosos toros fueron derribados o pintados, aunque hay que decir que la primera estocada la recibió en 1994 cuando la Ley General de Carreteras obligó a retirar la publicidad de cualquier lugar visible desde cualquier carretera estatal. No fueron pocas las comunidades autónomas, municipios y diversas asociaciones culturales, e incluso personajes públicos los que se pronunciaron a favor del mantenimiento del ibérico toro, hasta el punto de que La Junta de Andalucía pidió su catalogación como “bien cultural”, y finalmente, en 1997 el Tribunal Supremo dictó sentencia en favor del mantenimiento de los toros de Osborne debido a su “interés estético y cultural”. Con esto, la emblemática figura dejó de ser un símbolo estrictamente comercial y en la actualidad cerca de 90 toros siguen formando parte del paisaje español.

Personalmente no me desagrada la presencia del toro de Osborne en las carreteras; al contrario, para mi se trata de uno más de los muchos recuerdos que conservo de mi infancia y que me gusta volver a ver de vez en cuando. Además, simboliza un toro en libertad y no deja de tratarse de un montón de tablas de madera contrachapadas en metal.

Al hilo del toro y de su significado en este país, esta semana pudimos conocer el altercado acontecido en Sacedón, Guadalajara, donde un grupo de 3 activistas de la agrupación Igualdad Animal, fueron brutalmente agredidos al colgar una pancarta antitaurina en el puente de dicha localidad en plenas fiestas patronales, y en el momento en el que se estaba celebrando un encierro. Del mismo modo una reportera y un cámara de los servicios informativos de Tele 5 fueron agredidos también por encontrarse en el lugar de los hechos realizando su trabajo. Tras la colgada de la pancarta los activistas recibieron pedradas de una treintena de vecinos a los que poco más tarde se unió la muchedumbre que se despacharon a gusto a patadas y a puñetazos por el mero hecho de que alguien ejercía su derecho a la libertad de expresión. Los vecinos que apoyan la tradición siguen defendiendo la fiesta tras la agresión y declaran que “Ellos se lo han buscado” o que los activistas “Son los mismos tontos de siempre”.

Sin duda que la decisión tomada en Catalunya de abolir las corridas de toros ha dejado el ambiente calentito, y así que en diversas partes de la geografía española se sucedan actos similares a los de Sacedón.

En mi opinión, la abolición era necesaria en contra de lo que puedan decir los ya citados entendidos en la crianza de reses bravas o aficionados que esgrimen argumentos tales como que si las corridas de toros desapareciesen, desaparecería con ellas la raza de toros de ley. Pues que quieren que les diga; ahí los entendidos criadores pasan a ser interesados y obviamente velan por sus intereses más que por los del propio toro, que tampoco entiendo yo qué necesidad hay de criar una... “raza” cuyo único destino es el de ser sacrificada en una plaza. Recordemos que cuando hablamos del toro, del auténtico, ya no nos estamos refiriendo a tablas de madera contrachapadas en metal, y no es necesario ser ningún activista en defensa de los animales para darse cuenta de que –ni a un morlaco “criado para tal fin”-, le deben hacer la menor gracia todas las tropelías a las que se le somete en una plaza.

En lo referente a la tradición, el folklore y lo que tiene de “cultura” me sucede algo similar a lo que le pasaba al diseñador Manolo Prieto; no me gustaría que un país con tantas tradiciones y riqueza cultural fuese conocido a nivel internacional por una fiesta que no me representa en absoluto. Creo que ya pasaron los tiempos en los que servía eso de dar la imagen de una España unida y patria sobrevalorando determinados símbolos y festejos en detrimento de valores más importantes como idiomas propios, que no sólo son claros elementos de identidad, de tradición y de cultura sino que además, transmiten una mejor imagen de lo que debería ser un país plural a nivel social y cultural. Por el contrario, dichos elementos de identidad eran, y aunque parezca increíble, siguen siendo eclipsados por la “Fiesta Nacional” y demás polémicas rancias, anacrónicas y cañís. Prueba de ello es la airada reacción del Partido Popular que, una vez más, tratará de llevar al constitucional algo que en Catalunya lleva moviéndose desde hace muchos años y que finalmente se decidió con el apoyo de una mayoría que siguieron todos los cauces políticos adecuados y democráticos.

Mariano Rajoy, en su blog, se despidió de nosotros estas vacaciones desde su automóvil, poco sensibilizado con las campañas de seguridad vial ya que no llevaba puesto su cinturón de seguridad, pero dándonos una visión del toro de Osborne en carretera y de lo sensibilizado que sí estaba ante la decisión tomada en Catalunya.

Desgraciadamente las vacaciones del señor Rajoy terminaron ya. Desearía sinceramente que las decisiones que el Partido Popular tomase a partir de este mes de Septiembre tuviesen mucho que ver con la defensa seria de todas las diversas identidades que conforman este país. Que entendiese que la abolición de las corridas de toros en Canarias o en Catalunya no significa la abolición de las mismas en el resto de España. Que una decisión tomada democráticamente en una comunidad autónoma no significa una imposición en todo el país, y que del mismo modo, y una vez la decisión ha sido aprobada, no se nos debe imponer tampoco nada.

Así pues, menos toros... y más corridas.

Siguiendo la vieja tradición de terminar la semana con un tema musical, les dejo esta bonita canción, que sin duda gustará a los nostálgicos, y que está interpretada por el incombustible Manolo Escobar. Va por ustedes!... y Olé!

lunes, 30 de agosto de 2010

Va de retro

Ya sé que en mi anterior entrada -durante la reforma de mi entorno laboral, y previa al período vacacional- les prometí que el kiosko se abriría en breves días tras la susodicha reforma de mi lugar de trabajo. Bien... no deben ustedes de creerme siempre, e incluso harían bien si no me creyesen nunca ya que a las personas que nos gustan las historias, lo que nos gusta precisamente son eso... las historias. El caso es que la reforma empalmó con las vacaciones y el breve período de tiempo ha terminado convirtiéndose en un dilatado espacio de dos meses.

Sea como sea... ya estamos de nuevo aquí. Bien hallados.

Está a punto de finalizar el mes de agosto, y para la mayoría, se supone que este pequeño detalle es el que da paso a la cotidiana “normalidad”. Ya saben... se terminan las vacaciones y algunos afortunados se reincorporarán a sus puestos de trabajo; sí, vale... con depresión post-vacacional y demás malos rollos, pero afortunados al fin teniendo en cuenta que a día de hoy, poder decir que se tiene trabajo es un gran privilegio. Otros, más afortunados aún, iniciarán sus vacaciones en Septiembre, así que esos deben estar frotándose las manos esperando el ansiado momento. Y luego están los pijos que son los que se largan de la cotidianidad en Noviembre, cuando no hay guiris en casi ninguna parte y uno puede hacerse fotos junto a cualquier monumento sin necesidad de compartir la instantánea rodeado de señoras con pamelas, señores con shorts y cámaras fotográficas colgando, o niños que se cruzan en el momento de hacer la foto y aparecen en ella, movidos, desenfocados y con apariencia de espíritu fantasmal.

Recuerdo una época en la que fui pijo-progre y me largaba de viaje en Noviembre. Me iba a la India, a Nepal, o a lugares así en los que ya habían pasado las épocas de los monzones, el clima era cálido y el único ser con aspecto de guiri era yo, el resto, eran autóctonos y auténticos, pero de eso... hace ya mucho tiempo.

Ser pijo a secas es un coñazo, los pijos viajan a sitios en los que hay hoteles de lujo y visten sus mejores galas para asistir a fiestas y a eventos con sus magníficos descapotables, pero en los que siempre se ven obligados a mantener... “la pose”. Por otra parte, ser progre es una mierda, ya que se supone que hay que andar por el mundo de mochilero y pernoctar en albergues acompañado de chicas que no se depilan las piernas. Lo mejor, sin duda... lo mejor de lo mejor, era eso de ser pijo-progre y “vagabundear” por ahí con aspecto de surfero desgreñado, permitiéndose el lujo de escoger, y unos días pernoctar en albergues y otros en buenos hoteles, pero como digo, eso pertenece a una época que ya pasó.

La actualidad manda e incluso los que hemos sido pijos-progres de pro, hemos vivido un recorte en nuestros ingresos, y conscientes de que tenemos hijos, gastos, negocios que mantener, gastos, responsabilidades ineludibles y... gastos, ya nos habíamos visto obligados a tomar la decisión de que las ansiadas vacaciones de este año, las dejaríamos para el próximo. No obstante, ese destino en el que no creo, que nunca es casual, pero que tiene la cosa esa de sorprendernos siempre, nos ha llevado a mi familia y a mi a pasar unas vacaciones más que agradables en compañía de esos pocos, pero buenos amigos que todos tenemos por ahí.

Quiero que esta entrada sirva, entre otras cosas, para agradecer a José Luís y a Cristina los agradables días que pasamos con ellos en su casa en All, un pequeño pueblo situado entre Puigcerdà y Bellver de Cerdanya, y en el que hicimos barbacoas, senderismo, fiestas de la espuma con los niños, refrescantes baños en ríos de frías aguas, etc. También le agradezco a Meritxell que nos invitase a pasar unos días estupendos en el apartamento que alquiló en Platja d'Aro para pasar los días de verano con sus hijos (mis ahijados) y donde disfrutamos del sol, de la playa y de buenas caipiriñas. También agradezco a Bego y a Antonio que planificasen pasar parte de sus vacaciones con nosotros en el apartamento que alquilaron en la playa de Sant pol y en el que también pudimos gozar del sol, de la playa, de una agradable noche de pesca y del citado apartamento que, como más adelante explicaré, es parte del motivo de esta entrada. Pero antes, mis agradecimientos no estarían completos si olvidase citar a Susanna y a Manel que nos invitaron también a su casa de Alcover, y a Elena y Joan que nos propusieron pasar con ellos las vacaciones en Grecia. Desafortunadamente no pudimos culminar con estos dos últimos compromisos debido a que tarde o temprano toca incorporarse al trabajo para hacer frente a todo lo que conlleva una crisis, y es que ya se sabe... estas etapas de cambio, de inestabilidad y de poca seguridad en las cosas, aunque se trate de etapas necesarias que nos obligan a estrujarnos las neuronas y a reactivarnos, lo que en realidad conllevan -a priori- no son más que menos ingresos, pero más gastos.

Ahora, me gustaría que diesen un vistazo a las fotografías que he ido escampando a lo largo de esta entrada. Muchos recordarán esos azulejos en los cuartos de baño, las lámparas de estilo pop que adornaban los muebles, las estanterias repletas de las ediciones mensuales del “Reader's Digest” en su versión española, las casitas de madera en las que se amontonaban innumerables objetos con el texto ese de “recuerdo de...”, así como de barquitos en miniatura, caracolas marinas, etc. Los armarios de fórmica de las cocinas, los platos, vasos, y demás elementos de cristalería de la marca Duralex, el mortero y la mano de madera para realizar espléndidos aliolis, así como las muchísimas leyendas que corrían al respecto de lo que podía suceder o no, cuando el ajo y el aceite no emulsionaban; es decir... cuando “se cortaba”, leyendas, en la mayoría de casos espeluznantes.

En estas fotografías les muestro lo que fue un apartamento “corriente” en la década de los setenta y que bien podría estar situado en cualquier zona costera de la geografía española.

Cuando Bego y Antonio nos propusieron a mi familia y a mi pasar unos días con ellos en el apartamento de Sant pol, lo último que imaginé fue, que a la vez, nos invitasen a realizar un viaje a través del tiempo. No me esperaba nada en particular del apartamento que ellos habían alquilado para pasar sus vacaciones, a decir verdad, en lo único que pensé fue en descansar en agradable compañía y en bañarme en la playa de día, algo que no hacía desde esos tiempos en los que mis padres me llevaban en esas salidas de domingos veraniegos que ya describí en esta entrada; una de las primeras de este blog.

El caso es que mis hijos, mi mujer y yo llegamos a Sant pol y nos topamos con un apartamento que su legítima dueña adquirió a principios de los setenta, que en su día decoró y llenó de diversos enseres domésticos para pasar las vacaciones y fines de semana con su familia, hasta que un día, decidió ponerlo en alquiler para que diversas familias pasasen allí sus días de asueto.

El apartamento en cuestión conservaba absolutamente todo el espíritu genuino de la década setentera. Mis ojos se abrieron como platos. La bolsa de playa que contenía las toallas y bañadores se soltó de mi mano y cayó al suelo, así como mi mandíbula que no llegó a caer del todo por alguna extraña razón, pero a la que sin duda, le faltó poco.

Una televisión de plasma y un aparato de DVD eran los únicos elementos que me devolvían a la actualidad, pero por el resto... ese jodido apartamento, mirase por donde mirase, me devolvía un montón de recuerdos de mi niñez, de mi infancia con mis padres, de los calurosos días de playa, de las caravanas de coches que colapsaban las salidas de la ciudad. Me inundó el aroma de la tortilla de patatas, de las paellas, de los libritos de lomo fríos y metidos en las fiambreras del Tupperware, de las sangrías, del gazpacho y de las enormes copas de helado que a la puesta de sol nos tomábamos en alguna terraza situada frente al paseo marítimo.

Antonio, una de las noches en el apartamento, me condujo hasta un armario que estaba sellado por un fleje de aluminio atornillado a la madera de sus puertas. "Ahora vas a flipar" -me dijo. Al parecer, la dueña no quería que nadie metiese las narices en ese armario ya que posiblemente contenía objetos que deseaba mantener fuera del alcance de sus diversos inquilinos. Irresistible era la tentación, así que Antonio y yo, armados con un destornillador, nos propusimos profanar algo que para mi tenía mucho más valor que una tumba egipcia. Con extremo cuidado soltamos los tornillos y abrimos aquellas puertas de madera procurando que no se torciese el fleje y pudiese delatar nuestro delito.

Olor a cerrado y a humedad inundó nuestras narices. La tenue luz de la luna llena que entraba por las rendijas de una ventana empezó a permitirnos ver parte de lo que en aquel armario se ocultaba de un modo tan celoso. Mi linterna enfocó el interior impacientemente... yo ya no podía con tanta ansiedad! Y allí empezaron a aparecer innumerables bultos que para Antonio no eran más que puros objetos del recuerdo, pero que alucinado me miraba a mí y veía el modo en el que yo los contemplaba como auténticos tesoros: una caja enorme de los Juegos Reunidos Geyper, objetos de playa tales como cubos, palas, y rastrillos de plástico, plumieres setenteros con rotuladores Carioca y gomas Milán, etc. En ese armario sellado se hallaban un buen montón de juguetes que en su día fueron propiedad de los niños que habitaron esa casa y que para un coleccionista como yo eran la excusa más que suficiente para cometer un verdadero acto de expolio. No obstante... un no sé qué de mí venció a mi lado oscuro y decidí dejar todo aquello tal y como lo habíamos encontrado Antonio y yo. Cuidadosamente devolvimos los objetos a su lugar, cerramos las puertas del “pasado” y atornillamos de nuevo el fleje de aluminio sobre la madera del armario.

El resto de la noche la pasé leyendo una edición de Agosto de 1973 del Reader's Digest que trataba de la “actualidad” de la sociedad española en la década de los setenta.

Por eso, por todos esos recuerdos que me han sido devueltos, por esa relación tan entrañable que he vivido con muy pocos amigos, pero buenos, y por un montón de cosas más... las vacaciones de este verano que no iban a ser vacaciones, se han convertido en algo verdaderamente entrañable.

Les dejo con esta imagen mística que la cámara de mi hijo captó en la playa en una noche de pesca. Si ese cabronazo no hubiese aparecido ante mí la noche en la que Antonio y yo abrimos ese armario, ahora yo tendría una colección de objetos setenteros impresionante. Cagüen la leche!

Nota de última hora: Estoy tratando de convencer a mi esposa para alquilar ese mismo apartamento para el verano próximo. En mi bolsa de playa, junto a las toallas y bañadores... no faltará un buen destornillador.

Créditos de las imágenes: Tomadas por el Kioskero del Antifaz.

martes, 22 de junio de 2010

Cerrado por reformas

Hay quien dice que el odio es un mal sentimiento, una incómoda compañía, y que como consecuencia, sentir odio no es deseable, es nefasto, nos hace criar mala sangre, y a la larga... nunca puede traernos nada bueno.

En mi opinión todo eso es un grave error. Considero que sentir odio es tan necesario, benefactor, liberador de tensiones y positivo como sentir amor; en caso de que sentir amor... esté siempre exento de connotaciones negativas, cosa que tampoco creo, ya que no existe peor compañía que la de sentir un amor por el que no se es correspondido.

De algún modo ambos sentimientos serían las caras de una misma moneda, y están tan juntos y son tan indivisibles el uno del otro, que podríamos decir que son parejos, en tanto que opuestos.

Así pues –insisto, que en mi opinión- sentir amor puede estar muy bien si todo sale de perlas, o puede ser un infierno en el caso de que las cosas se tuerzan o no obedezcan a las expectativas depositadas. Del mismo modo, sentir odio puede ser un sentimiento que nos acompañe y nos torture de por vida en el caso de que se convierta en una situación no resuelta, por el contrario, si nuestro sentimiento de odio termina con una dulce venganza... puede convertirse en algo más elevado que el amor más limpio.

Creo que en esta vida es necesario sentirlo absolutamente todo; considero imprescindible amar alguna vez, odiar de vez en cuando, vengarnos cuando se tercie, experimentar la envidia, los celos, la rabia, el poder, la pérdida, la derrota, la victoria... todo. El día menos pensado Caronte, el barquero, lanzará el ancla a nuestra vera y atravesaremos junto a él la laguna que da entrada a la isla de los muertos; y sinceramente... largarse de aquí sin haberlo experimentado todo, nos traerá un amargo sabor de haber perdido el tiempo.

Además, gracias a todos estos sentimientos “malos” o políticamente incorrectos, han nacido grandes obras de la literatura universal como la Orestíada en la que la venganza constituye la columna vertebral de una gran historia, o Antígona en la que un tirano reprime con ganas a un mártir inocente, o El sueño de una noche de verano en la que las intrigas amorosas y el deseo indominable hacen que circule el amor en todas sus posibles, volubles y cambiantes formas, o el adulterio en Madame Bovary, el amor prohibido en Romeo y Julieta, el fanatismo por el poder en Macbeth, etc, etc...

Bien que disfrutamos cuando leemos en forma de tragedia, o vemos en películas, lo más ruin y oscuro del ser humano, pero poco nos atrevemos a experimentarlo en nuestras carnes. No es así? Pues todas esas sensaciones hay que sentirlas y experimentarlas alguna vez, o a ser posible todas juntas, a lo bestia, de golpe, sin duda que eso constituiría una catarsis brutal y absolutamente liberadora.

Yo conozco un modo infalible para poner a flor de piel todos los sentimientos y para dar salida de una vez por todas a lo mejor y a lo peor del ser humano:

Enfúndense un mono de trabajo, háganse con unos botes de pintura (no importa el color), brochas, rodillos, rasquetas, masilla plástica, etc; todo cuanto consideren necesario para realizar en su domicilio o lugar de trabajo una reforma en toda regla, en profundidad.

Vale, lo sé... hay a quien eso le gusta... tiene que haber gente para todo. En mi caso –y como ya quedó patente en mi entrada anterior- el bricolaje es algo que detesto tanto como ver fútbol a todas horas por televisión. El odio que siento por lo que estoy haciendo se extiende a los mirones de obras, a los dependientes de la tienda de bricolage que me tratan muy bien, me aconsejan sobre qué me irá mejor, qué necesito o dejo de necesitar para mi reforma. Tratan de ayudarme al verme “perdido”, desatienden a otros clientes para centrarse en mi; en definitiva... son odiosamente adorables.

El asco que me produce deslizar el rodillo por la pared, o tapar grietas con la masilla plástica, es inversamente proporcional al placer que podría experimentar al desflorar vírgenes o al retozar con adúlteras, simplemente... sublime.

Vivo feliz con el odio por lo que hago y con la satisfacción que me producirá el resultado final; que además... cada día está más próximo.

El caso es que quiero disfrutar a gusto de toda esta mezcolanza de emociones encontradas que recorren mi ser, y he decidido cerrar el kiosco por reformas; serán sólo unos días, no muchos ya que la trepidante sensación de morirme de asco día a día me hace actuar a gran velocidad, salvo en los momentos en los que me pongo en plan pijo, delicado, perfeccionista y soy capaz de pasar horas peleando con una grieta hasta hacerla absolutamente invisible. Que gusto me produce sentir este asqueroso placer.

De modo que les dejo unos días, y no lo olviden: ódiense, ámense pecaminosamente, vénguense y hagan absolutamente todo aquello que no harían en situaciones normales. Se acerca la noche de las brujas y todo cuanto hagamos de malo lo va a quemar el fuego, así que... aquí paz, y después gloria.

O bien... hagan refomas.

sábado, 19 de junio de 2010

Taller de bricolaje completo

Cuando uno es muy pequeño, pongamos... cuatro años, los padres andan un poco despistados ya que la labor de conocer a un hijo dura aproximadamente toda una vida. Normal teniendo en cuenta que nadie llega nunca a conocerse a sí mismo, así que menos a los demás, y aún menos a un hijo en quien siempre queremos ver a quien desearíamos ver, más que a quien es en realidad.

Imagino que en ésa lucha andarían mis padres el día que decidieron regalarme -a mis cuatro años- un taller de bricolaje completo. Hay que reconocer que resultaba vistoso el juguete. Sus vivos colores y su olor a madera quizá me parecieron atractivos en un primer momento, pero lo único que recuerdo del juego es que se quedó de adorno en mi habitación. Jamás jugué con él.

Lo tremendo del caso es que a veces, la vida se venga cruelmente de uno. El pasado vuelve inexorable y nos enfrenta a situaciones que hacen que nuestro rostro dibuje una mueca similar a la que haríamos si atravesásemos de golpe la atmósfera terrestre. Al menos, y con el tema del bricolaje... eso es lo que me sucede a mi. Cada vez que tengo que hacer de... “manitas” es como si alguien golpease mi estómago con la punta de su bota campera; y... no son pocos los ejemplos:

Recuerdo cuando en 7º de E.G.B nos hicieron hacer un trabajo en clase de esos típicos en los que uno tiene que comprar tablas, cola de carpintero, sierra de marquetería y demás chismes para construir alguna mierda infame en la que además... había que construir complicadísimos circuitos eléctricos con el fin de que conectando no sé qué, con no sé cuantos... se encendiese alguna jodida luz. Vaya... algo así como el famoso y popular Electro-L, pero en plan casero... para tocar un poco las narices.

A lo largo de mi infancia y de mi adolescencia hubieron más casos de esos, pero sin duda, el más sonado fue cuando ya -con 24 años- me dio por montar mi estudio, y por falta del maldito parné y de la posibilidad de contratar a alguien experto en la materia, me tuve que poner el mono de trabajo y liarme a hacer regatas en las paredes para camuflar cables eléctricos, lijar y barnizar puertas, arreglar un lavabo, instalar marquetería de aluminio en ventanas, etc, etc. Creo que por culpa de aquello me entró un lumbago que aún me dura.


Poco después te enamoras de alguien con quien planeas compartir esta cosa que es la vida. Llega el momento de formalizar la relación y de buscar un hogar en el que vivir. Ella te considera un “manitas” aún y que nunca te ha visto con un martillo o destornillador en la mano, pero... eres hombre y al parecer eso hay que llevarlo en los genes, al igual que el fútbol... Afortunadamente no tarda en descubrir que de “manitas” nada... más bien un “manazas”. Yo tuve la suerte de que, cuanto menos, mi mujer se puso manos a la faena tras contemplar mi poca utilidad, y dejó el pequeño piso que compramos como un auténtico pincel. Imagino que otra me hubiera dejado... y a decir verdad, no se lo hubiese tenido en cuenta.

Ahora... muchos años más tarde, mi taller de bricolaje completo, ése de vivos colores y de olor a madera al que no hice el menor caso en mi infancia, se vuelve a vengar de mi.

Quieran que no nada es eterno en esta vida, y aquellas regatas con instalación eléctrica, ésas puertas lijadas y barnizadas de mi estudio, etc, y todo cuanto allí hice, hace ya un montón de años... necesita un repaso. Las paredes ya no son blancas debido a que el humo del tabaco las ha metamorfoseado en un ocre decadente (va a ser verdad eso de que fumar es malo... para las paredes lo es... sin duda, más si fueron alguna vez blancas), algunas puertas no ajustan correctamente, las instalaciones eléctricas hay que cambiarlas (queda de pena eso de que los enchufes que en su día estaban perfectamente acoplados a las paredes... ahora estén literalmente colgando), y bueno... un sinfín de cosas que delatan el paso del tiempo y la falta de ganas de coger el taladro, el destornillador y ponerse, nunca mejor dicho, manos a la obra.

Pero siempre hay un día para todo.

Esta pasada semana la he dedicado (a ratos) a hacer de manitas en mi estudio, a dejarlo como los chorros del oro, a darle un repaso a fondo y a convertirlo en un lugar habitable.

Desgraciadamente, eso de … “a ratos”, no ha funcionado bien. La cosa está jodida y exige dedicación absoluta. El puto taller de bricolaje completo del que pasé tres pueblos de niño exige una venganza total, así que a partir de hoy sábado me arremango definitivamente, me pongo las pilas, me hago los cuatro nudos en las esquinas del pañuelo, me lo calzo en la cabeza... y me pongo, con mis manazas a hacer de manitas. Puede que incluso me lleve de casa el bocadillo de tortilla de patatas envuelto con papel de periódico.

Deséenme suerte.

Curiosamente conozco a mucha gente a quienes eso del bricolaje les encanta. Acostumbran a ser los mismos que pasan los veranos en un camping o se van al Caribe con la pulserita del todo incluido; claro... Para qué vivir aventuras en vacaciones si ya se lo pasan en grande arreglando un grifo que gotea en casa? También son los mismos que de viejecitos se convierten en “mirones de obras”. Fenómeno que no he entendido aún. Por qué a los ancianos les da por contemplar como un puñado de tipos con cascos, picos y palas trabajan en una zanja en mitad de la calle? Alguien puede definirme qué placer se experimenta ante semejante visión? Y... Por qué curiosamente un 90% de esos “mirones” son jubilados?

Lo siento señores/as, pero cuando me jubile me dedicaré a las noches locas. Al bricolaje y demás historias... que les den por salva sea la parte.


Créditos imágenes: Taller de bricolaje y Electro-L descargados de internet. No existen en mi colección particular... los mandé a paseo.

viernes, 11 de junio de 2010

Gusanos de seda (V) – Cocoon Games-

(En el capítulo anterior: Benjamín superó con éxito su precario estado de salud, y pese a que probablemente se trate del único caso mundial de gusano de seda con enanismo... se puso al día con sus ejercicios, su actividad normal y su dieta).

La pasada semana dieron inicio los "Primeros Juegos Nacionales Pre-Capullo". Unos juegos de los que no se informó en su debido momento con el único fin de evitar aglomeraciones de prensa, pero sobretodo... de turistas. Es importante que los gusanos disfruten de una intimidad particular para llevar a cabo ese complejo proceso de metamorfosis, pero antes... nada mejor que dedicar unas jornadas para relajar los ánimos abandonándose al ocio con diversos festejos.

Los siete magníficos” acudieron a una proyección de la película a la que deben su nombre, concursaron en una trepidante carrera de velocidad, comieron, bebieron y bailaron hasta la extenuación. Posteriormente, cada uno de ellos escogió el rincón más adecuado para empezar a tejer su correspondiente capullo con finos hilos de seda.


El resultado es satisfactorio, todo y que algunos de ellos aún se lo están pensando y siguen devorando morera; debo decir que el tamaño de los más perezosos en realizar su capullo, es... desmesurado, y más que gusanos de seda, empiezan a parecer langostinos, así que más vale que se espabilen ahora que empieza la temporada de paellas veraniegas.

El capullo que muestro en la imagen es el de Benjamín. Curiosamente, y a pesar de sus problemas de estaura, el tamaño del capullo es normal.

Moraleja: Se puede ser un pequeño gusano, pero ello... no impide que se pueda llegar a ser un gran capullo.

(continuará...)

miércoles, 9 de junio de 2010

La hora del vampiro

En los kioskos setenteros vendían antifaces en forma de murciélago y dentaduras de vampiro, todo ello por el módico precio de entre una y cinco pesetas y con el fin de que los niños de entonces emulásemos a aquellos personajes demoníacos que se dedicaban a chupar sangre de las virginales féminas que andaban por ahí despistadas.

Tampoco faltaba alguien disfrazado de Drácula en las fiestas escolares de carnaval, ni podíamos pasar un solo verano sin nuestro helado “Drácula” de la casa Frigo , que además era de color negro por fuera... y rojo intenso por dentro.

Total, que entonces y siempre, el mítico personaje creado por Bram Stoker, así como todos y cada uno de sus múltiples imitadores y sucedáneos, nos han venido acompañando como si realmente se tratasen de seres sin alma, pero poseedores de una inquietante inmortalidad.

Los más jóvenes pueden creer que todo empezó con la película “Entrevista con el vampiro” o con la más reciente “Crepúsculo”, pero no es así insignificantes mortales, ni hablar. El rollo de vampiros o “cine + vampiros” se trata de una fórmula matemática que funciona desde el principio de los tiempos -tanto en cine como en literatura- aunque muchos, insisto... jóvenes, lo desconozcan y se hayan dejado seducir por la relativamente reciente estética glamurosa que envuelve a los vampiros modernos, que... hay que reconocer –dicho sea de paso- que mola más un Tom Cruise, un Brad Pitt o un Rob Pattinson, que aquel pobre Max Scherck que encarnó a “Nosferatu” en la que quizá fue la primera incursión de un vampiro a través del celuloide por allá el año 1922 y de la mano de Friedrich Wilhelm Murnau.

Hay que decir que en ése primer “Nosferatu” de Murnau, el romanticismo ya estaba tan patente como en las últimas representaciones del “monstruo” que se hayan podido ver en las salas y en películas como la ya citada “Crepúsculo”; y es que la formula cinematográfica “amor + muerte”... o viceversa, también es de sobras rentable en ficción, y fuera de ella ya que quizá se trata de los dos puntos más importantes de destino a los que nos conduce la vida.

Pero... Qué tiene de especial la figura del vampiro? Qué le convierte en un personaje... sensual? Indudablemente el tema ese de andar por ahí mordiendo cuellos a la luz de la luna y toda la erótica que ello desprende... ya tiene su punto, pero además, el vampiro encarna la imagen viva de nuestros deseos más atávicos y bestiales que forman parte del inconsciente colectivo. Deseos que surgen de todo aquello que es tabú, a la vez que deseable, del “lado oscuro” que simboliza los impulsos e instintos más primitivos del ser humano y que suelen estar reprimidos por toda una convención infinita de jodiendas culturales, sociales, educacionales, y como no... religiosas. Dichos convencionalismos anulan un aspecto muy importante/interesante de nuestra personalidad (que inevitable cohabita en nosotros mismos) y hacen vivir al ser humano en un permanente conflicto interno frente a las normas... y el inevitable deseo de transgredirlas.

Pues bien, el vampiro las transgrede absolutamente todas; no sólo escoge a las más hermosas damas para hundir los afilados colmillos en sus esbeltos cuellos y succionar su sangre poco a poco, sin prisas, que momentos así hay que vivirlos despacio... sino que además huye de los crucifijos, duerme en ataúdes y le da un corte de mangas al destino convirtiéndose en un ser inmortal, o bueno... en un muerto en vida que pulula entre las sombras y al que únicamente es posible quitar de en medio si un desaprensivo con una estaca de fresno se acerca a él (mientras duerme) para hundírsela en el corazón. Que... también hay que tener mala leche y hay que ser un rato cobarde para eso. No hay que olvidar que las hermosas damas que caen en brazos de un vampiro suelen tener apoteósicos orgasmos, mientras que los desaprensivos que parten en busca del vampiro para darle caza, no son otros que los novios de dichas damas. Así que dejémonos de épicas heroicas ya que lo que buscan en realidad esos tipos aniquilando al vampiro, no es más que una compensación para aliviar su ego de macho herido. Que creo yo... que eso de ponerle los cuernos a un macho alfa robándole a su chica... también tiene su punto transgresor... nos ha jodido!

Personalmente, y a pesar de todo lo dicho, nunca me han fascinado las historias de vampiros, pero debido a que mi condición de insomne me obliga a ser noctámbulo... digamos que, por fuerza mayor, no me ha quedado otra que adaptarme a ello desde muy joven. Así que la pasada noche me dediqué a hacer un par de listas para comprobar el nivel de vampirismo que cohabita en mí, en un ser... aparentemente racional: en la primera desarrollé todos aquellos convencionalismos que normalmente transgredo; aquellos en los que dejo salir mi lado oscuro y salvaje, y en los que puedo desenvolverme como pez en el agua equipado únicamente con mi instinto animal. Lamento decirles que esta primera lista no la voy a compartir, ya lo siento, así que me centraré en comentarles algo acerca de la segunda.

En la segunda lista calculé mi edad biológica con mi edad “real” tomando como base las horas de sueño. Me explico:

Resulta que el día tiene 24 horas, y no sé porque razón, están divididas en tercios de ocho: ocho horas para trabajar, ocho horas para el ocio, ocho horas para dormir. Ésa es la norma, pero... no hay ninguna ley que prohíba que uno pueda hacer con su tiempo lo que le venga en gana, así que personalmente me lo gestiono según me conviene: suelo dedicar más o menos horas al trabajo o al ocio en función de lo apretado de mi agenda; eso suele ser imprevisible y va a temporadas, pero en lo referente al sueño... soy absolutamente incapaz de dormir más de cuatro horas. En realidad hay muchas noches en las que duermo tres, pero bueno... para hacer una media... pongamos cuatro.

El tema está en que si tomo esas cuatro horas de sueño que no utilizo y las computo como horas “útiles” agregándolas al total de la jornada, un día mío consta de 28 horas, ya que las cuatro que gasto en dormir me bastan y me sobran, luego... me las cuento como si se tratase de las ocho convencionales. Eso hace que al cabo del año y de sus respectivos 365 días, mis años consten de 426 días. Y si a todo esto le sumo que no me voy a ir de paseo con la parca antes de los 90; básicamente porque no me va a dar la gana hacerlo antes... pues resulta que superaré con creces los 100 años, y eso... me da pleno derecho a sentirme, cuanto menos, algo vampiro.

Así que hermanas y hermanos... me voy con mi lívido y pálido aspecto a buscar un libido cuello en el que reclinar mi rostro, sentir su aroma, susurrarle al oído, despertar una sonrisa... y asestar un letal mordisco que me alimente y que funda un cuerpo de fémina a mi ser inmortal.

Tiembla mundo... que el vampiro vuela.

Créditos imágenes: Fotografía nº 1: Baratijas kioskeras de mi colección particular, fotografías 2, 3 y 4: "vampirizadas" de internet.

viernes, 4 de junio de 2010

Fort Grande... Fort Grande??

Cuando llego a casa después del trabajo suelo encontrarme a mi mujer echándole un vistazo a mi blog. Ella hace poco que ha llegado de su trabajo también, así que después de vestirse con ropa cómoda, se sienta frente al ordenador y se pone al día de mis entradas y de las de otros blogs que sigue con frecuencia.

Yo acostumbro a dirigirme a la habitación y prepararme para una ducha o para unos arrumacos con mis hijos, pero en ocasiones me planto delante de ella esperando su “veredicto” sobre alguna entrada del blog en concreto.

—Me gusta —suele decir—. Lástima que escribas sin revisar nada. Normalmente todos los textos que revisas o reescribes suelen quedarte mejor. Deberías tener un blog con tus relatos.

—Ya, pero... para esto sirve un blog. Para escribir lo que te pasa por la cabeza sin ninguna otra pretensión, y menos literaria... al menos, no para este blog —le comento.

—Vale, pero cuando reescribes te queda mejor —insiste.

Eso acostumbra a suceder después de ése “me gusta” inicial; es decir... que después del... “me gusta”... hay un “pero”. De modo que cuando no le gusta... que les voy a contar. Por poner un ejemplo:

—Ultimamente en el blog estás muy trascendental —me dijo a principios de esta semana.

—Trascendental? —pregunté en un intento de eludir cualquier aclaración o de ganar tiempo para poder dar una buena respuesta.

—Si, trascendental. A qué viene contar cosas pretendidamente profundas en un blog que haces con la intención de que sea un simple entretenimiento?

—Bueno... también puede haber entretenimiento en cosas pretendidamente profundas... No? —traté de darle la vuelta a la tortilla, cosa que con mi mujer... difícilmente me funciona.

—Vale, pero... te da por contar intimidades como la de que si te circuncidaron de niño, conversaciones que tienes con tu hijo... Que sé yo, un día de estos eres capaz de escribir sobre las conversaciones que mantenemos tú y yo.

—Hummmm... no, yo jamás haría esto —le dije muy convencido.

—Ni se te ocurra. Eh? —me insistió con tono, mirada y ademán amenazante.

—Mira cielo... Esto del blog para mí es algo de tipo terapéutico. Me ayuda a tomarme el pulso. Cómo te diría yo?... Si un día me apetece hablar de algo, pues lo hago, y lo único que intento es relacionarlo o tratarlo directamente sobre el punto de vista de los años 70 para no perder el hilo con el que se inició, pero... joder!... es mi blog y tampoco quiero obligarme a nada.

—Terapéutico? —preguntó.

—Eh? —murmuré sin saber siquiera ni si yo le estaba hablando de eso.

—Has dicho que tu blog es algo así como terapéutico. Desde cuándo necesitas tú terapias?

—Mujer... a mi modo... Todos necesitamos algo terapéutico de vez en cuando.

—Bueno... haz lo que quieras. Como bien dices es tu blog, pero me gusta más cuando tratas con humor historias de tu infancia, o cuando comentas algo sobre juguetes de aquellos que había en nuestra época.

—Ya...

—Que por cierto... Para qué pusiste la encuesta en el blog? No ves que lo que la gente más está pidiendo son juguetes setenteros? Por qué no haces más entradas dedicadas a ellos?

—Bueno, pues...

—Y el palomitón Payá? —me interrumpió—. Me dijiste que estabas preparando una entrada sobre mi palomitón Payá, pero de eso... anda que no hace meses.

—Estoy en ello, de veras... estoy en ello, pero por lo de la encuesta... pues no sé... la puse por ver qué tal, pero... eso no significa que deba de atarme de pies y manos.

—Ya... tu y esa manía de hacer siempre lo que te da la gana. Que ya me gusta... te hace especial, pero que sepas... quiero que la próxima entrada sea de algún juguete setentero; y ya no sólo porque éso es lo que voté yo en la encuesta, si no porque es lo que pide la mayoría —me dijo con una de esas rotundidades inapelables. Ya saben, de esas... que apetece desobedecer.

—Bueno, bueno... pues no se hable más. En la próxima entrada ya pondré uno de esos jodidos juguetes y así, tanto tú como los que han votado en la encuesta... estaréis contentos. Vale?

—Pues claro hombre, si total... no te cuesta nada.

Mi mujer se levantó de la silla frente al ordenador tras pedirme que me pusiese cómodo para la cena. Antes de salir de la habitación se detuvo junto a la puerta y se giró contemplando cómo yo estaba allí, con el mirar perdido.

—Que conste que también me gusta que te pongas... “trascendental”, pero creo que en el blog... pues no toca —me aclaró por si no me había enterado y prosiguió su marcha en dirección a la cocina.

—Vale... lo tendré en cuenta —contesté.

—Ah!... y ni si te ocurra hablar nunca de mí en tu blog. Que te veo venir.

—Tranquila cariño... yo ya sé cómo eres tú para tus cosas y eso... no se me ocurriría en la vida.

Así que como pueden comprobar, esta no es más que la entrada referente a un juguete setentero. El Fort Grande. Un fuerte que no era de la casa Comansi, un fuerte de los baratitos, pero fabricado de buena madera y que forma parte de mi colección particular.

En caso de que alguien desee saber más sobre él, no tiene más que clicar este enlace y conocerá mi historia con el Fort Grande, un juguete setentero de esos que les gusta... a la mayoría.

También les dejo con it's Raining Men, un tema que compusieron en 1979 Paul Jabara y Paul Shaffer. La versión del video es la que popularizaron en 1982 las Weather Girls.

Que a veces me pregunto... Cómo es posible que a un chica a la que le llovían los hombres por todas partes y a la que le sobraban pretendientes... fuese a escogerme a mi?

Será porque siempre le hago caso... o no.