viernes, 14 de mayo de 2010

Las Grecas

Carmela y Tina formaron en 1973 uno de los grupos más “frikimente” exitosos de los 70’s. Su estilo era el conocido como “Flamenco Rock” al que podríamos añarirle también un cierto aire de killo lolailo; es decir: “Flamenco Rock Killo Lolailo”, pero que al parecer, la cosa quedó en un pretendido intento comercial de llamarle “Gipsy Rock”.

El tema está en que ambas hermanas de etnia gitana crearon ése nuevo estilo que en un principio fue apadrinado, ni más ni menos (ojo al dato), por el propio Camarón de la Isla. Flipa neng!.

Uno de sus indiscutibles temas estrella fue el que llevaba por título “Te estoy amando locamente” y del que pueden... disfrutar (¿) al final de esta entrada. Allá cada cual con lo que sus oídos y su buen gusto esté dispuesto a consumir. A mí, para mi sublimación personal, se me dan más otros estilos, pero no hay que negar que Las Grecas, para bien o para mal... son setenteras hasta la médula y bien merecen un espacio en este kiosko, así que... consuman, consuman, que mientras que Teddy Bautista y su banda de gánsters no aparezcan por aquí y me chapen el blog... esto es gratis.

Los recuerdos que tengo yo de este par de dos se remontan a mediados de los 70’s, época de máximo apogeo del dúo. Por una parte recuerdo algún paseo por el barrio chino barcelonés en el que pude ver a un grupito de chonis bailando flamenco en plena calle y dando palmas mientras que del transistor salían las melodías de Las Grecas. Por otra parte, me viene a la mente también alguna mañana de playa en la que desde alguna toalla lejana un come-discos ofendía a mis oídos con la canción de éxito del dúo y me impedía disfrutar del sonido del mar. Imagino que desde entonces viene mi afición a ir por la playa en las noches de luna llena, pero es que de ése modo, me ahorro tener que pelear por un espacio cercano a la orilla, los pelotazos de los chulos de pantano que juegan a palas, o al perrito de las narices que te salta por encima de la toalla y te pringa de arena. Vale... no me pongo moreno... Y?

El pre-final de Las Grecas tiene su guasa; en principio el grupo se separó en 1979, pero sobre el 83 protagonizaron un hecho digno de estrellas del más genuino Rock&Roll. A Tina le diagnosticaron una enfermedad mental, y mientras charlaba tranquilamente con su hermana en la cocina de casa le entró un momento de crisis.

—Tronca... que yo me pillo el buga y me najo pa la kely —le dijo.

—Ah si?... Pues yo pa la piltra a planchar la flapa —respondió Carmela.

Al parecer, a Tina, eso de que su hermana planchase la flapa le pareció una frivolidad en comparación a sus magníficos planes de ligar el buga, así que agarró del cajón de los cubiertos un cuchillo de cocina y se lo clavó en el hombro.

Los maderos la trincaron por banda y le dijeron: “Que te najas pa la kely? Y una mierda!... Tu te vienes con nosotros pa Yeserías a pasar una temporada en el trullo”. Y allí la tuvieron a pan y agua una buena temporada hasta que la ingresaron en varios centros psiquiátricos de los cuales se escapó en no pocas ocasiones.

La primogénita de Tina, con el tiempo, formó nuevo dúo con su tía Carmela. Sacaron al mercado discográfico algunos intentos de éxito, pero con una nula repercusión incluso reeditando los anteriores Hits del dúo inicial.

Así pues, y con el debido respeto, escuchemos a Las Grecas... o echemos a correr.

Pese a todo, agradezco enormemente a Pepo que me sugiriese escribir algo en el blog sobre este dúo. Imagino que Pepo no fue un fan de las sisters, pero tal y como él me apuntó en el mail que me mandó... setenteras son, y marcaron época.

Nice Weekend... troncos.

jueves, 13 de mayo de 2010

El Telesketch

Su inventor fue un francés llamado Arthur Granjean y le puso el nombre de “L’Ecran Magique” (“La pantalla mágica”). Hacia el 1950 presentó un primer prototipo en la Exposición Internacional del Juguete de Nurenberg en Alemania, donde vendió los derechos del cachivache a unos ejecutas de la Ohio Art Company que se encargaron de su fabricación y posterior comercialización bajo el nuevo nombre de “Etch-A-Sketch”.

El juguete no tardó en aparecer en España de la mano; dicen unos que de la “Casa Borrás”, mientras que otros afirman que de la empresa “Juguetes Racionales” (quien tenga datos fiables al respecto, que por favor... los aporte). Fuese como fuese nos hallábamos ya en la década de los sesenta cuando los niños españoles pudimos ver las primeras pantallas del artilugio al que aquí conocimos con el nombre de “Telesketch”. Imagino que si se hubiese tratado de un juguete más... uno de tantos, a los que nacimos a mediados de dicha década nos habría pasado desapercibido, ni lo recordaríamos, o como mucho tendríamos el vago recuerdo de ver algún Telesketch hecho polvo procedente de algún hermano o primo mayor.

Pero no... desde que el aparato apareció en nuestras vidas hasta el día de hoy, la “Casa Borrás” (esta vez si... el dato es seguro) lo ha seguido fabricando de un modo casi ininterrumpido durante las décadas de los 70’s, los 80’s, los 90’s... hasta el momento presente en el que se pueden encontrar aún, desde el modelo “original” hasta los más variados aspectos que incorporan color e incluso efectos sonoros. Es propio decir que monsieur Granjean tuvo una visión de futuro el día que en su sótano fabricó una rudimentaria televisión de aspecto plano, en un vivo color encarnado y con un par de botones que accionaban un lápiz fantasma capaz de crear dibujos... algo robóticos, pero que al realizarlos, a más de uno se le descordinó el cerebro con la cosa esa de... tener que hacer dibujos en base a líneas horizontales y verticales accionando, de modo giratorio, unos botones que con no poca dificultad permitían la realización de líneas diagonales alternando los movimientos de ambas manos. Bueno... quien era capaz de hacer círculos... ése ya era la repanocha!!

Yo tuve mi Telesketch a principios de los 70’s y debo reconocer que en su día... no me fascinó el invento. Recuerdo haber jugado con él, pero sin llegar a extasiarme de un modo especial. Francamente... donde estuviesen los indios y vaqueros de Comansi, o los Madelman... que se quitase lo demás, pero no dejaba de tener su aquel sacar el Telesketch de su caja cuando venían primos y primas a casa y tratar de averiguar quien de todos era capaz de volverse loco antes ante la incapacidad de crear un círculo.

Lo que reconozco que es verdaderamente interesante, es realizarle una autopsia a un viejo Telesketch y averiguar su funcionamiento: resulta que la pantalla, por su interior, está recubierta de un polvo de aluminio. El pequeño lápiz (punta de lápiz en realidad) es accionado por los mandos que a su vez ponen en marcha un complicadísimo sistema de poleas que permiten que dicha punta se desplace por toda la pantalla de modo horizontal y vertical, y que “rascando” el polvo de aluminio cree la sensación de un trazo negro. El borrado del dibujo no dejaba de ser curioso tampoco, bastaba con voltear la pantalla y dar unas sacudidas para que desapareciese en un plis... la obra de toda una tarde de trabajo (que mandagüevos... para que nos vamos a andar con bobadas... ya son ganas!!).

También debo decir que aún y que no se trató nunca de mi juguete favorito... no es a mi Telesketch al que le he realizado la autopsia. A ver que cara pone mi sobrinilla cuando encuentre que su pantallita mágica... ha sido vilmente destripada.

Eh!... y ni hablar de darle yo el mío!

Créditos de las imágenes: Fotografías del Telesketch del Kioskero del Antifaz.

martes, 11 de mayo de 2010

Gusanos de seda (II) –La recuperación de Benjamín-

(En el capítulo anterior: Una pequeña colonia formada por siete gusanos de seda ha venido a vivir a mi estudio. Genéricamente les llamo “Los Siete Magníficos”, y únicamente uno de ellos tiene nombre propio, se trata de Benjamín, el más pequeño de todos y que se encuentra visiblemente enfermo...)


Esta mañana en cuanto he llegado a mi estudio, he saludado afectuosamente a mis gusanos de seda y les he cambiado las chuchurrías hojas de morera que les dejé anoche por tiernas hojas frescas que he traído desde casa.

—Buenos días chicos... Cómo habéis pasado la noche?

—..., ..., ... ,...

—Y tu Benjamín?... Todo bien?

—..., Cof! Cof!..., ...

El bueno de Benjamín sigue algo pachucho y lo peor es que no sé que hacer por él ya que mis conocimientos de veterinaria son nulos, y dudo yo que ni con conocimientos acerca de la materia, se pueda hacer mucho por un simple insecto.

He pensado que lo mejor para su pronta recuperación sería lo siguiente: 20 minutos de Jogging, una tabla de ejercicios variados de gimnasia sueca, y unas series alternadas de mancuernas, pero... Benjamín no ha estado mucho por la labor.

Dejaremos pues que la naturaleza siga su curso y mañana buscaremos un hogar adecuado para “Los Siete Magníficos”. Espero... que sigan siendo siete...

(Continuará...)

lunes, 10 de mayo de 2010

Gusanos de seda (Remembering)

En los 70’s la gran mayoría de niños y niñas tuvimos gusanos de seda como animales de compañía, ya que; ocupaban menos espacio que un perro, necesitaban muchos menos cuidados, y no resultaba especialmente necesario sacarlos a pasear. Claro que también había quien tenía perros, pero eso ya era más un lujo que otra cosa para los que vivíamos en barrios humildes tales como el Dry Village en los que no estaba el horno para bollos.

Los gusanos de seda siempre fueron bienvenidos por aquellos niños que les pedíamos una mascota a nuestros padres. Quizá si que nos esperábamos algo más que gusanos, pero cuando nuestras madres nos explicaban todo el ciclo biológico del que íbamos a ser testigos con el paso de los días... no dábamos crédito y nos quedábamos extasiados y boquiabiertos contemplando a esos pequeños gusanos que, después de hacer un poco el capullo, se iban a terminar convirtiendo en mariposas.

También es verdad que los animalitos en sí... no daban mucho juego; no se les podía lanzar una pelota y esperar a que fuesen a por ella, impensable la idea de bañarse con ellos a la orilla del mar, o la de compartir nuestro rincón en el sofá y ver juntos los dibujos animados. Nada... los gusanos de seda no servían absolutamente para nada de eso. Su única actividad era la de comer y comer hojas de morera y pasar de nosotros como quien oye llover. Por más que nuestras cabezas se asomasen una y otra vez a la caja de zapatos que les servía de hogar ellos mantenían siempre esa actitud de no alterarse por nada.

Cuando uno se hace mayor llega un momento en el que ni piensa en los gusanos de seda; es más... incluso sí nos lo planteamos alguna vez, somos capaces de llegar a la conclusión de que quizá se extinguieron como les pasó a los dinosaurios, pero no... tarde o temprano llega ése día en el que los pequeños de la casa nos recuerdan que los gusanos de seda aún existen y que ellos quieren tener su propia familia de larvas lepidópteras del mismo modo que las tuvimos nosotros 40 años atrás.

Y así es que ahora, en mi casa, han entrado los gusanos de seda para compartir espacio con los jerbos y con un grupúsculo de homínidos que conviviremos en el mismo hábitat y en el que cada uno de nosotros lucharemos por nuestra propia supervivencia.

Reconozco que como a todo buen nostálgico setentero, en cuanto oí hablar de la posibilidad de que una colonia de gusanos de seda entrase en casa, no pude por menos que aceptar e incluso pedirme una pequeña colonia para mí y llevarla conmigo a mi estudio. Quieran que no mi trabajo pide largas horas de soledad, así que, a veces, la compañía es bienvenida, y si se trata de seres silenciosos y autosuficientes... mejor que mejor.

Mi colonia está compuesta por siete ejemplares a los que de modo genérico denominaré “Los siete magníficos”. Individualmente no les pondré nombre ya que eso me haría dudar de mi salud mental, que bueno... afortunadamente no estoy lo suficientemente cuerdo como para tomarme la vida en serio, pero... ponerles nombres a los gusanos sería el primer paso para una buena estancia en el frenopático.

No obstante... (y es que quizá en el frenopático ya hay una habitación esperándome) no he podido resistirme a la tentación de concederle a Benjamín, un interés más allá que el que les concederé al resto de gusanos. Y es que Benjamín es con diferencia el más pequeño de los siete. Se trata de un gusanito que me ha despertado una especial ternura debido a que, además de pequeñajo, está algo falto de salud. No parece que mantenga una actividad como la que mantienen el resto de los suyos, además está un poco dejado de la mano de Dios, y es que la verdad... estos gusanos van cada uno a la suya y no parecen demasiado dispuestos a tenderle una mano (quizá porque carecen de ellas), así que no cabe esperar ningún acto solidario del resto hacia el pequeño Benjamín. Velaré personalmente por su seguridad y por su bienestar, y prometo hacer de Benjamín... un gusano de provecho.

Seguiré informándoles del progreso de Benjamín y del resto de los gusanos que forman mi pequeña colonia “Los siete magníficos”. Les ilustraré algunas entradas en este blog con algunas fotografías y breves textos en los que puedan, al igual que yo, rememorar ésa época en la que los gusanos de seda formaban parte de nuestras vidas. Unas vidas en las que arrastrándonos por nuestra niñez conseguimos llegar a ser unos auténticos capullos en nuestra adolescencia, para finalmente, de adultos, convertirnos en preciosas mariposas... unas más que otros; claro está.

Como homenaje a mis gusanos, al western y a la música de los 60's y de los 70's, les dejo con el tema principal de la banda sonora de la película “Los Siete Magníficos” compuesta por Elmer Bernstein para ése fabuloso western que se estrenó en 1960.

Existen caballos para gusanos de seda?...

jueves, 6 de mayo de 2010

El diablo bajó a Georgia

Mi abuelo siempre me dijo: “Hay que tener amigos hasta en el infierno, ya que, cuanto menos, te llevarán al lugar del averno en el que se esté más fresquito”.

Una eternidad condenado a las profundas tinieblas es el precio a pagar a cambio de vender el alma al diablo, pero claro... si allí uno ya tiene amigos...

Aún recuerdo la noche en la que Satán apareció ante mí con el fin de contar con mi alma para sus fines perversos. Me hallaba en un cruce de caminos en el estado de Georgia; concretamente entre New Bethel Church Road y Long Bridge. Se trataba de uno de esos excitantes viajes de trabajo a los Estados Unidos y todo funcionaba de maravilla hasta que la ranchera que nos iba a llevar desde South Carolina hasta Tennessee se estropeó, y allí me quedé montando guardia mientras que mis dos compañeros de viaje la emprendieron a pie en busca de ayuda en un tiempo en el que aún no se habían inventado los GPS y en el que no teníamos más remedio que fiarnos de un pequeño mapa local que nos indicaba que a menos de 2 kilómetros en dirección sur por la Long Bridge se hallaba una pequeña granja. Mientras esperaba el regreso de mis colegas salí a fumar un cigarrillo sentado placidamente en el capó de aquella ranchera de alquiler. En el horizonte simplemente se divisaban postes del tendido telefónico al contraluz de una estupenda luna llena. La temperatura era agradable en plena primavera, no refrescaba en absoluto y podía percibir el aroma de los jazmines que a la luz del día teñían de amarillo los verdes campos.

Yo había leído viejas leyendas referentes al delta del Mississippi; leyendas en las que se narraban historias relativas a apariciones del diablo que andaba por allí en busca de las almas de viejos cantantes de Blues a cambio de convertirles en auténticos genios de la guitarra. Cuentan... que Charlie Patton, e incluso el mismísimo Robert Johnson fueron algunos de los “bluesmen” que pactaron con el rey del averno a cambio de su incomparable talento. Descansen en paz sus almas... allí donde quiera que estén.

A pesar de esas ridículas leyendas que en ese momento recordé, ni nos hallábamos especialmente cerca del delta, ni mi intención era la de convertirme en cantante, pero... al igual que yo, al parecer el diablo andaba también un poco despistado; concretamente un par de estados más al este del lugar en el que sus apariciones parecían ser habituales y allí me encontró tirado en aquella cuneta.

Y allí estaba él. Debo decir que no me intimidó en absoluto la presencia de aquel extraño ya que su aspecto era más bien afable, aunque ciertamente había algo pernicioso en su mirada. No obstante, lejos de ser un tipo de color rojo, con cuernos y larga cola terminada en punta de lanza, parecía más bien un vendedor de seguros, cansado, y con el nudo de su corbata ligeramente desabrochado.

—Hace una buena noche. No es cierto? —me preguntó.

—No está mal, pero tampoco tengo demasiada referencia de cómo son por aquí las noches —le respondí.

—Ya claro... no eres de por aquí.


Reconozco que siempre me ha tocado las pelotas eso de que enseguida sepan “que no soy de por aquí”, aunque para que negarlo... mi inglés siempre ha sido terrible y delata a la legua mis orígenes hispanos.

—Y a ti? Qué se te ha perdido en este lugar del mundo? —le tuteé... él empezó, así que nos dimos enseguida confianza.

—Vengo a por tu alma. Perdona si voy al grano y no te introduzco en eso de que soy el diablo y demás, pero es que hoy he tenido un día agotador.

Vamos, que lo único que me faltaba tirado en mitad de una carretera polvorienta... era la presencia de un loco.

—Da igual si no me crees —añadió—. Plantéatelo de la siguiente manera: si soy el diablo y me vendes tu alma, conseguirás lo que quieras. En caso de que no sea más que un chalado que se te aparece en mitad de la noche, tu no ganarás nada, pero tampoco yo conseguiré tu alma. Prueba, y a ver qué pasa.

—Vamos a ver... para invocar tu presencia. No es necesario hacer toda una serie de ritos y de liturgias mágicas? —pregunté.

—Así es en la mayoría de los casos, a excepción de aquellos en los que las almas no tienen aún un destino eterno bien definido y soy yo quien, en persona, voy en su busca. Y ése es tu caso —me aclaró.

—Debo tomarme eso como un halago?

—Puedes tomarlo como quieras. Tu camino en la vida está en ése límite entre el bien y el mal. En un... “cruce de caminos”. Te cuesta conseguir todo eso por lo que luchas, y yo... puedo ponértelo más fácil.

—Pse!... No sé. La verdad es que ya me gusta esto de que me cueste conseguir las cosas. Les da más emoción. No crees?

—Bien... pues hagámoslo de otro modo, te seguirán costando, pero tendrás la garantía de terminar consiguiéndolas.

—Eso no me convence... — le aclaré—. Es como saber el final de una peli... le quita suspense.

—Vamos por partes — el tipo trató de poner orden—. Riquezas. Te interesan las riquezas? Poder colmar todas tus necesidades y que te sobre el dinero a espuertas?

—Sinceramente no —le dije—. No persigo eso. Me basta con tener para viajes y tabaco, y de momento... me llega.

—Fama?


—Buufff... que va, que va! La fama generalmente es demasiado efímera, y en el caso de que sea para siempre te roba intimidad. Prefiero un éxito moderado a una fama descontrolada.

—Pues bien... éxito... todo el que quieras –insistió.

—De veras que no. Ya tengo el que quiero. El necesario para que no me falte mi trabajo y para que se me conceda, de vez en cuando, la posibilidad de hacer un poco lo que me de la gana. Para qué quiero más?

—De acuerdo, de acuerdo, pero... Y mujeres? Qué me dices acerca de eso?

—Verás... ahí hubiésemos podido llegar a hacer negocios tu y yo, pero a estas alturas ya he gozado de una buena época loca, y ahora ando en algo que parece bastante serio. No sé si será la mujer de mi vida, pero se trata de una morenaza altísima que me vuelve loco.

—Maldita sea!... No será la que fue secretaria en esa asquerosa productora en la que trabajabas. Verdad? —preguntó en un estado visiblemente alterado.

—Efectivamente... fue... secretaria —respondí.

Un escalofrío recorrió toda mi espalda hasta helarme el cogote mientras que curiosamente unas gotitas de sudor recorrían mi frente. Aquel tipo que hasta ese momento no se trataba más que de un chalado... empezó a ponerme realmente nervioso al demostrarme que conocía pequeños detalles importantes acerca de mi.

—Joder! —exclamó—. Sabía yo que tenía que haber tomado cuenta de esa tipa antes. Ahora ya es tarde!

Acto seguido le soltó una patada a una pequeña piedra que salió despedida a lo lejos, que se perdió en la oscuridad y que gracias a que se pudo escuchar su impacto contra el suelo... supe que no la mandó al más allá.

Nervioso, y con las manos en los bolsillos de sus pantalones se alejó de mi cabeceando así... como desconcertado. Se detuvo, se giró mirándome con esos ojos en los que desde el primer momento ya advertí algo pernicioso. Su ceño estaba fruncido, sus comisuras en un rictus de desesperación que dejaban entrever sus dientes apretados. Se acercó de nuevo hacia la ranchera a paso acelerado a la vez que sacaba una de sus manos del bolsillo y me daba unas palmadas en la frente.

—Piensa, piensa maldito hijo de puta! —me gritaba clavando su mirada en la mía—. Algo... o alguien habrá que merezca la pena a cambio de tu alma. Total no te pido nada más joder! Una mierda de eternidad a cambio de algunos años de tu vida en la absoluta plenitud. A qué coño esperas?

—Bueno... en realidad... hay... —dudé, titubeé...

Con sus manos agarró mis hombros y me zarandeó como si me felicitase por acabar de ganar alguna especie de premio o algo parecido.


—Lo ves?... Lo ves? No era tan difícil. Es lo que quieres? Se trata de eso. Verdad? —me decía mientras seguía con sus zarandeos. De no tener ya la certeza de que se trataba de Satanás en persona... de buena gana le hubiese dado una hostia. Con lo que me jode que me zarandeen!

Como pude recuperé la cómoda postura sobre el capó de la ranchera a la vez que estreché su mano. El tipo se alejó nuevamente enfundándola en su bolsillo, pero esta vez, su paso era triunfante y vigoroso.

—Espera! —le grité—. Cómo sabré yo cuándo...

Sin detenerse me miró de medio lado —Cuándo será el momento en el que lo consigas?— una sonrisa llenaba su cara.

—... Si, exactamente... eso...

—Lo sabrás hijo... cuando llegue el momento... lo sabrás.

Rió a carcajadas y prosiguió su camino mirando de frente hacia el oscuro horizonte. De nuevo sacó una de sus manos del bolsillo para despedirse de mi dándome la espalda y desapareció ante mis ojos.

Nunca más he vuelto a ver al maligno; parece ser que ya tendremos toda una eternidad para conocernos mejor.

Y ustedes?... Qué esperaban de esta historia? No hubiesen hecho lo mismo? Vamos, vamos, piensen! No hay nada... o nadie que merezca la pena a cambio de sus almas? Total el final no es para nada trágico: él se salió con la suya... y yo con la mía.

Además, el infierno no puede ser tan malo. Han pensado lo aburrido que debe ser... el cielo?

En 1979, The Charlie Daniels Band le dió al mundo el tema titulado “The Devil Went Down to Georgia” demostrando que Satán no era la primera vez que se dejaba ver por aquel cruce de caminos y que lo mío con él no fue por casualidad o despiste. La diferencia está en que Johnny, el protagonista de la canción, no sucumbió a las tentaciones del rey del mal y posiblemente ahora... lo esté lamentando.

Les dejo ahí esta estupenda muestra setentera de Country Ranchero bien conocida por todos los amantes del género, y que para aquellos que no lo sean... ya va siendo hora de que la escuchen, al menos una vez. Así que sucumban ante la tentación.

Obviamente, y como no podía ser menos, esta entrada está dedicada a JuanRa Diablo. Un Satanás que tiene de malo... lo que yo de bueno ;-)

Mi alma ya está condenada hermano, así que no sé a qué viene ahora ése olor a azufre (carcajadas).


martes, 4 de mayo de 2010

De la charranca al cielo

Las adoquinadas calles del Poble Sec estaban repletas de extraños grafismos realizados en tiza que los niños éramos incapaces de entender. Ignoro por qué razón, pero casi siempre se trató de un juego de niñas. Ellas salían de clase con un pedazo de tiza en algún bolsillo de sus uniformes de colegio de monjas, e inmediatamente, rodilla en tierra, trazaban con gran habilidad unas casillas con números. Acto seguido, la que estaba de “mano” lanzaba sobre el gráfico de yeso una piedra plana y se dedicaba a dar saltitos sobre las casillas evitando pisar las líneas y tratando de alcanzar la última de ellas a la que denominaban “cielo”.

Nosotros, los niños, nunca mostramos ningún interés por ese juego, pero difícilmente perdíamos detalle de cómo sus coletas revoloteaban al ritmo de sus saltos o de cómo sus uniformes nos mostraban sus muslos de un modo intermitente. Jamás entendimos cómo podía gustarles un juego tan simple en el que no había violencia alguna, en el que por no perder... no perdían ni canicas y en el que no se jugaban nada. Lo hacían por el puro placer de pasar un buen rato.

Ellas ocupaban el pequeño espacio en torno a su juego de la charranca trazada con tiza sobre esos adoquines de las calles, mientras que nosotros, correteábamos de acá para allá jugando a policías y ladrones o a indios y vaqueros; nos perseguíamos y nos lanzábamos unos sobre otros llenándonos los codos y las rodillas de arañazos que posteriormente se convertían en postillas que disfrutábamos arrancándonos una y otra vez hasta que nuestras madres, finalmente hartas de ver como nos chorreaba la sangre siempre de la misma herida, terminaban diciéndonos eso de que “si no te dejas la postilla en paz, al final se te hará ahí un mal feo”. Lo del “mal feo” sonaba terrible, pero jamás nos intimidó lo suficiente como para reprimir ese deseo de arrancarnos poco a poco la dichosa postilla.

Sin duda que los juegos “para niños” y los juegos “para niñas” eran bien distintos, y si en los nuestros estaba presente el contacto físico, la competitividad, la necesidad de ganar o de perder algo, y esas heridas que se convertían en trofeos comúnmente llamados cicatrices. En los de ellas, ya bien fuese la charranca, las gomas o la comba... siempre estaban incluidos esos saltitos con coletas al viento, muslos al aire, y furtivas, pero a la vez tímidas miradas.

Puede que sea verdad eso de que con el paso del tiempo cada vez se tocan más los extremos. Probablemente hombres y mujeres estamos acercando posturas y alineándonos en una conexión favorable. Pero lo que no deja de ser cierto es que nosotros seguimos a empujones para terminar remostándonos las narices contra el suelo, mientras que ellas... siguen con sus saltitos tratando de alcanzar el cielo.

Hay algo acerca de esta vida que las mujeres saben, pero que nosotros... desconocemos.

lunes, 26 de abril de 2010

A vueltas con las dos españas

En realidad yo siempre había pensado que eran tres, ya que para las clases de geografía del señor Villa, nos hacían comprar unas plantillas de plástico en las que claramente aparecía una España formada por los ríos, otra por los sistemas montañosos, y una tercera con las diferentes comunidades autónomas englobadas en la cosa esa de “la grande y libre”. Claro... Qué diablos iba yo a entender cuando oía decir eso de... las dos españas?

Tuvieron que pasar unos años para que me enterase de que dicha cuestión venía de viejo... de muy viejo. Al parecer la cosa viene de 200 años atrás y de la época de la Guerra de la Independencia en la que España se partió en dos mitades; una compuesta por los partidarios de la constitución de 1812, llamados constitucionalistas (divididos entre ellos ya que al parecer, algunos estaban extremamente afrancesados), y la otra España la formaban los absolutistas que reclamaban el poder absoluto y el regreso del monarca Fernando VII. Un Borbón a quien la historia ha puesto de un modo unánime como el puto culo.

Tras largas idas y venidas, fue la Guerra Civil la que enfrentó nuevamente a las dos Españas, y mientras que una (la de los vencedores) constituía la España oficial, la otra (la de los perdedores) formaba una España real sumida en la más oscura clandestinidad.

Parecía que todo se iba a arreglar a partir de 1975 y con la posterior llegada de la democracia, pero lo cierto es que desde entonces vivimos una situación que suele darse en todos los países divididos entre izquierdas y derechas, conservadores y progresistas, etc. Vaya... un descoloque del quince en el que el partido que queda en la oposición trata de hacer lo imposible para alcanzar el poder y recuperar esas sillas en las que tanto les gusta reposar sus peludos culos. En cierta ocasión leí una cita de un historiador (lamento no recordar su nombre, pero tampoco voy a buscarlo ahora), que decía que: “Los políticos deben ser bomberos y no incendiarios”, cosa que siempre olvidan y por culpa de lo cual se tiende a una desmedida crispación en la que como único lema parece que prevalezca aún eso del “divide y vencerás”.

El caso es que desde que tengo uso de razón (¿)... el fantasma de las dos españas ha sido la tónica general en este país: Una España ha estado formada siempre por gente de derechas, conservadora, católica, por hombres muy machos, mujeres muy femeninas y gente de orden. La otra la han compuesto los de izquierdas, progresistas, maricones ellos y bolleras ellas, descreídos y ateos. En lo único que han coincidido ambos ha sido en las grandes cantidades de dinero que se han llevado de las arcas públicas a la mínima que han tenido ocasión, pero por el resto, y si no tocamos el tema del parné... sin duda nos hallamos en medio de dos españas bien distintas.

Yo no puedo entender a una izquierda que cuando tiene la oportunidad de hacerlo bien... lo hace tan mal, de un modo tan populista y con un nulo sentido práctico. Ya que no nos engañemos... que los homosexuales puedan casarse, que las mujeres puedan abortar, que en el gobierno haya paridad entre machos y hembras, o que los soldados regresen de Irak (para luego, y una vez ganadas las elecciones, volver a mandarlos a la vez que reforzamos nuestra presencia en Afganistán una y otra vez), etc... eso no permite que ningún español pueda llegar a fin de mes, ni que el país se vuelva más productivista, ni que la industria de cualquier tipo se desarrolle y crezca el empleo. Tampoco entiendo a una derecha que se manifiesta constantemente para negar la posibilidad de que a alguien se le conceda un derecho; sin ir más lejos... Una ley que permita que una pareja homosexual se case, o que permita que una mujer aborte, o que una pareja se divorcie, etc. Nada de eso obliga a nadie a casarse o a ser homosexual, ni a abortar, ni a divorciarse, luego no entiendo como con Obispos a la cabeza, la derecha sale a la calle emulando a los que ellos siempre han tildado de pancarteros. Joder con los putos clérigos que en lugar de hacer “obra social” se alían con la derecha a la que han estado unidos siempre, y con el único fin de negar derechos a colectivos ajenos.

La última es de sobra conocida por todos: la necesidad de un colectivo que quiere saber dónde cojones están sus familiares que perdieron la vida en la guerra con el deseo de depositarlos en un lugar en el que poder dejarles flores, enfrentados a otro colectivo que se niega rotundamente a remover nada. Quizá tengan miedo de que aún más mierda les salpique en la cara.

Lo que me intuyo, es que un país en el que unos ganan por poco más de diez millones de votos, mientras que los otros pierden por casi diez millones de votos... se trata de un país dividido casi al 50% y que lo que está pidiendo a gritos es que ambas españas lleguen a un acuerdo de una jodida vez, y que dejen de crispar un ambiente que hace que lamentablemente, esto de ser español... resulte una tarea agotadora.

En mi entorno, mis amigos de derechas siempre me han considerado un poco rojo, mientras que mis amigos de izquierdas me acusan de ser un poco facha. Creo que eso es bueno ya que me sitúa en tierra de nadie. Con ello no quiero decir que esté, ni de cerca, en posesión de la verdad absoluta o de la iluminación, ni en el matiz de gris justo y necesario entre los extremos del negro y del blanco, pero me reconforta eso de poder mirar todas estas cosas sin fanatismos y sin tener la necesidad de casarme con nadie hasta el punto de que me veo incapaz de depositar una papeleta en una urna. A fin de cuentas... si voy a una discoteca nadie me va a obligar a bailar con ninguna chica, y menos si todas son feas. Puedo salir y entrar de esa discoteca sin necesidad alguna de bailar siempre y cuando pague mi entrada. Del mismo modo puedo pasearme por este país y dar mi opinión sin necesidad de sentirme culpable por eso de haber participado en la comedia de que un culo peludo ocupe un asiento, para luego... tener que terminar arrepintiéndome de ello.

Y que nadie me venga con la jodienda de que si no voto no tengo derecho a quejarme. Perdonaaaaaa??? Pago religiosamente mis impuestos y eso, entre otras cosas, sirve para pagar los sueldos de los que gestionan este país y a los que la mayoría de gente, erróneamente, les llama “los que mandan”. Ni hablar... los que mandamos somos nosotros, los que votan y los que no votamos. Lo jodido es que nos han salido una mierda de empleados que no nos hacen ni el más mínimo caso, y así, seguiremos siempre en eso... en las dos españas.

viernes, 16 de abril de 2010

El soldadito

Ayer por la tarde llegué a mi casa bastante cansado (imagino que son consecuencias de la jodida astenia primaveral) y con dos nuevos miembros para la familia; un par de jerbos que mi hija Júlia de siete años acogerá bajo su protección y tutela. Si existe algún Dios para los jerbos... que por favor les proteja.

El caso es que después de cenar revisé mi correo electrónico y entré en mi blog (este blog) para ver qué tal andaba la cosa y si reunía el ánimo necesario para escribir una entrada... no hubieron huevos (imagino que son consecuencias de esta jodida astenia primaveral). Llamó mi atención un comentario que Pepo Paz Saz dejó en mi última entrada. Se trataba de una sugerencia para un próximo post en el que comentase algo acerca de un tema musical que fue uno de los grandes éxitos del año 1971, titulado “el soldadito” e interpretado por una formación de ocho miembros que se dieron a conocer con el nombre de La compañía.

La verdad es que estas sugerencias por parte de algunos de los que deambuláis de vez en cuando por este blog siempre son muy bienvenidas, y más aún cuando uno está escaso de inspiración (imagino que son consecuencias de esta jodida astenia primaveral).

Lo cierto es que me hizo mucha ilusión reencontrarme con este tema que tenía absolutamente olvidado. De inmediato vinieron a mi mente recuerdos de una prima de mi prima segunda Montse; o lo que viene a ser una prima tercera, pero indirecta, ya que no hay consanguinidad alguna entre ella y yo. Dicha prima, llamada Cristina, nos interpretó A-ccappela el tema que es motivo de esta entrada en la que recuerdo fue una cena de San Estaban siguiente al día de Navidad del año 1972. El resto de primos y primas escuchábamos con atención como Cristina cantaba en lo que era una rotación “artística”. Después de ella, otro primo/a interpretaría un nuevo tema y así sucesivamente hasta que todos y cada uno de nosotros hubiésemos demostrado nuestra valía como futuras promesas del mundo de la canción. Al finalizar la rotación la idea... era reiniciarla de nuevo e interpretando cada uno de nosotros nuevos temas. Cristina -imagino que se sabría alguna más-, pero de nuevo... nos interpretó el soldadito.

En su primera actuación en ese improvisado festival, todos los primos y primas escuchamos atentamente como cantaba Cristina. En la segunda, sobretodo los primos... nos embelesamos contemplando su hermosos ojos azules.

Gracias Pepo ;-)

Espero pasen todos un agradable fin de semana, y si no es así, no se preocupen. Seguro que será ... consecuencia de esta jodida astenia primaveral.

Para los del Facebook, aquí va el enlace al video.

viernes, 9 de abril de 2010

Esa locura llamada amor

Rara vez han sido un problema para mi las "mariposillas" en el estómago. Llámenme poco romántico si quieren, pero que tenga conciencia, sólo me he enamorado un par de veces en mi vida (creo que si hubiesen sido más... lo sabría. No? :-) También es verdad que a todas las que han sido mis novias las he querido mucho, no se vayan a pensar..., pero enamorarme, lo que se dice enamorarme... siempre ha sido una historia que me ha resultado difícil, quizá por el hecho de que tengo cierta tendencia a racionalizar las cosas.

No niego que enamorarse puede que esté muy bien -no voy a ser yo quien tire por tierra eso, y menos ahora... en primavera- ver a la otra persona como a alguien perfecto, considerarla como un ser único e irrepetible, idealizarla, no poder imaginarse el mundo sin ella, etc... Si, para que negarlo, aunque su duración puede que sea la misma, siempre es mejor eso que pasar una gripe.

Otra cosa distinta, y que sin duda prefiero... es amar. Conocer las virtudes y los defectos de la otra persona, pero a pesar de ello... manifestarle una infinita ternura, un intenso cariño, una complicidad extrema y por encima de todo... esa sencilla necesidad de hacer a esa persona feliz.

Toda esta tontería que acabo de contarles viene a cuento de una canción de Queen por la que siempre he sentido una predilección especial, y que se titula "Crazy Little Thing Called Love", uno de los grandes temas de finales de los setenta que se puede encontrar en el LP que lleva por nombre "The Game" editado en 1979.

Un Freddie Mercury colosal en la interpretación de este temazo incluido en un disco que fue de los más exitosos de la banda.

Ahí les dejo el vídeo para este Weekend. Y no lo olviden... a ser posible, y pese al polen, las abejitas y todo eso... no se enamoren... ámense.

jueves, 1 de abril de 2010

La barbería de la calle Salvà

En una época en la que no se podía hablar de política, y menos aún... del caudillo, las conversaciones de los adultos del Poble Sec (Dry Village, para los amigos) giraban en torno a cosas de lo más cotidianas como: la inflación, las subidas del petróleo, la crisis... temas de los que no tenía nunca la culpa el gobierno... Dónde vamos a parar! Por aquellos tiempos, al igual que ahora, la culpa era siempre de los americanos. De quién si no? Otros temas comunes eran el clima, los precios de las alubias, los colegios de los niños, y como no... el deporte nacional que consistía en criticar a las vecinas... que para eso estaban.

Quizá el único lugar en el que se tocaban temas... “delicados” era en la barbería de la calle Salvà; un pequeño recinto a pie de calle en el que habían tres sillas de barbero y un banco en el que cabían poco más de cuatro personas esperando su turno para un corte de pelo a navaja o un afeitado. Los clientes eran tan habituales y se conocían de tanto tiempo, que en ocasiones, alguien se atrevía a criticar al régimen y cada uno decía la suya. El señor Ramón, el dueño de la barbería, cada vez que oía el ruido de la puerta, hacía un ademán con su tijera para que el resto zanjasen el tema, y si quien entraba era de confianza, la conversación proseguía con toda normalidad. En caso contrario, el señor Ramón introducía una coletilla del estilo de: “Pues hay que ver, pero... otra vez el Real Madrid nos la ha jugado en esta liga. Verdad?” y el resto de contertulianos seguían el hilo y ya toda conversación se canalizaba hacia uno de los temas... “permitidos”: el fútbol.

Sin ningún lugar a dudas que pequeños lugares como la barbería de la calle Salvà, sirvieron de algún modo a “la resistencia” ante un régimen totalitario, a la vez que hicieron mucho por mantener vivo el idioma catalán que por aquellos tiempos estaba más que prohibido.

Lo cierto es que yo, poco me enteraba de las conversaciones a ese nivel. Me limitaba a sentarme en el banco esperando mi turno sin entender demasiado bien de qué se hablaba, y leyendo los Mortadelos, Tio Vivo, o DDT que el barbero tenía colocados en un revistero junto con el diario Marca, El Caso, y poca cosa más. De vez en cuando pillaba partes de conversaciones en las que se decían cosas parecidas a las que se decían en mi casa, como que si “a la momia le queda poco tiempo de vida”, que si “qué pasará cuando vuelva la república”... etc. Yo ya sabía que la “momia” era el incombustible señor Franco, y que la república era una señora con una bandera tricolor que enseñaba una teta, pero a mi edad... me interesaban más los líos que Mortadelo y Filemón eran capaces de organizar en la T.I.A.

No obstante, un día el señor Ramón enfermó. Seguía al frente de la barbería, pero un maldito tumor localizado en su cabeza le menguó sus fuerzas impidiéndole hacerse cargo de su pequeño negocio. Su presencia por la barbería pasó a ser anecdótica al cabo de poco tiempo, y en su lugar, el señor Julián se ocupó de todo casi a jornada completa.

Hablar de “la momia” o de “la república” pasó a la historia ya que el señor Julián era uno más de los que seguía la corriente de una buena mayoría de convencidos de que Franco nos había traído la paz, de que la república sería una amenaza, y de que a ver la de locuras que iban a hacer los rojos el día que el caudillo la espichase. Total... que un buen hombre en realidad, pero participante de un pensamiento único, que sin quererlo, ni sin pretenderlo, provocó que los temas de conversación en la barbería, se limitasen a ser los mismos que en el resto del barrio.

Cabe decir que el señor Julián era agradable a pesar de todo. Un tipo atento y educado que provenía de una humilde familia del sur, que mantuvo hasta el final de sus días su acento andaluz, y que... “prohibió” el catalán en ese pequeño reducto de la resistencia que era la barbería de la calle Salvà. Él no lo entendía, no lo hablaba, ni tenía intención alguna por hacer el más mínimo esfuerzo, así que en una España que era eso... “una grande y libre” los habituales de toda la vida en la barbería del señor Ramón adoptaron el castellano en sus conversaciones con la mayor de las normalidades.

Mientras que por el transistor solo se sintonizaban emisoras de flamenco y cante jondo, el señor Julián terminaba con una de las cabezas, pasaba el cepillo con polvo de talco por el cuello y el cogote del cliente, retiraba los trapos y decía: “A ver, el siguiente”.

—Conversassión?

—... pse... bueno —contestaba el cliente.

—Furbo, o toros? —preguntaba el señor Julián.

—Pues... no sé... fútbol mismamente.

Y mientras el barbero movía con habilidad las tijeras entre sus manos, se hablaba de copas, de recopas y de ligas... una y otra vez.

El resto, los clientes habituales de toda la vida, permanecían mudos leyendo el diario Marca, o El Caso, así como yo... me mantenía pacientemente en silencio con los tebeos de Mortadelo.

Quizá en ese momento me di cuenta de lo importante que había sido para los vecinos la barbería de la calle Salvà. Yo seguía sin entender el significado de según que conversaciones, pero me quedó muy claro que eso de hablar de temas “normales” en una España profundamente anormal... no podía ser bueno.

El tumor... no sólo le ganó la partida al señor Ramón, si no que terminó también con “la resistencia” en el barrio. Cuanto menos... así fue durante un tiempo.

Créditos de las imágenes: Ilustraciones Sergi Càmara.

sábado, 27 de marzo de 2010

Mini-Teatro AIRGAM

Desde los tiempos de los Ditirambos en los que se escenificaba las vidas de los dioses del Olimpo hasta el teatro más vanguardista, han pasado un puñado de siglos, y con ellos, han llegado hasta nosotros innumerables modos de ocio, expresión y comunicación. Pese a todo, el teatro sigue ahí contra viento y marea y sobreviviendo ante cualquier nuevo sistema por más multimedia, interactivo, o 3D que sea. El motivo más probable que explique semejante capacidad de supervivencia quizá sea el hecho de que no hay nada que pueda igualarse a una puesta en escena en vivo, en directo, plagada de gestos, escenografías y dicciones que nos llegan hasta el alma y que nos permite escuchar la más sutil respiración de los actores, e incluso... oler el perfume de las actrices.

Si Esquilo o Sófocles hubiesen tenido la oportunidad de ver un pequeño teatro como el que fabricó la casa AIRGAM a principios de los años 70, no hubiesen dudado ni un segundo en hacerse con uno de ellos, colocarlo junto a su mesa de trabajo y dejarse llevar por su magia para escribir sus más inspiradas composiciones dramáticas.

Yo no me pude resistir a él cuando lo vi entre los muchos objetos que tenía atesorados –con gran celo- una coleccionista de Barcelona. El corazón se me quedó hecho un puño; algo que no debería sucederle a alguien que se precia de dominar sus emociones y de no dejarse llevar por los impulsos, pero no es cierto... no siempre uno lo controla todo si es que en realidad alguien es capaz... de controlar nada.

Le pregunté si el Mini-Teatro de AIRGAM estaba en venta, pero no... no lo estaba. A partir de ahí urdí los más inconfesables planes para hacerme con él. Ante mi insistencia por conseguir el objeto y su mezquina obstinación por no querer soltarlo, llegué incluso a plantearme la posibilidad de robárselo, de quitarle la vida o de prenderle fuego a su colección, ya que ese teatro, o era mío... o no era de nadie. No era poco el tiempo que yo andaba tras él y por fin lo había encontrado, pero por desgracia, se hallaba en manos de alguien que no pensaba dejarlo escapar bajo ninguna circunstancia.

Respiré profundamente... creo que tres veces. Hay quien dice que las técnicas de respiración no fallan. La verdad es que no me han hecho falta casi nunca, pero las pocas veces que he recurrido a ellas... no me han funcionado. Simplemente; algo físico, material o en concepto que yo quiero y que está frente a mi... debe terminar siendo mío tarde o temprano como si se tratase de alguna ley escrita. No en vano nací guerrero, luchador y convencido de que en el amor y en la guerra... todo vale, y esa... iba a ser una guerra.


La coleccionista –a la vez amiga-, continuó mostrándome más objetos de su magnífica colección, pero ya todo me daba igual. Nada era, ni de lejos, semejante a aquella joya que ya se me había metido entre ceja y ceja. Ni tan siquiera el verla a ella tan ilusionada por mi visita me disuadía de mi intención de no marchar de allí sin ese teatro.

Para mi sorpresa, se giró hacia mi clavando sus pupilas azules sobre mis pupilas... marrones en invierno y verdes en verano (es una simple cualidad), y me dijo:

—Tanto te gusta ese teatro?

—Tanto no... más —le respondí.

Me lanzó una de esas miradas a las que yo llamo... “de dar esperanzas”, y acto seguido miró a su teatro al fondo de la estantería... como despidiéndose de él.

—Anda... llévatelo antes de que me arrepienta —me lo espetó así... sin anestesia ni nada.

—Pero qué dices?... Te has vuelto loca? —le pregunté.

—Que te lo lleves te digo! —insistió.

A decir verdad me compadecí. Estuve a un “tris” de rechazarle el regalo, pero en esas pupilas azules que continuaban clavadas sobre las mías cambiantes según la temperatura ambiental, vi un verdadero deseo de que me quedase con ese teatro. Y es que hay veces en las que por más que uno quiera esforzarse en saber qué hay detrás de la mirada de una mujer, nunca se llega a entender cuales son sus verdaderos significados.

Salí de su casa con el teatro en mis manos, con una sonrisa de desconcierto y con un agujero en el estómago provocado por una extraña desazón. Una curiosa mezcla de agradecimiento infinito hacia ella y de desconsideración por mi parte. No sé... quizá, aún y que insistió e insistió... no debí llevármelo.

Pasaron un par de semanas y recibí en mi estudio su visita. Comimos, paseamos y regresamos de nuevo al estudio para que ella pudiese contemplar con calma mi colección. Sus pupilas azules rastrearon minuciosamente mis objetos derramando cariño, admiración y nostalgia sobre cada una de las piezas. Miró también el que había sido su teatro y me hizo una advertencia al respecto:

—Cuídalo bien. Eh?

Le hice saber que a cambio de su regalo, podía escoger lo que quisiese de mi colección y que yo se lo ofrecía con gusto.

Sonriendo me miró, se despidió de mi, pero... no me pidió nada.

Me quedé en mi estudio con una sonrisa de desconcierto y con un agujero en el estómago, de nuevo provocado por una extraña desazón y una curiosa mezcla de agradecimiento infinito hacia ella... y de desconsideración por mi parte.

Hoy, 27 de Marzo y día del teatro, esta entrada va dedicada al arte escénico, a los actores, actrices, dramaturgos... a todos cuantos hacen posible esta magia, pero en especial va dedicada a ti. Gracias Mayka ;-)

Créditos de las imágenes: 1,3 y 4) Mini-Teatro AIRGAM. Colección particular. 2) Anuncio en el ABC de almacenes SEARS 1971.

jueves, 25 de marzo de 2010

Thank Got I'm A Country Boy

Siempre me identifiqué con este tema que John Denver grabó en 1974, y más ahora que ya está aquí la primavera y que allá... a lo lejos de la gran ciudad todo empieza a oler a campo.

Y qué quieren? Incluso los más curtidos urbanitas tenemos nuestro corazoncito y nos gusta eso del reverdecer de las praderas, ver brotar las flores y escuchar el trinar de los pájaros.

Además... tal y como “dicen” que están las cosas, no estaría de más plantearse la idea de dedicarse a criar cerdos, darles heno a los caballos, quitar las malas hierbas, sembrar maíz...

Las cosas sencillas empiezan a tener una importancia fundamental en mi vida, y aún y teniendo cantidad de proyectos y muchísimas cosas que hacer, merece la pena dejar por un rato de mirar siempre hacia delante y disfrutar de todo aquello que hace nuestro día a día: una bella esposa, unos hijos sanos, fumar tabaco de liar en el porche de una humilde casa... y tocar el violín.

Dejen que John Denver les envuelva con esta melodía “primaveraniega”, de veras... háganlo... enfúndense un pantalón vaquero, cálcense las botas y no olviden que en el fondo, sea más grande o más pequeño... todos somos de pueblo ;-)

Yipi yai yeiii!!!!!!!!

(Los del "feis" pueden ver el video clicando aquí.)

Créditos imagen: El Kioskero del Antifaz... viendo la vida pasar (Agosto 2009).

lunes, 22 de marzo de 2010

El Barco de Wickie

Existen esas ocasiones en las que las cosas parecen llegar justo a tiempo; ni demasiado pronto ni lo suficientemente tarde. Sencillamente... a tiempo.

Ése fue el caso del barco de Wickie, un prodigio de cartón, recortable, de fácil montaje, resistente a pesar de lo endeble de su material, y acompañado de las figuritas de los protagonistas de la serie de televisión. Se trató precisamente de eso, de un juguete que llegó... en su preciso momento.

Yo ya rondaba mis 12 años cuando aquel maravilloso blister que contenía semejante tentación se exhibía colgado de los kioscos por allá... el 1976. Una época en la que ya me empezaba a plantear otras cosas que poco tenían que ver con juguetes. Seguía pasando mis horas con mis Madelman, pero a excepción de mis hombres de acción, el resto del tiempo lo pasaba haciendo ver que estudiaba, sacando los cursos con gran dificultad y por los pelos, pero por encima de todo dejándome llevar por la que hasta día de hoy ha sido... y es... mi gran pasión: dibujar.

La llegada del magnífico drakkar viquingo me retuvo un instante más en la infancia. Se trató de algo así como de un aviso: “Eh!... Dónde vas? No tengas prisa en hacerte mayor tan pronto, ya que en cuanto empieces a serlo... lo vas a ser ya para el resto de tu vida”. Decidí hacerle caso, me tomé un tiempo más, ni poco ni demasiado, el justo para sacarle más provecho a lo que aún era niñez, echar mano de mi bolsillo y hacerme con las 100 pesetas que costaba el blister... y llevarlo a mi casa para la que quizá sería la recta final por una infancia que recuerdo muy feliz.

Jugando se estaba muy bien. Uno podía inventar historias y vivirlas a través de los muñecos de plástico monocromo de la colección, así que sin estar demasiado seguro de ello (ha pasado demasiado tiempo), pero quizá sí que fue el barco de Wickie el juguete kiosquero que me dio un respiro, que me permitió relajarme un poco y terminar la EGB e incluso llegar a empezar el BUP (etapa de estruendoso fracaso... todo hay que decirlo). Ya luego habría tiempo para colocarse la carpeta debajo del brazo y empezar a llamar a las puertas de las editoriales y comprobar si mis dibujos servían para algo.

El pasado año conocí a Rafa. Un tipo que tiene una tiendecita en el rastro madrileño y que poseía alguno de esos viejos barcos de Wickie en perfecto estado. Sin dudarlo me hice con uno de ellos y fue uno de esos momentos mágicos en los que uno se reencuentra con viejos juguetes, y en la mente aparecen infinitas escenas que andaban por ahí ocultas en algún lugar de la memoria.

La sorpresa me vino al revisar el Blister con detalle: Ediciones Recreativas S.A era la casa fabricante, pero en realidad, el lanzamiento del juguete al mercado se realizó a través de una empresa con la que años después de jugar yo con mi drakkar vikingo, entablé relaciones laborales como dibujante. Wooww... resulta que había trabajado para esa empresa y yo... sin saberlo hasta que el juguete no se halló de nuevo en mis manos.

Debo decir que el recuerdo que conservo de ésa época de trabajo no es especialmente bueno. El dueño de la empresa y yo estuvimos incluso de juicios, y por el camino tuvieron lugar algunas escenas escalofriantes que no vienen al caso, pero que fueron dignas de la más cruel película de gangsters... Baste decir que “el caso en cuestión” fue tema de debate en el Parlament de Catalunya. A pesar de todo, la verdad es que cuando ese blister me reveló su identidad y me “habló” de cuáles eran sus orígenes... ya todo daba igual. A mi me encantó ese juguete y por él... lo perdoné todo.

Para qué conservar un mal recuerdo, habiendo tantos de buenos?

Créditos de las imágenes: Fotografías de "El Barco de Wickie". Colección particular.

lunes, 8 de marzo de 2010

Before the Next Teardrop Falls

La pasada semana, y en mi anterior entrada, me despedía de las lluvias. Parece ser que no tengo futuro alguno como metereólogo ya que las lluvias... de nuevo están aquí, y al parecer, nos esperan temperaturas nuevamente bajas.

De modo que hoy, en España, será un día de la mujer trabajadora pasado por agua y en el que se nos recordará, una vez más, el derecho de toda mujer a la participación en sociedad y en igualdad con el hombre. Algo a lo que parece ser que no terminamos de acostumbrarnos.

Fue en 1974 cuando Freddy Fender grabó el tema que les dejo en esta entrada. Una canción que fue un éxito en las listas de popularidad de la música Country y que con una sencillez extrema, nos narra una bonita historia de amor incondicional.

Mejor que sea el cielo quien llore y nos traiga sus lluvias antes de que, por culpa de algún machito herido, caiga una nueva lágrima del rostro de una mujer.

Basta ya de querer estar siempre por delante. Quizá vaya siendo hora de estar al lado, de dejar espacio, y de compartir camino.

Feliz lunes... lluvioso.

viernes, 26 de febrero de 2010

Llueve

En mi viejo radiocasete Telefunken sonaron mil veces las canciones de Joan manuel serrat.

La señora Ángeles, su madre, se veía a menudo con mi yaya Lola en la peluquería del barrio; cosa normal debido a que Serrat era vecino de la calle Poeta Cabanyes del Poble Sec, justo la de al lado de la calle Salvà en la que nací yo. De modo que era corriente encontrarse habitualmente con ella. Una mujer que jamás -aún y pudiendo hacerlo- presumió de hijo. Imagino que era porque no hacía falta ya que todos en el barrio lo hacíamos por ella, así que para la señora Ángeles, el indiscutible éxito de “el noi del Poble Sec” era algo que llevaba con esa humildad que caracteriza a todos cuantos son verdaderamente grandes.

Aún conservo esas cintas de Serrat que mi madre y yo escuchábamos casi a diario. Nos sabíamos todas sus canciones y no nos perdíamos ninguna de sus apariciones en televisión, e incluso yo, que a pesar de ser un amante de la música, no soy demasiado aficionado a conciertos, acudí en un par de ocasiones a verle actuar en directo.

Tuve la ocasión de estar con él dos veces más, fugaces, pero importantes para mi. La primera vez fue en el estreno de Evita en Barcelona interpretado por Paloma San Basilio, yo tendría unos 17 años y allí una amiga que le conocía bien, me lo presentó diciéndole que yo también era vecino del Poble Sec, como él. La segunda vez fue un encuentro casual en el que estreché su mano y me presentó a Candela, su compañera de viaje.


El caso... y cambiando de tema, es que parece ser que empiezan a dejarnos en paz las tremendas lluvias de estas últimas semanas. Lluvias que han desbordado los embalses, como casi cada año, en un país en el que pronto empezarán a decirnos, como casi cada año, que ahorremos agua para evitar sequías. Increíble paradoja la de una tierra que se ahoga de pronto para morirse de sed un instante después.

En 1969 Joan Manuel Serrat grabó el tema titulado “Una balada de otoño”, y eso me recuerda que hay dos placeres que los hedonistas no debemos perdernos jamás. El primero es, sin duda, escuchar esta canción de Serrat (hay que ver lo que se perdió Epicuro por eso de nacer en la antigua Grecia), y el segundo, aún mejor si cabe, es el de escuchar el sonido de la lluvia desde el calor y la oscuridad de la alcoba.

Para el primero puedo ayudarles... no tienen más que darle al “Play” del video. Para el segundo, deberán esperar a las próximas lluvias, y a ser posible... siéntanse libres para disfrutar del momento en buena compañía.

Feliz fin de semana.


lunes, 22 de febrero de 2010

Un año hace

Hoy es el quincuagésimo tercer día del año en el Calendario Gregoriano; es decir: 22 de Febrero.

Un día normal y corriente, uno más, salvo que es lunes y ya se sabe... para muchos los lunes son esos días fatídicos en los que no apetece arrancar después del fin de semana. Ya lo decían los Boomtown Rats en el tema que fue número 1 en Inglaterra en 1979 titulado “(Tell me way) I Don’t Like Mondays”. Eran finales de los 70’s y en la estética ya se empezaban a notar importantes cambios, sobretodo en los cantantes Pop que siempre han andado por ahí marcando tendencias. Las patillas jamoneras empezaban a dar paso a las melenas crepadas, las camisas ajustadas se sustituían por blusones amplios, las chaquetas apretadas se rellenaban de poderosas hombreras, y los pantalones de campana nos decían definitivamente adiós para cederles el paso a las mallas unisex. Creo que en los 80’s, la estética fue la clara muestra de que la humanidad estábamos pagando por algún pecado cometido en alguna otra vida anterior.

Sea como sea, este Kiosco-Blog seguirá relatando anécdotas y curiosidades de los 70’s, continuará mostrando juguetes, baratijas kiosqueras, música y demás casos y cosas acontecidos durante esa época que para muchos supuso ése fugaz período de tiempo transcurrido entre nuestra niñez, y nuestra adolescencia; sin duda, y pese a todo, una buena época.

Sólo que hoy, en este quincuagésimo tercer día del año en el Calendario Gregoriano; es decir: 22 de Febrero, este Kiosco-Blog cumple su primer año de existencia.

La intención primigenia de este blog y de esta aventura online, no fue otra que la de mostrar mi colección de recuerdos; los que conservo, así como los que he ido adquiriendo en subastas y compra directa a coleccionistas, pero... mira tu por donde que también suscitó en su día la curiosidad de mi hijo de 13 años, y nos ha servido a ambos para charlar largo y tendido sobre esos tiempos. Él se ha interesado por el pasado de su padre, y a su vez por el de una época que nos afectó a todos en mayor o menor medida. Mi hijo no deja de sorprenderse por esa ausencia de libertad en la que se vivía entonces, por las cosas que sucedían, e incluso por el miedo que en no pocas ocasiones se tenía al hablar de política cuando se miraba en contra del gobierno y se contaba con recursos económicos extremadamente limitados.

Le agradezco pues a él, a mi hijo, la atención que le presta a este blog y a las historias que hay en él. Del mismo modo, agradezco a todos vosotros que a lo largo de este año os hayáis dejado caer por aquí con vuestras visitas, comentarios, recuerdos...

Así pues, seguiremos en la brecha... a pesar de los lunes.

Se quedan también con nosotros los Boomtown Rats en un directo que interpretaron en 1981. Ahí queda eso.



jueves, 11 de febrero de 2010

Carnaval, carnaval

De crío me encantaba la llegada del carnaval, y con él, la idea de poder disfrazarme de los personajes que desfilaban por los televisores de nuestras casas en aquellas sesiones de tarde de los sábados. Personajes de películas que invariablemente eran: o piratas, o mosqueteros, o vaqueros del lejano Oeste (que me pregunto yo... Para los habitantes del lejano Oeste... el Oeste es lejano?).

El carnaval era la época ideal para poder salir a la calle vestido de nuestro héroe favorito y prolongar nuestro tiempo de juego incluso en las horas de clase. Un lujo el no tener que soportar las tediosas clases de historia del señor Villa, ni las cansinas clases de matemáticas de la señorita Isabel. En su lugar... esas horas eran de concursos y juegos entre un montón de críos y crías vestidos de lo más variado de todo cuanto lo que por aquel entonces era popular: princesas, caperucitas rojas, indios con arcos y flechas con ventosas, condes Drácula, zorros enmascarados, y como no... piratas, mosqueteros y vaqueros del lejano Oeste.

Los kiosqueros nos lo hacían fácil poniendo a nuestra disposición un gran surtido de indispensables complementos: antifaces, espadas de plástico, pistolas de todo tipo y de marcas míticas como Joal, Gonher, Redondo..., placas de Sheriff, cartucheras, etc.

Vaya, que la llegada del carnaval era la excusa perfecta para pasar todo el día vestido de Jim West o de princesa Blancanieves; algo a lo que pocos niños y niñas podíamos resistirnos.

El caso es que ayer iba yo por la calle de la mano de mi hija de siete años. La llevaba disfrazada de arco iris y la pequeñaja estaba encantada de la vida con una sonrisa que le llegaba de oreja a oreja. Llegamos a la puerta de la escuela y me encontré con una situación, que a mi juicio, fue desagradable.

Una madre que llevaba a su hijo vestido de mosquetero estaba siendo increpada por una profesora. Textualmente la profesora le decía a la madre que: “O se lleva la espada del niño para casa, o se lleva al niño, pero aquí... nada de armas”.

Armas??!! Una espada de plástico perteneciente a un disfraz de mosquetero... es un arma?.

La madre fue todo lo prudente que yo no hubiese sido, le pidió a su hijo que le diese la espada y el asunto se zanjó con la entrada en la escuela de un mosquetero desarmado, cabizbajo, y haciendo pucheros ante una profesora que no cabía de gozo por haber cumplido con su obligación de restablecer la paz en el mundo, y no habiendo alimentado las ansias de lo que podría haber terminado convirtiéndose en un futuro psicópata. Realmente era necesario joderle la fiesta a un niño de siete años??!

Me adentré con mi hija hasta el interior del patio, y allí vi a unos cuantos mosqueteros, vaqueros y piratas desprovistos de sus complementos imprescindibles, les habían desarmado con esa hipócrita y ridícula pretensión de “no fomentar la violencia”.

A ver señores... que no hace falta una pistola de juguete para alimentar las ínfulas de un futuro violento, que quien lo es, se basta con sus puños o con un palo para armarla por un quítame allá esas pajas. Que no estamos haciendo un mundo mejor por no dejar que los críos disfruten como lo que son, y que lejos de aleccionarles en la paz, lo que hacemos con actitudes como estas no es más que meterles una pizca de frustración por no dejarles emular a los protagonistas de sus películas.

Afortunadamente la naturaleza es sabia y no hay quien le ponga barreras a lo que es absolutamente natural, y esos niños del patio que habían sido desarmados, la estaban montando gorda con pistolas y espadas imaginarias y convirtiendo aquello en una divertidísima batalla campal.

Vamos... que me prohíben a mí de crío, llevar mi pistola de Cow-Boy al cole en el día de carnaval, y de esa escuela no me expulsan, de esa... me despido voluntariamente.

Feliz carnaval a todos y no me sean violentos con sus disfraces de Winnie the Pooh o de Mariquita Pérez... que de todo hay.

Créditos de las imágenes: 1) Antifaz pirata kiosquero de los años 70 y complemento imprescindible del autor de este blog. Colección particular. 2) Pistola de la marca Gonher que hoy en día estaría considerada por alguna “seño” como una peligrosa arma de destrucción masiva, y no olvidemos que por evitar que alguien tuviese de eso... ya montaron un pollo. Colección particular.

lunes, 8 de febrero de 2010

El Caballero Blanco de AJAX

En las décadas de los sesenta y de los setenta el papel de la mujer era de una relevancia muy significativa. Las amas de casa competían entre ellas por cosas tan fundamentales como conseguir una blancura luminosa en las prendas de ropa y en ser la envidia de sus vecinas que cuando salían a tender, quedaban cegadas por lo blancas que estaban las sábanas de la del quinto primera.

Mientras, los hombres luchaban a brazo partido por no perder alguno de los dos empleos que tenían o por no quedarse en la calle; a la vez que presumían ante sus amigos y compañeros de lo blancos y bien planchados que sus respectivas “santísimas” les dejaban los puños de las camisas.

Eran otros tiempos. Hoy, sí vemos a un hombre tendiendo la ropa ya no nos da por pensar que debe ser marica, y del mismo modo, sí una mujer nos pega una bronca en el trabajo lo asumimos como la obligación que tiene por el hecho de ser nuestra jefa. De todos modos... sigue sin gustarnos a los varones tender la ropa, y pocos pueden evitar el pensar que la jefa, cuando les mete la gran bulla, es porque está “mal follá” o porque le ha venido la regla.

Los datos son reveladores; a día de hoy un 17% de los hombres españoles comparten las tareas domésticas con su pareja. Con suerte, para el próximo siglo, eso de repartirse las labores del hogar... será de lo más normal, pero lo cierto es que en la actualidad, y después de 40 o 50 años de supuesta evolución, sólo un 17 % se han sacado de encima el complejo de “comepingas” por planchar, lavar, tender la ropa o quitar la mugre del cuarto de aseo.

Me abstengo de confesar si me hallo dentro de ese mínimo porcentaje, ya que como en la gran mayoría de parejas, el hombre opina una cosa mientras que su mujer declara todo lo contrario. Lo que sí me atrevo a asegurar es que me he quemado con la plancha, se me ha pasado la pasta por cocerla demasiado, he tenido que bajar al piso de la vecina para que me recogiese unos calzoncillos que tendí mal... y cayeron en su tendedero, me he pasado del presupuesto haciendo la compra, he vestido de una forma desconjuntada a la niña o le he hecho mal la coleta (el niño da igual, pero las madres, con las coletas de las niñas y los colores de sus vestidos... tienen una obsesión enfermiza), en definitiva... que he recibido broncas por no hacer las labores del hogar como “se supone” hay que hacerlas, y cuanto menos, eso demuestra que algo hago, y que voluntad no me falta, aunque... hay cosas que son difíciles de aprender.

Y es que no nos engañemos... El caballero blanco de Ajax por el que en 1966 nos volvíamos locos todos los críos, pasó a mejor vida y nuestras sábanas ya no lucen “el blanco más poderoso”. Ellas, en las décadas de los sesenta y de los setenta, contaban con la ayuda de ese magnífico caballero blanco que a lomos de su corcel quitaba las manchas más resistentes, pero ahora, que los hombres nos atrevemos hasta con eso de las tareas domésticas... no contamos con la ayuda de nadie.

Era divertidísimo hurgar entre las cajas de Ajax para encontrar a ese caballero de plástico hueco que supuso uno de los juguetes más representativos de la época. Un muñeco fabricado por la casa Reigón por encargo expreso de la marca de detergentes y que poseía un exquisito lujo de detalles.

Hoy en día, sigo buscando por entre los polvos de las cajas de detergentes a algún caballero para que me eche una mano, pero lo único que recibo a cambio es una frase parecida a un: “No, si al final resulta que voy a tener que hacerlo yo todo!”.

Estoy convencido de que cuando mi mujer lea esta entrada, me dirá: "Qué te has quemado tú con la plancha?... Pues ya me dirás cuándo".

Pues si coño!... Poco, pero... me he quemado.

Créditos de las imágenes: 1) Caballero Blanco de AJAX. Colección particular. 2) Publicidad de AJAX 1966.